“El pasado no se puede cambiar”. Regresiones cotidianas en el Ecuador

La historia reciente de Ecuador revela tensiones entre memoria, poder y revolución. De la guerrilla de Alfaro Vive Carajo al correísmo y el movimiento indígena, este texto explora por qué el pasado sigue siendo un campo de disputa.
es investigador y profesor. Publicó en 2020 Del sacrificio a la derrota. Historia del conflicto vasco a través de las emociones de los militantes de ETA (Madrid, Siglo XXI)
6 ene 2026 00:03

«Ecuador tiene algo extraordinariamente precioso; nos da la noción de clima, nos transporta a ideas de calor, nos comunica sensaciones ardientes. Por entre ese algo impersonal y desdibujador que lleva en si el nombre de esta tierra, se filtró un intuitivo sentido de caracterización regional, que fija y exalta nuestra virtud y nuestro defecto máximo: el tropicalismo»

Benjamín Carrión, Cartas al Ecuador, Quito, Banco Central/Editora Nacional, 1988, p. 66.

En una entrada anterior de este blog intenté sacar a la luz algunas de fallas sobre las que asienta la metodología de la historia oral en España y, por ende, en Europa. Los consensos en el viejo continente acerca de la importancia de rescatar testimonios que recogen vivencias revolucionarias del siglo XX debían limitarse a mostrar una melancolía por “lo que pudo ser y finalmente no pasó”. En ese sentido, el historiador Enzo Traverso mostró cómo las democracias liberales occidentales lograron consolidarse durante el último tercio del siglo XX desde una narrativa que conectaba la utopía con la derrota.

En América Latina, los procesos revolucionarios vividos durante la segunda mitad del siglo XX —Cuba, 1959 o Nicaragua, 1979— podrían hacernos albergar la esperanza de que el uso del testimonio permitiese abrir campos nuevos epistemológicos que no fueron posibles en Europa. Sin embargo, los regímenes autoritarios en que han desembocado dichos procesos (con el caso venezolano como última referencia) ponen también limitaciones al uso de la metodología de la historia oral. En su obra How Things Fall Apart. What Happened to the Cuban Revolution, Elizabeh Dore comienza el libro recordando el caso de Oscar Lewis, un antropólogo estadounidense que fue invitado por Fidel Castro en 1968 para hacer entrevistas a cubanos en formato de historia de vida: “Tener un registro objetivo de lo que el pueblo piensa y siente representará una gran contribución a la historia de Cuba (…) Este es un país socialista. No tenemos nada que esconder; No existen quejas que no haya escuchado ya”, subrayó el líder revolucionario.

La investigación que inició Lewis junto a su esposa Ruth y un grupo de jóvenes sociólogos cubanos en una serie de barrios de La Habana, terminó abruptamente 18 meses más tarde cuando Castro acusó a Lewis de estar trabajando al servicio de la CIA. Para Dore, la verdadera razón por las que se canceló el proyecto de historia oral fue precisamente porque acabó cumpliendo su objetivo: los cubanos expresaron los logros y fracasos de la revolución. Sin embargo, Fidel no cesó en su empeño de tener “una historia oral de la Revolución Cubana”, y en 1975 encargó el proyecto a su amigo Gabriel García Márquez. Si Lewis acabó sufriendo la censura del régimen cubano, parece que García Márquez optó por un concepto más estrechamente conectado con la biopolítica: la autocensura. Según la opinión de círculos cercanos al escritor, lo que se mostraba en los testimonios de los cubanos no parecía encajar con lo que el novelista quería que apareciese en el libro.

El rastro de la Revolución cubana (y sobre todo de la Revolución sandinista) se podía seguir en Ecuador a principios de los años ochenta con el surgimiento de la guerrilla ¡Alfaro Vive Carajo! (AVC). Cuando me encontraba en Ecuador trabajando como profesor en una universidad durante el tercer mandato del gobierno de Rafael Correa (2013-2017), decidí ponerme a investigar sobre esta guerrilla, que tenía unas tonalidades bien diferentes que las que desprendía mi tesis doctoral sobre ETA: el nombre de ¡Alfaro Vive Carajo! (AVC) era el fruto de una pintada improvisada en la pared que dejaron en una de sus primeras acciones y que un periodista había interpretado como las siglas de la guerrilla. Las dieciocho entrevistas que realicé a ex militantes de AVC narraban un cuidadoso empleo de la violencia. Precisamente el uso de la violencia había sido un tabú durante mis entrevistas con ex militantes de ETA. El hecho de encontrarme un día de 2019 en una cafetería concurrida del centro de la capital costera de Guayaquil junto a uno de los fundadores de AVC mientras me relataba a viva voz uno de los secuestros que llevó a cabo la organización, da una idea al lector de las diferentes concepciones de la violencia que pueden tener en esta zona del mundo en comparación con la ría de Bilbao.

Entrada 24.4

Lo que pensaba que iba a ser una investigación sobre una guerrilla ecuatoriana cuyas ejecuciones extrajudiciales llevadas a cabo por el gobierno de León Febres Cordero (1984-1988) la habían dejado prácticamente inoperativa desde 1986 (hoy se juzga a parte de los máximos responsables de su represión por delitos de lesa humanidad), se convirtió en una especie de historia oral “tapada” de la Revolución ciudadana (RC) de Ecuador. Buena parte de los ex militantes de AVC compartían su entusiasmo por la llegada de un proyecto político que había traído la constitución mas progresista de la historia del país. Y a su vez, el rápido desencanto que muchos de ellos/as mostraron con el proyecto político de una Revolución ciudadana vertical y burocrática mostraba uno de los grandes dilemas de la región andina: la posibilidad de acometer transformaciones sociales y políticas del Estado sin ser acusado por su misma base social de ser políticamente autoritario y económicamente extractivista.

Para la supervivencia de esa comunidad imaginada llamada nación es mas útil concentrarse en los supuestos procesos de modernización que la colonización trajo consigo a los “territorios salvajes”, antes que impulsar una investigación histórica que podría acarrear ciertos riesgos de “dividir” a esa supuesta comunidad nacional.

Durante la presentación del libro en Quito, hubo una polémica que mi cabeza inocente no supo ver venir. El cartel del evento decía: “Un recorrido por la historia de Alfaro Vive Carajo, desde su nacimiento en 1983 hasta su integración dos décadas mas tarde en el gobierno de la Revolución Ciudadana”. El hecho de que desde la editorial ecuatoriana se eligiera la palabra “integración” (cuando desde el gobierno de Rafael Correa simplemente se impulsó una comisión de la verdad que investigó, solo en parte, las violaciones de derechos humanos cometidas bajo el gobierno de León Febres Cordero) obviamente denotaba toda una declaración de intenciones. Cuando un amigo ecuatoriano me dijo “están usando tu libro para decir que en el gobierno de Correa había terroristas”, no estoy seguro de por qué no me replanteé rehacer el cartel —tal vez simplemente dí rienda suelta a mi tendencia, a veces algo irracional, de plantear conflictos cognitivos que ayuden a sentar las bases del debate.

Entrada 24.3

La diferencia en “tiempo y espacio” del mundo andino respecto del mundo europeo del que yo provenía también implicaba una sorprendente paradoja. En 1991 AVC hizo una simbólica entrega de armas cuando el gobierno del recientemente fallecido Rodrigo Borja les concedió la oportunidad de “morir dignamente” (a esas alturas la guerrilla estaba en la práctica derrotada). Desde esa fecha, hasta la llegada de Rafel Correa al poder en 2007, el movimiento indígena tomo el relevo de la insurgencia, y simbolizó con sus levantamientos el único contrapeso a unas élites neoliberales que se esforzaron una y otra vez en asumir los mandatos de instituciones como el Fondo Monetario Internacional. La tensa (por decirlo suavemente) relación entre el correísmo y el movimiento indígena se saldó con una especie de victoria de los primeros sobre los segundos. Hoy sabemos, a la luz tanto de los gobiernos que le precedieron como los que le sucedieron, que los tres mandatos consecutivos de Rafael Correa en Ecuador han pasado a la historia como uno de los periodos de más estabilidad política y económica del país.

El nombre de ¡Alfaro Vive Carajo! (AVC) era el fruto de una pintada improvisada en la pared que dejaron en una de sus primeras acciones y que un periodista había interpretado como las siglas de la guerrilla

Los dos levantamientos indígenas que tuvieron lugar una vez que el correismo había sido despojado de su poder —2019 y 2022— se produjeron precisamente cuando terminaba mi investigación sobre AVC. La desaparición del leviatán correista (una excepcionalidad hobbesiana que lograba evitar el conflicto constante) me recordaba al documental “Un secreto en la caja” del director Javier Izquierdo, quien literalmente se inventa un escritor ecuatoriano que supuestamente había formado parte del boom latinoamericano y de esa forma logra equiparar la literatura de Ecuador con la de los Vargas Llosa y García Márquez. Mi obsesión durante la segunda década del siglo XXI con ese “leviatán ausente” que había representado el correísmo me llevaba constantemente a preguntarles a las lideresas indígenas que entrevistaba acerca de los famosos “ponchos dorados” que mencionaba Correa cuando recibía críticas por parte del movimiento indígena por sus políticas económicas extractivistas en minería y petróleo. Era la referencia a una élite indígena que se había enriquecido con los sucesivos procesos de modernización que había vivido el Ecuador y que representaba por lo tanto los intereses de una “nueva oligarquía”. Siguiendo el documental de Izquierdo, se trataba de un “secreto en la caja” que no podía destaparse, pues Ecuador necesitaba seguir proyectando una imagen en la que los indígenas representan el mito fundacional de una nación que por otra parte nadie sabe muy bien lo que realmente significa.

Entrada 24.2

Mi nueva investigación con mujeres indígenas evidenciaba un tabú aún mas grande que mis investigaciones previas, en las que el uso de la violencia atravesaba las historias de vida de los militantes ¿De qué forma construían estas mujeres su propia modernidad, en una sociedad como la ecuatoriana que constantemente las relegaba a la condición de salvajes y un estado como el ecuatoriano donde el boom de las commodities había traído consigo una nueva (aunque reducida) clase media indígena? Si el correísmo era tachado de facho por aquellos sectores de la izquierda ecuatoriana que se oponían tanto al extractivismo como a las políticas sociales conservadoras (por ejemplo, la restricción del derecho al aborto), ¿cómo lidian estas mujeres con la cultura patriarcal que existe en sus propias comunidades?  

El movimiento indígena tomo el relevo de la insurgencia, y simbolizó con sus levantamientos el único contrapeso a unas élites neoliberales que se esforzaron una y otra vez en asumir los mandatos de instituciones como el Fondo Monetario Internacional

Mi recogida de testimonios tenía lugar en un contexto en el que “el viejo orden historiográfico” volvía con mas fuerza que nunca. La carta de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en 2019 pidiendo al Reino de España “un reconocimiento de los agravios causados” durante el proceso de colonización sobre lo que hoy es México, hacía resurgir una idea enquistada en todas aquellos países que como España fueron imperios antes que naciones: “el pasado no se puede cambiar”, y por lo tanto, para la supervivencia de esa comunidad imaginada llamada nación es mas útil concentrarse en los supuestos procesos de modernización que la colonización trajo consigo a los “territorios salvajes”, antes que impulsar una investigación histórica que podría acarrear ciertos riesgos de “dividir” a esa supuesta comunidad nacional.

Está por ver de qué forma el relato de la “gran nación” de los países del viejo continente sirve de anestesia a la crisis civilizatoria que anticipan tanto los movimientos geopolíticos como la crisis existencial que parece que está generando en todo el mundo el cambio climático. Sigmund Freud, ese teórico que todos quieren matar pero parece que no acaba de morir, definía las regresiones como un mecanismo de defensa que permite a las personas viajar a estadios previos al presente y de esa forma lidiar con situaciones conflictivas que de otra forma les sería imposible. La antropóloga Blanca Muratorio utilizó en sus investigaciones la historia oral precisamente para explicar cómo una de las claves de las comunidades amazónicas para aguantar las envestidas, primero con la llegada de los europeos y después con los sucesivos procesos de neo colonización que han llevado a cabo los diferentes gobiernos ecuatorianos, fue la de conservar su propio “tiempo histórico”. Curiosamente una de las principales diferencias entre “memoria histórica” y “memoria ancestral” es que la segunda hace referencia explícita a que lo lejano, por muy remoto que pueda parecer, es indisociable del presente.

Sobre este blog
El León dormido... despierta es un blog de temas de historia y memoria especialmente enfocado a la recuperación de la categoría de pueblo en la historia contemporánea del Estado español, su ausencia en la cultura de la democracia y el esbozo de una alternativa a la Gran narrativa de la modernidad española.
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