Se van las pelotas de goma, llegan las balas de foam

Pese a la retirada de las pelotas de goma la asociación "Stop Balas de Goma" sigue denunciando el carácter letal de los nuevos proyectiles. La abogada de Esther Quintana denuncia que el problema de raíz es la cultura policial.

Antidisturbios disparan balas de goma
Los antidisturbios disparan sus escopetas las tarde del 14 de noviembre en el centro de Barcelona. Ramón Fornell

publicado
2014-04-30 17:17:00

Hoy, 30 de abril, entra en vigor la prohibición del uso de las balas de goma por parte de los Mossos d'Esquadra, que hace efectiva la decisión tomada por el Parlament de Catalunya el pasado 8 de noviembre dentro de la “Comisión de estudio de los modelos de seguridad y orden público y del uso de material antidisturbios en acontecimientos de masas”.

"De nada nos sirve retirar todo el material que puedan utilizar los Mossos, si luego los métodos de intervención policiales no se ajustan a los derechos humanos"En un comunicado emitido ayer, la asociación Stop balas de goma denunciaba que, pese a este prohibición, a día de hoy los Mossos d'Esquadra no solo no dejarán de utilizar proyectiles con capacidad de provocar lesiones graves sino que “disponen hoy de más armas que hace seis meses, las cuales también son de carácter letal como el cañón de agua, cañones de sonido o los proyectiles de foam”. Los proyectiles de foam que ya están siendo utilizados por los Mossos d'Esquadra, tienen un calibre de 40mm, un peso de 220 gr y alcanzan una velocidad superior a los 300 km/h.

Según el informe de esta misma asociación las balas de foam, también conocidas como Flash-Ball's nombre de la marca bajo la que se comercializan, que son utilizadas desde hace varios años por la policía francesa, “son armas igualmente peligrosas”. Tal y como denunció Amnistia Internacional (enlace en francés) en diciembre de 2010 un hombre resulto muerto en Marsella por el impacto de uno de estos proyectiles. Asimismo y según recoge la web del colectivo 27 noviembre (enlace en francés), al menos seis personas habrían sufrido la mutilación de uno de sus ojos por el impacto de uno de estos proyectiles. Uno de estos casos tuvo lugar en la colonia francesa de la isla de Reunión, lugar en el que un niño de nueve años perdió un ojo el pasado mes de diciembre.

La cultura policial

Laia Serra es abogada de Ester Quintana. Ester perdió uno de sus ojos en la pasada huelga del 14 de noviembre de 2012 y es una de las personas que junto a Nicola Tanno o Carles Guillot, con quienes DIAGONAL tuvo la oportunidad de charlar hace unos meses, se han organizado en torno a la asociación “Stop balas de goma”, que ha conseguido la generación de la comisión del Parlament catalán que finalmente ha tomado la decisión de retirar el uso de las balas del repertorio de la actuación policial de los Mossos d'Esquadra.

Serra declara a DIAGONAL que “con independencia de que se retiren las balas de goma y aparezcan nuevos repertorios policiales como el cañón de agua, las balas de foam y los cañones de sonido, es importante señalar que la cuestión fundamental a tratar son los protocolos de actuación policial, el modelo, la óptica desde la que se entiende la cultura policial. Es decir, de nada nos sirve retirar todo el material que puedan utilizar los Mossos si luego los métodos de intervención policiales no se ajustan a los derechos humanos y a un mínimo de sentido común".

"En este sentido", prosigue Serra, "resulta paradigmático lo que hemos podido ver en los recientes casos como el de Juan Andrés Benítez en los que solo con sus defensas y puñetazos o patadas se han producido unas lesiones que presumiblemente les han provocado la muerte. De modo que la cuestión de fondo a analizar es como se investigan los casos de brutalidad policial tanto de forma jurídica como de forma política y la rendición de cuentas internas según los procedimientos de la propia policía”. Y concluye “pese al debate político por el cual en el Parlament se ha decidido prohibir las balas de goma, no ha existido una depuración de responsabilidades por parte de la policía, y las víctimas de estas agresiones policiales todavía están esperando a recibir el apoyo psicológico y las indemnizaciones que se supone iban a recibir”.

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