"Mientras se recorta en la lucha contra la violencia machista, para el negocio de la seguridad sí hay dinero"

Hablamos con Itziar Ruiz-Giménez sobre el negocio, el miedo y las estrategias de distracción que rodean al nuevo concepto de seguridad promovido por los Estados y la industria armamentística. 

Itziar Ruiz-Giménez
Itziar Ruiz-Giménez

publicado
2018-02-21 14:24:00

Con motivo de la celebración del Salón internacional de la Seguridad SICUR2018 y de la militarización del concepto seguridad, hablamos con la doctora en Relaciones Internacionales en el Departamento de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Madrid, Itziar Ruiz-Giménez. 

La profesora, que ha realizado investigaciones sobre construcción de la paz, resolución de conflictos armados, derechos humanos y mujeres en conflictos entre muchos otros temas, habla sobre los poderes político-económicos que se ven favorecidos por la creciente securitización de las calles y las fronteras, así como del gran negocio armamentístico. 

¿Por qué escuchamos pronunciar “seguridad” al Ministerio del Interior y nos da miedo?
Porque en los últimos años, en España y en el mundo, muchos gobiernos han utilizado la palabra para reconvertir fenómenos como las migraciones en amenazas para la seguridad y, de esa manera, legitimar una respuesta profundamente securitizada donde la prioridad es una respuesta militar y policial. Todo esto beneficia a un importante negocio con muchos actores económicos (empresas armamentísticas, corporaciones económicas, empresas de seguridad privada) pero, sobre todo, políticos: los ministerios de Interior y de Defensa, servicios secretos, etc. Mientras se recorta en educación, sanidad o en la lucha contra la violencia machista. Para el negocio de la seguridad sí hay dinero. 

¿Cuáles son las causas de esta renovada obsesión de los Estados por la seguridad? 
Es el proyecto político de las élites político-económicas europeas y de la élite económica global. Unas élites capitalistas, neoliberales, patriarcales y racistas que, a partir de los años 80, rompieron el contrato social que habían adquirido con las poblaciones en varios lugares del mundo, lo que conocemos como los Estados del Bienestar en el contexto europeo. Tienen que buscar un discurso que legitime toda esa ruptura y, que de alguna manera, construya un enemigo por el cual la gente acepte el recorte de los derechos que suponen todas las políticas de austeridad, según el principio del mal menor. 

"Tienen que construir un enemigo por el cual la gente acepte el recorte de los derechos que suponen todas las políticas de austeridad, según el principio del mal menor"

¿Qué consecuencias tienen las nuevas políticas de seguridad para la población?
Múltiples. La primera y más importante es que se cuestiona que amplios sectores de la población (inmigrante, supuesto terrorismo internacional) tenga derecho a tener derechos, y se les convierte mediante andamiajes político-jurídicos y de seguridad en personas sin derechos. Esa denegación permite la creación de limbos de impunidad, que se terminan reflejando en toda esa securitización de las fronteras españolas y de toda esa industria armamentística, las concertinas... La securitización convierte a tales personas en no humanos que pueden ser matados. Pero también afecta al resto de la población, se construyen múltiples fronteras dentro de los propios Estados europeos, se militariza la calle, se acentúa el control policial para controlar a esa población inmigrante en situación irregular, a las mujeres migrantes que, por otro lado, están dedicada al cuidado de nuestros mayores, de nuestros niños. Tal indefensión lleva a la explotación de estos seres humanos. Y no ocurre solo en las fronteras exteriores de los Estados europeos, en altamar, sino en la cotidianidad de la vida de las poblaciones. Del mismo modo afecta a las personas racializadas, nacionales de su país pero que por el color de su piel van a ser identificadas por todos esos controles de identidad. La percibimos en los aeropuertos, donde tu intimidad, tu libertad, se pone en suspenso por un bien mayor…

Un ejemplo clarísimo del impacto en el conjunto de la población es la Ley Mordaza, la Ley de Seguridad Ciudadana. Podemos coger la ley, artículo por artículo, e ir viendo cómo se ha penalizado el tipo de protesta que hacía la PAH, Greenpeace, las mareas, un tipo de manifestación, de movilización y de resistencias que está habiendo a este proyecto neoliberal securitizado en el que el aparato del Estado reprime la protesta a través de las propias leyes, de ese andamiaje político-jurídico del que hablaba. 

¿Qué nos cabe esperar para el futuro a medio plazo respecto a la política de seguridad? 
Cabe esperar que continuarán las resistencias, las movilizaciones, las protestas, la acción política de miles de personas migrantes que, en su movilidad, están resistiendo a las políticas migratorias europeas y a sus fronteras securitizadas; va a seguir siendo un espacio de lucha. Dependerá de cuánto cale en las sociedades occidentales la idea del mal menor, el que ofrece seguridad solo para esa clase privilegiada compuesta mayormente de hombres blancos occidentales neoliberales patriarcales y racistas. Habría que poner en el centro y en la agenda otras políticas de seguridad que cuestionen las medidas de austeridad y protejan los derechos de la ciudadanía... Esta es la lucha hoy para resignificar el concepto de seguridad. Todos estos discursos securitizadores no solo legitiman el poder, sino que obtienen beneficios económicos y materiales empleados para conseguir armas para matar o reprimir a la gente. 

¿Qué te parece que este tipo de ferias, como Sicur o Homsec, se hagan en recintos públicos? 
Tiene que haber una fuerte movilización para poner en cuestión a ese Estado que está subvencionando en especie, con la cesión de este espacio, a toda esta industria armamentística. Más cuando el negocio de la seguridad es uno de los principales negocios de los Estados occidentales que protegen a las empresas que luego van a esas ferias. Así, una gran parte de los recursos de los Estados, y por tanto de los contribuyentes, acaba en forma de beneficios empresariales y de tales Estados. 

Tiene que haber una fuerte movilización para poner en cuestión a ese Estado que está subvencionando con la cesión de este espacio a toda esta industria armamentística

¿Hay alternativas a estos modelos de seguridad desde el feminismo? ¿Cómo sería una seguridad entendida desde unos planteamientos feministas?
Sí. Hay alternativas claras. El movimiento feminista viene, desde hace mucho tiempo, planteando los impactos de género que tiene este proceso de securitización de la política, de la vida cotidiana de la gente, de la sociedad, de los Estados, que aumentan las desigualdades de género y la discriminación, y refuerzan una cultura patriarcal, machista, profundamente violenta, belicista, militarizada, opuesta al cuidado y la sostenibilidad de la vida (justo lo que habría que garantizar) que generan una enorme violencia también para miles de mujeres en el mundo. Desde el feminismo se plantean dos opciones: abandonar el concepto de seguridad y situarnos en otros discursos y otros lenguajes; y entrar en la batalla sobre el significado de la seguridad para desmontar sus significados hegemónicos (militarización, protección de los privilegios de unos pocos) y poner en el centro lo que tiene que ser securitizado.

El referente de la seguridad es, por un lado, la lucha contra el patriarcado, contra la división sexual del trabajo y todo este escenario de enormes desigualdades de género. Por otra parte, una seguridad que ponga en el centro los derechos humanos, la ética del cuidado y la economía de los cuidados.

Por último, ¿cómo crees que podemos resistir la sociedad civil a estas nuevas políticas securitarias?
Las resistencias se están dando cotidianamente desde muchos espacios. Es necesario articular en red esas múltiples resistencias, que en muchos casos están muy fragmentadas. Hay personas que están movilizándose contra la feria, hay gente que está abogando por la transformación de los mercados internacionales de comercio de armas para que no se puedan vender armas a países en conflicto armado, hay personas que están trabajando por la defensa de los derechos de las personas migrantes, hay personas que están trabajando contra la Ley Mordaza. Uno de los centros es encontrar espacios de articulación de todas esas luchas en común.

Tenemos que deconstruir ese supuesto sentido común que nos viene a decir que para la defensa de una supuesta seguridad de una determinada comunidad política cabe todo, la idea de que el fin justifica los medios. Detecto que un ámbito importante de la batalla es ser capaces de que una mayoría de la gente no se crea, no se convenza y no naturalice la doctrina del mal menor como un discurso válido, adecuado y apropiado. Articular mejor las múltiples resistencias para ser capaces de llegar a más sectores de la población (a través de los medios de comunicación es imposible, porque son monopolio de la estructura de poder securitizada), y ver que también ellos se tienen que movilizar en contra de esto, porque esa lucha va con ellos (con nosotros), no es algo que ataña solo a los inmigrantes porque no tienen derecho a venir, no. Esto tiene que ver con lo que nos pasa como sociedad, con qué tipo de sociedad queremos.

*Beatriz Sevilla Valderas pertenece a la Plataforma Desarma Madrid.

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2 Comentarios
Comentario 16:04 22/2/2018

El titular es un insulto. La violencia machista es un invento de género que protege a la mujer contra el hombre en términos generales. El machismo y el patriarcado es la excusa para criminalizar al hombre y hacer leyes y pactos que le persiguen como si fuera el origen de todos los males del universo, con más de mil millones de euros para perseguir y acorralar al hombre,violando todos y cada uno de sus derechos fundamentales. Con ese titular por supuesto lo he leído el artículo de esta señora queda deslegitimada cualquier cosa que proceda de ella para mí.

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#9017 12:48 23/2/2018

Totalmente de acuerdo como hombre y ser humano

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