Las protestas estudiantiles encienden la chispa de un otoño de lucha contra la austeridad en Francia

Tras empezar en las ciudades periféricas de París, el movimiento de bloqueos en los institutos se ha generalizado y ha puesto en aprietos al Gobierno de Macron, quien ha apostado por la represión policial.
Protestas estudiantiles en Francia
En una pancarta, un estudiante exhibe el mensaje: "Prefieren gasearnos que escucharnos". Foto: Hugo Aymar / Street Press.

“Acciones en los institutos de Seine-Saint-Denis: un movimiento con una fisonomía inédita”. Así titulan los servicios de inteligencia galos su documento sobre las protestas estudiantiles que han puesto en aprietos al Gobierno francés. Solo por su título, ese documento ya refleja cierta desconexión respecto a un movimiento social que tiene poco de inesperado e “inédito”. El otoño francés, hasta ahora centrado en la campaña de las elecciones presidenciales de la próxima primavera, se ha animado en las calles con estas manifestaciones. Se trata de unas movilizaciones que han surgido en una de las instituciones peor tratadas actualmente en Francia (los institutos) en aquellas zonas más abandonadas: las ciudades periféricas, también conocidas como las ‘banlieues’.

Después de haber empezado en varias localidades de la periferia de París durante la segunda quincena de septiembre, las protestas de los estudiantes se han generalizado en todos los departamentos galos (provincias). El día de mayor intensidad fue el jueves 1 de octubre. Hubo acciones en 1.027 centros de secundaria, es decir, en más del 25% del total de los liceos (3.700). Como sucedió con la mayoría de los movimientos sociales durante la última década, la respuesta del Ejecutivo de Emmanuel Macron se ha centrado en la represión policial. La policía detuvo a más de 5.000 adolescentes y jóvenes desde principios de esta semana y retuvo en comisaría a más de 2.000 de ellos.

El Gobierno decretó el viernes el cierre de unos 400 institutos, y prohibió las protestas enfrente de los mismos. Esa decisión no impidió que continuasen las acciones de contestación en 736 establecimientos educativos. Los sindicatos estudiantiles han convocado una gran jornada de manifestaciones el martes que viene, 6 de octubre, para denunciar la violencia policial contra menores de edad, así como las reivindicaciones iniciales de este movimiento.

Las autoridades han tardado más de diez días en convocar a los sindicatos estudiantiles, a pesar de que estas protestas empezaron a convertirse en una cosa seria desde finales de la semana pasada

Los jóvenes “denuncian lo mismo que nosotros. Denuncian el resultado de unas políticas de austeridad que sacrifican nuestros servicios públicos”, dijo el martes Sophie Binet, secretaria general de la CGT, durante una huelga de funcionarios. Esta responsable sindical se refería a la nueva batería de recortes —tras unos tijeretazos similares en 2025 y 2026— que prepara el primer ministro, Sébastien Lecornu, para el año que viene. De hasta 43.000 millones de euros.

Protestas autoorganizadas y virales

“Pedimos a todos los estudiantes que se sumen al acto 3 de estas manifestaciones”, que tendrá lugar el 6 de octubre. “Los bachilleres esperan acciones concretas por parte del Gobierno y el ministro no ha puesto sobre la mesa ninguna medida concreta”, dijo el viernes Ryad Rani, portavoz de la Union nationale lycéenne, en el patio del Ministerio de Educación. Allí se reunieron representantes sindicales con el ministro del ramo, Édouard Geffray.

Las autoridades han tardado más de diez días en convocar a los sindicatos estudiantiles, a pesar de que estas protestas empezaron a convertirse en una cosa seria desde finales de la semana pasada. Los primeros bloqueos comenzaron el 17 de septiembre en el liceo Saint-Exupéry en Créteil, una localidad modesta de la periferia este de París. Tras una huelga de los profesores, los alumnos se solidarizaron con ellos y desde ese día han bloqueado la entrada cada mañana. Su movilización se hizo viral en TikTok, Snapchat e Instagram. Un vídeo en que ocho alumnos explicaban su sentimiento de abandono fue visto 1,4 millones de veces en la red social china.

“Animamos a todos los estudiantes de Bachillerato a que hagan lo mismo”, decía uno de ellos durante esa entrevista viral. Los bachilleres de Saint-Denis no tardaron en seguir su ejemplo. No les faltaban motivos para ello. “No hay agua en los baños y las clases se encuentran en mal estado. A menudo hay ratas y vemos cucarachas en los pasillos”, explica a El Salto Délianne, de 16 años, estudiante del equivalente de Primero de Bachillerato en el liceo profesional Bartholdi. Ese centro, junto con el instituto Paul-Éluard que se encuentra justo al lado, fue uno de los primeros donde comenzaron las barricadas y los bloqueos en esa conocida localidad de la periferia norte de la capital.

Sin agua en los baños y profesores mal pagados

Uno de los principales motivos de su indignación: el mal estado del edificio donde estudian. “No hay agua en los baños y no podemos beber agua del grifo”, se queja Sophia (pseudónimo), de 16 años, sobre una de las carencias más sorprendentes de ese centro. “Algunos días, cuando apenas falta una hora para la comida, nos avisan que ese día no hay comedor escolar y tenemos que espabilarnos. Si no hemos llevado dinero de casa, nos quedamos sin comer”, insiste una de sus compañeras.

Sus profesores ratifican esas críticas. Olivier Carnot da clases de francés e historia desde hace casi tres décadas en ese establecimiento y lamenta que “cada año nos han ido retirando más medios económicos”. “En este instituto faltan todo tipo de profesionales: no hay un gestor, psicólogo, asistente social… A eso se le suma el hecho de que el edificio se encuentra en mal estado. Cuando hay una tormenta, siempre hay un montón de goteras”, afirma este docente, de 57 años, que estuvo en huelga a lo largo de esta semana.

“En París cobran mucho más, pero en Saint-Denis no están demasiado bien pagados. No quieren dar medios a los jóvenes de los barrios populares para que podamos progresar”, se queja Yanis Ayad

El problema de la falta de personal no es exclusivo de ese establecimiento. Según un estudio del Snes-FSU —principal sindicato educativo—, el 69% de los equipos docentes en los colegios y los liceos estaban incompletos al inicio del nuevo curso. “Desde principios de septiembre, no hemos tenido ninguna clase de economía”, lamenta Délianne. Y esta escasez de docentes se nota especialmente en los institutos de las ‘banlieues’, puesto que hay profesores que prefieren evitarlos por el perfil de los alumnos.

“En París cobran mucho más, pero en Saint-Denis no están demasiado bien pagados. No quieren dar medios a los jóvenes de los barrios populares para que podamos progresar”, se queja Yanis Ayad, de 17 años. Como muchos de los otros alumnos de Bartholdi, estaba concentrado el jueves enfrente de su centro, donde también habían acudido universitarios de la facultad París VIII, conocida por su compromiso político. “Más dinero, menos policías”, “Liceos saqueados, jóvenes en peligro”, “Con cucarachas en clase, no podemos estudiar”… Eran algunos de los mensajes que podían leerse en las pancartas de los participantes en esa concentración, donde predominó inicialmente un ambiente festivo.

Un menor de edad pierde un ojo

La situación fue tensándose un poco a media mañana cuando se produjo una protesta espontánea por las calles de Saint-Denis. Algunos manifestantes lanzaban contenedores de basura en medio de la calle, mientras que los antidisturbios reaccionaban con gases lacrimógenos. En algunas localidades las protestas han sido más conflictivas. Los estudiantes queman a veces las barricadas que construyen delante de los centros, lo que ha provocado daños materiales, sobre todo, con puertas parcialmente quemadas. Uno de los episodios más comentados ocurrió en Nantes, donde el jueves se produjo un gran incendio en la entrada de un liceo. De momento, se desconocen sus autores.

La apuesta de Macron por la represión policial ante el más mínimo incidente, como una pequeña barricada en medio de la calle, no ha hecho más que acentuar la virulencia de las movilizaciones. Según datos gubernamentales, más de 305 policías y gendarmes resultaron heridos desde el lunes, así como 119 alumnos o profesores. Las heridas más graves, sin embargo, las han sufrido los estudiantes reprimidos por los antidisturbios.

En Saint-Ouen (norte de París), por ejemplo, un alumno de secundaria, de 14 años, perdió varios dientes y sufrió una fractura en la mandíbula después de que le estallara una granada lacrimógena en la cara. El mismo tipo de explosivo policial causó graves heridas en un ojo en otro adolescente, de 16, en Argenteuil, al noroeste de la capital. Y otro menor de edad ha perdido la visión de un ojo a causa del impacto de una bala de goma en Tours.

Acusaciones, con poco fundamento, contra la Francia Insumisa

“La reacción del Gobierno está siendo muy agresiva. Como sucedió con otros movimientos sociales en los últimos años, su única respuesta consiste en la represión”, denuncia Dirok Gumusgoba, de 18 años, implicada en las protestas en Saint-Denis. Esta estudiante de Ciencias Políticas en París VIII ve un paralelismo en esta apuesta por la represión policial de Macron con la respuesta que ya había dado al movimiento de los chalecos amarillos en 2018, así como las multitudinarias manifestaciones sindicales contra la reforma de las pensiones en 2023 y la revuelta de las banlieues ese mismo año.

En Saint-Ouen, por ejemplo, un alumno de secundaria, de 14 años, perdió varios dientes y sufrió una fractura en la mandíbula después de que le estallara una granada lacrimógena en la cara

En lugar de anunciar medidas que compensen la precariedad de los institutos públicos —para ello debería matizar la nueva batería de recortes que prepara para 2027—, el presidente ha preferido la estrategia de la tierra quemada. Además, ha dejado a sus ministros que se pasen la semana acusando a la Francia Insumisa (afín a Podemos o Sumar) de estar detrás del movimiento estudiantil. Por ese motivo, el gabinete del primer ministro filtró a los medios su informe sobre esta movilización “inédita”. Ese documento menciona la presencia de 20 representantes del partido de Jean-Luc Mélenchon apoyando las concentraciones en distintas localidades, donde también intentan hacer de intermediarios entre los jóvenes y la policía. Es algo relativamente banal en una formación de izquierdas.

A pesar de ello, los macronistas se han pasado la semana poniendo el grito en el cielo por una supuesta influencia de los insumisos. Estas acusaciones de manipulación de la juventud son un tópico recurrente en la historia de la Quinta República, donde la derecha gaullista solía reprochar al Partido Comunista o al Socialista de estar detrás de las movilizaciones estudiantiles. Ahora mismo, reflejan una estrategia electoralista destinada a debilitar la candidatura de Mélenchon de cara a las presidenciales. Y no dejan de ser un síntoma de impotencia de un poder neoliberal incapaz de garantizar la calidad de los servicios públicos y la tranquilidad en la calle.

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