“No necesitamos bases militares en Okinawa”

Hablamos con Hiroshi Ashitomi y Suzuyo Takazato, de la campaña ciudadana contra la base militar estadounidense de Henoko, situada en Okinawa (Japón), que han recibido en Barcelona el Premio Sean MacBride por la Paz del International Peace Bureau.

Suzuyo Takazato y Hiroshi Ashitomi Okinawa
Suzuyo Takazato y Hiroshi Ashitomi en el Centre Delàs de Barcelona. Àngel Ferrero
@angelferrero

publicado
2017-11-25 14:31:00

Si de algo suena al lector en español Okinawa es seguramente por la polémica base militar estadounidense en esta isla japonesa. La asociación disgusta a Hiroshi Ashitomi. “Okinawa es también un destino muy valorado por los turistas, un lugar con un ecosistema diverso, del que destacan sus arrecifes de coral, y una rica historia y cultura”, afirma con orgullo, pero también con cierta tristeza.

Ashitomi es el copresidente de una plataforma ciudadana contra la construcción de un helipuerto estadounidense en la ciudad de Nago, en el norte de Okinawa. Él y Suzuyo Takazato, la copresidenta de la plataforma ciudadana contra la construcción de una nueva base militar en Henoko, viajaron hasta Barcelona el pasado viernes para recibir el premio MacBride por la paz que entrega anualmente la organización International Peace Bureau (IPB).

Ashitomi desmiente rápidamente el lugar común de que las bases militares estadounidenses revierten en ingresos para los habitantes de la zona: “No necesitamos bases militares, nuestra economía puede ser autosuficiente sin ellas”, asegura. “En Nago existe Camp Schwab, que forma parte de una base militar de marines”, continúa. “Nuestra propuesta es retornar el territorio a la prefectura de Okinawa para convertirlo en un zona de ecoturismo, para que así la gente pueda venir y disfrutar de la naturaleza”, una idea, insiste, apoyada por “mucha gente de negocios” de la isla.

La construcción de una nueva base en Nago, recuerda, “amenaza a varias especies animales, entre ellas al dugong, que se encuentra en riesgo de extinción, y a los arrecifes de coral, un ecosistema rico”. El dugong no es el único animal amenazado por la construcción de esta nueva base militar: entre las más de 5.300 especies animales en peligro por la base se encontrarían también unas 262 en riesgo de extinción, algunas de ellas autóctonas, como la tortuga de Ryuku, la serpiente de Okinawa, el escarabajo Yanbaru o la rana de Ishikawa.

Miles de crímenes y cientos de accidentes aéreos

Las bases estadounidenses no amenazan únicamente a la estabilidad de este ecosistema. Según datos oficiales, desde 1972 hasta 2015 los soldados estadounidenses estacionados en Okinawa han cometido un total de 5.896 delitos de diversa consideración, incluyendo 2.928 casos de robo y 1.062 delitos violentos, entre los cuales numerosas violaciones. “Y esta cifra no es la real”, puntualiza Suzuyo Takazato, ya que “en muchos casos las mujeres no acuden a la policía a denunciar, así que detrás de esta cifra hay numerosos incidentes que quedan fuera de la estadística”. En junio de 2016 unas 65.000 personas se manifestaron para exigir la retirada de las bases militares luego que un contratista estadounidense violase y asesinase a una joven de 20 años de Okinawa, cuyo cadáver intentó ocultar después. “El cuerpo estaba en tan mal estado que fue difícil de identificar”, señala Takazato.

Las bases estadounidenses ponen en riesgo a la población también de otros modos, según la activista. Cuando el exsecretario de Defensa Donald Rumsfeld “visitó Okinawa y vio la base desde el cielo, comentó que es un sitio peligroso para el aterrizaje de aviones debido a la zona en que se encuentra”, relata.

Lejos de la imagen de eficiencia que transmite la propaganda oficial y la industria cultural estadounidense, los accidentes en las bases militares son frecuentes: desde 1972 hasta 2015 ha habido unos 493 aterrizajes forzosos, 63 incidentes de desprendimiento de partes del avión y hasta 45 accidentes aéreos. En 1959, por ejemplo, un caza estadounidense se estrelló contra una escuela primaria en Miyamori, matando a 17 personas entre estudiantes y vecinos (el piloto se eyectó y salió ileso). En agosto de 2004 un helicóptero militar estadounidense se estrelló contra la Universidad Internacional de Okinawa. Y más recientemente, el pasado 11 de septiembre, un avión MV-22 Osprey se estrelló a unos 800 metros del municipio de Abu. Se calcula que hay una media de un accidente aéreo al año en Okinawa.

Promesas rotas

Las tropas estadounidenses se instalaron en las islas Okinawa, Amami y Ogasawara en los cincuenta. La distancia geográfica con respecto a las islas principales hizo que los estadounidenses optasen por ellas para evitar levantar ampollas en la población local. Con el tiempo, el grueso de tropas estadounidenses en Japón se concentró en Okinawa, que, a pesar de representar el 0,6% del territorio del país aloja al 74% de las tropas estadounidenses. Una concentración que, según los activistas, tiene un enorme impacto también sobre los servicios y sistemas de transporte. Una ampliación de las instalaciones –que incluiría varias pistas de aterrizaje, helipuertos y puertos para la carga y descarga de municiones– agravaría aún más la situación.

“Las encuestas dicen que un 80% de la población está en contra de la construcción de una nueva base”, dice Hiroshi Ashitomi, que recuerda que el conflicto se remonta a 1997, cuando los gobiernos estadounidense y japonés acordaron trasladar la base a otro lugar. El problema es que nadie quiere tener una base militar estadounidense cerca, menos todavía una con el historial de la de Okinawa.

“No creemos que el traslado sea la solución”, afirma Takazato. “Se trata de un viejo debate: el Ejército estadounidense tiene continuamente problemas con su uso, y querían trasladarla”, agrega, “pero no podemos pedirle a cualquier otro lugar de Japón aceptarla”. Por eso “estamos en contra del traslado y queremos que la base aérea sea clausurada”.

“El Gobierno estadounidense y el japonés quieren hacernos creer que estas bases tienen que ser trasladadas, pero en realidad tienen que ser cerradas”, subraya Takazato. “En 1996 nos prometieron que cerrarían la base aérea en cinco o siete años, es decir, en 2012. Nunca lo hicieron. No mantuvieron su promesa. La cuestión de trasladarla... ¿para qué? ¿Para mantener su función militar en otro sitio? Estamos en contra de algo así”.

Takazato destaca cómo “el Gobierno ha ejercido una enorme presión sobre los representantes electos de Okinawa”. Especialmente en la Dieta, donde “los diputados por Okinawa fueron elegidos por su oposición a la base y, una vez fueron elegidos diputados, y debido a la fuerte presión del Gobierno, cinco de ellos cambiaron su postura”. Como consecuencia, “en las siguientes elecciones ninguno de ellos fue elegido por la gente de Okinawa”. 

Bases militares Okinawa
Bases militares estadounidenses en Okinawa

Okinawa para pivotar hacia Asia

Suzuyo Takazato no tiene ninguna duda de los motivos detrás de esta presión: “Los estadounidenses quieren incrementar su presencia militar, por eso quieren una nueva base”. Las bases en Okinawa, como apunta Ashitomi, tienen una finalidad estratégica. “EE UU ha enviado fuerzas desde allí a Afganistán o Iraq”, otro motivo, añade, “por el que no queremos ser colaboradores de EE UU” en sus planes bélicos. Con su lucha, prosigue Ashitomi, “esperamos contribuir a poner fin a estas guerras. Nuestra oposición a la base militar estadounidense ayuda a construir una paz internacional”. Hiroshi Ashitomi recuerda que desde la base se enviaron antes tropas a Vietnam, y que “los vietnamitas la llamaban ‘la mano del diablo’ por su proximidad”. “No es ése el tipo de reputación que queremos”, asegura.

Ya la Administración Obama evidenció su interés en que la Unión Europea se convirtiese en el “segundo pilar” de la OTAN aumentando sus gastos en defensa para que EE UU pudiera así “pivotar” hacia Asia y “contener” la expansión económica de China, una estrategia que Trump se ha limitado a desarrollar y de la que forman parte sus buenas relaciones con el primer ministro japonés, Shinzo Abe. Con todo, para Takazato, “en la relación entre EE UU y Japón se afirma que ambos son iguales, pero no lo son: Japón es muy sumiso”. Incluso cuando “Trump visitó por primera vez Japón, lo que acordaron es que la construcción de la base en Henoko es la única solución. Trump vino a Japón a vender armas y Japón está dispuesto a comprarlas y a aceptar Okinawa como una isla militarizada”.

Para Ashitomi, lo que Japón debería hacer es “diplomacia”, pero “el Gobierno japonés solo mira hacia EE UU, que evita que Japón mantenga buenas relaciones con China” y “en última instancia quiere que Japón pelee contra China, y que lo haga por EE UU”. En cuanto al cambio constitucional que permitiría a las Fuerzas de Autodefensa de Japón convertirse en un Ejército con capacidad de intervención, “la mayoría de gente en Okinawa se opone a esta medida”, sentencia Ashitomi.

¿No les han acusado de ‘hacerle el juego’ a China? “Por supuesto”, contesta Takazato. “Hay medios que hacen demagogia con ello y, aunque la mayoría de gente en Okinawa está en contra, la derecha japonesa dice que China nos apoya o nos financia”. Esta demagogia, sigue, “se ha extendido y la derecha dice que quien se une a las protestas están a nómina de terceros, y que por eso acuden a protestar”. Combatir este tipo de desinformaciones, reconoce, es uno de sus mayores problemas. Por lo demás, “los medios de comunicación mainstream de Japón no cubren este tema, o lo hacen muy poco y lo tratan como un tema local, aunque no lo es”. “Hay una fuerte presión del Gobierno hacia los medios de comunicación, y los medios de comunicación japoneses no son independientes”, añade.

Una red de solidaridad internacional 

Según el investigador estadounidense David Vine, Estados Unidos posee más de 800 bases militares en todo el mundo. ¿Cómo oponerse a lo que constituye una auténtica red de dominio global? ¿Tienen contactos con otras plataformas contra las bases militares estadounidenses, como las de Ramstein, en Alemania, o Rota, en España? “Los tenemos”, contesta Takazato, “especialmente con organizaciones de mujeres, con la red internacional de mujeres contra el militarismo, y en los lugares donde se encuentran bases militares estadounidenses, como Corea del Sur, Puerto Rico, Guam o Hawai’i”.

Según explica Takazato, “nos reunimos cada dos años para tratar esta cuestión porque compartimos experiencias comunes: agresiones contra las mujeres, violación de los derechos humanos y destrucción del ecosistema. Nos oponemos al imperialismo estadounidense y al sistema patriarcal que se encuentra en la raíz de este militarismo. Estamos especialmente vinculados con la gente de Corea del Sur, ya que allí también hay enormes bases militares. Tenemos una red considerablemente buena, aunque no tenemos tantos contactos en Europa como en Asia”.

“La solidaridad internacional es una herramienta para ganar estas luchas populares”, añade Ashitomi: “Tenemos vínculos con gente en Corea, Guam, Hawai’i o Taiwán. Nos une la reivindicacion de que todas las bases militares estadounidenses han de ser retiradas de la región Asia-Pacífico”.

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