Manuel Cañada: “En los últimos años está surgiendo una nueva generación insumisa en Extremadura”

El dirigente y militante social ha reeditado su ensayo ‘Otra Extremadura’ con Utopía Libros, dirigido “especialmente a quienes luchan o podrían luchar por transformar Extremadura y no a la academia ni a los siervos del mercado”.
Manuel Cañada_25 de marzo 2026
Manuel Cañada en las jornadas de celebración del 25 de marzo de 2026 en Madroñera.
25 mar 2026 07:00

Manuel Cañada Porras (Badajoz, 1962) es uno de esos militantes de los que hablaba Bertolt Brecht, de los que luchan toda una vida y por ello son imprescindibles. Tras ser dirigente del PCE, IU o Comisiones Obreras en Extremadura durante los años de dirección de Julio Anguita, decidió dar un paso al lado, pero no para abandonar la lucha, sino para seguir con ella en los movimientos sociales y populares. Así continuó luchando y militando activamente sobre todo en los relacionados con la lucha contra el paro y la precariedad como la Asamblea de Parados de Mérida, el Colectivo La Trastienda, los Campamentos Dignidad, o en la actualidad en la Asociación 25 de marzo.

Producto de su militancia, ahora dedica gran parte de su tiempo a escribir, a rescatar la historia popular no contada de Extremadura desde una perspectiva crítica, de clase y emancipatoria, además de analizar sesudamente la realidad, centrándose sobre todo en aquella que ocurre en Extremadura y explicándola como pocos tienen la capacidad de hacerlo. Fruto de esta tarea militante ha reeditado su obra ‘Otra Extremadura’, con la editorial Utopía Libros, donde ha añadido a la edición anterior una gran cantidad de artículos escritos durante los últimos años, en los que no solo habla de la actualidad, sino que también lo hace de otros pasajes de la historia de Extremadura de los que no había hablado todavía.

¿Qué te ha motivado el hacer una reedición de ‘Otra Extremadura’?

La primera razón es que el libro se encontraba agotado y descatalogado, y sin embargo seguía y sigue suscitando interés. La primera edición vio la luz en el año 2000 y desde entonces ha recibido una acogida inesperada. Estoy muy agradecido a todas las personas que han contribuido a que esta gavilla de escritos insumisos se difundiera dentro y fuera de Extremadura.

Al tiempo hay que aclarar que este libro, publicado por la Editorial Utopía, no es una simple reedición, sino una edición corregida y ampliada, que incluye importantes modificaciones. De los cuarenta textos que componen el libro, diez son inéditos. He incorporado escritos elaborados en los últimos cinco años respetando, eso sí, el criterio y la orientación originales. Es decir, acercándome a personajes, acontecimientos y temas de la historia contemporánea de Extremadura, que han sido silenciados o menospreciados por los discursos canónicos, e intentando combinar rigor y radicalidad en el tratamiento. Se trata de contribuir a poner en pie otra historia de Extremadura, un relato alternativo tanto a la “fantasía heroica” -la mítica de los conquistadores- como a la cantinela tramposa de la modernización, que encubre el saqueo y la colonización que ha sufrido y sufre nuestra tierra.

¿A quién pretende dirigirse esta obra reeditada?

A la inmensa mayoría y, entre ellos, especialmente a quienes luchan o podrían luchar por transformar Extremadura, a quienes se rebelan contra la sangría migratoria, contra el paro o el trabajo sin derechos. A quienes bregan contra la especulación inmobiliaria, contra el extractivismo o contra el caciquismo nuevo o viejo.

Para quien no se ha escrito este libro es para la academia ni para los siervos del mercado

Desde luego para quien no se ha escrito este libro es para la academia ni para los siervos del mercado. Parafraseando la canción de Pablo Guerrero, A tapar la calle, es un libro que no se ha escrito para “los que han ganado, y nos han legislado y nos han sermoneado”, durante décadas. Ni para quienes van montados en el as de oros.

¿Por qué el nuevo subtítulo ‘De los belloteros al ibarrismo’?

En primer lugar porque sintetiza el tiempo que abarca el libro, desde principios del siglo XX hasta prácticamente nuestros días. Y además porque creo que relacionar esos dos términos significativos -y otros aledaños- nos ayuda a pensar históricamente el presente de Extremadura. Reniego de la historia-mortaja, de los historiadores cortesanos que disocian los tiempos pretéritos y los actuales. La historia, como señalaba Edward H. Carr, es un diálogo sin fin entre presente y pasado. Un diálogo en el que además, más allá de las frecuentes ínfulas de objetividad, es el presente lo que constituye para el historiador el punto de partida y al mismo tiempo la desembocadura.

¿Cómo definirías el ibarrismo?

Es curioso que este término no haya sido utilizado prácticamente en Extremadura. Y ello, a pesar de que Rodríguez Ibarra gobernara nada menos que durante 24 años de forma ininterrumpida y de que la personalización de la política sea algo tan habitual. Felipismo, pujolismo, aznarismo o sanchismo, sin ir más lejos, han sido y son expresiones corrientes en la contienda política e incluso historiográfica.

la indigencia teórica y el camaleonismo han sido algunas de las características del 'ibarrismo'

Cuando utilizo el término ibarrismo no me estoy refiriendo sólo a quien fuera presidente de la Junta de Extremadura ni sólo al periodo de sus años de gobierno, claro está. El ibarrismo tampoco es, obviamente, ninguna doctrina original. Por el contrario, la indigencia teórica y el camaleonismo han sido algunas de sus características más visibles. Con este vocablo denomino una práctica política sostenida, un estilo reconocible en el ejercicio del poder que ha impregnado las instituciones autonómicas hasta nuestros días y, sobre todo, con este término me refiero a la conformación de un bloque hegemónico de poder.

El ibarrismo es la singular expresión extremeña del régimen del 78. Pero, sobre todo, es el modo específico en el que se articulan las redes de poder en la comunidad autónoma, la plasmación concreta que ha adquirido a lo largo de las últimas cuatro décadas. El bloque de poder en Extremadura, del que forman parte la banca y las eléctricas, una parte importante de los grandes y medianos propietarios de la tierra, la pequeña y no tan pequeña burguesía que ha arraigado al amparo de las subvenciones públicas, las capas funcionariales más vinculadas al poder político o los principales medios de comunicación de la región, esa alianza social se ha construido con la imprescindible mediación del bipartidismo y, de un modo muy especial, gracias a la fuerza política dirigida por Ibarra. El PSOE ha gobernado 36 de los 43 años de andadura autonómica, ha sido el gran partido atrapalotodo, la rótula capaz de conciliar las hondas raíces del socialismo en Extremadura, sus ecos históricos, y el franquismo sociológico que moldeó la mentalidad de la mayoría social durante la dictadura. La imposición del 8 de septiembre, festividad de la Virgen de Guadalupe, como Día de Extremadura o la designación de Guillermo Fernández Vara, diez años militante del PP, como sucesor al frente de la presidencia de la Junta, son dos emblemas muy representativos de esa versatilidad ideológica.

El pensador marxista italiano Antonio Gramsci utilizaba la expresión “revolución pasiva” para referirse al proceso por el cual las clases dominantes absorben algunas de las reivindicaciones de las clases populares para desmovilizarlas e integrarlas en el sistema, frustrando así cualquier transformación en profundidad. Ese enunciado es muy útil para entender qué ha supuesto el ibarrismo para Extremadura. El Plan de Empleo Rural, el famoso PER, es un buen ejemplo de ello. La reivindicación histórica de la Reforma Agraria se transmutaba en un subsidio que, aunque miserable, permitía que los jornaleros no tuvieran que emigrar. Por un lado se blindaba la preeminencia del latifundio y por otro se subordinaba a la lógica clientelar al sujeto históricamente más subversivo de Extremadura, los campesinos sin tierra.

El clientelismo ha jugado y sigue jugando un papel central en las relaciones del poder con la sociedad extremeña, se ha naturalizado como paisaje, constituye la segunda y más decisiva piel de la política. La manipulación selectiva y estratégica de la escasez, ya sea de los empleos o de las subvenciones, se ha convertido en costumbre. El nepotismo y el trato de favor en sus innumerables variantes, la privatización y externalización de los servicios públicos -el grupo GPEX, por ejemplo, ha pasado en 10 años de 1000 a 3000 empleados-, la discrecionalidad en la distribución de la publicidad institucional a los medios de comunicación, la adjudicación amañada de obras, la patrimonialización de los ayuntamientos, las diputaciones y la Junta de Extremadura, la desigualdad de trato a los municipios como práctica y amenaza permanente, son solo algunas muestras de ello. El caso de David Sánchez sólo ha sorprendido a los hoolligans más lobotomizados o a los necios sin remedio. Las corruptelas en la contratación de personal ha sido y es el pan nuestro de cada día en las diputaciones provinciales, indistintamente de cual de los dos partidos mayoritarios las gobierne.

El ibarrismo ha sido “la masa coralina que lo ocupa todo, el dulce y eficaz veneno que lo ha callado todo”, como decía el gran Rafael Chirbes. Un ejercicio del poder caracterizado además, en el caso de Ibarra, por un estilo bronco, autoritario, brabucón, que perseguía y castigaba a quienes se atrevieran a discrepar.

El pecado original de la dominación y el atraso de Extremadura es sin duda el latifundio

¿Son ‘los belloteros’ y lo que los propiciaba y ‘el ibarrismo’ dos fenómenos del sistema capitalista aplicados al contexto extremeño en dos diferentes épocas? ¿Qué hilo de unión hay entre los belloteros y el ibarrismo?

Sería muy reduccionista establecer una línea directa de unión entre ambas etapas históricas. Sin duda las desamortizaciones del siglo XIX y en especial la de Madoz, que desposeyó a la jornalería campesina del último asidero que suponían las tierras comunales, es un momento fundamental en el desarrollo del capitalismo no ya en Extremadura, sino en toda España. Marx decía que la acumulación original de capital venía a representar en la economía algo similar al papel que juega el pecado original en la teología. El pecado original de la dominación y el atraso de Extremadura es sin duda el latifundio. Y las desamortizaciones, que están en el origen del “martirologio bellotero”, como le gustaba decir a Víctor Chamorro, son sin duda uno de los factores fundamentales. Pero la historia del siglo XX es muy compleja y no puede reducirse a esos dos mojones. La Segunda República, la guerra civil, la brutal represión posterior, el expolio energético y alimentario, la estampida migratoria, los planes de colonización, el Plan de Estabilización, el pulso de la Transición, la constitución del estado autonómico, la conformación de la agroindustria capitalista, todo ello va a reconfigurar las relaciones sociales en Extremadura.

Claro que uno podría encontrar la silueta inquietante de los belloteros y las belloteras, entrando por las noches en las fincas privadas a acarrear bellotas o leña para alimentar o calentar a sus familias, durante la mayor parte de la historia más cercana de Extremadura. Historiadores como Martin Baumeister, Fernando Sánchez Marroyo o José Antonio Pérez Rubio han demostrado la importancia que tiene el conflicto bellotero en nuestra tierra. Marroyo nos recuerda que “a lo largo de la Historia Contemporánea, el comportamiento delictivo más frecuente en Extremadura, el que motivó la incoacción de mayor número de causas, fue el hurto de bellotas”. La figura del bellotero se mantendrá hasta bien avanzado los años sesenta del siglo XX, cuando centenares de miles de campesinos sin tierra emigren a las ciudades. Y, sin embargo, es muy significativo que mucha gente de Extremadura no sepa ya quienes eran los belloteros. E incluso que se hayan creído ese cuentecillo ternurista y tramposo que relaciona los calificativos de bellotero y mangurrino con el fruto y el cascabullo de la bellota, respectivamente. De ese modo, los belloteros serían los pacenses y los mangurrinos los cacereños. Son las contorsiones lingüísticas del desclasamiento, la necesidad de construir un pasado edulcorado, sin pobreza, miseria y explotación. Algo similar a lo que hace la Junta de Extremadura cuando denomina a los emigrantes como “ciudadanos extremeños en el exterior”. Los eufemismos construyendo realidad, el poder retorciendo las palabras y la historia a la medida de sus intereses presentes.

Guardiola aspira a representar mejor al bloque de poder que articularon los gobiernos de Ibarra, Vara y Monago

¿Tiene algo de ibarrismo el gobierno actual de María Guardiola o por el contrario no?

Tiene mucho, por supuesto, no podría ser de otra forma. Guardiola aspira a representar mejor al bloque de poder que articularon los gobiernos de Ibarra, Vara y Monago, y que a la vez les sustentó a ellos. Una de las características de la política extremeña es precisamente la fortaleza del bipartidismo. Mientras que en España desde 2015 la suma de los resultados electorales de los dos partidos mayoritarios apenas alcanza el 50%, en Extremadura ese cómputo no ha bajado nunca del 70%.

Guardiola comparte de forma entusiasta con gobiernos anteriores el modelo extractivista, la aceptación de la colonización energética o de la precariedad laboral, la centralidad del clientelismo o el aire populista-publicitario. La oposición al cierre de la Central Nuclear de Almaraz o la dependencia de Iberdrola, son solo dos muestras de esa política común. En los grandes temas hay una orientación similar, con apenas matices. Un solo caballo neoliberal y dos jinetes que aspiran a montarlo. “Los gobernantes pasan, pero las eléctricas permanecen”, les espetó Jacinto Galán a Vara y a Guardiola, presidentes entrante y saliente respectivamente, durante un acto celebrado tres días después de las autonómicas celebradas en 2023. Blanco y en botella.

En la nueva introducción del libro destacas a distintas personalidades extremeñas actuales de lo que supondría la construcción una nueva cultura crítica en nuestra región y una nueva identidad de lucha cercana a los valores que representan el 25 de marzo. Hablas del atleta Álvaro Martín, de la rapera Canchalera, del presentador Manu Pérez, del historiador Carlos Sagüillo, etc. ¿Qué significan para la Extremadura del presente y sobre todo del futuro?

Creo que, con la humildad debida, se puede afirmar que en los últimos años está surgiendo una nueva generación insumisa en Extremadura. Sólo habría que reparar en el hecho de que muchos jóvenes han hecho suyo el 25 de Marzo. Personas del mundo de la cultura como las que mencionas y otras muchas, como el novelista Millanes Rivas, los artistas Abel Jaramillo o José Iglesias, las periodistas Inma Montero, María Ángeles Fernández o Jairo Marcos, y músicos como Víctor Asuar, Vila, Eme Pozo, Jueves Negro, Asina, Kalerizo, Jay Martín o tantos otros.

Pero, además, habría que subrayar la emergencia de movimientos vinculados al mundo del trabajo, al ecologismo o a la defensa de la sanidad pública. La huelga general del campo en 2021, con un gran protagonismo de los jornaleros más jóvenes, las Marchas de la Columna de los 8000, las movilizaciones en defensa de la sanidad pública o contra el genocidio en Palestina, la irrupción de plataformas contra las minas en Cáceres, Cañaveral, Olivenza-Alconchel, Sierra de Gata o la Campiña Sur, el movimiento contra las plantas de biogás en Oliva de Plasencia y La Coronada... En definitiva, un conjunto de colectivos y espacios críticos cada vez más denso y plural, que permite presagiar un futuro de luchas más amplias y el desarrollo de una sólida red de movimientos alternativos.

El éxito de Sanguijuelas del Guadiana apunta en mi opinión a un fenómeno muy importante: la irrupción de una generación de jóvenes que sienten en sus carnes la ausencia de futuro

es fundamental unir en la misma constelación la película El 47 y la aparición de Sanguijuelas del Guadiana, la emigración de los sesenta y la de ahora

También hablas de Sanguijuelas del Guadiana, de los que se ha escrito mucho durante estos meses, ¿Qué opinión te merecen? ¿Qué crees que representan para que hayan conseguido conectar con tanta gente que les escucha y sigue?

El éxito de Sanguijuelas del Guadiana, más allá de las preferencias musicales de cada uno, apunta en mi opinión a un fenómeno muy importante: la irrupción de una generación de jóvenes que sienten en sus carnes la ausencia de futuro y se ven abocados a la emigración. Y a ello cabe sumar el componente rural, son una expresión juvenil de eso que se ha dado en llamar la España vaciada. Desde sus primeras canciones este grupo de chavales de Casas de Don Pedro ha sido capaz de mesturar influencias musicales diversas y también de ponerle nombre a algo que apenas tenía visibilidad: el sentimiento de orgullo rural, por un lado, y al mismo tiempo, el sentimiento de pérdida de los nuevos emigrantes. Lo rural no como sinónimo de atraso, sino como posibilidad de una vida alternativa a la irracionalidad y el sinsentido urbanos, a la alienación consumista y a la soledad de masas.

Pienso que es fundamental unir en la misma constelación la película El 47 y la aparición de Sanguijuelas del Guadiana, la emigración de los sesenta y la de ahora, transformar en revuelta la dignidad y la esperanza que late tanto en la película como en la revolá de Sanguijuelas del Guadiana. Generaciones distintas, emigraciones distintas, pero que comparten el mismo afán. La Extremadura de la diáspora y la del abandono interminable, más unidas ambas de lo que parece a primera vista.

Haciendo un repaso de los nuevos artículos que has incluido en esta nueva edición, destacaría cuatro que hablan de diferentes etapas en las que divides el libro: inicios del siglo XX, transición, ibarrismo y actualidad. Comenzando por el primero, titulado ‘Los belloteros, el rastro de la rebeldía’, ¿Qué elementos de rebeldía y de enseñanzas para el presente nos pueden ofrecer los históricos belloteros?

Considero que podrían extraerse muchas enseñanzas. Quizá podrían resumirse en tres ideas-fuerza: desobediencia, bienes comunes y coraje. Desobediencia para desafiar las leyes injustas, para no dejarse humillar por el poder, para defender que el derecho a una vida digna está por encima de la propiedad privada. Reivindicación de los bienes comunes, de la economía moral de la multitud, grabarse a fuego el grito de guerra de los campesinos alemanes en la revolución de 1521: Omnia sunt communia, Todo es de todos, El mundo no es una mercancía ni nuestras vidas les pertenecen a los poderosos. Y por último, coraje, valentía para afrontar las posibles represalias y, siempre que sea posible, trascender la rebeldía individual y convertirla en acción colectiva. En las épocas de mayor organización y combatividad los belloteros iban por el día y en grupos grandes a recoger la bellota. La unidad convierte el “hurto famélico” en conciencia y en impugnación de la propiedad privada.

En las luchas de los últimos años por el derecho a la vivienda, en las ocupaciones colectivas de bloques y corralas, en la ocupación de las tierras de Somonte protagonizada por el Sindicato Andaluz de Trabajadores, por ejemplo, late la misma convicción que compartían los belloteros. En un momento histórico en el que el turbocapitalismo tiende a mercantilizar y privatizarlo todo es más necesario aún atreverse a cuestionar la propiedad privada tanto de la tierra como de los servicios esenciales o de los grandes medios de producción.

En cuanto al texto sobre la transición ‘Cuando la religión no es opio del pueblo’ hablas de la figura de Manolo Pineda y de lo que representó el cristianismo de base a la hora de empujar contra la dictadura y a favor de los derechos de la clase trabajadora. ¿Qué papel ocuparon en Extremadura en la construcción del nuevo movimiento obrero en la transición?

Crucial. Los cristianos de base, junto a las diversas familias comunistas, están en el origen de las organizaciones populares más poderosas construidas durante el tardofranquismo y la transición, como Comisiones Obreras o la Unión de Campesinos Extremeños. La celebración del Primero de Mayo promovida ya en 1968 en Badajoz por los movimientos de Acción Católica, el papel ejemplar de los curas obreros en varias ciudades extremeñas, la implicación en la promoción de los principales movimientos populares (obrero, campesino y vecinal), el vínculo de la JOC, la HOAC y el Movimiento Rural con esos movimientos, la autoridad moral de sacerdotes como Antonio Barrantes o, incluso, el compromiso de cinco curas extremeños que se incorporan a las guerrillas colombianas en los años sesenta siguiendo el ejemplo de Camilo Torres, son algunas muestras de ese compromiso generoso de los cristianos de base y de la trascendencia de su aportación. Sin duda, durante ese período, se convirtieron en “un sujeto central en la creación del nuevo movimiento obrero”, como señala Rafael Díaz Salazar. Esta semblanza de Manolo Pineda pretende ser un pequeño homenaje a esa enorme contribución de los cristianos de base.

El intento de “entierro” de la Reforma Agraria es quizá la vileza mayor contra Extremadura en las últimas décadas

Con respecto al ibarrismo, ‘El entierro de la Reforma Agraria’ habla de cómo desde el PSOE del régimen del 78 enterró los deseos de una transformación profunda de la propiedad de la tierra, apuntalando los latifundios. ¿Qué papel tiene Ibarra y el ibarrismo en esto y en que seamos la región con la mayor desigualdad en la propiedad de la tierra de Europa?

Quizá sea el propio Ibarra quien mejor nos lo pueda explicar. Este es su propio testimonio, recogido por Maria Antonia Iglesias, en el libro La memoria recuperada, publicado en 2003: “Comenzamos a gobernar nosotros, la gente pensó que había llegado el momento de hacer una reforma agraria. Y empezó a producirse una tímida ocupación de fincas. Aquello hubiera ido a más si la Junta de Extremadura no toma la decisión de ocupar ella misma las fincas. En aquel momento, casi todo el mundo consideró peligrosa esa acción de la Junta de Extremadura, tildándola de intervencionista y cutre, pero fue una medida que consiguió detener una revuelta de consecuencias incalculables.Hoy puedo decir que los propietarios de tierras en Extremadura nunca nos agradecerán lo suficiente lo que hicimos. Porque, si no llego a hacerlo, no sé cómo hubiera terminado. En Extremadura había miles de jornaleros que no tenían nada que perder”.

El intento de “entierro” de la Reforma Agraria es quizá la vileza mayor contra Extremadura en las últimas décadas. Es un insulto a los jornaleros y campesinos sin tierra que pusieron en pie el impresionante movimiento jornalero que protagonizó la revolución pacífica del 25 de Marzo y que en muchos casos pagaron con su vida la osadía de soñar con un mundo sin caciques ni amos. El PER, la aplicación de la PAC y el asalto al cooperativismo agrario han sido los principales instrumentos empleados para intentar aniquilar la esperanza de la Reforma Agraria. Pero quizá la mayor expresión de bajeza, la que tiene más carga simbólica, será la supresión de la mera mención de la Reforma Agraria en el Estatuto de Autonomía de Extremadura. En 2011, PSOE y PP, acordaron suprimir el artículo que contemplaba el Estatuto originario de 1983, en el que se establecía la Reforma Agraria como “uno de los objetivos básicos de los poderes públicos”. Hasta las palabras les quemaban, hasta ahí llegó la desvergüenza.

el discurso sobre la España vacía que se ha ido asentando es una mezcla de ruralismo mitificador y jerga burocrática

Por último, en los textos actuales no podía faltar uno a uno de los conceptos que más ha emergido en la última década y de la que han salido incluso partidos políticos específicos: la España vacía o vaciada. Por un lado, ¿Qué 'trampa' tiene este término, como dices en tu artículo? Y por otro, ¿Qué une este término con 'las rebeldías que están por venir'?

En el ensayo de Sergio del Molino, donde se acuñó la expresión, se hacía referencia al “Gran Trauma”, al éxodo de los años cincuenta y sesenta y a sus consecuencias directas. Parecía que aquel concepto abría la puerta a retomar una asignatura olvidada, la de la desigualdad territorial. Sin embargo el discurso sobre la España vacía que se ha ido asentando posteriormente es una mezcla de ruralismo mitificador y jerga burocrática, que revela más por lo que oculta que por lo que dice. Hay tres elipsis muy significativas en ese relato. La primera es precisamente la ausencia de los “vaciadores”, como si ese proceso de despoblación hubiera llovido del cielo y nadie se beneficiara de él. También llama la atención la asombrosa omisión de la agricultura cuando se habla de revitalizar el medio rural. Y por último es escandaloso cómo se corre un tupido velo sobre las causas estructurales del abandono y su continuación al día de hoy en forma sobre todo de extractivismo.

Las rebeldías no pueden venir por ahí, por un discurso paniaguado, clasemedianista, si en verdad queremos que la España vaciada sea algo más que un producto editorial o la promoción de una nueva hornada de representantes políticos. Necesitamos construir un movimiento popular que sea capaz de integrar lo social, lo ecológico y la defensa del territorio. Que una a la clase trabajadora de las ciudades y a las geografías perdedoras -el mundo rural y las ciudades intermedias-, que están condenadas a ser territorios sobrantes, plazas de emigración, vertederos, plaquifundios o campamentos mineros. En definitiva, destinadas a ser tierras de sacrificio. Necesitamos un movimiento real, construido desde abajo y no desde la presunta superioridad moral de los discursos urbanitas. Un movimiento cocinado en las comunidades rurales, que arraigue en lo más cercano pero que no pierda de vista el objetivo global de transformación. En mi opinión las rebeldías duraderas sólo pueden venir, como siempre, con paciencia y desde abajo.

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