Literatura
Edmundo Paz Soldán: “Cuando colapsa un mundo tenemos que pensar en cómo va a emerger esa nueva sociedad”
Dice el escritor Edmundo Paz Soldán que su nuevo libro, El comienzo del paraíso(Páginas de Espuma), es una especie de autocrítica a la moda de obras distópicas que surgieron hace unos años —moda de la que él también formó parte—. Todas ellas trataban el colapso del mundo, pero se olvidaban de que todo fin siempre supone el inicio de uno nuevo. Por ello, en el libro nueve relatos muestran diferentes mundos en los que el cambio climático y la tecnología han dado lugar a un nuevo orden: peces monstruosos que viven en las profundidades abisales, árboles mitad madera mitad plástico, seres que son una simbiosis entre inteligencia artificial y humanos, y animales que evolucionan de mutación en mutación son los habitantes de algunos de ellos. Una realidad no tan lejana de la nuestra que, como explica en esta entrevista a El Salto, “es un diálogo constante entre un presente y las posibles extrapolaciones de lo que podría pasar si ciertas tendencias se exacerban”.
¿Cuál es ese comienzo del paraíso? Muestras un nuevo mundo que no es distópico —como tantas obras de hace unos años—, pero tampoco utópico.
Hace unos años se pusieron de moda las novelas distópicas. De hecho, yo escribí una. Ahora, como crítica y autocrítica, pero también para mirar hacia adelante, pienso que el fin del mundo implica el comienzo de otro. Estamos siempre en un proceso de transformación y mutación. Nuestro mundo se está acabando por culpa de las nuevas tecnologías, pero está naciendo otro. Mi obra se encuentra en un punto intermedio entre ese fin y el comienzo de otra cosa. Por ello, creo que hay que imaginar otros modelos de futuro. Quizá no utópicos, pero sí alternativas como formas de desarrollar nuevas comunidades, de una sociedad más colectiva, etc.
Las bacterias están proliferando como nunca, son capaces de sobrevivir a temperaturas extremas, han aparecido en suelos impenetrables… Si piensas en esa idea de vida en este planeta, se trata de un momento de estallido impresionante
El discurso distópico se olvida de algo: toda narrativa apocalíptica es postapocalíptica. Es decir, cuando colapsa un mundo tenemos que pensar en cómo va a emerger esa nueva sociedad. Por ejemplo, si hay una devastación ecológica, debemos pensar qué puede pasar después. En el Caribe ha cambiado la velocidad de los vientos, lo que hace que las salamandras que están agarradas a los árboles se caigan. Pero hay otras que han desarrollado ventosas para poder seguir sujetas y sobrevivir a esos vientos.
Has puesto el ejemplo de las salamandras, algo que se podría ligar a una de las frases que escribes en el libro: la naturaleza siempre sobrevivirá, sobre todo los microbios.
Leí un libro de un especialista en microbios y bacterias que hablaba justo de eso: que lo que para nosotros es un momento apocalíptico, para ellas es una fiesta. Las bacterias están proliferando como nunca, son capaces de sobrevivir a temperaturas extremas, han aparecido en suelos impenetrables… Si piensas en esa idea de vida en este planeta, se trata de un momento de estallido impresionante. Pero si lo miramos desde una mirada antropocéntrica no es así porque pensamos en nosotros o en ciertas especies carismáticas que nos han acompañado siempre. Si lo ves desde esa perspectiva, el fin de cualquier especie es trágico, pero en el gran sentido, la vida va a continuar.
El mensaje se entiende, ¿pero no puede sonar problemático?
A mí me interesa descentrar lo humano. Cuando pienso en esto, pienso en cómo hacer para no seguir viéndonos como el centro de la creación sino como parte de un ecosistema donde compartes el mundo con otras especies, animales, plantas... Desde el punto de vista narrativo, yo veía como un desafío el incorporar a todos estos seres. Las historias que nos contamos son muy importantes porque son nuestras mitologías narrativas.
¿Te refieres a quitar peso a la experiencia humana para preocuparnos por el resto de seres que nos rodean?
Exactamente. Es importante lo que es invisible en una narración. Hace un tiempo, una persona me dijo que en mis primeros escritos no había un solo animal. Mi respuesta fue que no quería usar a los animales de forma decorativa, es decir, tenerlos sin función narrativa. Años después, me pregunté si no era capaz de escribir cuentos en los que los animales o las plantas tuvieran una narrativa porque estaba solo preocupado por la experiencia humana. No he podido solucionarlo, pero sí que he querido intentar incorporar otras especies en estos relatos.
Las nuevas generaciones son mucho más conscientes de este momento de crisis que estamos viviendo
Esto que comentas lo están haciendo otros narradores. Por ejemplo, Irene Solá, quien pone las plantas y los espacios como protagonistas. ¿Crees que todo esto nace de la crisis ecológica que estamos atravesando?
Sí, totalmente. Hay otros autores que también dan voz a las montañas, como Fernanda Trías o Rodrigo Bastida, quien lo hace con un volcán. Esto es un momento, no una anomalía, en el que diferentes escritores estamos intentando expandir el registro de lo que narramos, que sean partes más activas y no solo un telón de fondo.
Respecto a tu pregunta, yo lo noto sobre todo cuando voy a escuelas. Allí puedes ver que las nuevas generaciones son mucho más conscientes de este momento de crisis que estamos viviendo. Algo que seguro se va a reflejar en las historias y mitos que construimos. También cómo los mitos indígenas tienen que ver con experiencias actuales. Creo que es importante ver cómo los escritores somos parte de este proceso de ver y buscar qué historias resuenan hoy y dan cuenta de este momento y qué mitos van a surgir de esta crisis.
Eso es algo que tú también haces. El libro está plagado de mitos y leyendas. Tú los coges y los pones a funcionar dentro de los relatos.
Yo quería alejarme del cuento más tradicional e incorporar nuevos discursos. Como por ejemplo el científico, con datos más ensayísticos. Pero también mitos, consiguiendo así que los cuentos expandan sus registros. Todo esto lo empecé a hacer por una teórica de la extinción que se llama Ursula Heise, quien explica por qué siempre que hablamos de la extinción lo hacemos de dos modos: elegíaco o melancólico. Pero, ¿por qué no experimentamos con otras formas como la comedia? Ella hablaba de usar, por ejemplo, la base de datos, de usar un tono más científico. Eso me llevó a pensar en cómo hacer para incorporar en mis cuentos otras formas.
Muchos procesos mentales que hacíamos se los vamos pasando a la máquina. ¿Pero qué pasa si varios de esos procesos dejamos de practicarlos porque un algoritmo lo resuelve por nosotros?
En tus relatos las plantas y los animales parece que están en transición hacia otro lugar. Como los árboles que son medio plástico, o especies que son fantasmas recuperados por la tecnología. ¿La naturaleza ya no es lo que fue?
A día de hoy se están dando tres coyunturas: se están descubriendo nuevas especies, estamos mutando y, por último, algunas empresas están consiguiendo desextinguir y crear nuevos seres artificiales, lo que va a suponer una zoología bastante compleja. Desde el punto de vista ético, yo no estoy de acuerdo con todo, pero como narrador me interesa explorar qué es lo que pasa cuando empezamos a jugar como dioses. Es un gran tema para la ciencia ficción.
Todos esos cambios que están sucediendo también nos están afectando a nosotros, a los humanos.
El escritor y filósofo Éric Sadin habla de cómo este impacto de la inteligencia artificial está provocando cambios en nosotros. Antes, por ejemplo, cuando ibas a una ciudad te estudiabas la cartografía del espacio o te aprendías los teléfonos de memoria. Muchos procesos mentales que hacíamos se los vamos pasando a la máquina. ¿Pero qué pasa si varios de esos procesos dejamos de practicarlos porque un algoritmo lo resuelve por nosotros?
Según tus palabras, los cuentos se enmarcan en el terreno de la ciencia ficción, pero riman bastante con el presente.
Hay un tipo de ciencia ficción, como Star Wars, que me cautiva pero que no practico. A mí, al contrario, me gusta hablar de cuando el impacto de la tecnología es tan cercano que no hace falta irte a otro más lejano. Si la ciencia ficción nos ayuda a entender nuestro presente es porque la tecnología es parte fundamental de nuestro ahora. Y porque no hay otro género que haya trabajado más nuestra relación con las máquinas que ella. En los cuentos hay un diálogo constante entre un presente y las posibles extrapolaciones de lo que podría pasar si ciertas tendencias se exacerban. Pero igualmente, no es un futuro lejano. Extrañamos el paisaje, pero no lo desconectamos del todo. Más bien estamos muy en el intento de entender este presente que nos ha tocado.
Cómic
‘El Eternauta’, la obra maestra del cómic que describió en viñetas la muerte llegada del cielo
Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.
Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!