La brecha de género y el acceso a la vivienda, los problemas no resueltos de la generación mejor preparada

Pese a registrarse los mejores datos de paro juvenil, la tasa de temporalidad más baja para los menores de 29 y tener más formación superior que nunca, la emancipación sigue siendo un reto según un estudio de CCOO.
Manifestación defensa de la Universidad pública 27-11-25 - 14
Manifestación de estudiantes en defensa de la Educación Pública David F. Sabadell

La generación joven española es la más formada de la historia. Más de la mitad de las personas menores de 29 años —el 54,2%— cuenta hoy con estudios superiores, una proporción que se ha más que duplicado entre los hombres y prácticamente triplicado entre las mujeres en menos de cuatro décadas. También ha mejorado su posición en el mercado laboral: el paro juvenil ha caído desde el 40% alcanzado en 2013 hasta situarse en el 16% durante el primer semestre de 2026, mientras que la temporalidad se ha reducido del 56% en 2018 al 32% actual. “A pesar de todos los avances, no está garantizado el poder desarrollar un proyecto personal autónomo”, resume Natalia Arias, miembro del Gabinete Económico de CCOO y autora del informe Cuando avanzar no basta. La juventud española ante el desafío de la emancipación.

El estudio dibuja así una “radiografía de la doble realidad”, tal y como denuncia la autora, que atraviesa la juventud en España. Por un lado, una mejora sustancial de sus condiciones educativas y laborales respecto a generaciones anteriores; por otro, una creciente dificultad para convertir esos avances en autonomía. La tasa de emancipación de las personas de entre 18 y 34 años que viven por su cuenta sin necesidad de apoyo económico familiar ha pasado del 41% en 2016 al 31% en 2025, mientras en el conjunto de Europa se mantiene alrededor del 50%. España es, además, el país europeo donde más ha caído esta tasa desde 2016. La dificultad no se limita a quienes tienen entre 25 y 29 años: también alcanza a quienes tienen entre 30 y 34.

“Es un orgullo de clase saber que se ha logrado que casi la mitad de los jóvenes puedan tener educación superior”, señala Pau García Orrit, secretaria  de Juventud de CCOO

El salto educativo es especialmente significativo entre las mujeres. Hace menos de cuatro décadas, solo el 21% de la población joven tenía un título de educación superior. Hoy esa proporción alcanza el 48% entre los hombres y el 61% entre las mujeres. Para Arias, este aumento de la formación femenina es “una estrategia de las mujeres para enfrentar las desigualdades que se han encontrado en el mercado laboral”.

La evolución supone un cambio profundo respecto a generaciones anteriores, cuando el abandono temprano de los estudios y la incorporación rápida al mercado laboral, especialmente en sectores como la construcción o la hostelería, ofrecían una vía de acceso más inmediata al empleo pero también una mayor exposición a las crisis económicas. El informe destaca que la reducción del abandono educativo temprano y la mayor incorporación a la Formación Profesional y a la universidad han situado a la juventud actual en una posición formativa inédita.

“Es un orgullo de clase saber que se ha logrado que casi la mitad de los jóvenes de nuestro país puedan tener educación superior”, señala Pau García Orrit, secretaria confederal de Juventud de CCOO, que indica que “es importante reivindicar en plena ola de privatización de la educación, porque no debe ocurrir que esto pase de nuevo con un sobreesfuerzo de las familias obreras”. También el mercado laboral presenta una fotografía muy distinta a la de los años posteriores a la crisis financiera. La tasa de paro juvenil, que llegó al 40% en 2013, se sitúa ahora en torno al 16%, cerca de los niveles previos al estallido de la burbuja inmobiliaria. Arias subraya que el contexto actual no es comparable al del boom de la construcción ya que actualmente tenemos “un crecimiento en un modelo robusto y diversificado”.

“La temporalidad se ha reducido casi a la mitad, de hecho los jóvenes es el colectivo que más ha reducido la temporalidad”, explica Natalia Arias, aurora del informe

La evolución ha ido acompañada de una reducción histórica de la temporalidad. La tasa entre las personas jóvenes asalariadas ha pasado del 56% en 2018 al 32% en el primer semestre de 2026, y el contrato indefinido se ha consolidado como la principal puerta de entrada al mercado laboral. “La temporalidad se ha reducido casi a la mitad, de hecho los jóvenes es el colectivo que más ha reducido la temporalidad”, celebra Arias que asegura que la recuperación también se ha trasladado a los salarios después del fuerte golpe sufrido durante la llamada gran recesión. Entre 2008 y 2013, las personas de entre 20 y 29 años perdieron prácticamente una quinta parte de su poder adquisitivo. Desde 2018, sin embargo, quienes tienen entre 25 y 29 años son el colectivo que más ha incrementado su capacidad adquisitiva, una evolución que el informe vincula a las subidas del SMI, la creación de empleo a tiempo completo y la reforma laboral.

“Si el salario de las personas jóvenes ha ido aumentando década tras década gracias a la subida del SMI ha sido gracias a la lucha sindical”, apunta García Orrit, que reivindica el efecto de las políticas que generan cambios estructurales frente a aquellas que considera meros parches. Pero incluso en este escenario persiste una brecha de género. La parcialidad continúa fuertemente feminizada: las jóvenes soportan una tasa de empleo a tiempo parcial un 50% superior a la de los hombres jóvenes. El informe advierte de que esta diferencia corre el riesgo de cronificarse en las carreras laborales de las mujeres, especialmente cuando posteriormente deben asumir tareas de cuidados.

“Uno de los retos que queremos destacar es la brecha de género que hay en la temporalidad”, explica Arias, que asegura que “aunque hay avances que se han dado en otros puntos no se está logrando en la parcialidad de los contratos, lo que tiene un riesgo de cronificarse en las carreras laborales de las mujeres”. García Orrit apunta en la misma dirección: “Las mujeres encuentran que en ciertos sectores productivos tienen una tasa de acceso menor y con una tasa de parcialidad muy alta, por eso es importante que nos centremos en esta brecha e intentemos revertirla”.

“Tener un salario y un trabajo estable no garantiza el acceso a la vivienda”, insisten desde el Gabinete Económico de CCOO

El problema aparece cuando todos estos avances se enfrentan al mercado de la vivienda. El informe de CCOO concluye que la mejora de la inserción laboral no se está traduciendo en una mayor autonomía porque la vivienda se ha convertido en el principal obstáculo para la emancipación. Entre 2016 y 2025, la proporción de jóvenes y jóvenes adultos emancipados sin apoyo económico familiar cayó diez puntos, del 41% al 31%. “Que tres de cada diez jóvenes sean los que se puedan emancipar es una anomalía absoluta”, denuncia García Orrit. “La vivienda es cada vez menos accesible. Antes lo era por los estándares financieros, ahora también es por la falta de parque público de alquiler, por la falta de regulación del mercado privado y la penalización de aquellos que acceden al mercado de la vivienda por primera vez”, sostiene Arias, que asegura que actualmente “tener un salario y un trabajo estable no garantiza el acceso a la vivienda”.

La vivienda en propiedad resulta inaccesible para buena parte de la juventud y el alquiler privado se ha convertido en la alternativa prácticamente obligada. El informe explica que antes del estallido de la burbuja inmobiliaria los precios reales de la vivienda eran incluso más elevados, pero los criterios de concesión de crédito eran más laxos. Las restricciones introducidas después para evitar nuevas burbujas financieras han cerrado esa vía mientras los precios de la vivienda continúan tensionados.

El alquiler tampoco ofrece una salida sencilla. Ante la escasez de un parque público de vivienda en alquiler, la alternativa para quienes no pueden comprar pasa por el mercado privado, donde los precios de los nuevos contratos han aumentado especialmente. El impacto recae con mayor intensidad sobre quienes entran por primera vez en el mercado, entre ellos jóvenes y migrantes. El resultado es que incluso quienes han conseguido un empleo estable y un salario digno encuentran dificultades para independizarse.

La dificultad, además, no se queda en la veintena. El retraso en la emancipación alcanza también a las personas de entre 30 y 34 años, lo que prolonga durante más tiempo la dependencia económica y familiar. Las mujeres presentan una mayor propensión a emanciparse que los hombres, pero el informe advierte de que lo hacen en mayor medida en condiciones de precariedad y que la caída ha sido especialmente marcada entre las mujeres de 25 a 29 años.

Frente al discurso que presenta a la juventud como desmovilizada o desinteresada de la política, CCOO reivindica otra fotografía. Para ello se apoyan en el último informe del Injuve que señala que más del 60% de las personas jóvenes considera de vital importancia cuestiones directamente vinculadas con sus condiciones materiales de vida, como el empleo, la vivienda, la educación y la salud mental. Además, más de siete de cada diez apoyan los principios básicos de la igualdad de género. Sin embargo, indica el estudio, hay  una creciente polarización ideológica entre los y las jóvenes: mientras ellos se inclinan hacia posiciones de centro derecha, ellas se adscriben más a la izquierda primando valores feministas y de lucha por la igualdad. 

Consideran que todavía quedan dos retos importantes: acabar con la violencia laboral por edadismo y tener un Estatuto del Becario efectivo

Pau García Orrit considera que todavía quedan retos importantes, entre ellos la violencia laboral que afecta especialmente a las personas más jóvenes y más mayores y la aprobación del Estatuto del Becario, ante lo que califica como “una desregularización completa de las prácticas”. Algo muy importante visto lo que denuncia un informe de la Inspección de Trabajo que asegura que el 42% de los jóvenes preguntados ha sufrido una o varias situaciones de explotación a lo largo de su vida laboral que rara vez acabaron en denuncias. De hecho en 2024 solo se registraron 802 actuaciones por falsos becarios, con 187 empleos aflorados y 132 de ellos cubiertos por estudiantes. 

La paradoja es, por tanto, que una generación con más formación, menor temporalidad, menos paro y una recuperación de su capacidad adquisitiva que en los años posteriores a la crisis sigue teniendo dificultades para dar el siguiente paso. Los avances en educación y empleo han mejorado las condiciones de partida, pero no han resuelto las desigualdades de género ni han conseguido garantizar el acceso a una vivienda. Cuando avanzar ya no basta, tener estudios, empleo y salario deja de ser sinónimo de autonomía.

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