Estados Unidos
¿Cómo podría responder China al ataque de Trump a Venezuela?
El ataque de Estados Unidos a Venezuela en el que se secuestró a Nicolás Maduro y su esposa ha agitado el tablero geopolítico global. La flagrante violación del Derecho Interacional por parte de Donald Trump ha puesto en alerta a los otros grandes jugadores del tablero. China ha expresado su preocupación por la paz mundial y el respeto de las normas internacionales, pero realmente lo que el Gobierno de Xi JinPing ha tachado de “acoso” es la consecuencia de la toma de control del país caribeño por parte de la Casa Blanca y que viene plasmado en el documento de la estrategia de Seguridad Nacional publicado el pasado diciembre: el nuevo gobierno venezolando deberá romper relaciones con el gigante asiático.
Las intenciones de la Casa Blanca son claras, pero tras esa exigencia estadounidense se esconde el miedo a un mundo bipolar que desdolarice el comercio mundial de petróleo y en el que China avanza, cada vez más, para generar una autonomía propia y de aquellos países que pretenden escapar del yugo económico, pero también militar, que supone depender y seguir bajo la batuta de la administración estadounidense. El golpe en la mesa de Trump al país con las mayores reservas de crudo del planeta y que había exportado el 80% de su producción de petróleo a China en el último año, usando yuanes en vez de dólares para ello, ha removido el avispero. La pregunta que recorre el panorama internacional de tensiones en este delicado momento de lucha hegemónica es si los de Xi Jinping tomarán medidas a raíz de este último episodio.
Si en algo han coincidido todas las fuentes consultadas en este artículo es en que China es un país de movimientos lentos pero seguros. Sus planes estratégicos de crecimiento y expansión no se dirimen en base a bandazos, post en redes sociales o caprichos de su líder. El gigante asiático va despacio porque va lejos y ninguno de los analistas consultados cree que vayamos a ver reacciones exageradas y agresivas en el corto plazo. Lo que no exime a China de tener las herramientas y el poder para tomar esas medidas, por lo que cabe analizar cuáles podrían ser los posibles movimientos, sean represalias o no.
“A China lo de Venezuela no le cambia mucho los planes, porque la estrategia de China es a medio y largo plazo, se va adaptando al contexto pero no deja de seguir sus pasos”, Ricardo Molero
“China no quiere tener problemas. Seguirá haciendo las cosas como hasta ahora”, afirma de forma tajante Juan Vázquez Rojo, doctor en Economía, profesor e investigador en la Universidad Camilo José Cela y experto en la hegemonía del dólar y la internacionalización del yuan o el modelo económico chino. Con él coincide plenamente Ricardo Molero, profesor en el Departamento de Estructura Económica y Economía del Desarrollo de la Universidad Autónoma de Madrid y también conocedor de la realidad económica china donde ha vivido durante años. “A China lo de Venezuela no le cambia mucho los planes, porque la estrategia de China es a medio y largo plazo, se va adaptando al contexto pero no deja de seguir sus pasos”, explica el economista a El Salto que dice no esperar ningún giro estratégico tras los recientes acontecimientos.
Los negocios pendientes con Venezuela
La toma de control del sector energético venezolano y las exigencias de cortar relaciones con China se traducirán en la paralización inmediata de las exportaciones de crudo. Esto, en términos económicos, no es un gran problema para el Partido Comunista Chino (PCC), ya que las exportaciones de crudo venezolanas no representan ni un 2% del total. No es sólo que no dependa tanto de ese petróleo, sino que está dando pasos para no depender de ninguno, opina Juan Laborda, profesor de Economía Financiera en la Universidad Politécnica de Madrid, que señala que “China sabía que esto podía pasar y ha diversificado sus fuentes energéticas, no dependiendo tanto del petróleo”.
En los últimos años, China ha llevado a cabo un proceso de electrificación y despliegue de infraestructuras de energías renovables que le ha llevado a ser el mayor productor del mundo de este tipo de energía, pero también un exportador nato de estas tecnologías y de los componentes necesarios para su instalación y desarrollo. “Ellos ya han hecho su trabajo con los renovables, los problemas los tendrán otros países”, dice el economista.
Pero ese corte repentino del crudo fluyendo hacia China tiene un factor colateral y que también hay que tener en cuenta: la deuda que tiene Venezuela con China tras años de relación financiera en el que el país asiático ha prestado al gobierno bolivariano. “Tenemos pocos datos, pero la deuda puede andar alrededor de los 20.000 millones de dólares”, apunta Vázquez. Otros cálculos, muy dispares, cifran la deuda desde los 10.000 millones de dólares hasta algunas que señalan que el montante podría alcanzar los 50.000 millones.
“Si Venezuela no responde a sus pagos o sus contratos, China podría llevar el caso al CIADI del Banco Mundial”, Juan Vázquez Rojo
Venezuela ha tenido dificultades en los últimos años para ir amortizando la deuda en tiempo y plazo, por lo que el Gobierno bolivariano ha tenido que buscar fórmulas alternativas, como el famoso “petróleo por deuda”. “Las empresas chinas llegaron a acuerdos con PDVSA [la empresa estatal de petróleos venezolana] para extraer petróleo. Pero cuando Venezuela no podía devolver su deuda a China, el comprador chino, en vez de pagar a PDVSA, depositaba el dinero en alguno de los bancos chinos mediante los que se ha prestado dinero al país y se lo cobraba”, explica Vázquez.
Con la toma del control de PDVSA por parte de la Casa Blanca y el nuevo gobierno de Delcy Rodríguez, que parece que va a obedecer los dictados de Trump, es presumible que las relaciones entre la petrolera estatal y China se rompan. Por lo que puede peligrar también la devolución de la deuda. Aunque China debería tener posibilidades de seguir cobrando, explica Vázquez, ya que “los dos países firmaron un acuerdo bilateral de inversiones en 2025 y, además, la deuda la tiene Venezuela, no Maduro, por lo que el actual gobierno debería mantener los pagos”.
De hecho, Vázquez apunta a que esa podría ser una de las principales represalias que Xi Jiping podría tomar en el plano comercial: “Si Venezuela no responde a sus pagos o sus contratos, China podría llevar el caso al CIADI del Banco Mundial”. El Centro Internacional para el Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones es el juzgado supranacional que se encarga de dirimir litigios entre países o entre empresas y países, en el que China podría reclamar que Venezuela cumpla sus obligaciones o sea sancionada.
Atacar al dólar y a los bonos estadounidenses
Cuando a comienzos de 2025 Trump encrudeció la guerra arancelaria contra China, la deuda de Estados Unidos se desinfló en los mercados y muchos analistas señalaron al Partido Comunista. El gigante asiático atesora una enorme cantidad de bonos del Tesoro estadounidense. Deshacerse de ellos, inundando el mercado, hace que su precio caiga y afecte de forma directa a la financiación estadounidense, por lo que la caída de esas semanas podría estar causada por China como represalia contra la política de aranceles del presidente estadounidense. Ante la nueva escalada de tensiones geopolíticas, China podría volver a vender bonos estadounidenses y atacar de forma directa a las finanzas públicas y la credibilidad de Estados Unidos ante los mercados, lo que pondría en un apuro a Trump y su proyecto económico.
“China está reduciendo poco a poco su exposición a la deuda estadounidense y no creo que haga ningún movimiento brusco porque no le conviene tambalear la economía estadounidense”, Ricardo Molero
Tanto Vázquez como Molero coinciden en que ven poco probable que China venda masivamente los bonos norteamericanos. “China está reduciendo poco a poco su exposición a la deuda estadounidense”, afirma Molero, “pero no creo que haga ningún movimiento brusco porque no le conviene tambalear la economía estadounidense”. Al fin y al cabo, Estados Unidos es un importador nato y las ventas de muchos países dependen de que siga siendo así, incluído China. “Prefiere seguir a su ritmo, haciendo la guerra tecnológica”, añade Molero.
Esa misma dependencia de que la economía estadounidense vaya bien es lo que señala Vázquez: “China tampoco quiere, ni puede ahora mismo, sustituir al dólar como moneda del comercio global. Lo que sí que quiere es crear otros espacios que no dependan del dólar en los que pueda seguir comerciando si se ve atacada, pero no quiere ni puede deshacerse de todos los bonos que tiene”, matiza. Aunque sí que señala esa reducción a la exposición de la deuda china. Con datos de marzo de 2025, China tiene en su haber 765.000 millones de dólares de deuda estadounidense, siendo el tercer tenedor de bonos extranjero, tras Japón y Reino Unido. Pero la inmensa cifra dista mucho de la todavía mayor 1,3 billones de dólares de deuda norteamericana que tenía China en 2011.
Las rutas comerciales y cadenas de producción
Ser la “fábrica del mundo” y haber invertido millonadas en otros países para promover el proyecto de la Nueva Ruta de la Seda ya reporta beneficios directos a China y a su modelo productivo que ahora es el que se está globalizando y deslocalizando en otros continentes. “China controla la cadena de suministro global, por lo que está tranquila”, afirma tajantemente Laborda.
Cierto es que Trump dio otro mazazo en la mesa a comienzos de este segundo mandato, aunque ahora no se esté hablando tanto del tema: el canal de Panamá. El sistema de espuertas y presas del país centroamericano es uno de los principales puntos de tránsito del comercio mundial y Trump recelaba de que el Gobierno panameño estuviera en negociaciones con China para mejorar y favorecer el tránsito de barqueros chinos como parte del proyecto de la Ruta de la Seda. Ante las amenazas de Trump de quedarse el Canal, incluso de intervención militar, Panamá cedió y se alineó con los intereses de la Casa Blanca, desplazando a China. Otra cosa, bien distinta, y que ocupará mucho de la agenda geopolítica las siguientes semanas, será lo que pase con el otro paso de tránsito de la región que Trump considera suya: Groenlandia.
Reparto continental y de patios traseros
La estrategia de Trump con el continente americano y esa tranquilidad de China a la hora de no querer entrar en conflictos en esa región apunta a una especie de reparto territorial. Los de Xi Jiping puede que tiren la toalla con el continente americano. “No le interesa enfrentarse a Estados Unidos por Latinoamérica, posiblemente se la dejan, mientras seguirán desarrollando sus negocios y relaciones comerciales en Asia o África”, explica a El Salto el sociólogo y analista Aníbal Garzón, autor del libro BRICS: La transición hacia un Orden Mundial Alternativo (Akal, 2024). “Si lo hace, será más una cuestión geopolítica que económica, pero es posible que lo que se haga sea ese reparto continental en el que China negociará pero no entrará muy fuerte en el continente americano pero, eso sí, dirá 'Asia no me lo toques'”, dice Garzón.
“Es posible que China haga ese reparto continental en el que negociará pero no entrará muy fuerte en el continente americano... pero, eso sí, dirá 'Asia no me lo toques'”, Aníbal Garzón
Para ser más concretos, Garzón se refiere a Taiwán. Molero coincide en ver esa estrategia que podríamos llamar “yo no entro en tu patio trasero si tú no entras en el mío”. “China va a ser cauta con lo que ocurra en otras partes del mundo, no entrará en trifulcas mientras no se metan en las rutas comerciales más cercanas a su país”, piensa Molero. “Si Estados Unidos no entra en el mar del sur de China, en Taiwán, no habrá problemas. Otra cosa es que Trump aumente la agresividad en el pacífico, sobre todo en Taiwán”, apunta.
Generar lazos y confianza
Lo que queda por ver es si China no aprovecha la coyuntura y el hartazgo de algunos países no tan alineados con Trump y que ahora se están viendo amenazados para aumentar las relaciones comerciales y firmar nuevos acuerdos bilaterales antes de que la Casa Blanca consiga controlarlos, por un cambio de gobierno o por la fuerza militar. Precisamente a estas amenazas es a lo que Laborda se refería anteriormente cuando señalaba que China no tenía problemas, que los problemas los tienen otros: “Aquellos que están amenazados por EEUU son los que tienen que cambiar las reglas: México y Brasil deberían establecer nuevas relaciones con China, pero también Corea, Sudáfrica, Pakistán, India, Turquía, incluso Japón, que también está amenazada aunque ellos parece que no se quieren dar cuenta”, enumera Laborda.
“Aquellos que están amenazados por EEUU son los que tienen que cambiar las reglas: México y Brasil deberían establecer nuevas relaciones con China”, Juan Laborda
Molero coincide con la frase antes dicha por Garzón: “Si China aumenta esas relaciones con países en la región sería algo más geopolítico que económico”. Pero reconoce que los mercados de Colombia y Brasil pueden ser muy apetecibles para China. Brasil tiene una gran capacidad industrial de refino del petróleo, algo de lo que Venezuela carece y por eso le hacia más dependiente de China, por lo que es un mercado que puede atraer a China. Y Colombia es una economía muy consolidada, con un mercado muy atractivo”, explica el profesor de economía.
Si se cumple ese reparto territorial entre los gigantes y China no responde de una forma brusca, sino viendo desde la barrera y siguiendo su propio camino mientras el imperialismo de Trump amenaza Groenlandia y controla su patio trasero, lo que prevalece ante la imagen global de las dos grandes potencias que luchan por la hegemonía será que “China se muestra como un líder confiable, una potencia que promueve las relaciones de desarrollo, de bien común, relaciones win-win, de respetar la soberanía de otros países y de respetar las reglas internacionales”, dice Vázquez Rojo. “China gana los espacios que deja libre Estados Unidos”, finaliza el economista.
"China se muestra como un líder confiable, una potencia que promueve las relaciones win-win, de respetar la soberanía de otros países y de respetar las reglas internacionales”, Juan Vázquez Rojo
No habían pasado ni unas horas desde el secuestro de Nicolás Maduro y Trump ya estaba amenazando con “hablar de Groenlandia en 20 días”. La realidad es que durante toda esta semana no se ha dejado de hablar del protectorado danés, el siguiente plato que se quiere merendar el presidente de Estados Unidos. Si las fuentes consultadas en este reportaje están en lo cierto, no deberíamos ver movimientos bruscos por parte de Xi Jiping en las próximas semanas y es posible que tampoco se involucre en el conflicto por Groenlandia, donde es la pasiva Unión Europea la que tiene el marrón. A no ser, claro, que la agresividad de Trump siga creciendo y China decida utilizar algunas de las herramientas que hemos visto que tiene a su alcance.
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