El papel de la FIFA en la relación entre Estados Unidos e Irán

En 1998, la actitud conciliadora de Clinton y Jatamí convirtió lo que era un partido de fútbol de alto riesgo en una oportunidad para iniciar un periodo de distensión entre Estados Unidos e Irán.
Irán EEUU Fútbol Francia 98
Partido entre Irán y Estados Unidos en el Mundial de fútbol de Francia 98.

En diciembre de 1997, el sorteo para el Mundial de fútbol masculino que se celebraría unos meses después en Francia deparó un partido con mucha tensión. Estados Unidos e Irán se enfrentarían el 21 de junio de 1998 en el estadio Gerland de Lyon. Aunque unos meses antes la sorprendente elección de Mohamed Jatamí como presidente de Irán había abierto una vía de normalización, las relaciones entre los dos países eran muy tensas desde el triunfo de la revolución que derrocó a Reza Pahlevi en 1979 y que terminó instaurando la república islámica. Nada más conocerse el resultado del sorteo, el Ministerio del Interior francés otorgó al partido el carácter de alto riesgo.

En enero de 1998, Jatamí ofrecía una entrevista a la CNN en la que habló de su voluntad de terminar con la imagen de “gran Satán” que los iraníes tenían de Estados Unidos. Bill Clinton respondió con una declaración, difundida en Irán, en la que habló del partido de fútbol como una oportunidad para facilitar un acercamiento entre los dos países. La FIFA, que tras ese Mundial dejaría de estar presidida por Joao Havelange, hizo acuse de recibo, buscando que solo se hablara de fútbol. El día del partido fue declarado por la FIFA como día del Fair Play y para dirigirlo se eligió a un árbitro que no despertara suspicacias, el suizo Urs Meier.

En los días previos, Madeleine Albright, entonces secretaria de Estado de la administración Clinton, admitía que Irán tenía razones para sentirse resentido con Estados Unidos, al tiempo que declaraba que Jatamí estaba respondiendo “al deseo de cambio y apertura de una larga proporción del pueblo iraní”. Mientras tanto, Jatamí insistía en quitarle significado político al partido del Mundial.

Llegado el día, se habían previsto fuertes medidas de seguridad en Lyon, pero no se registraron incidentes entre los aficionados de los dos países. Ya en el estadio, el protocolo establecía que los jugadores de uno de los equipos debían acercarse a los del otro para darse la mano en la previa del partido, pero la FIFA decidió sustituirlo por una foto de los dos equipos juntos, tras la que los jugadores de Irán entregaron ramos de flores a los de Estados Unidos. Irán se impuso por dos goles a uno, dando lugar a grandes celebraciones en el país tras el pitido final. A día de hoy, aquel partido sigue siendo considerado como uno de los hitos del fútbol iraní, aunque ninguna de las dos selecciones terminarían por pasar la fase de grupos, superados por Alemania y Yugoslavia.

Igual que en los años 70 el ping-pong había servido para mejorar las relaciones entre Estados Unidos y China, a finales de los 90 el fútbol abrió una vía de entendimiento entre el país americano e Irán

Igual que en los años 70 el ping-pong había servido para mejorar las relaciones entre Estados Unidos y China, a finales de los 90 el fútbol abrió una vía de entendimiento entre el país americano e Irán. Tras el Mundial, ambas federaciones iniciaron conversaciones en medio de un clima de distensión entre los dos gobiernos, que dio lugar a la visita de la selección iraní a Estados Unidos en enero de 2000 para disputar partidos amistosos contra México y en el Rose Bowl de Pasadena contra la selección estadounidense. Cuando se produjeron los atentados del 11-S, en un significativo cambio de postura, el gobierno iraní hizo una condena pública y tres días más tarde, la selección de fútbol guardó un minuto de silencio en su partido contra Bahrein. Unos meses después, el gobierno de George W. Bush incluía a Irán en el llamado “eje del mal”, terminó la distensión y la cuestión nuclear volvió a ocupar el espacio central en sus relaciones. 

Fútbol en tiempos de Trump

La diplomacia del fútbol fracasó, aunque las conflictivas relaciones diplomáticas de Estados Unidos no fueron un impedimento para que la FIFA, ya con Gianni Infantino al frente, le concediera, en 2018, la organización del Mundial que se celebrará este verano.

Desde que Donald Trump tomara posesión de su segundo mandato a principios de 2025, su política migratoria había generado dudas respecto a la seguridad que tendrían los aficionados que quisieran asistir a los partidos. En el Mundial de Clubes del pasado verano ya se produjeron problemas por la actuación de los agentes ICE alrededor de los partidos. Entonces Infantino aseguró no tener “ninguna preocupación por nada, en el sentido de que estamos muy atentos a cualquier cuestión de seguridad”. Poco después asistía en Ubekistán a un partido de la selección de Irán. “Como presidente de la FIFA les garantizo que serán bienvenidos en Estados Unidos, México y Canadá”, declaró tras reunirse con los integrantes de la selección iraní. Sin embargo, se produjo un conflicto diplomático cuando Estados Unidos negó el visado de entrada para asistir al sorteo del Mundial a varios miembros de la delegación iraní. Entre ellos, el presidente de la federación y miembro de la FIFA, Mehdi Taj. La delegación iraní buscó el respaldo de la FIFA, que no resolvió el problema y finalmente, fue su seleccionador, Amir Ghaleoni, el único representante de Irán en el sorteo.

Ese día, Infantino hacia entrega a Trump del premio FIFA de la paz. “Siempre puedes contar con mi apoyo y el apoyo de toda la comunidad del fútbol para ayudarte a lograr la paz y hacer que el mundo prospere”, le dijo Infantino al hacerle entrega del premio. Desde entonces, Estados Unidos ha atacado a Venezuela y a Irán, además de provocar una crisis diplomática con Dinamarca y la Unión Europea en relación a Groenlandia. También ha provocado crisis diplomáticas con los gobiernos de los otros dos países anfitriones del Mundial, alimentando la incertidumbre respecto a la organización el torneo.

Tras los ataques sobre Irán, está en juego la propia presencia de la selección iraní en el próximo Mundial, puesta en duda por Taj. “Es poco probable que podamos mirar con esperanza al Mundial, pero los jefes del deporte son los que deben decidir sobre eso”, declaró el presidente de la federación.

En 1998, la actitud conciliadora de Clinton y Jatamí convirtió lo que era un partido de alto riesgo en una oportunidad para iniciar un periodo de distensión entre ambos países. La FIFA apoyó a ambos gobiernos en ese proceso. De cara a la edición de 2026, la decisión de Infantino de alinearse con Trump ya le ha traído una investigación por falta de neutralidad por parte del COI, una denuncia de la ONG FairSquare ante el Comité de Ética de la FIFA y la denuncia de diferentes organizaciones ante la Corte Penal Internacional por su complicidad con Israel.

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