Elecciones del 26 de mayo
Unidad en el desasosiego

¿Pero qué es “unidad”? ¿No hay una abstracción de lo unitario, del todos a una, que se deja afuera algo importante? ¿La unidad de quién? ¿La unidad en torno a qué? ¿La unidad para ir hacia dónde?

Mañana electoral colegio Aluche
Colegio electoral el pasado 26 de mayo en el madrileño barrio de Aluche. Álvaro Minguito
Sarah Babiker

publicado
2019-05-28 16:29:00
Hacía bueno el domingo. En la puerta del colegio de Usera donde voto, un par de vecinos charlaban con los municipales que hacían guardia bajo el sol. Una mujer buscaba su dirección en las listas, de la mano un niño inquieto intentaba empujarla a la sala del comedor donde estaban las urnas: “Venga, venga, que te enseño dónde me siento yo”. Mi vecina del cuarto me saludó optimista, le colgaba del cuello la identificación de apoderada. Una señora muy mayor, como indefensa ante decenas de papeletas de colores, declaraba a gritos que quería votar a la alcaldesa y a Pablo Iglesias. Pasó un tiempo hasta que alguien le aclaró que este último no se presentaba. ¿Pero con quién va? Un bienintencionado señor encogió los hombros, creo que con estos, y le tendió una papeleta de Más Madrid. El bloque de papeletas de Madrid en Pie lucía casi inmaculado.

El día seguía lindo y soleado a la tarde, cuando entramos en la redacción de El Salto para cubrir las elecciones. Pero luego se fue haciendo de noche, más noche de lo habitual, y a medida que salían los resultados, noche afuera y noche adentro. Nos hicimos preguntas, también nos las hicieron, sobre si cada cual había votado lo correcto, sobre si nuestras coberturas, nuestra línea editorial habían sido las correctas, sobre si nuestras críticas podrían haber allanado el camino hacia la catástrofe. “No podíamos hacer otra cosa que lo que hemos hecho”, dijo una compañera. La única certeza de la noche fue esa.

Nos hicimos preguntas, también nos las hicieron, sobre si cada cual había votado lo correcto, sobre si nuestras coberturas, nuestra línea editorial habían sido las correctas, sobre si nuestras críticas podrían haber allanado el camino hacia la catástrofe

Con esa única certeza como principio ayer me entregué a la escucha. La ciudad estaba triste, al menos la ciudad que yo conozco, la que me importa. Goteaban los tweets, las reflexiones, los artículos apelando a la unidad. Se volvió a invocar a la división de las izquierdas. Nunca aprendemos, nos dijimos. Ese es el cáncer de la izquierda, nos dijeron. Y entonces se sumaban resultados, votos, siglas, elementos que por separado habían desanimado a la gente pero juntos, ojalá, hubiesen generado la alquimia necesaria para seducir a los potenciales votantes progresistas en esta enclave pluscuamconservador que es Madrid.

¿Pero qué es “unidad”? ¿No hay una abstracción de lo unitario, del todos a una, que se deja afuera algo importante? ¿La unidad de quién? ¿La unidad en torno a qué? ¿La unidad para ir hacia dónde? Nos hablan de luchas de egos, de reinos de taifas, de incapacidad congénita de la izquierda para alcanzar consensos. El debate penaliza y se caricaturiza, estamos disintiendo por encima de nuestras posibilidades. El purismo ideológico nos arruina. No estamos dispuestas a ceder. En definitiva: penaliza creerse sujeto político cuando lo que se necesitaban eran votantes de izquierdas que fuesen conscientes ante “lo que se nos viene encima”.

Lo que pasó en el 2011 o en 2015 no fue una unidad en torno a una ilusión, fue la energía colectiva de quienes creen que están creando algo, que han forzado un hueco en las inercias históricas para construir en común algo que cambiará sus vidas, sus vidas concretas que transcurren en el barrio y en el metro y en la cola del paro, la vida que desborda a nuestras individuales vidas y construye a largo plazo para nuestros hijos y los de las demás. Porque incluso detrás de una pantalla, escribiendo, no estábamos reseñando las ideas de los otros, las estrategias de los otros, estábamos pensando en el mundo que queríamos. No se ha traicionado a la ilusión sino a la agencia, casi todas entregadas, manos en alto, a la vieja lógica de la representación, a desear fuerte que quienes tengan la potestad de decidir, decidan bien.

Es verdad que volaron algunos cuchillos, y olió a ajuste de cuentas en ciertos barrios del twitter, pero hay algo de unidad también en la resaca. Debajo del miedo a Vox, detrás del cabreo o de la frustración por la vuelta de la derecha, está la tristeza. Tristeza que nos une a quienes votamos a unos, quienes votaron a otros, quienes incluso no votaron. Nos une el dolor y el desencanto. Estamos finalmente unidas en el duelo. Y eso no es poca cosa. Es un punto de partida sobre el que construir.

Debajo del miedo a Vox, detrás del cabreo o de la frustración por la vuelta de la derecha, está la tristeza. Estamos finalmente unidas en el duelo. Y eso no es poca cosa. Es un punto de partida sobre el que construir.

Pero no vivimos solas en nuestras ciudades, ni en este país, ni en este continente. El cierre de los horizontes que palpitaban hace solo ocho años está colonizando el planeta. Somos uno de los lados de la dialéctica, el lado de la izquierda, la vertiente sur de quienes disputan el sentido del mundo. Estar unidas es parte de la ecuación, pero el entorno a qué es importante, y el qué no puede escribirse en negativo, no puede desearse desde el miedo. El qué tiene que ser la propuesta de algo que nos sirva para la vida. Algo por lo que merezca la pena andar juntos.

El malestar se ha apropiado de la política, tenemos que politizar de nuevo nuestro malestar, como ya hicimos. El malestar es individual y colectivo, concreto y cotidiano, tiene que ver con lo jodidas que están nuestras vidas, pero también con la pérdida de control. Se asienta en lo concreto: en tu calle llena de cacas de perro, en la piscina de tu barrio que no abre, en que te están echando de tu casa, en que necesitas tres trabajos, en cómo se distribuyen las prioridades y la riqueza, en que no llega a tus urgencias ni a tus calles. El malestar de no tener control sobre tu vida, de no contar, en una carrera constante contra la precariedad y la amenaza fascista, sin tiempo ni energías para desgañitarse.

No, la unidad no puede ser un significante vacío, una barricada detrás de la que todo cabe, sino que ha de ser habitada por sujetos, articularse desde nuestras experiencias concretas, desde las urgencias que se habitan en las calles. Sujetos y no votantes, que no bailen al son de la ilusión, sino que actúen desde la energía de la agencia. ¿Cómo se hace? ¿cómo vencer la inercia y el desencanto? Habrá que buscar juntas las respuestas, partiendo de lo que nos une ahora, la tristeza. Empezar de nuevo en torno al suelo común de nuestro desasosiego, como una fogata alrededor de la cual imaginar horizontes nuevos.

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12 Comentarios
Desde Valencia 11:09 30/5/2019

Gracias Sarah. Me encantan tus artículos.
Como valenciana sentí esa tristeza por la gente de Madrid, y por ver como se desintegra, ya no tanto un proyecto político dentro de las instituciones, sino un discurso en torno a nuevas formas de relacionarnos y de hacer política. Después de los cuchillos volando, es hora de seguir construyendo, ver qué ha fallado y también qué se hizo bien. Quizá en todos los análisis haya algo de verdad, quizá sea muy difícil entrar en la política institucional y no ser arroyada por sus dinámicas, juegos de poder y mercantilismo de ideas, para lo que serían necesarias unas fuertes bases que presionaran desde fuera. Seguramente no sea lo mismo enfrentar ciertos partidos que otros y teníamos que haber apostado por lo menos malo y construir desde ahí. Quizá el ambiente en el que nos desarrollamos y nos educamos haga difícil evitar la ultracompetencia y el cortoplacismo, y tenemos que poco a poco ser conscientes e ir creando otros modos de relación y otra educación. Todo por hacer, para mi esa unidad esta en la mejora de los servicios públicos y en la participación directa de la ciudadanía, en el derecho a una vida digna (alimento, vivienda, trabajo, educación, sanidad, cultura, amor), en el respeto - amor a la vida y a la tierra que la sustenta.

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#35194 11:27 31/5/2019

La la land

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Paco 20:33 29/5/2019

Creo que, como ha dicho alguien aquí arriba, vamos sobrados de inteligencia política y de análisis teleológicos de una altura que da pánico. Recomiendo la lectura de Enzo Traverso "melancolía de izquierda" Después de las utopias. Y lo dicho, nos puede el análisis, aunque acertemos y demos en el clavo, pero nos falta estrategia, y eso es imprescindible.

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Ascensión Rojas. 17:31 29/5/2019

Gracias, Sara. Está desolación une a mucha gente de otros tantos lugares de nuestro país.
La tristeza de sentir que nadamos sin avanzar.
El cansancio de que....siempre igual....
Gracias

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#35127 16:53 29/5/2019

No nos une el amor sino el espanto. Habrá que dejar de ser tan inteligentes en nuestros análisis y ser más estrategas. Lo siento, no puedo comulgar con está forma de pensar.

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#35195 11:29 31/5/2019

Galimatías: - inteligentes y + estrategas. ¿Que tal mas honestos con nuestro intelecto?

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#35106 11:43 29/5/2019

Como me identifico con el artículo sobre el sentimiento de ese 26M, no se puede explicar mejor

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Irena Montera 11:20 29/5/2019

Macron et Pablú, Démission

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Aitor 11:20 29/5/2019

Soy lector de vuestro medio desde que teníais otro nombre y, entre muchos otros, me ayudais nutriéndome para tener una perspectiva diversa. Dicho esto he escuchado atentamente numerosas voces que no han sabido distinguir la crítica siempre necesaria a Lo Real de las posibilidades siempre frágiles y ambiguas de lo posible que siempre se halla en proceso y va haciéndose camino al andar.
No todo es igual. No puede serlo por mucho que la operación Chamartín, personalimos varios y contradicciones constantes nos nublen la mirada.
Sí, ahora toca unirse en la tristeza y resistir. Pero conscientes de lo excepcional de este espejismo que ha durado cuatro años y que llegó por una suma de circunstancias que nadie controlaba. Toca reinventarse y apretar los dientes para volver a tener esperanza y, seguramente, volver a perderla por esencialimos y purezas que ahora ni imaginamos.
Solum certum nihil esse certi et homine nihil miserius aut superbis.

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#35224 12:08 1/6/2019

Núcleo irradia pijos activado.

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#35065 19:49 28/5/2019

Disfruto de tus artículos. Gracias.

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#35058 18:04 28/5/2019

Hermoso texto. Expresión de este luto colectivo. Y, al mismo tiempo, convocatoria a la acción, de cuidarnos y de decir NO a lo que se viene. Enhorabuena.

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