Galicia
Casi cien ayuntamientos racionan el agua en Galicia mientras la sequía golpea al campo y el calor deja cientos de muertos
Galicia atraviesa este verano una de las sequías más severas de las últimas décadas. La falta de lluvias acumulada desde la primavera, unida a varias olas de calor consecutivas, está agotando embalses y ríos, obligando a decenas de ayuntamientos a racionar el agua y poniendo contra las cuerdas a las granjas gallegas. La crisis combina ya escasez hídrica, pérdidas en el campo y un impacto sanitario que se cuenta en vidas humanas.
Según el informe climatológico elaborado por MeteoGalicia, julio fue el mes más cálido desde que existen registros. La temperatura media se situó 2,8 ºC por encima del valor normal y la temperatura máxima media fue de 3,5 ºC por encima de lo habitual, el segundo valor más alto registrado hasta ahora. Además llovió muy poco: solo cinco litros por metro cuadrado de media, un 86% menos de lo habitual.
Casi cien ayuntamientos, entre la alerta y la prealerta
El pasado 14 de agosto, Augas de Galicia activó la situación de alerta o escasez severa en el río Lérez, en la ría de Pontevedra, en el río Anllóns, en la costa de A Coruña y en el río Verdugo, con los embalses de Galicia-Costa en un 83,09% de su capacidad.
Al mismo tiempo, cuatro nuevas unidades territoriales pasaban de normalidad a prealerta: el río Tambre y la ría de Muros, el río Grande en Camariñas, el río Mendo y la ría de Betanzos, y el río Landro y el río Ouro. En total, a comienzos de agosto ya eran 91 los ayuntamientos afectados —32 en alerta y 59 en prealerta—. La alerta implica prohibir usos prescindibles —baldeo de calles, piscinas, riego de jardines— y deja abierta la puerta a cortes puntuales si la situación no mejora.
La Confederación Hidrográfica del Miño-Sil (CHMS) convocó también su Oficina Técnica de la Sequía y declaró la prealerta en el Miño Alto, Cabe, Sil Inferior, Bajo Miño y A Limia, donde los caudales estaban un 45% por debajo de lo habitual para julio.
La sequía ahoga al campo y a la ganadería
El sector primario es uno de los que más está acusando la situación. Según relatan desde el Sindicato Labrego Galego (SLG), los meses de lluvia escasa combinados con las olas de calor están golpeando prácticamente a todos los sectores productivos. En la carne, la cosecha de forraje fue muy pobre y en buena parte del territorio el ganado dejó de pastar hasta dos meses antes de lo habitual, lo que está forzando a muchas granjas a echar mano ya de las reservas del invierno. El sindicato alerta además de que empiezan a aparecer casos en los que el abastecimiento de agua no llega a cubrir las necesidades del propio ganado.
“Son necesarias líneas específicas de ayuda para inversiones que permitan adaptarse al cambio climático y desintensificar la producción”, explica Brais Álvarez, secretario de Acción Sindical del SLG
En la leche, a la escasez de forraje se suma una mala previsión para la campaña del maíz —la falta de lluvia en los meses críticos del cultivo reduce tanto su cantidad como su calidad—, lo que compromete ya la producción de la próxima temporada. Y tanto en la huerta como en la apicultura, las cosechas cayeron más de la mitad y en algunos casos directamente no llegaron a cuajar, lo que a medio plazo amenaza la continuidad de muchos de estos proyectos.
Las fuertes lluvias de febrero y marzo retrasaron el trabajo de la tierra y, cuando por fin se pudo sembrar, llegaron olas de calor seguidas que impidieron un desarrollo normal de las cosechas.
Desde la organización piden una valoración oficial y sector a sector de los daños, sin que la gestión de esta crisis suponga un sobrecoste para las granjas. “Son necesarias líneas específicas de ayuda para inversiones que permitan adaptarse al cambio climático y desintensificar la producción”, explica Brais Álvarez, secretario de Acción Sindical del SLG.
Pueblos al límite: cisternas, cortes y ríos casi secos
La presión sobre el abastecimiento ya obliga a medidas de urgencia. En Carballo se cerraron fuentes ornamentales y públicas, duchas y lavapiés de las playas, y se cancelaron baldeos y riego de jardines municipales.
La alcaldesa de Muros, María Lago, explica que el Ayuntamiento tiene en marcha una “obra de emergencia” para aumentar la captación y coger agua en el embalse de Santa Uxía. El río Arcos, del que dependen Muros y Carnota, baja prácticamente seco después de meses sin llover, mientras el consumo se dispara por la presión turística.
“El domingo pasado tuvimos que acercar con los camiones de bomberos agua a la potabilizadora para poder tratarla y meterla en la red”, explica. Lago afirma que nunca se habían encontrado con esta situación a comienzos de agosto. “Debido al aumento del turismo y el consumo, nos vemos muy apurados”.
El sistema de Vigilancia de la Mortalidad diaria (MoMo) señala que Galicia registró desde mayo 276 muertes atribuibles a las altas temperaturas, de las cuales 206 fueron mujeres.
En parroquias más pequeñas, el problema se traduce en cortes directos. “Los depósitos no logran recuperarse por las noches y a veces llegamos por la mañana y vemos que no hay agua, entonces tenemos que cortar”, afirman desde la Comisión de Aguas de O Ézaro.
En Santiago de Compostela, el Ayuntamiento mantiene desde finales de julio un bando que prohíbe llenar piscinas privadas, lavar vehículos con el agua de la red o regar jardines.
Según el visor River Monitor, del investigador del CSIC Dominic Royé, el 16 de agosto un 78% de los ríos gallegos presentaban algún grado de sequía, con un 19% en valores extremos.
La sequía no solo golpea la economía y el territorio, también tiene un coste sanitario directo. El sistema de Vigilancia de la Mortalidad diaria (MoMo), gestionado por el Instituto de Salud Carlos III, señala que Galicia registró desde mayo 276 muertes atribuibles a las altas temperaturas, de las cuales 206 fueron mujeres.
La respuesta política: ¿más embalses?
Ante este escenario, el Gobierno gallego ya apunta hacia nuevas infraestructuras. El pasado 20 de agosto, la conselleira de Medio Ambiente, Ángeles Vázquez, defendió la necesidad de construir nuevos embalses para almacenar agua en distintos puntos del territorio, aunque matizó que esto no implica “llenar Galicia” de grandes presas ni instalar depósitos en todos los lugares.
Para Jorge Dafonte, experto en recursos hídricos y profesor en la Universidad de Santiago de Compostela, los embalses deberían ser la “última opción”, ya que pesan sobre ellos un elevado coste económico de construcción y mantenimiento, además de un impacto ambiental considerable.
A nivel urbano, defiende que el primer paso es evaluar con rigor los recursos disponibles y proyectar, a partir de los modelos existentes, cómo podría evolucionar la disponibilidad de agua en un contexto de cambio climático.
Antes de pensar en nuevas infraestructuras, propone “mejorar la eficiencia de la red de distribución detectando y corrigiendo fugas, contabilizar con precisión el consumo y recurrir a aguas regeneradas para usos como el riego o los baldeos”. Cita también como ejemplo la red de pozos de emergencia que tiene Madrid, capaz de aportar un porcentaje del caudal en momentos puntuales de necesidad.
Para los núcleos pequeños, sin embalses propios, Dafonte apuesta por buscar manantiales y pozos y organizarlos en una red distribuida. Pone como modelo un proyecto desarrollado en Abegondo entre el Ayuntamiento y la universidad: allí, un pequeño embalse ya abastecía la zona baja de la parroquia, pero la zona alta necesitaba bombeo; la solución pasó por localizar varios pozos conectados a una pequeña estación de tratamiento que distribuye el agua a las viviendas.
“Lo que tenemos que hacer es diversificar e intentar localizar de forma sistemática una red distribuida”, sostiene. “Hay que buscar soluciones localizadas, hasta cierto punto más respetuosas con el medio y menos invasivas”.
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