“Si hay reformas en este país es necesario que la ciudadanía tenga un papel de peso”

Guillermo Fernández, impulsor de Hablamos, cree que la aplicación del artículo 155 da más argumentos para que la sociedad civil exija el diálogo como solución a la crisis entre el Estado y Catalunya. Un mes después del comienzo de la iniciativa, Hablamos sigue teniendo todo el sentido para uno de sus artífices.

Guillermo Fernández
Guillermo Fernández es impulsor de la iniciativa Hablamos.

publicado
2017-11-04 08:07:00

El pasado 7 de octubre, una manifestación blanca y sin banderas se hizo un hueco entre las movilizaciones independentistas en Cataluña y las concentraciones a favor de la unidad de España. Se trataba de una concentración a favor del diálogo como medio para solucionar el conflicto territorial abierto entre la Generalitat y el Estado. La convocatoria, que partió de un grupo de amigos y se difundió rápidamente por mensajes de WhatsApp, reunió a miles de personas frente a Ayuntamientos de toda la geografía española.

Semanas después, el choque de trenes entre la Generalitat y el gobierno de Mariano Rajoy se ha producido: después de la violenta represión del referéndum del 1 de octubre, el gobierno central ha intervenido la Generalitat, el Parlament ha declarado la independencia y la Audiencia Nacional ha encarcelado a los líderes de las asociaciones independentistas Assemblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium, y a ocho consellers cesados del Govern, incluido el ex Vicepresident Oriol Junqueras.

En esta situación de máxima tensión, conversamos con Guillermo Fernández (Madrid, 1985), uno de los impulsores de la iniciativa Hablamos, sobre el presente y el futuro del movimiento, que aspira a convertirse en un espacio de diálogo ciudadano que vaya más allá de la cuestión territorial.

¿Qué es Hablamos?
Hablamos es una iniciativa ciudadana que surge el día 2 de octubre, después de los acontecimientos del 1 de octubre, que para todos fueron un momento dramático, muy triste. Surge de un grupo de amigos muy reducido –mi hermano, yo y dos amigos más–, que hablando de lo que había pasado el 1 octubre se nos ocurre lanzar una cadena de WhatsApp. Salió muy bien, a partir de ahí se va sumando gente y montamos una cuenta de Facebook, una de Twitter y el proyecto va ganando consistencia, hasta la movilización del 7 de octubre, que es un éxito en toda España.

Se está aplicando el artículo 155 de la Constitución en Cataluña, el Parlament ha declarado la independencia y hay líderes independentistas y miembros cesados del Govern en prisión, incluido el ex vicepresidente Oriol Junqueras: se ha producido el famoso choque de trenes. En esta situación, ¿sigue teniendo sentido Hablamos? ¿Cuáles son vuestros objetivos y vuestra estrategia?
Sí tiene sentido y sobre todo si trascendemos el marco de que hablen los líderes políticos, que no han querido hablar. Creemos que la iniciativa tiene que repensarse y reformularse en términos de “hablemos de muchos problemas” –no solo de la cuestión territorial–, desde problemas en el ámbito laboral a problemas de otra índole. En ese sentido, creemos que la llamada a hablar es poner sobre la mesa que hace falta… si hay reformas en este país, es necesario que la ciudadanía tenga un papel de peso. Por tanto, Hablamos puede ser un espacio de deliberación, convocatorias… [queremos] abrir el espacio de Hablamos a ideas, propuestas y personas que puedan servir para que la ciudadanía esté presente en los próximos meses y en los cambios que se planteen.

Varios dirigentes del PSOE-PSC y Podemos participaron en la movilización del 7 de octubre. ¿Vuestro movimiento tiene alguna relación con estos partidos? ¿Teméis que alguno de estos partidos se apropie la movilización?
La iniciativa es ciudadana y queremos que siga siendo así, es algo que surge de la sociedad civil. En principio no tenemos problema en que haya políticos que a nivel individual acudan a los actos y movilizaciones que organicemos. Pero sí tenemos más reticencias a la hora de que esos partidos traten de hacer suyo un movimiento que es ciudadano y es bueno que siga siendo ciudadano. Nos pareció fenomenal que gente como Miquel Iceta, Ada Colau u otros vinieran a las concentraciones, es bueno e invitamos a otros políticos a que lo hagan. Pero sí les decimos que se mantengan en un segundo plano. Iceta pecó de viejos vicios de los partidos políticos: ir a una concentración, hacer declaraciones, asumir el protagonismo que entendemos que ese día tenía que haber sido ciudadano. Pero bueno, son vicios políticos que… tampoco hay que darle mayor importancia.

¿Por parte de Podemos y Catalunya en Comú ha habido algún tipo de actitud parecida, algún intento de capitalizar este movimiento?
Por lo que me han contado, Ada Colau acudió a la concentración y se mantuvo en un segundo plano, también hubo otros dirigentes de Comisiones Obreras y de UGT que asistieron a la movilización de Barcelona y nos parece bien, estamos encantados. Sobre todo, de que fuera un éxito ciudadano. Luego que vayan políticos bueno, puede estar bien. No ha habido ningún intento [de capitalizar el movimiento], nos alegramos de que los partidos lo vean como un gesto de protesta por la actitud de los políticos, pero también como un gesto de esperanza de que es posible un país que no entienda la diversidad como una amenaza sino como un motivo de orgullo. Es necesario en España que nos reconozcamos tal y como somos y que hagamos de esa diversidad una virtud y no algo de lo que estar siempre preocupados.

Hay una crítica que se hace a Hablamos desde la izquierda; me refiero a un artículo de Isidoro Moreno en Viento Sur, que criticaba que demandéis diálogo sin más precisiones; sin decir quién tiene que dialogar exactamente, sobre qué y con qué premisas. ¿Qué respondes a esta crítica?
Sí, he leído algunas críticas, también de Emmanuel Rodríguez. Esta es mi opinión personal: lo que le preguntaría a esta parte de la izquierda es cuál es su lectura de la situación y, más allá de criticar, qué entienden que puede aportar esta situación de positivo para un proyecto transformador en España. A mí no me queda claro cuál es su idea y sobre todo no me queda claro en qué se basan para pensar que el proceso catalán puede producir un cambio progresista en la sociedad española, y no más bien lo contrario, como muchos signos parecen mostrar.

Creo que no es contradictorio lanzar iniciativas ciudadanas que puedan empoderar a la gente con presionar a los dirigentes para que empiecen a solucionar un problema

Sobre la cuestión de hablar: al principio nosotros planteamos que hablen los responsables políticos; de ahí nuestra crítica diciendo que España es mejor que sus dirigentes. Porque España comprende mejor que no debemos entrar en una dinámica de bloques y de choque de trenes sino en una dinámica de entendimiento. Ahora bien, ese diálogo entre políticos no se ha producido. Y creemos que a partir de ahora tenemos que hablar todos los ciudadanos, pero también hablar de muchas otras cosas, hablar entre nosotros para ponernos de acuerdo y para sacar a la luz un conjunto de propuestas de cambio que se han articulado desde el año 2011 hasta ahora. El momento de decir a los políticos que hablaran tuvo su sentido. No lo han hecho, quizá ahora toca que la ciudadanía hable, se reúna y puedan salir de ahí propuestas.

En vuestros manifiestos habláis siempre de España, lo que sugiere que vuestro marco político de referencia es el Estado español actual. ¿Sois contrarios a la independencia de Cataluña?
Nuestro marco de referencia es España, el Estado español, efectivamente. Usamos la palabra España porque entendemos que no se la debemos regalar a sectores conservadores y reaccionarios. Yo no tendría ningún complejo en usar esa palabra, sobre todo cuando se declina hablando con la gente, de diversidad, de capacidad de entendimiento.

Con lo cual, a pesar de que no manifestáis ninguna postura concreta respecto al conflicto de Cataluña, se entiende que sois contrarios a la independencia de Cataluña. 
Nosotros lo que pensamos es que cualquier salida a la situación catalana tiene que ser con el consentimiento de la mayoría de los catalanes, ya sea a través de una reforma constitucional o a través de un referéndum. En caso de que la decisión de los catalanes fuera no aceptar una reforma constitucional o decidir la independencia en un referéndum de autodeterminación, lo aceptaríamos y nos parecería legítimo. Hay que tener en cuenta que la iniciativa Hablamos surge de un grupo de personas que vivimos en Madrid, no tendría mucho sentido que fuésemos independentistas, pero no tenemos prejuicios respecto a una postura que defienda la independencia de Cataluña.

Antes has hecho referencia a los cambios que se están dando en la sociedad española desde 2011. Entiendo que te refieres al 15M y, de hecho, en vuestro manifiesto usáis un lenguaje que recuerda mucho a la impugnación de la clase política que hizo el 15M. Sin embargo, interpeláis directamente a Carles Puigdemont y Mariano Rajoy –hasta les reservasteis mesa en un restaurante en Teruel para que se reuniesen para hablar–. ¿No es contradictorio reivindicar que la sociedad es mejor que sus dirigentes y al mismo tiempo confiar la solución del conflicto a un diálogo directo entre esos mismos dirigentes?
Más veces me han preguntado por la relación entre Hablamos y el 15M. Puede haber un cierto paralelismo en el sentido de que es una iniciativa ciudadana que surge de un pequeño grupo y mucha gente se la apropia, la hace suya, hasta el punto de que durante muchos días después hemos recibido en la página de Facebook fotos de lugares donde había manifestaciones blancas, particularmente en municipios catalanes. O sea que sí que hay esa parte de desborde y de empoderamiento ciudadano, que puede tener un paralelismo con el 15M y nos alegra.

¿Es contradictorio demandar el diálogo entre políticos y reivindicar que la sociedad es mejor que sus dirigentes? Yo creo que no. Hay un llamamiento al que la ciudadanía responde y que en un primer momento lo que hace es un llamamiento a la responsabilidad de los políticos. Luego es verdad que lo de la comida de Teruel era una idea para tratar de visibilizar que nosotros tomábamos la iniciativa y en una ciudad que no está en el circuito normal de los medios, y que nos permitía también hablar de la España vacía. Creo que no es contradictorio lanzar iniciativas ciudadanas que puedan empoderar a la gente con presionar a los dirigentes para que empiecen a solucionar un problema. Evidentemente, eso no significa que la ciudadanía luego se vaya a casa. Pero en este caso parecía evidente que había un momento en el que el gobierno de la Generalitat y el gobierno español tenían que hablar [para] poner fin a una situación absolutamente dramática y de gravísima tensión.

4 Comentarios
#2539 8:48 6/11/2017
Qué vacío de contenido, qué falsa supuesta movilización ciudadana. Él, su hermano, y dos amigos...y el vecino del cuarto, venga ya, un respeto. Y todos de blanco nuclear. Me recuerdan a las Damas de Blanco cubanas, todos buenísimos. Pero ni una palabra contra la represión del Estado. Eso sí, ellos están por la unidad de España, porque es que son de Madrid.
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Arnau Montserrat 15:38 4/11/2017
No se si se puede hablar con el neofranquismo. SI hay alguna oportunidad, mas bien diría que si. Pero de lo que estoy seguro es de que si se puede hablar mucho mas entre la gente, de todo tipo. Los del SI, los del NO. los de ¿hablemos? ocupan distintos lugares. Por supuesto no todo son fascistas en el NO. Hay muchos matices, no es todo monolítico ni las posiciones son irreconciliables ni rotundamente binarias.
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#2646 23:02 6/11/2017
No creo que haya mucho más que hablar sobre este tema. Un referendum y que se haga lo que diga la mayoría, que para eso somos una "democracia". Y a las minorías que les den, que para eso vivimos bajo el yugo capitalista. Porque si no se hiciera lo que dice la mayoría seríamos una dictadura, que es peor, que es donde se hace lo que dice la minoría. Pero claro, cuando nos gusta, somos demócratas, y cuando no, somos...¿qué somos?, unos gilipollas.
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Francoland 10:33 4/11/2017
¿Equidistamos? ¿Blanqueamos el régimen del 78? No se puede hablar con el fascismo, como sabe cualquiera con la capacidad intelectual para abrir un libro de historia.
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