Cuando la inteligencia artificial despide: entre el ‘AI-washing’ y la reestructuración real del trabajo

El anuncio de miles de despidos en Meta desvela una tendencia que usa la IA como excusa para el recorte del gasto en recursos humanos que en muchas ocasiones acaba en el cierre de la empresa o en la readmisión de los empleados.
Meta Inteligencia Artificial Recurso
Meta es la punta de lanza en cuanto a despidos con el argumento de invertir en la IA
4 may 2026 06:00 | Actualizado: 4 may 2026 07:10

El gigante tecnológico Meta anunció el pasado 23 de abril el despido de 8.000 personas, un 10% de la plantilla que podría ampliarse hasta los 15.000 empleados según algunas informaciones. Tradicionalmente un recorte de empleo suponía que la empresa tenía malas previsiones o sus ingresos habían descendido. Hoy día no tiene por qué. De hecho, Meta ha incrementado su inversión en IA (inteligencia artificial) hasta llegar a los 135.000 millones de dólares. El problema es que no siempre se usa la IA como un sustituto de los trabajadores. En muchas ocasiones es el nuevo argumento estrella en los procesos de reestructuración empresarial. 

Bajo la promesa de eficiencia, innovación y reducción de costes, cada vez más compañías justifican despidos apelando a la automatización. Sin embargo, no todos los casos responden a una sustitución efectiva del trabajo humano por sistemas de IA. En muchos, lo que algunos analistas denominan AI-washing —el uso de la IA como coartada— encubre decisiones que responden a lógicas clásicas de ajuste laboral. No es una anécdota. 

Un informe dice que el 55% de las empresas que optaron por reemplazar personal por IA se arrepienten, viéndose obligadas a recontratar o a asumir pérdida de calidad en sus servicios

Según un informe de Forrester y Orgvue, el 55% de las empresas que optaron por reemplazar personal por inteligencia artificial se arrepiente posteriormente, obligadas a recontratar o a asumir pérdidas de calidad en sus servicios. En torno al 29% incluso ha vuelto a contratar para los mismos puestos. La promesa de una ‘automatización limpia y sin fricciones’ choca con una realidad más compleja: la IA aún necesita supervisión, falla en tareas complejas y no sustituye, al menos por ahora, la dimensión relacional del trabajo.

Uno de los casos más paradigmáticos es el de Klarna. La fintech sueca despidió a 700 personas, principalmente en atención al cliente. La operación se presentó como un éxito tecnológico, pero el relato cambió cuando la propia empresa tuvo que iniciar un proceso de recontratación. El motivo fue claro: la calidad del servicio había caído y la IA no era capaz de gestionar la complejidad emocional de las interacciones humanas. El experimento dejó una lección incómoda: el ahorro inmediato puede derivar en costes reputacionales y operativos a medio plazo.

Un ejemplo es el escándalo en Sports Illustrated, donde se publicaron artículos generados por IA bajo identidades ficticias, derivando incluso en el despido del propio CEO

El impacto de estas decisiones no se limita a sectores tradicionalmente automatizables. También alcanza a industrias creativas y de contenidos. El escándalo en Sports Illustrated, donde se publicaron artículos generados por IA bajo identidades ficticias, derivó en despidos —como el del propio CEO, Ross Levinsohn— y en una crisis de confianza que obligó a replantear la estrategia editorial. Aquí la IA no solo afecta al empleo, sino a las condiciones de producción y a la credibilidad del propio producto informativo.

Otro de los ejemplos donde la IA está en el punto de mira para despedir a la plantilla son las plataformas de servicios. En Glovo, donde el pasado fin de semana se convocó una huelga en toda España, los sindicatos denuncian que se utiliza el algoritmo que reparte los pedidos a recoger para sancionar a la plantilla y deshacerse de manera irregular de los trabajadores en plantilla en beneficio de las empresas pantalla y las cuentas alquiladas. Algo similar pasa en Amazon, donde el movimiento UNI Global Union y Progressive International acusa al dueño de la empresa logística, Jeff Bezos, de apoyar “un futuro tecno-autoritario”. 

En el extremo opuesto se sitúan empresas como IgniteTech, que despidió al 80% de su plantilla en 2023 en un giro radical hacia la automatización. La medida, justificada por la resistencia interna a adoptar nuevas herramientas, ha sido defendida por su dirección en términos de resultados financieros, aunque ampliamente cuestionada desde una perspectiva laboral y ética. Aquí la IA no es una excusa, sino el eje de un cambio productivo que redefine qué trabajo se considera prescindible.

Una transición que no frenará el avance

En este contexto, la cuestión no es únicamente cuántos empleos desaparecen, sino cómo se transforman. La introducción de herramientas de IA está concentrando tareas que antes requerían equipos completos en perfiles individuales altamente cualificados, capaces de coordinar múltiples sistemas automatizados. “Y esto no solo afecta a los programadores, ahora una de esas personas que sea capaz de llevar por sí misma un grupo de agentes que le hagan un proyecto va a ser capaz de diseñar la UX (experiencia de usuario), la UI (o interfaz de usuario), implementar el código, desplegarlo, analizar los datos”, explica Guillermo Merino Jiménez, ingeniero informático, que asegura que el proceso de cambio está haciendo que un empleado con herramientas IA “pueda hacer todo lo que antes hacía un equipo de varias personas”.

Esta concentración del trabajo plantea nuevos interrogantes laborales: menos equipos, más carga individual, mayor exigencia de cualificación y una posible intensificación del trabajo. Al mismo tiempo, abre la puerta a una redefinición de las competencias necesarias en el mercado laboral. “Ya estamos muy cerca de conseguir algo que es muchísimo mejor que un humano”, indica Merino, en referencia a las mejoras que la propia IA está haciendo en su aprendizaje.

“Ahora mismo todavía se necesitan humanos para para generar estos nuevos modelos, pero el punto de inflexión va a ser cuando ya la propia vida se auto mejore”, explica Guillermo Merino

“Ahora mismo todavía se necesitan humanos para para generar estos nuevos modelos, para descubrir nuevas técnicas, aplicaciones, etc.; pero el punto de inflexión va a ser cuando ya la propia vida se auto mejore”, explica el ingeniero, que indica que “hay expertos que ya especulan que ese momento esté en 2027 e, incluso, en 2026, se ha acelerado”. Pese a esta previsión, Merino cree que habrá “un periodo de transición, pero esto ha llegado para quedarse”.

El discurso tecnológico dominante tiende a presentar estos cambios como inevitables. Sin embargo, la experiencia reciente muestra que la implantación de la IA está lejos de ser un proceso lineal. Entre el entusiasmo empresarial y los límites reales de la tecnología se abre un terreno de disputa donde se dirimen cuestiones clave: qué trabajos se destruyen, cuáles se transforman y, sobre todo, en qué condiciones se produce esa transición. Y la legislación laboral y fiscal de cada país debe estar atenta a este cambio en el mercado laboral. 

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