Ángela Segovia: “El miedo es una guía, hay que cogerlo como punta de lanza y ser valeroso”

La escritora Ángela Segovia reconoce que pasó miedo durante la creación de su primera novela, ‘Joi’, una atrevida incursión narrativa bajo la influencia de los romances de caballerías, la bohemia francesa y el misticismo cristiano.

A Ángela Segovia (Las Navas del Marqués, 1987) le gusta jugar con el lenguaje. Es evidente en cuanto te adentras en los primeros párrafos de Joi, su primera novela, en la que construye un territorio onírico en torno a una desaparición: un mundo donde el bien y el mal, la inocencia y la violencia, se tensan bajo la influencia de las novelas de caballerías, la bohemia francesa y el misticismo cristiano. Un libro que también se interroga sobre la relación de la escritura con el bien y el mal.

Su trayectoria arranca en 2007 con ¿Te duele? y alcanza su primer gran reconocimiento en 2016 con su tercer poemario, La curva se volvió barricada, con el que ganó el Premio Nacional de Poesía Joven Miguel Hernández al año siguiente. A ese debut le siguieron Amor divino, Puisieron debajo de mi mare un magüey, y la trilogía sobre la muerte y el luto que forman Mi paese salvajeJara morta y La hora del abejorro, además del relato Las vitalidades (2022), todos títulos publicados por La Uña Rota, al igual que Joi.

Siendo Joi tu primera novela, ¿cómo ha sido el cambio de la poesía a la novela?
Lo cierto es que era algo que, en realidad, me rondaba desde hace mucho tiempo, porque desde el principio he escrito también relatos y prosa, pero lo que pasó es que noté que se me daba mejor escribir poesía, porque me era un lenguaje mucho más natural. Con el paso del tiempo, sobre todo escribiendo Amor divino, ya empecé a experimentar una deriva mucho más narrativa en mi propia poesía, de manera aún bastante simbólica. Y después de escribir ese poemario pensé que igual ya podía empezar a plantearme escribir narrativa. Aunque tenía un universo muy lírico y me quedaba mucho trabajo por hacer. Y eso continuó con Las vitalidades, que empecé a escribir en 2019 con muchas preocupaciones formales también, aunque salió así también de forma bastante orgánica.

Cuando estuve en Chile me pareció que había muchísima gente que leía poesía en comparación con España. Allí se entiende más desde lo popular

¿Crees que a la poesía se la toma menos en serio que a la novela?
Es verdad que sí se nota un poco que no tanta gente se atreve a leer poesía, es una cosa que a mí me hace pensar muchísimo. Pienso que si tuviéramos otras herramientas sí que nos atreveríamos más, en general, a adentrarnos en el mundo poético.

También depende de cómo se enseña la poesía en la escuela, por ejemplo, si se enseñan primero las figuras retóricas o a contar sílabas, es algo que echa para atrás a mucha gente. O sea, que cualquier lector de poesía te diría “no, eso es terrible, es lo último que puedes hacer, porque ya te espanta”. Sin embargo, hay países con otra tradición, por ejemplo, cuando estuve en Chile me pareció que había muchísima gente que leía poesía en comparación con España. Allí se entiende más desde lo popular, con el caso de Violeta Parra como ejemplo, y además mucha gente tiene algún familiar, que escribe poesía o que canta décimas y está en la base de la cultura, pero aquí no pasa de eso. Y, claro, todo ese ambiente pues genera como una especie de escondite. Algo que tampoco me parece mal, por otro lado.

En tu caso creo que se puede rastrear muy fácilmente la poesía en tu narrativa, en detalles muy evidentes, como el hecho de que el libro tiene una trama y al mismo tiempo no la tiene del todo, en su conjunto parece más bien como un poema largo.
Sí, yo creo que está eso está totalmente como parte del método de la escritura, es lo que tú dices. Traté de construir la trama a través de una serie de símbolos que estaban ahí, pero que no iban a tener un referente claro, sino como si fuera una especie de pistas un poco huidizas o restos de huellas que te encuentras, pero que tampoco te van a llevar a descubrir realmente la clave de la trama. Me interesa mucho esta idea de Bolaño, de ver la literatura y lo detectivesco como algo unido. Como él hace con Los detectives salvajes, en el que los poetas son detectives un poco, pero es que al final son eso, detectives destinados al fracaso. Un poeta y un lector de poesía, un lector de verdadera literatura, nunca pueden ganar, siempre van a estar sometidos a esa frustración. Y es en esa frustración donde gana realmente, porque gana el encuentro con lo misterioso. Entonces, pues para mí era súper importante mantener esa tensión, además de la narrativa.

En Joi existen varias voces dentro de la novela, una de las que más me sorprendió es la que aparece en cursiva en una parte del libro y que no se vincula con las otras. ¿De dónde sale esta voz?
Ese texto fue muy raro, sí. Apareció en un momento en el que el libro me estaba creando conflictos. Un momento en el que yo me dirigía claramente hacia donde se dirigía el libro, pero esto mismo me preocupaba, y no terminaba de entender esa relación entre la inocencia y el mal. Y fue una voz que vino a rescatarme, así una noche, y como el propio texto dice “estas palabras han sido dadas”, han venido y por eso tienen que estar en la novela. Es verdad que dudé entre añadirlo o no, pero cuando el libro empezó a tener ya la estructura más o menos definitiva y empecé a entender cómo era, me pareció que había un espacio para ese texto, y que funcionaba. Pero fue sobre todo un texto que vino a rescatarme.

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La verdad que pocos libros me han enganchado tanto y me han dado tanto miedo al mismo tiempo.
Margarite Duras decía que escribir es como coger una masa de vida y transformarla en una masa de escritura, que eso es como imposible. Pero a la vez pasa, ¿no? Cuando sucede la escritura verdadera, es una especie de transfiguración. Yo también pasé mucho miedo escribiendo ciertas partes del libro, pero mogollón. Me daba cuenta de que, de repente, me había metido no sabía dónde y estaba aterrorizada y sabía que tenía que escribirlo, y salía un poco con la sensación de enloquecer.

Esto que cuentas me parece bastante curioso, porque en el libro al otro protagonista, Face, le pasa un poco eso, está como enloquecido de alguna manera mientras escribe.
Es curioso, porque es eso lo que da miedo, quizá, que hay algo en la escritura que puede estar guiado por el mal, por un demonio. Es algo que han experimentado muchos escritores como los que formaban parte del malditismo francés, como Baudelaire, y que me inspiraba mucho para el libro. Me pasó también con la figura de Rimbaud, por ejemplo, que tiene una gran presencia en la novela. A mí me parece que Rimbaud daba miedo por cómo era capaz de lanzarse a la poesía. Parecía que había hecho de verdad un pacto con el diablo, porque todo lo que escribió en Una temporada en el infierno, luego, prácticamente verso por verso le sucedió en el resto de su vida cuando se fue a Abisinia. Es brutal, cómo de verdad predice el futuro.

Eso pasa mucho en muchos poetas, que son súper contradictorios. Rimbaud quería ser el más pobre, “el más negro”, como decía él, pero después se va a Abisinia a intentar vender armas a una especie de futuro rey, y hacer contrabando para hacerse rico vistiendo un cinturón de oro en la cintura. Y, por otro lado, tenía detalles como el de hacerse él mismo la ropa. Por ejemplo, se cosía la ropa de algodón y cuando se encontraba a una persona pobre en la calle, sin ropa, se quitaba su propia ropa y se la daba. Tenía esta cosa de una especie de justicia extrema para con la vida, de ser un revolucionario de verdad y a la vez algo terrorífico.


Me llamó mucho la atención, por ejemplo, otro detalle, que es el de los personajes nombrándose unos a otros o descubriendo sus nombres o cómo se llaman, todos ellos parecen presentar dos caras, ser escurridizos.
Pues mira, esa idea es un clásico en la literatura en los cuentos tradicionales, por ejemplo, o en la literatura medieval de las novelas de caballería, que es el momento en el que la heroína o el héroe, recibe el nombre. Y cómo, de repente, todos los atributos le son dados. Es un momento que me parece bellísimo.

Y representa también un cierto compromiso con el lenguaje.
Exacto, ninguna palabra va a ser banal. Me parece bonita la idea de jugar con eso. Para mí siempre estaba ahí el personaje de Perceval. Este personaje no tiene nombre al principio, porque dice que nunca le han llamado por su nombre. Siempre le han llamado “bello hermano”, “bello hijo”. Y entonces, cuando sale a la floresta, y se pierde ahí, en un momento dado, él recuerda su nombre, y de repente, al tener nombre ya se acerca a la caballería, ya le marca su andanza, y le consigue una armadura, la armadura del nombre.

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En el caso de la protagonista, Joi, ¿cómo surgió el nombre? Porque no parece que sea un personaje simplemente “alegre”, apenas se rebela ni se defiende. ¿Es por su pasividad, que resulta casi agresiva, como la inocencia de las ovejas, que le otorgan el nombre los demás?
En el caso de Joi me parecía bonito que fueran otros los que le dieran el nombre, porque ella es un personaje que tiene mucho que ver con una pasividad obviamente trastocada, que no es sencilla. Pero me parecía que precisamente, al dejarse someter por las circunstancias, es donde encontraba su propia fuerza y fortaleza, y eso es lo que le ocurre a Joi, así es como aparece.

Un poco distinto a Face.
Sí, en cuanto a Face, es el demonio el que le otorga a él su nombre de escritor. Y ahí hay una vinculación innegable, y que nos hace preguntarnos quién es el escritor, el demonio o este chico. Y luego es que a mí lo de los nombres me parece muy peculiar porque cuando lees un libro y el nombre no es el nombre, te saca muchísimo, para mí es como un primer filtro para una novela. En este caso, Margarite Duras me parece la diosa de poner nombres. Todos los nombres de sus protagonistas son perfectos pese a lo raros que son. Tipo Vera Baxter o Lol V Stein, que son rarísimos. Algo que también ocurría en los paisajes. Y siempre acierta. Consigue que nada más leas el nombre veas al personaje. Eso es como creo que es una sensibilidad muy afinada.

Ahora me siento como si fuera una escritora adolescente. De repente, no tengo ni idea de qué va a pasar, siento que tengo mucha libertad de decir que soy una adolescente y que no sé nada

¿Estás pensando en escribir más narrativa?
Sí. Cuando terminé la trilogía de la muerte sí sentí que había acabado ahí un ciclo. No exactamente que haya acabado como mi relación con la poesía, pero sí con una forma de trabajar la poesía. Me di cuenta de que ya sabía hacer eso, y necesitaba ir a otro lugar con lo que ya sabía, a una extensión donde todo pudiera ser más sutil, menos artificioso, algo que la novela lograra igualar. Porque en las novelas lo lírico se vuelve más difuso, y eso me interesa porque es algo más delicado, más difícil de llegar a ello también. Es un lenguaje en el que alcanzar cierta altura sin que sea, una cosa hiperretórica o artificiosa, y es muy complicado. Así que ahora me siento como si fuera una escritora adolescente. De repente, no tengo ni idea de qué va a pasar, siento que tengo mucha libertad de decir que soy una adolescente y que no sé nada. Voy un poco a lo que a lo que venga, ¿sabes? Y es muy divertido. la verdad. También da miedo, pero el miedo es una guía importante, hay que cogerlo como punta de lanza y ser valeroso. Ir a la aventura, siempre a la aventura.

Literatura
Alejandro Zambra
“Escribir es escribir mal, equivocarse”
Alejandro Zambra es un escritor que no creció en una casa llena de libros. Su hijo Silvestre, sin embargo, sí lo está haciendo. La relación entre ambos protagoniza el título más reciente publicado por Zambra.
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