La oposición húngara desafía a Orbán después de más de una década en el poder

Viktor Orbán, en el poder desde hace 16 años, se encuentra con un escenario inédito en Hungría: la irrupción de Péter Magyar y su partido, Tisza, abre por primera vez en años una posibilidad real de cambio.
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Cartel con la imagen de Viktor Orbán intervenido con pintadas en Budapest, reflejo del creciente clima de polarización política en el país. Bianca Dapolito Pinto.
Budapest, Hungría.
12 abr 2026 06:00 | Actualizado: 12 abr 2026 08:32

Hungría se prepara para acudir a las urnas hoy, domingo 12 de abril, en unas elecciones decisivas para el rumbo político del país, marcadas por la polarización, el desgaste institucional y el debate sobre el  papel del líder ultraconservador dentro de la Unión Europea. Más allá de la disputa entre partidos, lo que está en juego es el modelo gubernamental: la continuidad de la actual línea política o la apertura a un posible cambio que reconfigure los conflictos internos y las relaciones exteriores de Hungría.

A pesar del extenso abanico de partidos que se enfrentan por el poder, solo dos cuentan con apoyo suficiente para gobernar: por un lado, el partido de la oposición, Tisza, liderado por Péter Magyar, y por el otro, Fidesz, encabezado por Viktor Orbán, quien ha gobernado el país durante los últimos 16 años, desde 2010. 

Hungría cuenta con un sistema parlamentario unicameral de 199 escaños, elegido mediante un sistema mixto que combina listas nacionales y circunscripciones individuales. Este modelo ha favorecido en los últimos años a Fidesz y le ha permitido consolidar mayorías amplias en el Parlamento.

Péter Magyar: una oposición real y que puede cambiar el rumbo del país

Magyar, ex miembro de Fidesz, decidió abandonar el partido en febrero de 2024; dimitió de todos sus cargos gubernamentales tras mostrar preocupación por las medidas que se estaban tomando desde el Ejecutivo de Orbán. De este descontento nació Tisza. El partido se presentó a las elecciones al Parlamento Europeo de 2024, en las que obtuvo el segundo lugar con casi el 30% de los votos y siete diputados, lo que convirtió a Magyar en el líder de la oposición.

A pocos días de los comicios, la mayoría de las encuestas nacionales indican que su partido podría disputar seriamente el futuro gubernamental de Hungría, e incluso alcanzar una mayoría de dos tercios. Desde 2010, el primer ministro Viktor Orbán ha consolidado su poder tras ganar las elecciones parlamentarias en cuatro ocasiones consecutivas con su partido Fidesz, una formación ultraconservadora y ultranacionalista y con una agenda política que ha sido señalada por instituciones europeas por contribuir al deterioro democrático del país.

Gabriella Thomázy, docente en la Universidad de Servicio Público en Budapest (LUPS) y experta en sociología, asegura que Fidesz, mediante la reforma del sistema electoral y de los medios de comunicación para alinearlos con su visión, ha generado críticas por la posible vulneración de la democracia húngara y de su Estado de derecho. A ojos de Orbán, todo ello está justificado: considera necesario proteger a la nación de factores como la migración, las injerencias de la UE y los valores liberales.

La emigración de húngaros, especialmente jóvenes, sigue creciendo debido a los bajos salarios, la falta de oportunidades y el deterioro de los servicios público

Pese a estas críticas, Orbán mantiene un apoyo sólido, especialmente en zonas rurales y entre votantes de mayor edad, donde su discurso sobre soberanía y estabilidad sigue teniendo gran aceptación. “No obstante, es importante destacar que Hungría es principalmente un país de emigración y tránsito, con más emigrantes que inmigrantes, y que una parte significativa de la población húngara, en torno al  70-80%, mantiene una opinión favorable de la UE”, explica.

Frente a ese discurso, la gran contradicción sería otra: Hungría no sufre tanto por la llegada de migrantes como por la salida de su propia ciudadanía. La emigración de húngaros, especialmente jóvenes, sigue creciendo debido a los bajos salarios, la falta de oportunidades y el deterioro de los servicios públicos. A su vez, se ha registrado, en los últimos años, una de las tasas de inflación más altas de la Unión Europea, lo que ha erosionado significativamente el poder adquisitivo de los hogares.

La política del miedo

En Budapest, capital del país y principal bastión de la oposición, la campaña electoral se hace especialmente visible en el espacio público. La ciudad aparece, en estos últimos días de campaña, cubierta de propaganda política, gran parte de ella impulsada por Fidesz, que busca consolidar el apoyo de su electorado tradicional. Carteles con imágenes del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, y de Péter Magyar se repiten por todas las calles y distritos, acompañados de mensajes como: “¡Detenedlos!”, “¡Son criminales!” o “¡Quieren la guerra!”. Se refleja entonces una estrategia basada en el miedo, que ha evolucionado en los últimos años: primero la migración, después la comunidad LGTBQ+ y, más recientemente, la guerra en Ucrania. Estos carteles no son los únicos mensajes que se pueden ver en la capital. Ciudadanos  descontentos muestran su rechazo a estos carteles, los arrancan y sobreponen sus ideas y mensajes. Una parte de la población húngara está descontenta con el gobierno y anhela un cambio.

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Eszti observa uno de los carteles propagandísticos en Budapest, Hungría. Bianca Dapolito Pinto.

El malestar de una parte de la población es evidente y se refleja en testimonios individuales. Eszti es una estudiante en la capital. Su historia refleja el impacto que han tenido las medidas adoptadas en marzo de 2025, cuando el Gobierno prohibió las manifestaciones vinculadas a la defensa de los derechos del colectivo LGTBQ+, una decisión que, para ella, marcó un antes y un después. “Nunca había tenido miedo de caminar por Budapest. Soy bisexual y siempre lo he vivido con normalidad. Pero todo cambió cuando se prohibió el Orgullo y se empezó a hablar de posibles detenciones. Por primera vez, sentí miedo real. ¿Cómo es posible que esto ocurra en pleno siglo XXI? Lo que más duele es saber que, para la ley, no existimos. No puedo casarme con una mujer, no puedo formar una familia, no puedo tener hijos”. La joven teme ante la imposibilidad de formar una familia en el futuro, si las cosas no cambian. 

Desconfianza y desgaste institucional

Eszti no es la única que expresa intranquilidad. Otros testimonios coinciden en señalar el desgaste acumulado tras más de una década de gobierno de Orbán. Una trabajadora del sector servicios explica que Orbán “ha tenido 16 años para mejorar el país, pero no hemos visto nada positivo. Si vuelve a ganar, la gente va a salir a la calle. Yo voy a ser la primera en manifestarme”.

En este contexto, también emerge un clima de desconfianza institucional entre algunos sectores de la población. Circulan percepciones sobre posibles irregularidades en el proceso electoral, como la recomendación de acudir a votar con bolígrafos propios ante la sospecha de manipulación. No existen pruebas que respalden estas afirmaciones, pero es una clara muestra del nivel de incertidumbre y desconfianza presente en parte de la sociedad.

La conversación con la trabajadora culmina rápidamente; no se le permite hablar de política en su entorno laboral, y tampoco dispone de tiempo fuera del trabajo: “En este país se vive para trabajar, no se trabaja para vivir”. Cabe destacar que, el salario mínimo interprofesional en Hungría ronda los 322.000 forintos brutos mensuales, aproximadamente 856.47 euros en 2026, lo que dificulta mantener un nivel de vida estable, especialmente en Budapest.

Gabriella Thomázy asegura que en el caso de que Orbán salga victorioso, “lo más probable es que se produzcan protestas, principalmente en la capital y en las grandes ciudades”. Aun así, advierte que la sociedad húngara no suele caracterizarse por una cultura intensa de movilización en la calle, por lo que las manifestaciones podrían ser visibles, pero no necesariamente sostenidas en el tiempo.

Junto a la tensión política, aparecen dos problemas estructurales: el deterioro del sistema sanitario y la emigración

También apunta a una erosión del apoyo dentro de ciertos cuerpos del Estado, especialmente entre sectores vinculados a la seguridad. Las reformas, los despidos y el deterioro de las condiciones laborales habrían generado malestar interno. Junto a la tensión política, aparecen dos problemas estructurales: el deterioro del sistema sanitario y la emigración. El sistema de salud se describe como precario, con falta de personal, infraestructuras envejecidas y largos tiempos de espera, lo que aumenta la percepción de abandono institucional.

El resultado es un país donde la campaña electoral se juega en varios frentes a la vez: en las urnas, en los medios, en las calles y también en el interior de las familias. Y en ese escenario, lo que está en disputa no es solo quién gobierna, sino qué tipo de Hungría seguirá existiendo después de las elecciones.

La posición de Hungría en Europa, en juego

“Estas elecciones son decisivas tanto para Hungría como para la Unión Europea. En el caso de una victoria de Orbán, esto supondría la consolidación total de su figura política en el ámbito internacional. Sin embargo, si gana la oposición, el mensaje sería de alineación con Bruselas y de fin a la etapa de conflicto. El gran problema en Hungría es económico: pérdida de valor de la moneda y emigración de jóvenes”. Quien habla es Ignacio Jiménez de Cisneros, investigador especializado en geopolítica europea.

Sin duda, se trata de unas elecciones de gran relevancia no solo para el país magiar, sino también para el conjunto de Europa. El país se encuentra en un momento clave: decidir entre consolidar un modelo que ha tensionado su relación con Bruselas o abrir la puerta a un nuevo rumbo. El resultado marcará no solo quién gobierna, sino qué tipo de democracia quiere ser Hungría en el futuro.

Hungría
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