Elecciones 10N
Elecciones en noviembre. Actores y algunas notas al pie

Análisis desde el suroeste de unas negociaciones que no lo fueron, un gobierno de coalición que nunca existió y unas próximas elecciones que nadie decía querer y de las que nadie parece ser responsable.


publicado
2019-09-26 17:57

El PSOE

A lo suyo y en lo suyo, en lo de siempre, en lo que ha sido toda la vida. En algunas cosas aún pretende marcar una cierta impronta diferencial, pero en otras, en las patrióticas, las monárquicas y en las de hacer caja, comida y hacienda, el socialismo español es virtualmente indistinguible de la derecha de toda la vida. Breve, el espejismo de Pedro El Bello, para quienes lo padecieran (que son legión, expresión básica de esa necesidad evidente de algo de verdad en el viciado ecosistema político español). Régimen puro, cálculo, cortoplacismo y fidelidad a los pagadores. Fiable en su previsibilidad, ya solo engaña a los ingenuos o a los ignorantes. Siempre manejando a su antojo eso que tan cansinamente y repetidamente llaman relato, con todo el viento a su favor, colocando exactamente donde quería a su contraparte negociadora (¿Unidas Podemos o Podemos?) y arriesgando lo que haya que arriesgar para no acumular ni un gramo más de izquierda que lo estrictamente necesario. Y lo necesario era/es mantener convencida a la tropa, insistimos, siempre más numerosa de lo que se cree, que aún lo considera digno rival frente a la derecha. Porque esto va de cálculos electorales, no nos engañemos, ahí está inscrito cada programa electoral y cada desarrollo del mismo, la política está alojada en otras grietas.

Ahora, a esperar mejorar resultados. ¿Que la derecha puede remontar? ¿Que unas elecciones son siempre una moneda arrojada al aire? ¿Que mucha gente ya votó en clave antifascista en primavera y ahora podría no tragarse ese recurso? Fruslerías. Nada relevante en la agenda de los auténticos hombres de estado, esos incapaces de formar gobierno tras ganar unas elecciones, esos que pierden el sueño imaginando a la horda en un consejo de ministros, esos que nunca (atención, primos morados, nunca) quisieron hacer otra cosa que marear la perdiz.

Alguien tendrá que explicar, en cualquier caso, la insistencia en la oferta cuando ya hasta los ciegos veían que todo abocaba a retornar...

No hemos ni siquiera citado a Iván Redondo para que este texto no parezca redundante, obvio y cansino. Y es que, por no decir, ni una palabra hemos dicho sobre la nueva crisis económica que nos sobrevuela a nivel internacional y que, de seguro, va a exigir al PSOE apretar las filas y estar, del todo, con quien debe.

PODEMOS (¿o Unidas Podemos?)

A lo suyo y en lo suyo, en lo de siempre, en lo que ha terminado siendo lo de toda la vida. Enfrentando unas nuevas elecciones con la organización cogida con alfileres, tras los conflictos internos de rigor (y esperando los nuevos, no dejaba de tocar la orquesta en el Titanic), y necesitado como el respirar de un eslógan, de una estrategia que no pase por ser el ángel vigilante de un PSOE que por activa, por pasiva, por tierra, mar y aire ya ha dicho que no quiere cogobernar con nadie a su izquierda. Alguien tendrá que explicar, en cualquier caso, la insistencia en la oferta cuando ya hasta los ciegos veían que todo abocaba a retornar, pero aún con menos fuerza (¡ay, las encuestas!) a idéntica casilla de salida.

Porque, ahora, ¿en qué se va a sustentar la campaña?, ¿se persistirá en la oferta/propuesta?, ¿se diseñará un marco argumental con Podemos (¿o Unidas Podemos?) en la oposición al PSOE? Tras todas las enormidades formuladas por ambos lados de puertas afuera a ese dislate negociador, ¿alguien en razonables condiciones de salud mental puede pensar que Sánchez vaya a ceder? ¿Pretender entrar en un gobierno diciendo expresamente que vas a fiscalizarlo (literal) pretendía ser un protocolo nuevo, innovador, en estrategias negociadoras? ¿Hay alguien que explique a las encendidas huestes, por favor, que un consejo de ministros no es una asamblea de vecinos dotada de felices reglas de consenso y áreas de poder autónomo y restringido? ¿Qué va a pasar en la próxima investidura si el PSOE sigue sin mayoría absoluta?

¿Desafección democrática? No. Seguro que a nadie la importaría votar, incluso en más ocasiones, si eso sirviera para algo diferente a fijar marcos de postureo estratégico

No hemos ni siquiera citado a la caverna mediática, al IBEX ni a las cloacas del Estado para que este texto no parezca redundante, obvio y cansino. Y es que, por no decir, ni una palabra hemos dicho acerca de que, con todo este jaleo del gobierno -que no fue- con el socialismo hispano, nadie ha pedido cuentas aún por el sensible dato de que, en abril, Unidas Podemos disponía de 72 puestos en el Congreso y, en una noche, pasó a quedarse con 42. De eso, como quien dice, no hace nada. Las claves internas de algunos procesos también hay que tenerlas en cuenta.


LA GENTE

Harta, aborrecida. Cuatro elecciones generales en cuatro años consecutivos no ofrecen, precisamente, eso que podríamos llamar un marco cierto de credibilidad en el bonito cuento de la representación, y medio año de inoperancia legislativa completa tampoco ayudan mucho en la tarea (que, mientras tanto, se estaban cambiando cromos por arriba es lo que llega al común de los mortales, no nos engañemos jugando al solitario). ¿Desafección democrática? No. Seguro que a nadie la importaría votar, incluso en más ocasiones, si eso sirviera para algo diferente a fijar marcos de postureo estratégico, que propiciara de manera tangible que algo en sus vidas, definitivamente, fuera a cambiar a mejor.

Ahora, desde un lado y otro se cargará contra la abstención (la derecha vota siempre, claro), trasladándole la responsabilidad de un panorama de evidente disolución del que son únicos constructores quienes engañaron en una negociación mentirosa, quienes erraron en la interpretación estratégica de sus posibilidades y entraron a ella con todo y, en última y superior instancia, quienes de verdad disponen en este país. Esos que, dispersos en diferentes estratos de poder, a menudo sujetos a contradicciones y disensos tácticos (las teorías de la conspiración mejor dejémoslas aparcadas para mítines de medio pelo, no insultemos inteligencias), encuentran en cambio absoluta convergencia en una tarea de completa apropiación material de los recursos del común y, desde hace tiempo, también, del espacio cultural, y hasta emocional, colectivo.


EXTREMADURA

Como de costumbre, sentadita a un lado, sin molestar; mirando el reparto que, esta vez, trae escaños, bien aparentemente preciado que no parece entusiasmar a las masas de este suroeste, habida cuenta de la inexistente voz que lo extremeño acaba por tener en un Madrid tan lejano como insistentemente presente a la hora de extraer recursos y repartir declaraciones. El PSOE regional, esperando rascar algún asiento más a costa de una prevista subida en votos que vaya acompañada del bajón de Ciudadanos (esa casa, otra ópera bufa) y el desencanto en la nueva política. El PP, en las mismas, pero además esperando un deslizamiento de Vox que le acarree las papeletas de mejora necesarias.

Errejón y su nuevo proyecto tampoco parecen tener como prioridad Extremadura (¡sorpresa!), así que, al menos por ese lado, no crecerán más enanos en el circo

Unidas Podemos, en riguroso silencio pero sabiendo que podría aprovechar la coyuntura y, con una candidatura potente en Badajoz (alcanzar escaño en Cáceres está fuera de todo cálculo) y tirando de la rendija que ofrece la Ley D´Hont, recuperar el puesto perdido en abril (superando a Vox, en cualquier caso, y con un PSOE no disparado, que para eso están las campañas). Habría voces en la confluencia pidiendo echar toda la carne en el asador pero, previsiblemente, y seguro que con un puñado de razones orgánicas de intachabilidad marca de la casa, se cometa dulce suicidio y renueve, por cuarta vez consecutiva (cuarta, ahí es nada), a su candidata por la circunscripción pacense. Errejón y su nuevo proyecto tampoco parecen tener como prioridad Extremadura (¡sorpresa!), así que, al menos por ese lado, no crecerán más enanos en el circo. Multiplicar de cero a cero en momentos de crisis como extraña virtud.

Y AL FINAL

Si gana el PSOE, y no lo hace con mayoría absoluta, nada indica que se pueda volver a explorar esa ficción de un gobierno de izquierdas “fiscalizado” por Unidas Podemos. Sánchez irá, de cabeza, a buscar a un Rivera que ya debe estar lamiéndose las heridas de la que se le avecina y que tendrá que negociar a la baja (a última hora intentó Albert arreglarlo, pero ya estaba devorado por sus dudas, sus idas, sus venidas y el peso de cargar trifachitos por doquier cuando te reclamas más liberal y moderno que nadie). Y si un Cs enloquecido persistiera en su “no es no” a Pedro... ¿porfiaría entonces Iglesias en gobernar junto a este a toda costa? No resulta una pregunta trivial, porque de ahí se debiera desprender nada menos que el completo hilo argumental de la campaña próxima.

Si ganan las derechas en el balance general de escaños (es perfectamente posible, en cómputo de sufragios ya sucedió con la izquierda no soberanista las pasadas elecciones), el escenario de locura está asegurado. A nadie se le escapará, entonces, la cuota de culpa que en el mismo habrían tenido (aún desde grados de incomparable gravedad) quienes, durante meses, fueron colocando, ladrillo a la ladrillo, la estúpida escalera hacia esta segunda ventana de oportunidad (triste usar ese concepto, que fue fetiche, en esta cadencia) para una de las derechas más primitivas de todo el continente. Y se ha empleado el término culpa porque en los bares, en el mercado, en el tajo y en las conversaciones informales, esas geografías que son la columna vertebral de tantas cosas olvidadas, se habla de culpa y culpables; no resulta tan fino hilando el imaginario colectivo.

De los problemas reales de la calle, de salarios, de desempleo, de una crisis ecológica imposible ya de soslayar en el debate político, de acometer una más que previsible recesión y los ajustes que de seguro serán exigidos desde Europa (España como subalterna es una certeza, no una hipótesis), de comenzar un camino de distensión y democracia en la cuestión territorial, la más absoluta de las nadas.

No hemos ni siquiera citado el 15M, el “no nos representan”; ya ni apelamos a las calles, ya no hablamos de crear algo nuevo ni de romper la norma. Ahora todo es fina táctica, avezados estrategas, elecciones, sumas, restas, futuribles; análisis concienzudos, como puede ser este mismo, perfectamente inútiles, episódicos frente a la más pequeña plaza rebosada de voluntades conscientes.

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8 Comentarios
AZ 8:06 28/9/2019

Ya nadie se acuerda del 15 M. Todo aquello se desvirtuó de un modo tan triste y patético, por los actores y actrices que aparecieron, que quienes confiamos en aprovechar una oportunidad de cambio real hemos acabado aún más convencidos de que esto no tiene remedio. Tan obsesionados estaban algunos por llegar a la meta que se olvidaron de disfrutar del camino y de quienes les acompañaban, de cuidarse y de cuidar a los demás. Gracias por el artículo. Un amigo.

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#40048 16:06 27/9/2019

Que pena la izquierda en Extremadura, cuanto odios, divisiones cainitas, egos y prepotencia. Buena prueba de ello son todos los comentarios de este artículo como el artículo mismo. No nos hace falta enemigos, nos destruimos nosotros mismos

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#40049 17:03 27/9/2019

Totalmente de acuerdo, no sé si esto es un medio serio o el salsa rosa de la izquierda. A este paso tendré que pedir mi baja de suscriptor del salto

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#40095 23:44 28/9/2019

Tú tienes de suscriptora lo que yo de sacerdotisa. Patético troleo.

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#40044 14:50 27/9/2019

Amparo Botejara y su consorte nos van a salir hasta en la sopa, pa estar aburguesados menuda matraca... Anda irse al PSOE que en Podemos ya os han calao

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#40029 10:17 27/9/2019

Uf, que cansino, bla, bla, bla. Siempre repitiendo la misma cantinela, que obsesión, no hay otros temas que tratar? por ejemplo, la del exdiputado de anticapi que busca sillón y sueldo en Cordobilla

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#40046 15:04 27/9/2019

Anda, ¡el trol anónimo de siempre!

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#40009 21:14 26/9/2019

Buenísimo, de principio a fin.

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