Kurdistán
El Kurdistán iraquí acude a las urnas un año después del sueño desvanecido de la independencia

Las demoledoras consecuencias del exitoso plebiscito soberanista han hundido aún más a la región, que lleva años inmersa en una profunda crisis económica y política.

Kurdistán del Sur
Gente votando en el referéndum del Kurdistán del Sur el 25 de septiembre.

publicado
2018-09-30 06:00
Apoyando la cabeza sobre los márgenes de un sofá custodiado por un cuadro de los históricos líderes kurdos Masud Barzani y Jalal Talabani, Bazan intenta ahogar sus horas a base de té, caladas y fútbol en un bar de Duhok, en el Kurdistán iraquí, ajeno al acto electoral que acoge la plaza de al lado y que se deja entrever entre las ventanas del local.

Como a tantos otros ciudadanos de la región, a Bazan no le sobra nada excepto tiempo, pero aun así no piensa ir a votar a las elecciones que el Kurdistán celebra hoy para renovar los 111 asientos de su Parlamento, una empresa para la que se han postulado poco menos de 800 candidatos y cuyo destino estará determinado, en gran medida, por la abstención.

Entre el cielo y el infierno

Los comicios llegan en un punto delicado para la región, que lleva meses resintiéndose de la brutal embestida política y militar ejecutada por Bagdad como respuesta al referéndum de independencia que celebraron el 25 de septiembre de 2017, mientras las cicatrices de los cuatro años de guerra contra el Estado Islámico siguen bien abiertas.
Kurdistán
Claves del referéndum del Kurdistán del Sur
El 25 de septiembre se celebra un referéndum para determinar el futuro del Kurdistán del Sur, una zona autónoma de facto dependiente de Iraq.

La demostración de solvencia del Kurdistán iraquí ante el EI solo fue posible a costa de un titánico endeudamiento, una losa difícil de soportar a la que se ha añadido la reciente pérdida de recursos que sufrió la región después de que Irak se hiciese por la fuerza en octubre con buena parte de los territorios que se disputan, entre ellos la rica Kirkuk.

“El referéndum, pero más importante, las secuelas del referéndum con lo ocurrido en octubre, hasta cierto punto han debilitado estructuralmente al Kurdistán y lo han devuelto al nivel pre-Estado Islámico de equilibrio de poder [con Irak]”, explica Bilal Wahab, investigador en el Instituto de Washington para la política del Cercano Oriente.

Una de las consecuencias políticas más evidentes de este debilitamiento de Erbil se ha reflejado a lo largo de todo el proceso —aún en marcha— para constituir gobierno en Irak tras las elecciones que celebraron en mayo. En Bagdad, la alianza que agrupa a los dos grandes partidos kurdos —el Partido Democrático (PDK) y la Unión Patriótica (UPK)— ha evitado decantarse por alguno de los bandos que aspiran a formar el nuevo ejecutivo, una pasividad que refleja su debilidad y sus miedos a decantar la balanza.

“Si hubieran escogido el bando de [ex primer ministro y candidato a revalidar el puesto] Haider al-Abadi, habrían irritado a Irán, y si hubieran escogido el bando de Teherán, probablemente habrían deteriorado su relación con Estados Unidos”, apunta Bilal.

Las consecuencias negativas de esta reconfiguración territorial y política, sin embargo, no solo han afectado a Erbil, sino que también se han acabado traduciendo en un dilema para Bagdad, incapaz de mantener la seguridad en territorios en disputa como Kirkuk y sus aledaños, donde el EI está articulando su insurgencia. Una situación que, sumada al peso demográfico kurdo en estas zonas y al hecho de que la Constitución recoge el proceso para decidir su futuro, aún permite a Erbil retener cierta influencia para negociar.

“El statu quo no es sostenible, por lo que Kirkuk y el resto de áreas en disputa seguirán encima de la mesa”, anticipa Bilal. “Pero la cuestión es cómo de importante es Kirkuk”, continúa, ya que “probablemente los kurdos tengan otras prioridades como el petróleo, el reparto de sus ingresos, el presupuesto o el dinero para los Peshmerga”.

A pesar de que la seguridad suele capitalizar toda la atención, la dura crisis económica que asola la región supone actualmente su mayor desafío. Y es que la triangulación que se produjo en 2014 con el recorte de recursos transferidos por Bagdad —que cayeron de 14,3 billones de dinares en 2013 hasta solo 1 billón durante 2014—, el hundimiento del precio del petróleo —su principal activo económico— y el auge del EI fijaron las bases de la profunda crisis en curso en una región antaño bautizada como la “futura Dubái” y que hoy acumula una deuda de entre 15 y 20 mil millones de dólares.

“Desde la guerra todo ha ido a peor”, reniega Bazan desde Duhok, una gobernación que a pesar de todo ha acogido a más de 350.000 refugiados y desplazados —equivalentes a más del 20% de su población—. “Hace un tiempo trabajaba en una tienda de cosméticos por menos de 300 dólares, pero al final me despidieron incluso cobrando tan poco”, se resigna.

El PDK siempre gana

La dura crisis económica que está atravesando el Kurdistán, sumada al fuerte descrédito de sus grandes partidos políticos y a la sensación de que nada va a cambiar respecto a los últimos comicios, dado que el elector kurdo suele ser dogmático en su voto, hacen prever una baja participación en las elecciones de hoy.

En este sentido, el bajo número de votantes registrado en las pasadas elecciones iraquíes y las acusaciones de fraude entre partidos kurdos que las envolvieron, y que se van a repetir esta vez, solo han contribuido a generar un mayor desdén.

Quienes tampoco han sabido animar una contienda electoral que se sabía decaída han sido los partidos de la oposición, que no solo han sido incapaces de cooperar, sino que se encuentran más fragmentados que nunca, lo que les podría dejar vistos para sentencia.

“Los partidos de la oposición están seguros de que va a haber los mismos problemas [que en los comicios iraquíes] y de que la participación será baja, algo que no afectará al PDK ni a la UPK sino a ellos, porque el PDK y la UPK tienen su sistema un patronazgo por el que van a forzar a los suyos a acudir a las urnas”, expresa Kamal Chomani, investigador en el Instituto Tahrir para la Política de Oriente Medio (TIMEP). “Si la oposición vuelve a fracasar en estas elecciones será de algún modo el final para ellos”, sentencia.

“Antes de las elecciones ha sido imposible [unir esfuerzos] —reconoce Ali Hama Saleh, cabeza de lista de Gorran—, pero después tenemos que intentar crear un frente unitario”. “[Unirnos] hubiera sido un incentivo, pero ahora ya es demasiado tarde”, se resigna.

Vaticinando su gran fracaso, la oposición ha intentado hasta el último momento posponer las elecciones. Un intento desesperado por evitar su debacle que se ha topado con la férrea voluntad de tirar adelante con la votación por parte del PDK, cuyos líderes saben que el agotamiento de la oposición les brinda una oportunidad de oro para arrasar.

“La diferencia con anteriores comicios es que el PDK puede llegar a ser muy fuerte, por lo que podría llegar a no tener que ceder ni ministerios [para formar gobierno]”, apunta Amir Dershewi, analista político cercano al partido. De consumarse el resultado, el PDK tendría gran margen para marcar la pauta en las cuestiones clave de la próxima legislatura.

Una de ellas será el futuro del cargo de Presidencia, que se encuentra vacante desde octubre, cuando Masud Barzani, aún líder todopoderoso del PDK, decidió no volver a extender su mandato. Aunque por ahora su entorno lo niega, un Parlamento dominado por el PDK podría volverle a abrir la puerta: “[Todo] dependerá del Parlamento y de cómo decida redactar la nueva ley [de Presidencia] así como su derecho a ser candidato”, anota Chinar Saad, miembro de la dirección del PDK y directora de su Centro de Estudios.

Otra de las cuestiones que el PDK podría intentar acelerar es la nueva propuesta de Constitución regional que el partido quiere tramitar en las próximas cortes, una ley central sobre la que podría tener mucha influencia. “Intentaremos preparar y revisar el borrador de la Constitución, y ya estamos trabajando para ello”, anticipa Saad.

El gran reto para el próximo ejecutivo, sin embargo, seguirá siendo la economía. En este terreno, el gobierno kurdo dispone de herramientas limitadas, por lo que su principal medida, adoptada hasta ahora, ha sido recortes tradicionales y eliminación de subsidios, aunque también se están realizando esfuerzos para mejorar la recaudación de los impuestos existentes y para reducir el extendido problema de empleos públicos fantasma.

De convertirse el PDK en amo del Parlamento y del gobierno, no obstante, la oposición teme que las conversaciones con Bagdad sigan encalladas a pesar de esta imperiosa necesidad económica y política de restablecer cierta normalidad, lo que, a su vez, seguiría entorpeciendo la recuperación de la confianza por parte de la comunidad internacional.

“El Gobierno Regional del Kurdistán debe enmendar sus relaciones con Europa a través de políticas claras y de demostrar que, a pesar de estar sufriendo, está negociando con Bagdad”, apunta Bari Zebari, líder de la UPK en Duhok y presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores en el saliente Parlamento iraquí. “Va a tomar un tiempo hasta que las relaciones regresen a como estaban antes —sigue—, el gobierno tiene que ser más activo”.

El PDK, sin embargo, no parece dispuesto a renunciar a los resultados del referéndum, a pesar de que la coyuntura actual no permita utilizarlos. Saad lo tiene claro: “Los resultados son como una comida congelada —avisa— y, cuando la necesitemos, la recuperaremos y la usaremos, porque esta comida no tiene fecha de caducidad y siempre va a estar fresca”.

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2 Comentarios
#23716 13:39 1/10/2018

Surprise motherfuckers! Pero en Siria los yankees son los buenos, como intentan convencernos distintas ratas OTANistas que publican por aquí.

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Comentarista 14:47 30/9/2018

EEUU vendía en vídeos que la guerra contra ISIS y darle armas a los peshmerga llevaría a una idílica sociedad kurda sin ninguna injusticia, llegaban a vender que hasta las mujeres tendrían muchos derechos, nos vendieron bien la moto pero sin ruedas, como cuando nos vendieron lo de las armas de destrucción masiva para hacerle una guerra a Sadam Husein.

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