Opinión
El extraño caso del funcionario que se rebeló contra la burocracia

Este miércoles más de un centenar de personas se han concentrado ante las puertas del SEPE de Mérida para apoyar a Juan Carlos, trabajador expedientado.
Concentración SEPE de Mérida
Concentración a las puertas del SEPE de Mérida en solidaridad con Juan Carlos, uno de sus trabajadores expedientado. Javier Romo
3 jun 2026 13:23

Juan Carlos Nieto, 56 años de edad, 36 de ellos como empleado público en la Administración y actualmente funcionario del Servicio Público de Empleo (SEPE) en Mérida. Hace apenas dos semanas la Subdirección General de Recursos y Prestaciones, dependiente del Ministerio de Trabajo y Economía Social, le comunicó la apertura de un expediente disciplinario.

“De forma recurrente, el funcionario atiende sin cita previa y emite certificados de prestaciones a los usuarios, con conocimiento de que ello no se ajusta a las directrices establecidas”. Con su modo de proceder -argumenta el instructor del expediente- el indómito funcionario “genera un precedente que compromete la actuación de sus compañeras, que en el desempeño de su trabajo sí se ajustan a dichas normas e instrucciones”. De este modo, fiel a la jerga administrativa, los mandarines del Ministerio, le comunican a Juan Carlos los cargos que se le imputan: la comisión de una infracción grave (“la falta de obediencia debida a los superiores y autoridades”) y otra leve (“el descuido o negligencia en el ejercicio de sus funciones”). Faltas que podrían ocasionarle la suspensión de empleo y sueldo durante un largo período o, incluso, el traslado forzoso a otra población.

Pero veamos, aunque sea someramente, la naturaleza y el contexto en el que el indócil funcionario ha cometido sus desmanes. Para empezar el más grave de todos ellos, el de atender a personas en paro que no disponen de cita previa. Si uno no es un redomado burócrata -un gusano burocrático, como diría Valle Inclán- o un cínico sin entrañas, parece fácil entender porqué muchas personas que han de solicitar un subsidio o una prestación por desempleo prefieren la atención presencial a la vía telemática. No parece necesario tener una especial empatía para adivinar la angustia que puede sentir una persona que ha sido despedida o el temor y el vértigo que puede suponer para cualquiera el hecho de estar o quedarse sin trabajo. En esas circunstancias tampoco parece preciso ser un alma sensible para comprender el nerviosismo de quienes no se manejan bien con las tecnologías digitales o no conocen en profundidad la legislación correspondiente. En definitiva, es sencillo entender que muchos de quienes se encuentran en ese trance se inclinen por buscar la ayuda y la orientación de aquellos que tienen la formación y la experiencia necesaria para asesorarles, es decir, de los funcionarios especializados del SEPE.

el sistema de citas online del SEPE trata a los parados como si fueran ratones peleando por un trozo de queso

Sin embargo, al contrario de lo que por puro sentido común podría esperarse, la atención presencial en este organismo se ha convertido para muchos en un auténtico calvario, ya se intente acceder a la cita preceptiva a través del teléfono automático de pago, el 060, o desde la página web. El gobierno se comprometió en enero de 2024 a eliminar el requisito de la cita previa obligatoria. Pero dos años y medio después no sólo no se ha cumplido ese compromiso, sino que se ha agravado aún más el abuso. El Programa ALMA, el sistema informático de la multinacional Deloitte -con quien se externalizó la infraestructura tecnológica del SEPE por 18’5 millones de euros-, a través del que se realizan las solicitudes vía internet ha resultado ser un fiasco. A las frecuentes caídas del sistema hay que sumarle un diseño que está configurado para poner a los parados solicitantes a disputarse las citas entre ellos. El asesor jurídico Óscar de las Heras expone un caso muy frecuente: “Entra usted en la aplicación del SEPE y después de muchos intentos, por fin aparece una cita previa disponible. La marca, introduce su teléfono móvil para que le envíen el SMS de confirmación,  rellena el captcha de seguridad, le llega un SMS al móvil con el código para confirmar la cita y cuando va a confirmarla…la cita que estaba disponible hace dos minutos ha volado y se la ha llevado otra persona”. Efectivamente, como indica este profesional, “en la práctica, resulta que hay decenas de personas “peleando” online por esa misma cita (misma oficina, mismo día  y misma hora) y solo el más rápido se la lleva”. Es algo insólito, cruel, que trata a los parados como si fueran ratones peleando por un trozo de queso.

el Distrito Único obliga a los solicitantes a desplazarse a oficinas de empleo a decenas de kilómetros de su domicilio

Pero, por si esta manifiesta invitación a tirar la toalla no fuera suficiente, luego está el grotesco invento del Distrito Único. Una de las innovaciones en los dos últimos años es que convierte a cada provincia en un único distrito y que obliga a los solicitantes a desplazarse a oficinas de empleo a decenas de kilómetros de su domicilio, si es que quieren ser atendidos presencialmente. Esta chaladura resulta especialmente grave y gravosa en Extremadura, cuyas dos provincias se encuentran entre las cinco más extensas del país. Así, por poner ejemplos ocurridos, a un parado de Mérida al que han despedido y necesita gestionar su prestación por desempleo le ofrecerán la cita en Barcarrota (86 kilómetros de distancia); a otro de Navalmoral le brindarán como posibilidad más cercana la de desplazarse a Hervás (103 km); y otro trabajador de Cabeza del Buey, que necesita realizar un sencillo trámite de entrega de documentación, contará como opción más cercana la oficina de empleo de Mérida (134 Km). Personas que acaban de perder el trabajo o que necesitan los 480 euros de subsidio para sobrevivir y a las que se obliga a asumir gastos añadidos para ser atendidos. Hace falta tener muy poquita vergüenza, o haber vivido toda la vida entre algodones y no saber lo que es estar sin trabajo, para maltratar así a los desempleados.

“Entre la falta de personal, el desastre de la implantación de ALMA y el desgaste que todo ello está suponiendo nos encontramos, sin duda alguna, en el peor momento por el que ha atravesado este Organismo desde su nacimiento”, afirmaba Comisiones Obreras en 2025. La reducción progresiva de las plantillas del SEPE -en Mérida y comarca, por ejemplo, de los 18 plazas que contempla la Relación de Puestos de Trabajo sólo están cubiertas 8 de ellas-; la emisión por parte de esta institución de un Justificante para acreditar el intento de solicitud de Cita Previa; o la venta ilegal de citas, en las grandes ciudades, son todos ellos síntomas del desastre que está representando la gestión del SEPE en el último período. Un deterioro del que el Defensor del Pueblo ha dado también cuenta en sus informes de 2024 y 2025. En el de 2024 se hacía eco de “la dificultad expresada por numerosos ciudadanos para obtener cita en sus oficinas”, y del malestar ante “la rigidez del sistema de cita previa” . En el Informe de 2025, albergaba “las nuevas quejas recibidas por las dificultades graves que encuentran muchos ciudadanos a la hora de tramitar sus prestaciones de desempleo cuando necesitan comparecer en sus oficinas”.

La burocracia no puede anteponerse a las necesidades de las personas

El deterioro del servicio público de empleo está acarreando además demoras en los pagos de los subsidios, especialmente a los trabajadores con empleos más eventuales, como son los de la hostelería o el campo. Extremadura, como recuerda Juan Carlos Nieto, es una comunidad con un alto paro estructural y las prestaciones por desempleo constituyen “los únicos ingresos que tienen muchas familias para poder llegar a fin de mes”. La burocracia, como sostiene el funcionario inculpado, “no puede anteponerse a las necesidades de las personas”. Este es el marco en el que Juan Carlos se ha ofrecido a atender a personas sin cita, sin que ello haya ido en perjuicio de quienes sí la tenían. “La cita previa es un medio que, bien gestionado, viene muy bien para evitar colas y aglomeraciones, pero nunca es un fin”.

El SEPE acusa también a Nieto de emitir certificados de prestaciones. El funcionario subraya que se le ha prohibido atender sin cita incluso a personas que necesitaban esos escritos para presentarlos ante entidades como Cáritas o Cruz Roja. Y en cuanto a la recriminación que le hace el Organismo de no requerir determinada documentación a los usuarios, Juan Carlos argumenta que, con la ley en la mano, no es necesario solicitar aquellos documentos obra en poder de la Administración, como el Libro de Familia o la Declaración de la Renta. Y denuncia que muchas veces se producen atropellos a personas por no obrar con sentido común desde la Administración. Juan Carlos cita, a título de ejemplo, dos paradójicas situaciones. “¿Cómo es posible que no se acepte como documento de identificación el DNI electrónico o el carné de conducir electrónico, y por tanto no se les atienda, y sin embargo la Guardia Civil cuando para a esas personas sí los dé por bueno?” Y la segunda: “Hay muchos casos de mujéres jóvenes con niños a su cargo -especialmente trabajadoras inmigrantes- que no tienen derecho a un subsidio de desempleo porque no pueden justificar las responsabilidades familiares del padre, al no disponer de un convenio regulador pasado por el Tribunal de la Haya donde figure si la cuantía de la pensión alimentaria que habría recibido supera los 915 euros por hijo”. Puntos ciegos, callejones sin salida, para los que la burocracia tiene siempre a priori una idéntica respuesta: la solicitud ha sido denegada.

La burocracia y la criminalización de la pobreza

“Alguien debía haber calumniado a Josef K, pues sin haber hecho nada malo fue detenido una mañana”. Así comienza El proceso, uno de los libros donde Kafka retrató y anticipó el laberinto de la sociedad burocrática. Tanto Juan Carlos Nieto como las personas desempleadas a las que él atiende sin cita previa son víctimas de los cepos, del cernido entramado de la burocracia. “Esa ley no existe sino en la imaginación de ustedes”, le espeta K a los dos vigilantes que le custodian. “Ya sentirá usted el efecto de esa ley”, le responde con sarcasmo Willem, uno de los enigmáticos guardianes.

Los burócratas como usurpadores de lo universal, como propietarios privados de los recursos públicos

La ley de la burocracia, el “vuelva usted mañana” que retratara Larra renovándose continuamente, la ley de la arbitrariedad, de la opacidad y el clientelismo. Subtramites, pre-solicitudes, protocolos. La razón instrumental, subordinando los valores humanos a la lógica del capital y del Estado. Los burócratas como usurpadores de lo universal, como propietarios privados de los recursos públicos.

Casi siempre, cuando vas a un sitio oficial, vas con los dedos cruzados, encomendándote a la suerte, le digo a Juan Carlos. Y él me cuenta historias de personas que han llegado a la oficina de empleo temblando de nervios. De personas que no entendían porqué no querían informarles sobre los meses que tenían de cotización. De los litigios que él y sus compañeros de trabajo tuvieron con algunos médicos renuentes a conceder las bajas médicas a las personas que enfermaban en el desempleo y perdían de ese modo un tiempo precioso de cobertura. De los empeños ridículos en reclamarle a la gente una y otra vez los certificados de empadronamiento. De los subsidios miserables que cobran muchos trabajadores y trabajadoras de la hosteleria o del reparto a domicilio. Del montón de gente que trabaja más de ocho horas y está dada de alta media jornada. De cómo se reproduce de padres a hijos el trabajo duro y la condena alterna del desempleo: “Ese señor los años que lleva ahí, yo me acuerdo de cuando venía cuando era chiquitito, con mi padre”. Y también de la gratitud de la gente más humilde: “Me acuerdo de un encuentro con un matrimonio mayor. Era un asunto importante y complejo para ellos, pero para mí era muy sencillo de resolver. Era un problema de la mujer, aunque hablaba él, el machismo de esas generaciones. Al final, cuando se resolvió, se levanta el hombre y me dice: Le voy a decir una cosa y no se ofenda, no parece usted funcionario, es usted una persona. Es una de las cosas más bonitas que me han dicho”.

La intemperie de muchos alienta el miedo de bastantes y la tasa de ganancia de unos cuantos

La doma de los parados, la reproducción continua del fantasma de las clases peligrosas como una herramienta para atemorizar y cohesionar a la clase media aspiracional, la burda ideología de las paguitas. En el fondo es la batalla de siempre, con formas nuevas. Cuando los de arriba tienen fuerza pretenden arrebatar derechos a la gente trabajadora. Ya sea con reformas laborales o con motosierras y desregulaciones. La intemperie de muchos alienta el miedo de bastantes y la tasa de ganancia de unos cuantos.

“Tiene menos sensibilidad social que una almeja”. Así definió Nicolás Redondo a Felipe González, a principios de la década de los noventa, poco después de que el gobierno pusiera en marcha el Decretazo que recortaba la cobertura y las cuantías de las prestaciones por desempleo. Volvieron a hacerlo en 2012 y lo intentaron hace un par de años proponiendo recortar las cotizaciones garantizadas para los mayores de 52 años. Pronto vendrán nuevos intentos de recortar la protección al desempleo. Vendrán con nuevas amenazas: endurecer el régimen de sanciones, exigir estar “localizable y disponible al 100%”, aumentar los requisitos para acceder a las ayudas públicas e incrementar las zancadillas burocrático-administrativas. Castigar a los pobres, de eso trata el gobierno neoliberal de la inseguridad social, como afirma Loïc Wacquant.

 Castigar a los pobres, de eso trata el gobierno neoliberal de la inseguridad social

“Con la gente más humilde se ceba siempre la burocracia”, le digo. Y Juan Carlos me cuenta una historia-abreojos, un episodio de su vida que asentó todavía más su conciencia de clase y que en gran medida explica su rebeldía anti-burocrática: “Mi padre empezó a trabajar con más de cuarenta años en Correos, era de Muface. Mi madre era más joven que él. A partir de los ochenta años mi padre empezó a tener problemas de demencia. Estaban viviendo en San Fernando, un día se le acabaron las medicinas y tuvieron que ir a por ellas a Cádiz, pero antes tenían que pasar por Muface para conseguir las recetas. Se van en taxi, mi padre con demencia y mi madre con más de 70 años. Al poco tiempo me llama mi madre llorando, a lágrima viva: 'No me lo quieren dar, que me dicen que eso hay que sacarlo por Internet'. La tranquilicé como pude y luego tuve que hacer como que yo era mi padre, con su carné con ochenta y tantos años, para meterme en Internet, que me costó como dos horas para autorizar una puta receta de un medicamento. Desde entonces me dije: esto no puede ser; aquello me pareció vergonzoso. ¡Cómo lloraba mi madre, como una niña porque había ido a Muface -compañeros que se supone que somos- para que le autorizaran un medicamento que tenía que tomar mi padre para relajarle, para el tema de la demencia. Y desde entonces me dije: yo voy a intentar que esto no le pase a nadie".

Juan Carlos está ahora amenazado por los mandarines de turno. Lo de ellos, lo de los burócratas, es también siempre igual. Tratan de excitar el egoísmo y el corporativismo más elemental. Esparcen mierda contra la gente honesta. Incuban miedo al escarmiento.

No somos escombros, ni esclavos de ninguna aplicación informática

Con su valentía Juan Carlos no se defiende sólo a él. Todo lo contrario. Con su ejemplo llama a la conciencia de cada uno de nosotros y nos invita a ensanchar la grieta de la dignidad. El mundo cambia cuando lo imaginamos de otra manera. No somos escombros, ni esclavos de ninguna aplicación informática. Lo escribió José Agustín Goytisolo , en el poema En tiempos de ignominia:

Que nadie piense nunca:

no puedo más y aquí me quedo. Mejor mirarles

a la cara y decir alto: tirad hijos de perra,

somos millones y el planeta no es vuestro.

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