La icónica ‘Muerte de un miliciano’ de Capa sigue atravesada por la controversia 90 años después

Hoy es 5 de septiembre de 1936 y el miliciano Federico Borrell García está a punto de caer muerto –o no— en Cerro Muriano —o no— por una bala enemiga. El momento será captado por Robert Capa —o no— en la que seguramente sea la imagen más icónica de la guerra civil española.
Muerte de un miliciano
Muerte de un miliciano, fotografía de Robert Capa (1936).

La fotografía de la que hablamos, ‘Muerte de un miliciano’, fue publicada por vez primera el 23 de septiembre de 1936 por la revista francesa y, más tarde, en la estadounidense Life el 12 de junio de 1937. A partir de ahí, el resto es historia: pronto se convertiría en símbolo del fotoperiodismo y de igual manera en uno de los iconos de nuestra guerra civil. Pero 90 años después de ese instante, la imagen sigue atravesada por la controversia.

¿Era Federico Borrell el miliciano muerto?

Durante décadas, la gran incógnita fue la identidad del miliciano muerto en Cerro Muriano. Al menos, hasta que el historiador Mario Brotons creyó identificar a Federico Borrell García, ‘Taíno’, cenetista alcoyano fallecido por esas fechas, y así lo expuso en su libro Retazos de una época de inquietudes, publicado en 1995. Es más, según lo que afirma Brotons, él mismo habría compartido con Taíno la jornada de Cerro Muriano aquel 5 de septiembre con apenas 14 años de edad.

Sin embargo, una necrológica descubierta en el periódico Ruta Confederal de Alcoy, escrita por Borrell Fenollar, compañero de Federico Borrell, relata la muerte de este un día y de una manera que no coincide con la de la famosa fotografía. Según la nota, Taíno habría muerto de un tiro varios días después, cuando estaba parapetado detrás de un árbol.

Y tal y como expone La sombra del iceberg, el interesante documental de Hugo Doménech y Raúl Montesinos en el que se cuestiona la famosa fotografía y se examina el contexto del fotoperiodismo de la época, si se compara el retrato de Borrell con el rostro del caído, se aprecia que no son precisamente parecidos: mientras Borrell es un hombre joven, el miliciano abatido es alguien ya entrado en edad adulta.

¿Estamos ante una escenificación?

A día de hoy el enconado debate de si se trata de un montaje o no sigue vigente: la acusación surgió por primera vez en 1975 en La primera víctima. De Crimea a Vietnam, el libro de Phillip Knightley en el que argumentaba cómo las redacciones distorsionan a conveniencia el material de los reporteros de guerra. Allí, el periodista e historiador británico comparte el testimonio de O. D. Gallagher, periodista sudafricano que había cubierto la guerra para el London Daily Express, primero desde el bando fascista y luego desde el republicano.

Según el historiador, Gallagher le habría contado que, durante la guerra, él y Capa habían llegado a compartir una habitación de hotel, y allí el húngaro le habría confiado que durante los días en Cerro Muriano había habido poca acción y los fotógrafos habrían mostrado su disgusto por la incapacidad de tomar ninguna instantánea decente. Según ese mismo testimonio, un oficial republicano habría enviado algunas tropas a las trincheras cercanas para que realizaran maniobras que pudieran así ser fotografiadas por los reporteros. Por su parte, Richard Whelan, biógrafo oficial de Capa, negaba la fiabilidad del testimonio ofreciendo datos que rebatían el testimonio de Gallagher y seguiría defendiendo, de manera vehemente hasta su muerte, la inexistencia de tal montaje.

Sin embargo, lo cierto es que el análisis de algunos aspectos del reportaje fotográfico de ese día alimenta la teoría de la escenificación: observando el resto de fotos tomadas en el lugar, existe otro fotograma en el que se contempla a un combatiente diferente siendo abatido exactamente en el mismo lugar y en una postura similar. ¿Demasiada casualidad? Y según especialistas forenses, algunas de las posturas de los cuerpos que aparecen diseminados por el campo no se corresponderían con las de una muerte real.

La escenificación no era algo inusual en la época, pero ni en las fotos de Capa, ni en las de los otros profesionales decididos a apoyar una causa siempre necesitada de ayuda propagandística a nivel internacional. El propio Agustí Centelles, fotógrafo catalán que documentó de primera mano la contienda con algunas de las más emblemáticas instantáneas del conflicto, reconoció abiertamente haber pedido en ocasiones a los protagonistas de sus imágenes componer o reubicar una posición exacta tras un enfrentamiento para mejorar así la composición visual de la escena.

La práctica era, sin duda, una herramienta habitual de propaganda y reconstrucción de eventos debido a las evidentes limitaciones técnicas existentes en la época y a la necesidad de ilustrar los artículos bélicos con imágenes del frente —algo también reproducido en los medios del bando fascista—. La hipótesis cobra cada vez más fuerza en los últimos tiempos.

Pero ¿y si la autora de la foto fuera Gerda Taro?

Hay que recordar que la marca ‘Robert Capa’ no era sino el personaje elaborado por Ernö Friedmann y Gerda Pohorylle Taro para reunir y vender el trabajo al inicio de la guerra. Taro solo usó el seudónimo compartido al comienzo de su estancia en España, puesto que Ernö era más conocido y les interesaba vender las fotografías —aunque pronto comenzaría a firmar algunas de sus propias instantáneas como Taro—. Tras su muerte, será la autoría masculina la que quedará en exclusiva para la posteridad. Por otro lado, la pareja formaba parte del convoy de periodistas que había llegado a Cerro Muriano el 5 de septiembre y que, junto a otros reporteros, estuvo tomando instantáneas en el lugar.

Para acabar, tal y como descubrió en 2008 la ‘maleta mexicana’, conjunto de cajas de cartón en las que permanecieron guardados y desaparecidos durante décadas, los negativos de entre 3.000 y 4.000 fotografías que Friedmann y Taro —ambos bajo el seudónimo de Robert Capa— y David Seymour ‘Chim’, la fotógrafa tuvo el tiempo suficiente de disparar decenas de negativos como ‘Robert Capa’ antes de morir un año después en la batalla de Brunete. El enigma pues, permanece.

¿Cerro Muriano?

Lo que sí parece demostrado a estas alturas es que la toma no fue realizada en Cerro Muriano —como se creía hasta 2009— término municipal de Córdoba, sino en la localidad de El Espejo, a unos 30 kilómetros de la capital, según investigaciones desarrolladas por el historiador local Fernando Penco.

Friedmann y Taro viajaron hasta Córdoba nada más legar a España en 1936. Allí, la República había iniciado una ofensiva para tomar la ciudad, que no tendría éxito. Y sí, en Cerro Muriano llegaron a capturar imágenes emblemáticas, como la de la huida de civiles a través de las vías del tren, pero la más emblemática de todas, la de la muerte del miliciano, fue tomada, según los datos que aporta el historiador, en Cerro del Alcaparral, término de la otra localidad cordobesa.

90 años después de ese 5 de septiembre de 1936, de lo que no cabe duda es de que, más allá de si estamos ante una escenificación o no de la muerte en batalla de un miliciano, de si dicho muerto es Taíno u otro miliciano cenetista, o incluso de la autoría de la fotografía, lo que resulta innegable es que la imagen en sí es, seguramente junto al Guernica, la más universal e icónica de nuestra guerra civil.

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