Macron y la impostura de la selección francesa

El presidente francés Emmanuel Macron ha decidido seguir jugando al juego europeo de la incontinencia populista con respecto al tema de la inmigración.

Macron y Kolinda en la final del Mundial
Kolinda y Macron en la final del Mundial de futbol. Foto de Erik de Haan
Arpad Pou

publicado
2018-07-23 05:00:00

El ser humano es un océano de contradicciones. Si de la contradicción se hace caso omiso sobreviene el puro cinismo. La verdad tiene una sola cara: la de la contradicción violenta —decía Bataille—. A pesar de que Francia cuenta, actualmente, con 6,5 millones de franceses con al menos un familiar inmigrante, Emmanuel Macron, actual Presidente de Francia desde hace poco más de un año, ha decidido seguir jugando al juego europeo de la incontinencia populista con respecto al tema de la inmigración.

Francia es un país que ha forjado su historia y su patria con hombres y mujeres venidos, en su mayoría, de colonias francesas, y su selección de fútbol, ganadora del Mundial de Rusia, es un estandarte de esa realidad imperialista. De los 23 seleccionados por el entrenador Didier Deschamps sólo dos jugadores, Samuel Umtiti y Steve Mandanda, han nacido fuera de las fronteras de una República, cuyos valores fundacionales se han derrumbado definitivamente tras las políticas xenófobas e islamófobas del “socialismo” de François Hollande. Unas políticas en las que el actual presidente francés fue asesor y luego ministro de Economía antes de dimitir en 2016 para dedicarse al movimiento político que le llevó al Elíseo.

El 82% de los jugadores de la selección gala tienen su origen fuera de Francia, donde la mitad son hijos de africanos, como Pogba, de ascendencia guineana, o el mejor jugador joven de este Mundial Kylian Mbappé, de padre camerunés y madre argelina; tres de las Antillas francesas: Varane (Martinica), Lemar (Guadalupe) y Kimpembe (Haití); dos del continente europeo: los jugadores del Atlético de Madrid Lucas Hernández y Antoine Griezmann; y uno de Asia: el portero suplente Alphonse Areola (Filipinas). Lloris, capitán de la selección, Pavard, Thauvin y Giroud son los únicos jugadores de padres franceses.

Con la victoria de Les Bleus en el Mundial, Emmanuel Macron no tardó en alardear de la pluralidad étnica que tiene Francia representada en su selección de fútbol. En su recepción oficial en el palacio del Elíseo, el presidente francés instó a los jugadores que no olvidasen “de dónde vienen y a sus padres que no escatimaron su tiempo para apoyarlos en el camino (…) así es Francia”, dijo. Este discurso fue señalado rápidamente de populista por la izquierda y de hipócrita por ONG francesas, que le recordaron que, sólo en 2017, fueron expulsados de Francia 26.000 personas, un 14% más que en el año anterior con Hollande en el gobierno.

La hipocresia de Macron

La radicalización de Macron con la política migratoria se ha dirigido en la misma línea que sus homólogos europeos, que han terminado sucumbiendo a las presiones políticas de los partidos nacional-populistas, cada vez con mayor fortaleza dentro de la Unión Europea. Matteo Salvini en Italia, Viktor Orbán en Hungría, Andrzej Duda (bajo la batuta de Jaroslaw Kaczynsky) en Polonia, o Kolinda Grabar-Kitarovic, la presidenta croata que ha saltado a la fama tras la final del Mundial de Rusia, han conseguido llegar incluso a la presidencia de sus países con unos programas electorales claramente racistas.

Después de los ataques terroristas en París y Niza, la intensificación de las políticas antiinmigración de Macron se entienden en el marco de la campaña de Marie Le Pen, en las elecciones presidenciales del año pasado, que le dieron a la dirigente de extrema derecha el segundo puesto en la primera ronda de las elecciones, una segunda ronda le concedió más de 10 millones de votos, pero que no le sirvió para derrotar a Macron. Le Pen vinculaba la realidad del “pueblo de Francia” con los franceses de raza blanca, sólo tolerando a los inmigrantes que no traspasaban sus fronteras. En este sentido, el presidente más joven desde Napoleón en conquistar la República debía mantener aplacado al votante extremista de Le Pen.

Una de las respuestas de Macron a esta estrategia es una ley que pretende expulsar a todo aquel inmigrante que no consiga demostrar que es refugiado o que no tenga la documentación en regla. Una fuerte medida represiva del gobierno si tenemos en cuenta que en el primer año de Macron aumentó el número de extranjeros rechazados -de 63.732 en 2016 a 85.408 en 2017- en la frontera con Francia. 

Antes de empezar el Mundial de Rusia, el gobierno de Macron y la canciller alemana Angela Merkel acordaron unas medidas muy duras contra la inmigración en Europa, reforzando las fronteras exteriores de la UE y reduciendo el derecho de asilo sólo en el país de entrada a los inmigrantes dando más legitimación a la agencia comunitaria de militarización de fronteras (Frontex) para lograr una mayor política fronteriza.

Antes de empezar el Mundial de Rusia, el gobierno de Macron y la canciller alemana Angela Merkel acordaron unas medidas muy duras contra la inmigración en Europa

Estas duras políticas migratorias cosechadas por Macron han traído como consecuencia enormes conflictos sociales. En el Distrito 18 de París, se mantienen las prácticas de hostigamiento, donde la policía acostumbra a parar a personas negras para pedirles los papeles. Así, el momento de máxima tensión ocurrió el pasado mes de abril cuando en unos disturbios en la ciudad de Nantes, cerca de París, un joven inmigrante guineano fue asesinado a tiros por la policía.

Una hipocresía que se acentúa aún más con el episodio de Mamoudou Gassama, un joven refugiado de Mali que tuvo la suerte de no morir en el trayecto por el Mediterráneo a Italia, que en una acción heroica escaló cuatro pisos en 30 segundos para salvar a un bebé que colgaba de un edificio del ya popular Distrito 18 de París. Macron lo condecoró, le dio un trabajo en el cuerpo de bomberos de París, y le otorgó la ciudadanía francesa, un acto impostado que lo único que certifica es que, en Francia, existen ciudadanos de primera y de segunda, hombres y mujeres que solo pueden formar parte de Francia si realizan actos heroicos como salvar a un bebé, o ganar un Mundial de fútbol. 

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