Extrema derecha
Cuando los nazis no parecen nazis

Lo acontecido en Hanau ha hecho sonar las alarmas de manera repentina, pero la cuestión viene de lejos: el racismo continuado y normalizado en una sociedad que mira para otro lado.

Manifestación neonazi en Kassel
Marcha neonazi en Kassel, Alemania el pasado 20 de julio. Foto: Kai Schwerdt
20 feb 2020 17:06

Es trágico despertarse con noticias como la que ha ocurrido esta madrugada en Hanau, pero resulta todavía más terrible pensar en las posibles motivaciones del crimen: estas píldoras que nos llegan del país germano son solo la punta del iceberg de un racismo latente durante décadas, y que ahora campa a sus anchas por todo el país. Lo acontecido demuestra lo absurdo de pensar que el racismo y la extrema derecha solo son fuertes en el este del país. Hanau se encuentra a 32 kilómetros de Frankfurt, el centro financiero de Alemania. Lo que los alemanes llamarían la cuna del progreso, es decir, lo que consideran una definición más clara de oeste aunque no lo sea geográficamente.

Durante años hubo temor a definir como nazis a partidos cuya ambigüedad era garantía de un salvavidas político. Era terrorífico imaginar que menos de un siglo después ciertas actitudes, supuestamente desterradas o superadas, volverían a aparecer con fuerza. Alternativa para Alemania fue en sus inicios un partido de académicos elitistas pero, con su repunte, se empezó a hacer evidente la inexistencia de un argumentario sólido que combatiera las peligrosas ideas que cada vez expresaba con más naturalidad.

Ya no se ve tan escandaloso mofarse públicamente de los musulmanes, muchos de los cuales son alemanes también aunque los ultras no quieran reconocerlo

“Son los muertos de Merkel”, dijeron del atentado del mercado navideño de Berlín en 2016. Con total frivolidad. Mientras tanto, azuzaban el pensamiento colectivo los carteles electorales en los que se leían lemas como “¿Burkas? Nosotros preferimos bikinis”. La islamofobia es el leitmotiv de AfD, y ese pensamiento cada vez tiene más aceptación social. Ya no se ve tan escandaloso mofarse públicamente de los musulmanes, muchos de los cuales son alemanes también aunque los ultras no quieran reconocerlo. Espanta la impunidad con la que AfD extiende su odio.

El otro día le pregunté a un alemán que por qué la gente votaba a AfD. Su respuesta fue escueta: “Es así y no hay más. No existe ningún motivo”. Y no es que la población no sepa que durante años han mirado para otro lado ante un problema que cada vez era más grande, pero el análisis y las motivaciones son tan trágicas que la mayoría de la sociedad que no lo apoya prefiere apartar la vista y seguir con sus vidas hasta que algo pase.

Hace pocos años el periódico Süddeutsche Zeitung sacó un artículo basado en un estudio en el que se comprobaba que si dos mujeres con idéntico currículum lo mandaban a la misma oferta laboral y una tenía nombre y apellido alemán y la otra apellido árabe, esta última tendría menos posibilidades de conseguir el trabajo. Hicieron la prueba sin foto y también con foto, donde se corroboró que si llevaba hijab ya no era considerada para el puesto, aunque su apellido fuese alemán. Ambas habían nacido en el mismo país, pero sus posibilidades laborales las separaba una gran frontera llamada islamofobia.

Aunque Merkel, muy acertadamente, ha definido el racismo en Alemania como “un veneno”, los tiempos de mirar hacia otro lado ya han pasado

Hoy Björn Höcke, el polémico líder de AfD en Turingia que ha copado portadas de tabloides este mes por haber votado junto a CDU para investir a un presidente del partido liberal, ha condenado el atentado de Hanau diciendo que es impresionante cómo “la sinrazón se extiende”. El líder de su partido lo calificó de “enfermo mental”. Es el discurso más fácil, el que comprarían las personas que piensan que los votantes de AfD son simplemente tontos o que la gente vota a la ultraderecha porque sí. La explicación que solo ocupa dos minutos de tu tiempo para pasar rápidamente a otra cosa.

Aunque Merkel, muy acertadamente, ha definido el racismo en Alemania como “un veneno”, los tiempos de mirar hacia otro lado ya han pasado. Desde lo de Turingia no es descabellado pensar que dentro de poco tiempo AfD pueda llegar a tocar poder en algún Land. Hay motivo para temer las elecciones en Sajonia, donde lleva tiempo ganando AfD.

No es de recibo que la CDU de la canciller haya puesto en el mismo eje a AfD y Die Linke (La Izquierda) en el incidente de Turingia, donde el tremendo escándalo mediático hizo que se presionase a Thomas Kemmerlich hasta su dimisión. Por eso sería un tremendo error que ahora no invistiesen a Bodo Ramelow (Die Linke), que llevaba ya cinco años presidiendo Turingia. Según las encuestas, de repetirse las elecciones, Ramelow obtendría el 40% de los votos.

La incógnita ahora es hasta dónde puede llegar el potencial de Höcke. Aunque las encuestas en Alemania suelen ser bastante fiables, el fenómeno AfD escapa de todo tipo de análisis tradicional. Es un partido habitual en las tertulias, en las que ya ni siquiera se exalta, sino que repite todo el rato palabras como “increíble”. Alice Weidel estuvo hace dos semanas en el famoso show de Anne Will, en la televisión pública, y se permitió decir que definir a Höcke como nazi era una exageración. “A mí a veces también me llaman puta nazi para insultarme”, añadió entonces.

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3 Comentarios
#47811 13:08 21/2/2020

No, el nombre completo del partido de Hitler era: PARTIDO OBREO ALEMAN NACIONAL SOCIALISTA y No ganó las elecciones porque NO hubo elecciones libres, se prohibió sin pruebas al partido comunista aleman. Aun así No ganó las elecciones, solo fue la lista mas votada POR MUY POCO, y los demas partidos le dejaron gobernar en solitario y en minoría. Podian haber formado una coalición.

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#47805 11:44 21/2/2020

El partido nazi de Hitler se llamaba "Partido Nacional Socialista".
Ahí queda eso

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#47789 8:22 21/2/2020

los nazis son socialsitas seguidores abentajados de politicas marsistas

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