Tras un mes de movilización en Francia, la ira no remite y el movimiento social se extiende

Este sábado 17 de octubre, más de 800 000 personas salieron a las calles en Francia para expresar su ira ante la crisis social que afecta a todo el país.
París 17.10 - 6
Una barricada en París. Martin Barzilai
18 oct 2026 13:52

“El 17 abandonamos la época contemporánea”. Desde hace varios días, reivindicaciones políticas, trends humorísticos y consejos antirrepresión inundan las redes sociales francesas ante el anuncio de la movilización, que aspira a ser de alcance histórico, el 17 de octubre. Tras tres semanas de protestas de estudiantes de instituto y universitarios en el país, la jornada de este sábado era especialmente esperada. Estudiantes de instituto, universitarios, jubilados, chalecos amarillos y trabajadores de distintos sectores llamaron a converger en numerosas acciones por todo el país. Según los sindicatos de trabajadores y de estudiantes, entre ellos la CGT y la Unión Estudiantil, 800 000 personas marcharon este sábado por las calles, 550 000 según el Ministerio del Interior.

Desde el pasado 18 de septiembre, los estudiantes de instituto de todo el país, apoyados por sus profesores y por los universitarios, han llevado a cabo acciones de bloqueo de sus centros escolares para denunciar la falta de medios en la educación. Edificios escolares deteriorados, falta de personal docente y de acompañamiento, aulas y horarios sobrecargados, las reivindicaciones planteadas por los institutos de la periferia parisina han sido retomadas en todo el país. En respuesta a esta movilización masiva, la represión policial ha sido organizada violentamente por el Gobierno, y ha causado porrazos, la pérdida de un ojo, manos arrancadas y cerca de 8000 personas en custodia policial según las cifras del Ministerio de Justicia a fecha del 14 de octubre.

Una dinámica de convergencia de las luchas

En la continuidad de esta movilización, estudiantes de instituto, universitarios y jóvenes trabajadores de la generación Z han llamado a los demás sectores de la sociedad a sumarse para unirse tras reivindicaciones convergentes. Chalecos amarillos, funcionarios, enfermeros, profesores, sindicatos y jubilados acudieron en masa en apoyo a la juventud para expresar su hartazgo ante una década de gobiernos de Emmanuel Macron, ante la subida de los precios de la gasolina, el aumento del coste de la vida y la violencia policial.

Presente el sábado por la mañana en una rotonda bloqueada de las afueras de Rennes, Camille (todos los nombres de pila han sido anonimizados), estudiante de 21 años, testimonia: “El 17 de octubre es más bien simbólico, porque hay una verdadera convergencia de las luchas. Se ve que el país está en una ira que se viene gestando desde hace un tiempo, sobre todo en lo que respecta al precio de la gasolina, en los hospitales, en la educación. Todo eso se junta hoy, y es importante llevar a cabo acciones simbólicas, sobre todo bloqueos de rotondas, para alertar al país, para bloquear la economía.”

Fuertemente inspirada en la estética y las estrategias de los chalecos amarillos, amplio movimiento social contra la subida del coste de la vida surgido ocho años antes, la jornada de movilización comenzó temprano por la mañana con bloqueos de rotondas, de rondas de circunvalación y operaciones de peaje gratuito. Pese al llamamiento a la convergencia de algunas figuras históricas del movimiento de 2018, la mayoría de los manifestantes equipados con chalecos reflectantes se reclamaron como parte de él aun siendo demasiado jóvenes para haber participado en el movimiento de la década pasada. Reuniendo a manifestantes procedentes de sectores muy diversos de la sociedad, retomaron las mismas consignas, en particular ante la subida del precio del gasóleo, que ronda los 2,35 € el litro de media. Georges, empleado de la gran distribución de 33 años, también estaba presente el sábado por la mañana en una rotonda. Luciendo su chaleco de seguridad, denuncia “la explosión del precio de la gasolina por razones puramente especulativas sobre la guerra y la del precio de la vida en general”. Más tarde, en la marcha por el centro de la ciudad, dos paisajistas de 44 y 46 años, también vestidos de amarillo, confiesan su agotamiento: “Ya no podemos más, el pueblo está hasta los cojones. Todos los meses estamos hasta el cuello y ya no es posible.”

Además de las reivindicaciones, la filiación con el movimiento de los chalecos amarillos se encuentra también en la represión de la movilización por parte del Gobierno para intentar desanimar a los manifestantes. Entre la multitud, Pierre, enfermero, afirma movilizarse para “apoyar a unos críos a los que la policía persigue en su barrio, que no tienen necesariamente la suerte de poder ir al instituto o a los estudios a los que quieren ir porque su instituto no tiene profes, no tienen nada”. Un couple de jubilados de 68 años añade: “Cuando ves cómo ha reaccionado Emmanuel Macron, que no le importamos nada y que pasa olímpicamente del pueblo francés. La violencia policial es lamentable. “Yo también fui a muchas manifestaciones de joven, y a nosotros no nos gasearon así, ni nos dieron porrazos”, recuerda él. “Lo que quieren es meter miedo a la gente para que no se manifieste. Ya lo vimos con los chalecos amarillos, era igual, hubo un montón de heridos. Este año también hay jóvenes que han resultado heridos, hubo un ojo reventado, una mano arrancada, es lamentable”.

Manifestaciones bajo tensión

Tanto en el Hexágono como en los territorios de ultramar, las manifestaciones, que reunieron a decenas de miles de manifestantes, se desarrollaron en un clima de fuerte tensión. Ante el anuncio de la magnitud del movimiento en las redes sociales, se desplegó un dispositivo policial masivo para controlar las manifestaciones. En los alrededores de las concentraciones, se imponían controles de bolsos en numerosos lugares antes de poder incorporarse a las marchas, con confiscación de máscaras, pancartas y dosis de suero fisiológico que sirven para atenuar los efectos del gas lacrimógeno. En algunas ciudades, como en Rennes, la policía intentó asustar a los manifestantes incluso antes de la salida de las marchas, dispersando a la multitud, todavía tranquila y pacífica, a base de cañones de agua y gases lacrimógenos sin previo aviso.

A lo largo de la jornada, en paralelo a las numerosas concentraciones festivas y a los cantos acompañados por charangas, se produjeron múltiples enfrentamientos entre fuerzas del orden y manifestantes. En varias ciudades, se vivieron escenas de caos bajo una lluvia de granadas lacrimógenas, ensordecedoras y de desencercamiento, intercambiadas con adoquines. Ante la represión, los manifestantes desbordaron a las fuerzas del orden y expresaron su ira saqueando comercios y entrando en lugares de poder como ayuntamientos, tal como el de Limoges, destruido en un incendio. En la capital, algunos grupos de manifestantes llegaron incluso a pocas calles del Elíseo, palacio de residencia del presidente de la República Emmanuel Macron.

Al término de esta jornada tensa, el primer ministro Sébastien Lecornu anunciaba un balance provisional de 1200 detenciones, numerosos heridos, entre ellos un joven con la mano mutilada en Saint-Étienne, y dos manifestantes fallecidos. Según la escasa información disponible, uno se habría arrojado desde el Arco del Triunfo según la Fiscalía de París y el otro habría muerto por asfixia, posiblemente causada por gases lacrimógenos. Al preguntarles por la situación, la pareja de jubilados sexagenarios se indigna: “En cuanto se quema un contenedor, es directamente un problema. Pero es que manifestarse de forma pacífica ya se ha hecho y no funciona. Estamos obligados a pasar a más violencia para contrarrestar la del Estado, que es extrema.” Añaden: “La verdadera violencia es la del Estado, la violencia es la que nos precariza. Cuando organiza la pobreza, cuando organiza la hambruna, la guerra, solo que son cosas que no se van a mostrar en los medios”.

Un campo de batalla político de cara a las próximas citas

Este movimiento social se produce en un contexto político tenso, en plena votación del presupuesto del país en la Asamblea Nacional, que busca en particular repartir la financiación de los servicios públicos y de la Seguridad Social. En este contexto, numerosos manifestantes afirman su voluntad de presionar al Gobierno de Lecornu para intentar hacer oír sus reivindicaciones y obtener más medios del Estado. “Esperamos que haya suficiente gente, que sea lo bastante reivindicativo y que el Estado nos escuche por una vez. Es la esperanza de que cambie, de que el sistema pueda cambiar, quizá un derrocamiento del sistema político actual, de la V República”, declara Camille, estudiante de 21 años. El objetivo es ejercer “presión directamente sobre el Gobierno”. “Ya hay señales de que no habrá ninguna ayuda para los franceses y las francesas, va a ser otro presupuesto antisocial y racista. Así que estamos aquí para hacer que el Gobierno se mueva y para cambiar el sistema capitalista que destruye la sociedad.”

Algunos aprovechan también esta efervescencia para devolver debate y politización a la sociedad. Para Georges, las movilizaciones permiten recomponer un poco de colectivo. “A menudo, a la gente que anda un poco más confusa, que viene porque está harta y no sabe muy bien cómo funciona esto, se le puede decir que en realidad el problema es el sistema y que se puede luchar contra eso”. “Las concentraciones así ya politizan a fondo a la gente”, añade el treintañero.

A seis meses de las elecciones presidenciales de 2027, un enfrentamiento por la adhesión de los votantes incendia el debate político. Como en las semanas anteriores durante el movimiento de los estudiantes de instituto, el primer ministro Sébastien Lecornu ha denunciado la responsabilidad de La Francia Insumisa en el movimiento por haberle brindado su apoyo. Mientras los sondeos prevén la llegada a la segunda vuelta de la izquierda de ruptura de Jean-Luc Mélenchon, para oponerse a la extrema derecha de Marine Le Pen, anunciada en cabeza, el Gobierno intenta a toda costa demonizar a La Francia Insumisa para aspirar a ocupar su lugar en el duelo final frente a la Agrupación Nacional.

Nota: Los nombres mencionados en este artículo son nombres ficticios, elegidos por los testigos o atribuidos a petición suya con el fin de garantizar su anonimato.


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