
Fotografía
Marie-Laure de Decker: la imagen como compromiso
Cuando Marie-Laure de Decker entró por primera vez en la agencia Gamma en los años 70, el fotógrafo Henri Bureau le preguntó si había venido a limpiar. Y eso que ya había retratado a Man Ray y a Duchamp, y viajado sola a Vietnam para documentar la guerra. Pero De Decker, mujer, joven, exmodelo, no encajaba con la imagen clásica del fotoperiodista de guerra: masculino, curtido, cínico. Precisamente gracias a su sensibilidad, a una mirada que no buscaba el impacto fácil sino la vida que persiste a pesar de la violencia, se abrió camino y se convirtió en una de las fotógrafas más importantes de su generación.
Hoy, su obra ocupa dos plantas enteras de la Maison Européenne de la Photographie, en pleno centro de París. La exposición retrospectiva, abierta hasta el 28 de septiembre de 2025, es más que un homenaje, el redescubrimiento de una mirada que siempre eligió lo humano, incluso en medio del caos de la guerra.
Su cámara capturó las luchas feministas y antirracistas, la oposición a las dictaduras y la denuncia del colonialismo. No documentaba solo los hechos, sino la fuerza que los impulsaba
Nacida en 1947 en la entonces Argelia francesa, De Decker creció en un poblado minero de Costa de Marfil, donde su padre trabajaba en una mina de oro. En el contexto del mayo del 68 y las movilizaciones contra la guerra de Vietnam, comenzó a formarse como fotógrafa, en sintonía con una época marcada por el compromiso social. Su cámara capturó las luchas feministas y antirracistas, la oposición a las dictaduras y la denuncia del colonialismo. No documentaba solo los hechos, sino la fuerza que los impulsaba.
A los 23 años abandonó su carrera como modelo, se rapó la cabeza, tomó su Leica M3 y viajó como corresponsal de guerra para Newsweek a Vietnam. Allí rompió con las convenciones del género: mientras la mayoría de imágenes mostraban sangre y explosiones, ella retrataba la vida que se abría paso en los márgenes del conflicto. Niños jugando en hospitales, soldados abrazando cachorros. Escenas de dignidad, de cuidado, de fuerza en medio de la brutalidad. “Prefiero fotografiar lo que ocurre al margen. Hay tanto que cuenta sobre la guerra fuera de lo obvio”, decía.

Desde ese primer reportaje, De Decker desarrolló un lenguaje visual donde la dignidad humana era siempre el centro. Rechazó el sensacionalismo con firmeza: “Tengo una regla absoluta: nunca fotografiar a personas ensangrentadas. Sé que, entre cientos de fotos, esa será la que escojan [...] He visto tantas atrocidades, he acumulado tantas imágenes… y no quiero expresar mi visión de la vida a través de lo sensacionalista”.
La muestra incluye más de 300 fotografías, muchas inéditas, de Vietnam, Chad, Bosnia tras la guerra, Sudáfrica durante el apartheid, protestas estudiantiles en Chile o zonas mineras africanas. Todas con una cercanía que capta la ternura, la cotidianidad y la resiliencia de las personas incluso en contextos extremos. “En los conflictos, en situaciones duras, la ternura estalla. Todo se vuelve más intenso”, decía De Decker. Entre los retratos, hay soldados que pedían ser fotografiados en un estudio improvisado en el desierto, miembros del pueblo wodaabe del Sahel, con quienes vivió más de una década, y figuras como Deleuze, Modiano, García Márquez, actores, presidentes, bailarines y niños. Todos retratados con el mismo respeto; con dignidad.
A diferencia de muchos colegas, De Decker se negó a lucrarse con el dolor ajeno. “No quería ganar dinero con imágenes de sangre”, recuerda su hijo Pablo
A diferencia de muchos colegas, De Decker se negó a lucrarse con el dolor ajeno. “No quería ganar dinero con imágenes de sangre”, recuerda su hijo Pablo, que ha sido una figura clave detrás de esta exposición. Durante la pandemia, mientras su madre ya estaba enferma, revisó cajas llenas de negativos y hojas de contactos. Un proceso que también fue un acto de memoria y de amor.

En un momento en que el compromiso político y social solía asociarse con lo masculino o lo heroico, De Decker eligió otro camino: más callado, más emocional, pero igualmente político. Su obra está atravesada por el anticolonialismo, el feminismo y la conciencia histórica. Pero lo que más conmueve en la exposición no es tanto el contenido ideológico como el tono: una profunda compasión que se mantiene incluso en los contextos más violentos. Así que, sí, tal vez De Decker llegó a “limpiar”, como sugirió Henri Bureau, pero no oficinas, sino una profesión entera.
En un tiempo como el nuestro, saturado de imágenes de guerra desde Palestina, Ucrania o Sudán, su trabajo invita a detenerse y pensar. ¿Qué vemos cuando vemos sufrimiento? ¿Qué sentimos? ¿Nos afecta o nos quedamos paralizados? Ya en los años 70, Susan Sontag advertía en Sobre la fotografía del riesgo de saturación visual. Décadas después, en Ante el dolor de los demás, puntualizaba que no son las imágenes las que nos insensibilizan, sino la pasividad, la falta de contexto y de encuadre ético. El espectador no es solo un voyeur, decía, sino alguien con responsabilidad moral.

También la teórica Barbie Zelizer alertaba en About to Die (2010) sobre el riesgo de consumir imágenes del horror como si fueran entretenimiento. Quizá la clave esté en lo que la propia De Decker defendía: si solo mostramos la catástrofe, la desesperanza, la destrucción total, pero no la vida que insiste, el encuentro, la comunidad en medio del caos, corremos el riesgo de aniquilar nuestra capacidad de sentir. Es necesario ver a los otros no solo como víctimas, sino como personas que todavía, al menos por ahora, viven, aman, resisten.
Marie-Laure de Decker murió en 2023, pero sus imágenes siguen aquí: poderosas, cuidadosas, lúcidas. En una época en que la fotografía de guerra se reduce a menudo al impacto rápido y al consumo inmediato, su legado nos recuerda otra posibilidad: un fotoperiodismo anclado en la ética, en la mirada que no explota, sino que conecta.
Relacionadas
Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.
Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!