Laboral
La plantilla del Juan Luis Vives denuncian que los nuevos pliegos saturan aún más el centro de acogida
La plantilla del Centro de Acogida Juan Luis Vives volverá a concentrarse el próximo 29 de septiembre para protestar contra los nuevos pliegos que regirán el recurso municipal para personas sin hogar. Las trabajadoras denuncian que el nuevo contrato no da respuesta a unas carencias de personal que llevan meses afectando a la atención de las personas usuarias y que, lejos de aliviar la situación, puede consolidarla. “Si no se cubre la plantilla va desbordada, si ya de por sí la plantilla no llega, si no cubrimos va a llegar menos y con ese pliego no viene a paliar esta situación, viene a empeorarla”, señala a El Salto una de las trabajadoras del centro, perteneciente al Grupo 5.
El Ayuntamiento de Madrid ha aprobado un nuevo contrato de gestión del Juan Luis Vives por 8,5 millones de euros. El contrato tendrá una duración inicial de dos años a partir de febrero de 2027 y podrá prorrogarse otros 24 meses. El nuevo pliego consolida además la ampliación del centro hasta las 147 plazas, después de incorporar 15 nuevas en un módulo exterior, y contempla la incorporación de un educador social al equipo. Por contra, se reducen en dos las plazas de enfermería. En 2025, el recurso atendió a 279 personas, de las que 48 consiguieron iniciar una vida independiente. Por todo ello vuelven a salir a la calle el próximo martes 29, concentrándose en la calle Montalbán.
“De cuatro puestos de enfermería que hay ahora no los han cubierto más de una semana seguida”, explica una de las trabajadoras
Pero para la plantilla, el problema no es únicamente cuántas plazas tiene el centro, sino con qué profesionales se atiende a quienes las ocupan. “La realidad es que no se cubren los mínimos del pliego”, explican desde la plantilla. Uno de los principales problemas está en enfermería. El centro tiene presupuestados cuatro puestos y, según denuncia la trabajadora, durante años no se han llegado a cubrir de manera estable. “De cuatro puestos de enfermería que hay no los han cubierto más de una semana seguida”, detalla e insisten que durante el verano, continúa, llegaron a contar únicamente con una enfermera y ni siquiera todos los días. En septiembre comenzaron con una de cuatro y, en el momento de la entrevista, llevaban casi dos semanas sin ninguna.
La falta de profesionales sanitarios, sostiene, tiene consecuencias directas sobre las personas que viven en el centro. “El cúmulo del trabajo, imagínate lo que se puede estar acumulando ahí”, señalan. Citas médicas que no se realizan, rehabilitaciones pérdidas o problemas con las pautas de medicación forman parte, según relata, de las consecuencias de la ausencia de enfermeras. “Son muchas cosas que han sufrido los usuarios y que a día de hoy se sufre”, resumen.
La situación tampoco se limita a la enfermería. El centro cuenta con dos psicólogos para atender a las personas usuarias, pero explican que llevan alrededor de mes y medio con una de las plazas sin cubrir. “Un solo psicólogo está asumiendo sus casos, que son 70 a día de hoy, más cosas urgentes de la otra persona”, señalan desde el comité. El resultado, según explica, es que determinadas situaciones —desde desajustes psiquiátricos hasta brotes de salud mental— no pueden ser atendidas con los medios propios del centro. “No tenemos personal suficiente, al final eso también es un gasto público por no cubrir estos servicios y esto no se refleja tampoco en el nuevo pliego”, denuncian.
El problema se extiende también al personal de atención directa. Según el sindicato CoBas, que junto a CNT apoyan a los trabajadores, el pliego establece nueve auxiliares en el turno de mañana, nueve en el de tarde y cuatro por la noche, aunque estos mínimos no siempre se alcanzan. La rotación es elevada y las dificultades para contratar y mantener profesionales terminan recayendo también sobre quienes permanecen en el centro. “Tenemos un perfil de trabajo que es complicado que la gente quiera establecerse de manera duradera en estos trabajos, porque las funciones y el trabajo es muy elevado y no está equiparado económicamente”, reflexionan.
El comité de empresa señalaba que el centro llevaba años funcionando con incumplimientos de las condiciones recogidas en el contrato con el Ayuntamiento de Madrid
Esta situación ya había sido denunciada por la plantilla antes de que se conocieran los nuevos pliegos. En junio, el comité de empresa señalaba que el centro llevaba años funcionando con incumplimientos de las condiciones recogidas en el contrato. Entre ellos, la ausencia de una de las dos psicólogas previstas, la falta de enfermeras y el incremento de plazas sin un aumento proporcional del personal. Entonces, el comité advertía también de que el pliego llevaba vigente desde 2017 y que las características de la red de atención a personas sin hogar habían cambiado durante esos años. La plantilla explicaba a El Salto que el perfil de las personas atendidas era cada vez más complejo y que el centro estaba recibiendo a personas con mayores necesidades de atención sanitaria y de salud mental.
Es precisamente ese cambio de perfil el que vuelve a situar en el centro de las críticas. “A día de hoy nos encontramos con perfiles mucho más dependientes, menos autónomos, con bastantes más patologías sanitarias y de salud mental”, explican los trabajadores, que aseguran que el centro fue diseñado inicialmente pensando en personas con un mayor grado de autonomía y con una proyección de salida rápida hacia una vida independiente. “Cada vez hay más personas dependientes que necesitan cuidados específicos, patologías de salud mental sin tratamiento, o con poca adherencia al tratamiento, personas con consumo, patología dual”, continúan. La nueva realidad, consideran las trabajadoras, exige una dotación profesional diferente. Sin embargo, denuncia que el nuevo pliego recoge el cambio de perfil sin resolver el problema fundamental: “con la misma situación que ahora, o peor, sin cubrir la plantilla”.
“Con la urgencia es imposible hacer unos planes de intervención cortos, rápidos para que las personas no se cronifiquen y puedan tener una salida y una rotación mayor”, advierten
La falta de profesionales también modifica la forma en la que se trabaja. “Lo que funcionamos es un poco de apagafuegos, vamos a la urgencia del momento”, explican desde el comité. En esas condiciones, asegura, resulta difícil desarrollar intervenciones a medio plazo que permitan que las personas puedan abandonar antes la red de atención. “Con la urgencia es imposible hacer unos planes de intervención cortos, rápidos para que las personas no se cronifiquen y puedan tener una salida y una rotación mayor”, advierten.
El resultado es, según los trabajadores, que hay nuevos “tapones” dentro de una red ya saturada. “Si más profesionales pudieran trabajar la intervención con los usuarios y pudieran tener tiempo para dedicarle al usuario esa atención, evitaríamos muchísimas cronificaciones, evitaríamos una rotación mayor de los recursos y evitaríamos que esta profesión no acabe siendo tan estresante”, señala. En junio, la plantilla ya denunciaba a El Salto que las carencias del centro afectaban tanto a las condiciones laborales como a la atención. Entonces señalaban que el incremento de plazas no había ido acompañado de un aumento de personal y que las vacaciones tampoco se cubrían siempre. También reclamaban que los nuevos pliegos incorporasen mejoras y condiciones que permitiesen garantizar una atención adecuada.
Por eso las trabajadoras advierten de que el desgaste no es únicamente una cuestión laboral. Han recogido situaciones de estrés mediante entrevistas de clima laboral, pero considera que no se han puesto medios suficientes para solucionarlas. “Cuando tienes que atender a tantísima gente, al final te marcas para poder sobrevivir, nosotros nos marcamos prioridades”, indican. “Lo haces por los usuarios, no se hace por el Ayuntamiento, no se hace por la empresa, se hace porque si no tiras para adelante y echas más horas o te implicas fuera de tus funciones en ayudar a esa persona”, resumen.
La contradicción es especialmente grave porque las personas llegan al centro después de trayectorias marcadas por la exclusión y, en muchos casos, con problemas de salud que requieren una atención especializada. “Si ya vienen con unos proyectos de vida muy destruidos, que el recorrido en la calle es muy deficitario, puede llegar a estos centros que teóricamente son rehabilitadores y que se encuentran en la misma situación al final”, se lamentan.
La protesta del 29 de septiembre pondrá de nuevo el foco sobre la dotación del centro y sobre el contenido de unos pliegos que marcarán su funcionamiento durante los próximos años. Para las trabajadoras del Juan Luis Vives, los nuevos pliegos son, por tanto, una oportunidad para adaptar el recurso a la realidad actual de las personas sin hogar, pero también el riesgo de mantener sobre el papel una dotación que, en la práctica, aseguran que ya no es suficiente.
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