Katixa Agirre: “Si queremos que el pasado se conozca, le tenemos que dar una forma consumible”

En su nueva novela, ‘Servicio interior’, la escritora vasca Katixa Agirre recrea la trayectoria de una red de espías formada por mujeres que, al final de la guerra civil, prestó apoyo a presos e hizo de contacto con el Gobierno vasco en el exilio.
Katixa Agirre - servicio interior
Katixa Agirre, escritora, fotografiada frente al número 9 de la calle Fomento, en Madrid. Álvaro Minguito

El edificio sito en el número 9 de la calle de Fomento en Madrid es actualmente el Instituto de Educación Secundaria Santa Teresa de Jesús, pero ha tenido otros usos y funciones. Durante tres meses de 1936 albergó la sede del Comité Provincial de Investigación Pública, desde donde el Gobierno republicano intentó centralizar la represión a los sublevados y simpatizantes del golpe de Estado del 18 de julio. Como centro de detención y tortura al servicio de la dictadura en los primeros años tras la guerra civil es descrito en las páginas de Servicio interior (Tusquets, 2026), la nueva novela de Katixa Agirre. A Fomento 9 son llevadas e interrogadas con dureza en diciembre de 1940 sus protagonistas, las mujeres integrantes de una red de apoyo a presos nacionalistas vascos que, entre otras misiones, transmitía clandestinamente mensajes originados por o destinados al Gobierno vasco en el exilio en París. 

En Fomento 9 suceden algunos de los párrafos más estremecedores de una historia que se desarrolla también en otros escenarios, como el número 11 de la avenida Marceau de París, el palacete junto a los Campos Elíseos que fue la sede en la capital francesa del Gobierno vasco exiliado entre 1937 y 1940, cuando el ejército alemán entra en la ciudad y el lehendakari José Antonio Agirre y sus colaboradores más cercanos han de abandonarlo precipitadamente. Cárceles como la de El Dueso, en Santoña (Cantabria), o la de Ventas en Madrid, también son lugares importantes en Servicio interior, al igual que el paso de la frontera entre Francia y España.

Agirre, autora de Las madres no (Tránsito, 2019), ficciona en esta obra las vidas de Bittori Etxeberria, Itziar Mujika, Delia Lauroba y Tere Verdes, quienes desde lo cotidiano tejieron una red clandestina antifranquista de apoyo a presos que transmitió información y que, con su intervención, logró que algunas condenas a muerte fuesen conmutadas por otras penas. Aunque ellas cuatro fueron las que la articularon, la Red Álava fue extensa y estuvo compuesta mayoritariamente por mujeres que, según la exposición de 2018 dedicada a su memoria, “lejos de sentirse derrotadas por los reveses militares y dejando a un lado su inexperiencia política y de acción, se lanzaron a la actividad solidaria y de información conociendo bien los riesgos”. La escritora recrea ahora sus movimientos en una narración que juega con la idea de que lo se cuenta es una película, un recurso inteligente y funcional que le permite entremezclar episodios históricos con invenciones como la de un personaje fundamental en la caída de la red, una pieza que cumple ese rol de traidor tan necesario en las historias de espías.

¿Te molestaría que alguien que lea esta novela crea que es una historia de ficción?
No me molestaría, pero creo que no va a pasar porque el propio texto tiene sus paratextos que explican que esto es verdad, sobre todo la nota final. Si llegas a la nota final ya se entiende. Pero bueno, es verdad que la historia podría ser de ficción. Y, de hecho, uno de mis pensamientos al oír esta historia por primera vez fue que esto podría ser una película. Y esto me hizo reflexionar un poco también sobre cómo contamos el pasado para que se convierta en algo espectacular y, por lo tanto, cale. Hay una contradicción ahí: si queremos que el pasado se conozca, le tenemos que dar una forma consumible de alguna manera. Entonces, claro, yo le he dado esa forma, lo he hecho con las herramientas de la ficción. Entonces, algo de ficción sí tiene, pero sí quisiera que luego esto te llevara a conocer la historia verdadera.

No hay una verdad absoluta sobre el pasado, entonces siempre te vas a ver obligado a darle una forma concreta. Y cuando le damos una forma al relato ya lo estamos manipulando

Esto que dices es muy interesante. ¿De alguna forma es una limitación a la hora de contar el pasado?
No es una limitación, es como hay que hacerlo. El pasado en sí no es nada, es una cosa amorfa y según por dónde lo mires será una cosa o será otra. No hay una verdad absoluta sobre el pasado, entonces siempre te vas a ver obligado a darle una forma concreta. Y cuando le damos una forma al relato ya lo estamos manipulando.

Claro, pero eso de que tiene que ser una forma vendible, consumible, espectacular incluso, a lo mejor no casa bien con lo que pueda ser la propia verdad, entre comillas.
Bueno, porque para mí no existe esa verdad absoluta. Yo sí he querido ser fiel a los hechos y a las personas que protagonizaron esto, porque fueron personas verdaderas y les tengo mucho respeto. Pero a partir de ahí yo quiero transmitir más unas emociones o unas sensaciones que la historia de los historiadores, digamos. Son diferentes maneras de abordar la historia. Un historiador lo va a hacer desde una racionalidad, desde un cientificismo, desde una metodología probada y avalada, y el novelista tiene que hacerlo desde la imaginación y desde la empatía. Son maneras compatibles.

¿Hasta qué punto has querido jugar con ambos niveles?
He tratado de buscar un equilibrio entre ese respeto que te decía que quería mantener para con los hechos y las personas que sufrieron aquello, y al mismo tiempo darle un tono más juguetón, algo que lo hiciera, bueno, pues algo que te emocionara y que te agarrara un poco por las solapas y no te dejara ir. Sí, la idea ha sido buscar ese equilibrio.

¿La historia de esta red es muy conocida en el País Vasco y Navarra?
Yo diría que no es muy conocida, hasta hace siete años no era conocida en absoluto, y hace unos años hubo un intento de divulgación y sí que salieron publicaciones y una exposición y se dio algo más a conocer. Pero ya te digo, hasta hace siete años era una historia completamente olvidada. Gracias a esta iniciativa la conocí.

¿Cuándo te percataste de que había materia para una novela?
Desde el primer momento, en cuanto escuché un poco esos elementos: mujeres espías, nazis en París, documentos que se filtran no se sabe cómo. Dije “bueno, aquí hay una pedazo de historia que hay que contar”.

Es un giro temático muy brusco en tu trayectoria, ¿no? 
No lo veo así. Siempre me ha gustado la historia, he metido personajes históricos en varias de mis novelas, en todas mis novelas de hecho. Y ahora sí que era el reto de hacer una historia completamente basada en hechos reales y con esos tintes históricos. Pero en mi anterior novela ya salía un personaje histórico, se hablaba de la Revolución Francesa y no lo veo tan descabellado. Para mí ha sido natural.

¿Cuál ha sido en este caso la mezcla de documentación e imaginación a la hora de escribir esta novela?
Primero fue la documentación: documentarme mucho, saber mucho, dentro de mis limitaciones y de que yo no soy historiadora, claro, contando con lo que tengo a mano, las herramientas de las que puedo disponer. Y después llega un momento en el que me doy permiso para, a partir de aquí, imaginar, inventar, sabiendo que lo que me voy a inventar no va a ser muy loco o va a estar más o menos cerca de lo que pudo ser. Eso ya con cierta autoridad que me daba el haber leído mucho, el haber conocido bastante esta época. Pero bueno, sí que fue una cosa consciente decir “a partir de ahora ya tengo que dejarme ir un poco”, porque yo iba muy pisando sobre huevos. Ahora a ver si voy a decir que van a beber tal vino y ese vino en realidad no se podía conseguir en Madrid ese año. Y todo con mucho cuidado y comprobando cada detalle. 

Katixa Agirre - servicio interior - 2
La escritora vasca Katixa Agirre, frente a uno de los espacios donde transcurre su nueva novela, ‘Servicio interior’, el número 9 de la calle Fomento en Madrid. Álvaro Minguito

Dices que, en el fondo, la novela es un homenaje para aquellos que, aun cuando todo está perdido, eligen el camino de la solidaridad. En el caso de las mujeres que formaban esta red, ¿cuánto tuvo de militancia, de convencimiento político y cuánto de supervivencia?
Bueno, yo creo que tuvo mucho de la propia militancia política y de la conciencia, y también muy ligado a la fe católica que ellas tenían, ese catolicismo humanista de ayudar al prójimo. Eran mujeres que ya venían politizadas, ya habían militado en tiempos de la República, no es que de repente esto les pillara de cero. Por eso también existía ya un conocimiento entre ellas y creo que es importante subrayar que ellas ya venían militando, ya tenían esa experiencia, ya se conocían y ya sabían un poco lo que había. Entonces sí que son personas ideologizadas, con una ideología clara que es la nacionalista de derechas, digamos, que encarnaba el PNV. Después está su catolicismo, que también las empujaba a ayudar al prójimo así. Y después, pues que eran sus familias. Al principio empezaron ayudando a sus familiares y a su gente querida. Ese era el altruismo natural que les salía. También es cierto que ellas podían haber no hecho nada y haberse quedado en su casa sin llamar la atención. Y, bueno, igual habrían tirado así todo el franquismo sin que nadie las molestara. Pero decidieron jugársela.

¿Hasta qué punto se puede considerar Servicio interior una novela de espías?
Es una novela de espías.

¿100%?
Yo creo que sí. Lo que pasa que no son las espías a las que el cine nos ha acostumbrado, por ejemplo. También de ahí el juego con el cine. A veces bebo del cliché del cine y presento un villano de película de Hollywood y luego te pongo estas espías que no son lo que te imaginas, que son mujeres humildes que van con su cesta que hacen estos pequeños gestos, también grandes gestos, porque Bittori Etxeberria era una mujer de acción que pasaba la frontera todo el rato y hasta agarraba hombres y los llevaba a cuestas, pero que desde luego la imagen que dan no es la de espía Mata Hari.

¿De qué libros está cerca Servicio interior?
De muchos, un poco de las novelas de Almudena Grandes, por ejemplo. Hay una que, sobre todo, pasa en las cárceles, que fue muy importante para la documentación, que es la de Las tres bodas de Manolita. Me inspiré mucho en ella para lo de la cárcel. También sobre la cárcel de Ventas el testimonio de Miguel Ángel Martínez del Arco, que cuenta la historia de su madre. Muchos testimonios directos de la época han sido muy importantes. Y luego, pues el Madrid de posguerra, por ejemplo, también está muy tratado en la novela española, hay muchos referentes para eso.

¿Dirías que en esos años hubo otras muchas células como esta compuestas por mujeres o fue algo excepcional?
No lo sé exactamente, pero sí sé que ha habido otras mujeres en otras labores similares. Entonces, no te sé decir cuántas había o en qué momento histórico, pero que las mujeres siempre se han utilizado para este tipo de labores, eso es así.

Sin mirarlo, ¿se podría saber que quien ha escrito Servicio interior es una mujer? 
Pues no lo sé, no tengo ni idea. Supongo que habrá quien directamente si las protagonistas son mujeres piense que la autora es una mujer. No lo sé. ¿Tú qué crees?

Pues yo lo pensaba en ese sentido de que, efectivamente, es posible que no haya muchos hombres que escriban un libro protagonizado por cuatro mujeres, pero también a la vez me parece que eso es un pensamiento un poco pobre. ¿Por qué no los va a haber? Pero es que puede ser verdad que un libro protagonizado por mujeres sea poco probable que lo escriba un hombre. En ese sentido, ¿qué quieres ofrecer o que quieres plantear a las mujeres que lean esta novela? 
¿A las mujeres? 

Sí, a las mujeres que lean esta novela. ¿Piensas que se puede leer, por ejemplo, en un club de lectura, espacios donde la mayoría son mujeres?
Creo que pueden leerlo hombres y mujeres por igual, pero seguramente el hecho de pensar no tanto en tu vida como mujer hoy en día, pero sí pensar en tu abuela y en cómo has pensado en ella y en sentir esa conexión que a veces la sentimos muy lejana porque en dos generaciones ha cambiado tantísimo el mundo que podemos pensar que nuestras abuelas eran dinosaurios casi, y ver a estas mujeres tan cercanas que, bajo esa apariencia de lo que se exigía de ellas, sus roles de mujeres, eran tan valientes, tan echadas para adelante, tenían tanto arrojo. Eso puede hacer que volvamos a pensar también en nuestras antepasadas y en las historias que no nos hayan contado. Creo que eso es bonito pensarlo, ¿no? Cuántas historias se han quedado ocultas por los prejuicios que podemos tener sobre mujeres de otras épocas.

El secreto es un tema que flota mucho en toda la novela, pues su actividad tiene que ser clandestina. ¿Cómo has manejado escribir una novela en torno a esto, el secreto? Porque, al fin y al cabo, lo vas a desvelar.
Claro, yo creo que esto es lo que la hace interesante, jugar un poco con el suspense. Nosotras las vemos hacer cosas, pero no siempre se sabe para qué son esas cosas, porque a veces ni ellas mismas lo sabían. Así es como trabajan los espías normalmente. Tú llevas algo del punto A al punto B y a partir de ahí te tienes que desentender porque si no estarías en peligro, estaría en peligro toda la operación. Eso ha sido una de las partes más divertidas, imaginarme ahí cómo falsificaban cosas, cómo uno le pasaba al otro el papel... Toda esa parte de la vida clandestina es emocionante y es peligrosa también, pero al mismo tiempo supongo que sentirían una gran satisfacción también de estar haciendo algo contra ese régimen criminal.

Me ha llamado la atención el papel del PNV entonces. ¿Cómo lo definirías?
Fue un papel muy complejo, muy difícil para ellos, y no estuvo claro. La actitud preguerra del PNV era “bueno, esto son cosas entre españoles, nosotros vamos a intentar pasar por encima y conseguir lo que…”. Bueno, un poco como hace el PNV actual, intentar sacar tajada para ellos mismos. Entonces estaban en la lucha por conseguir la autonomía, que Catalunya ya la había conseguido al principio de la República y en Euskadi pues no se conseguía porque no había acuerdo, hubo tiras y aflojas ahí. Y estaban un poco en eso mientras la política española se iba caldeando. Pero el golpe de Estado ya les obliga a tomar partido sí o sí. Y fueron momentos muy delicados, que la moneda habría podido caer de un lado o de otro. Una de las cosas que pasó es que se perdió la comunicación entre todas las provincias donde estaba el partido. Entonces, al final tomaron la decisión en Gipuzkoa, prácticamente unos pocos tomaron la decisión en una noche frenética de apoyar la República sin ambages, claramente. Apoyaron la República por muchas razones y una era que sabían que con un régimen autoritario nunca se iba a conseguir la autonomía, eso estaba claro. Pero también creo que, sobre todo por la figura del lehendakari Agirre, había una gran convicción democrática. Nunca hubo dudas de su compromiso con la democracia y los derechos humanos. Él era un hombre de derechas, probablemente conservador, pero demócrata. Eso era algo un poco extraño en la España de entonces. De hecho, no hubo ningún otro partido de derechas que apoyara la República, todos se fueron con Franco. Esto es bastante anómalo si lo piensas. ¿Por qué alguien de derechas no puede ser demócrata? Pues el PNV sí lo era. Sobre todo, yo creo que por su liderazgo, porque en el PNV había diferentes sensibilidades, también había gente igual más cercana a los carlistas, pero prevaleció sin duda la democrática.

En la novela también aparece la cuestión de la tortura a las personas detenidas para sacarles información. ¿Cómo afrontaste el abordaje narrativo de esto?
Toda esta parte de la tortura y cuando las meten en prisión y todo lo demás es la parte más corta del libro. Por un lado, porque no quería ensañarme demasiado en todo esto, a veces por mi propia salud mental, porque había estado leyendo tanto sobre el tema, sobre cómo funcionaba la represión en Madrid sobre todo, lo que pasaba en las cárceles, en Ventas, en Porlier. Era todo horrible y tampoco quería yo ahí deshacerme en esa grandísima tragedia. Pero sí quería contar que efectivamente estuvieron aquí, a pocos metros de donde ahora estamos sentados tranquilamente y en paz, y que ahí fueron muy maltratadas, se puede decir torturadas claramente, aunque ellas cuando hablaban de esto a posteriori nunca hablaron explícitamente de lo que les pasó. Entonces ahí yo contaba con diferentes testimonios, uno es el de la propia Bittori Etxeberria, que los meses que pasa en Fomento, que son los de la detención, interrogatorios y tortura, dice “bueno, sí, nos molieron a palos”. Hace referencias de este tipo con frases hechas que no son muy específicas de lo que le hicieron, como es normal en alguien que ha pasado por ese trauma, por otro lado, que tampoco la gente suele estar deseando hablar de eso. Pero al mismo tiempo también cuento con el testimonio de otro de los detenidos, Iñaki Barriola, que era médico, y al que trataron mejor al parecer. Y él sí cuenta que vio cómo sacaban a Bittori Etxeberria en una manta entre cuatro, porque no podía ni andar, y con la cara totalmente irreconocible. Entonces, claro, en esa distancia entre lo que decía ella y esa imagen tan viva me tuve que imaginar algo respetando también un poco a Bittori Etxeberria y que no quisiera hablar y no querer hacer morbo de su historia, pero queriendo dejar claro que sí, claro que les maltrataron y que los torturaron y que sufrieron mucho allí.

Tuviste acceso a una grabación en la que ellas hablan.
Sí, unas entrevistas que les hicieron a las tres supervivientes en los años 70, a Bittori, Delia e Itziar. Un joven periodista de entonces, Eugenio Ibarzábal, que fue donde ellas, se acordaba de la historia, nunca se debió de perder del todo la memoria de este episodio, y él acudió a ellas cuando ya tenían setenta y tantos años y las entrevistó. Fue muy emocionante escuchar sus voces, escuchar cómo contaban todo aquello. La verdad es que fue una pieza muy importante a la hora de documentarme.

Te quería preguntar por un personaje que es clave en esta historia, pero sin embargo es ficticio. Balerdi, el traidor.
Es el único personaje de ficción que hay en toda la novela, y ni siquiera es del todo de ficción, porque sí que su nombre apareció en algún lugar. Yo escuché la referencia de este hombre como una de las hipótesis que explicaban por qué la red había caído. Y una de las hipótesis, creo que la que tiene más peso y credibilidad, es que simplemente hubo ahí un momento de pánico y chapuza a la hora de evacuar París, a la hora de evacuar el palacete que era sede del Gobierno vasco, y que esos documentos quedan ahí por despiste, por dejadez. Pero hay otra hipótesis, que quizás se lo inventa alguien que quiere tapar la chapuza, también puede ser, que es que alguien de dentro ha traicionado al Gobierno vasco. Incluso se menciona el nombre de Balerdi. Pero yo no encuentro ninguna otra referencia a este Balerdi. No me parece muy factible, en realidad. Pero desde el punto de vista de la novela, me interesaba mucho más contar esta historia de cómo alguien que ha trabajado para esta causa de repente, por las razones que sean, que pueden ser muchas, y más en un momento así tan extremo, de que los nazis están a punto de entrar en París, bueno, pues me invento ahí una historia de por qué este hombre decide vender a los suyos.

En general, sabemos poco de la guerra civil, aunque creemos que sabemos mucho. Yo misma creía que sabía algo y me pongo a estudiar un poco y veo que todo es nuevo, prácticamente todo es nuevo para mí

¿Cómo manejaste el hecho de que iba a tener dos niveles de público, primero en euskera y ahora en castellano, con diferentes niveles de conocimiento de esta historia?, ¿te influyó a la hora de escribir?
No, la verdad, no pensé en eso. Sí pensé en que, en general, sabemos poco de la guerra civil, aunque creemos que sabemos mucho. Yo misma creía que sabía algo y me pongo a estudiar un poco y veo que todo es nuevo, prácticamente todo es nuevo para mí. Y creo que también habrá un público que lo sepa todo, o sea, que sepa mucho más que yo y que esto le parezca redundante incluso, pero también hago un guiño a esas personas en el libro cuando digo “bueno, habrá un listillo que me diga no sé qué”. A ver, en general, pues para quien sepa, conozca muy bien la historia, igual no le sorprende tanto, pero creo que la propia peripecia, la propia aventura, es suficientemente atractiva como para que el libro se disfrute en sí mismo. Y luego sí que hay mucha gente que me ha dicho “joder, he aprendido un montón, o me ha despertado curiosidad y he seguido investigando por aquí o por allá” y eso es guay, cuando un libro te abre y te conecta también un poco con la macrohistoria. Es una microhistoria pero te conecta con la macrohistoria. Y, de repente, ahí van apareciendo personajes históricos importantes que sabemos quiénes son. De repente aparece Pétain en un cóctel o el propio Hitler haciendo su paseo por París.

La escribiste en euskera y has traducido esta edición en castellano. ¿Cómo ha sido este proceso? 
Intenté, por razones prácticas, que fuera una traducción sin más, por no escribir otra vez otra novela, porque para eso me pongo a escribir una novela de cero. Lo que ocurre en esta novela es que ya muchas cosas eran originalmente en castellano, muchos de los textos que utilizo como la transcripción de un discurso de Areilza, cartas, el propio informe que es clave en la historia. Todo eso estaba en castellano y yo lo traduje. Entonces lo que ahora tenía que hacer era volver simplemente al original. Entonces, por un lado sí que me planteé que me lo tradujera alguien. Mi anterior novela la tradujo Aixa de la Cruz y lo hizo genial, y fue para mí genial no tener que hacerlo. Pero me veía en la tesitura de tener que empezar a buscar los documentos, y casi que sin querer me puse yo a hacerlo, me pareció que era más fácil para mí. Entonces ya fui tirando y lo hice todo.

¿Qué te gustaría que pasara con Servicio interior?
Que la leyera mucha gente y que esta historia quedara, calara. Que los protagonistas fueran parte de nuestra memoria histórica.

¿Y una adaptación cinematográfica? Ya tienen casi el guión.
Que haya una película, que haya una serie, que haya un musical y todo lo que tenga que haber.

Cargando valoraciones...
Comentar
Informar de un error
Es necesario tener cuenta y acceder a ella para poder hacer envíos. Regístrate. Entra en tu cuenta.
Cargando...
Comentarios

Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.

Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!

Cargando comentarios...