Mi Dios es el Verdadero. Él me guía
a tierras lejanas ayer planas, pero hoy
ya redondeadas por voluntad divina.
¡Vaya a saber qué le dio a mi Señor
por retractarse de quemar cristianos,
herejes, que vieron planetas redondos!
(Con boca y brazos abiertos asistimos a tu arribo
bajo las bolsas de viento oceánico para usar
tus palos de fuego escudado tras tus caparazones
desde animales fuertes e inocentes como niños).
Trajimos la Verdad a la salvaje Tierra Prometida
donde sin mi Dios seguirían viviendo en pecado,
sin los beneficios de la guerra, como hacemos
hoy en Gaza, para cumplir con el Plan señalado
por el Todopoderoso Caballero Inmisericorde,
que santifica saqueos y falsos héroes criminales.
(Los portadores de la cruz con su torturado
y letales palos de fuego, ordenan venerar
un solo Dios. Ya no podrá llamar a la Lluvia,
y se apagaron el Sol y la Luna en Abya Yala).
Los bárbaros no conocen la propiedad privada.
¡Esto es el Paraíso para que sacerdotes y avaros!
¡Aquí hay 30 mil millones de denarios, Jesús!
Nada tiene dueño, entonces es nuestro. ¡Por Dios!
Aunque todos los Olimpos, Walhallas y Shangrilás
y Edenes terminan por desvanecerse en el Tiempo.
(Nos aplastan e imponen su idea de poseer
la Tierra, el Viento, el Agua y el Cielo, pero
nunca verán la Serpiente Emplumada y sí
se llevarán una gran riqueza envenenada.
Ramón Haniotis