Andrés Villena: “Las élites españolas están muy cohesionadas”

El economista y sociólogo Andrés Villena presenta el libro ‘Las élites que dominan España, una historia alternativa desde 1939’ (Libros del K.O.).

Andrés Villena (Elche, 1980) acaba de publicar Las élites que dominan España, una historia alternativa desde 1939 en Libros del K.O. Economista y sociólogo, profesor en la Universidad Complutense de Madrid, en este ensayo disecciona las historia de las élites económicas y políticas en España durante el último siglo. A través del libro, Villena nos va describiendo cómo las redes de influencia van modelando la estructura económica y condicionando los consensos políticos desde el final de la guerra civil hasta la actualidad.

*Puedes escuchar el audio completo de la entrevista aquí.

Cuando hablamos de las élites de otros países del sur global, o incluso de las élites económicas en los EE. UU. cuya influencia está presente en cada agenda política, parece algo normalizado y asumido ¿Por qué cuando hablamos de élites en España parece que habláramos de algo más cercano a una teoría de la conspiración antes que a un funcionamiento de un sistema político?

A.V.: Es que parece que hablar de élites es hablar poco menos de los que elaboran el protocolo de los sabios de Sion, reptilianos o de gente que se reúne en la oscuridad para conspirar. Charles Wright Mills dice que en la historia hay muchas conspiraciones, pero la historia no es una conspiración.Los poderosos tienen tanto poder para hacer lo que quieran que no necesitan conspirar. Entonces, creo que la teoría de la conspiración es una especie de teoría mágica que nos quita la responsabilidad de pensar en abstracto.

Un rasgo de las élites es el sincretismo. Hay una idea de que las élites trabajan con una especie de procedimiento secreto, arcano, que solo quienes están dentro conocen y, si no lo conoces, es que no formas parte de la élite.

A.V.: A este tipo de élites, incluidas las políticas de medio nivel, les interesa rodearse de un halo de magia, porque esa sensación de magia es placentera para el lector en la medida en que le hacen una lectura más agradable, más misteriosa, pero le elude la responsabilidad de pensar cómo podríamos objetivar ese comportamiento.

Y a veces los comportamientos son muy burdos. El comportamiento del presidente de los Estados Unidos actual, es difícil rodearlo de un halo de magia; son decisiones que seguro que tienen mucho asesoramiento y horas de reflexión y discusión. También es verdad que la prensa también contribuye a este halo de misterio, probablemente para construir historias que narrativamente son más fácil de consumir.

Los poderosos tienen tanto poder para hacer lo que quieran que no necesitan conspirar

Pero esto nos aleja de saber los mecanismos por los cuales se reclutan las elites , ya sea en los partidos o a través de las oposiciones. Tienen valores parecidos, han estudiado los mismos  cuatrocientos temas de la oposición pensando igual, adquiriendo un grado de intimidad mucho mayor que en cualquier otro grupo. Las pasiones que les aproximan son grandes y los llevan a entenderse muy bien, casi como un mecanismo animal. Aún así, como investigadores, ese halo de magia hay que tomarlo con precaución porque nuestro trabajo es encontrar fuentes para mapear y esquematizar la forma en la que trabajan.

Hay una coletilla que utilizas en varios momentos durante el libro y es que para las élites “España necesita ser periódicamente salvada y rescatada de sus demonios interiores”, que viene a justificar la existencia y la misión de la élite española.

A.V.: Hay varios factores que intervienen ahí. En primer lugar, un capital entendido como una gran bolsa de dinero nacional e internacional que necesita actualizarse y generar plusvalía, para lo que necesita unos empleados de lujo que se llaman élite en el poder o tecnocracia. Este grupo lo componen altos funcionarios o políticos democráticos que se ponen al frente de la maquinaria estatal y a veces en la empresa privada. Pero, en segundo lugar, no es suficiente a largo plazo dominar a la gente sin que ella considere que debe ser dominada de esa forma. En España esta idea de salvación viene de un replanteamiento de la idea regeneracionista de Joaquín Costa, que hablaba de un cirujano de hierro para darle la oportunidad de regenerarse. Está presente esta idea de que España se tiene que rehacer porque sino va a entrar en otra guerra cainita. Nos hemos inventado y heredado un mecanismo de control bastante interesante.

En 1939 Franco poco menos que decía haber salvado España de los rojos y la Antiespaña. Posteriormente, en el desarrollismo, los tecnócratas vinieron a salvar a España con su golpe de timón. Pero lo interesante fue que, en 1977, cuando existía la oportunidad de hacer algo diferente gracias a la presión obrera, feminista y sindical, llegaron una serie de planes de austeridad en forma de Pactos de la Moncloa para frenar la desestabilización.

El libro empieza en 1939, precisamente en un momento en el que la dictadura y la clase financiera golpista se apodera de buena parte de las propiedades y patrimonios de la clase económica y el pueblo republicano.  ¿Una parte del IBEX 35 hunde sus raíces en el 39?

A.V.: Para entender este proceso recomiendo mucho el libro de Antonio Maestre Franquismo S.A. Por ejemplo, cuenta cómo el Conde de Fenosa montó lo que después será su empresa multinacional a partir de hacerse con los terrenos de un rival empresario republicano que, al iniciarse la guerra, había tomado partido por la legalidad. Lo que en su día fue Fenosa hoy forma parte de Naturgy, que es una de las insignias de lo que podríamos llamar la “marca España”.

Esto ocurre en ocho o diez grandes empresas del IBEX 35, pero no podemos ignorar que con el paso de las décadas el enriquecimiento del IBEX 35 se ha debido también a otras grandes desamortizaciones de activos públicos que han sido muy rentables. Yo no critico la privatización de una serie de elementos de la industria que en su momento ya no eran rentables. Empresas que podrían ser integradas en empresas mayores y generar rentabilidad a través de economías de escala.Pero, cuando se vendieron empresas públicas como Endesa o Telefónica, se estaban vendiendo las joyas de la corona, que perfectamente podrían haber permanecido en manos públicas.

Se trata de un origen matizado. Entre las empresas del Ibex 35 existentes en 1939 se produce una redistribución de riqueza hacia arriba como premio por participar en la guerra civil. Se trata de un criterio no económico sino político e ideológico, de favorecer a capitales de empresas que, por otro lado, van a ser los que van a estar impulsando una rápida industrialización en la década de los cuarenta y cincuenta, y que con el Plan de estabilización de 1959 serán protegidos por el Estado para que los capitales extranjeros no los compren

Está presente esta idea de que España se tiene que rehacer porque sino va a entrar en otra guerra cainita. Nos hemos inventado y heredado un mecanismo de control bastante interesante.

Hablas del plan de estabilización de 1959 como del nacimiento de un nuevo sentido común.

A.V.: Aquí hay dos elementos. Conforme iba profundizando en la investigación, me daba cuenta de las dimensiones de la presencia de un elemento extranjero como EE. UU. en nuestro país. Hay un elemento extranjero que empieza con Truman en 1948, el cual, partiendo de un rechazo claro del régimen franquista al que impide entrar en la ONU, se va modificando con el inicio de la guerra fría y la guerra de Corea. Los norteamericanos empiezan a entender que España es un bastión anticomunista. Y de manera gratuita. No hay que hacer Plan Marshall y es una base geopolítica básica. Después llegaron los pactos del 53 y la llegada de capitales extranjeros. Lo que pasó al final de la década es que los americanos empezaron a inquietarse porque, después de toda la financiación y préstamo de divisas, se había creado una España que no era capaz de generar divisas por la venta de productos agrícola para comprar insumos y materias primas, por lo que existía un riesgo de no devolución de esos prestamos. Entonces, empieza la presión a través de telegramas, reuniones y delegados del FMI en los que se conmina a arreglar las finanzas públicas. De ahí surge el Plan de Estabilización, que no es una sola ley, sino un conjunto de muchas medidas y decretos. Sin embargo, esto se ha contado como un momento en el que una serie de economistas iluminados arreglaron las finanzas públicas. Esto ocurrió porque había gente cada vez más cualificada, con más conocimiento del extranjero, que iba viendo que la situación de España no funcionaba.

Pero hay otro elemento. Y es que el franquismo había ganado la guerra y ahora había que ganar la paz. Entonces, se trataba de generar un nuevo sentido común. ¿Cómo se hace eso? Tratando de generar una legitimidad de resultado, empleo, crecimiento económico y una especie de redistribución indirecta de la riqueza a través del crecimiento. Y ahí llega el modo de proceder desarrollista. Abramos el país al turismo, pongámosle una sonrisa. Aquí entra toda la propaganda que hizo Fraga sobre los Veinticinco años de paz. Ingresan divisas y exportamos -y ese es el gran truco -tres millones de desempleados al extranjero. Se mantiene a las mujeres dentro del hogar, por lo que la tasa de desempleo no presiona al alza. Se ponen en marcha una serie de medidas para ajustar la inflación, se limita el gasto público para, en definitiva, también crear una seguridad jurídica y económica con el fin de que entren las grandes corporaciones americanas como la General Motors, la General Electric, que encuentran en España una mano de obra baratísima.

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Te refieres a los ministerios de Boyer y Solchaga como los ministerios de desindustrialización.

A.V.: Es que aplicaron un manual que no admitía contestación. El mundo se estaba abriendo y estas industrias eran menos competitivas. En cierto modo tenían razón, porque el franquismo era una fábrica de paro envasado. Durante la transición volvieron a España millones de emigrantes porque querían vivir en su país y los gobiernos de Suárez y González se tuvieron que enfrentar a una serie de medidas anti-inflación que no habían querido aplicar los franquistas del final porque se les desmoronaba el régimen.

Imagínate cortar la subida del salario nominal a los sindicalistas que en los setenta estaban en la calle y que durante los años de la transición habían acumulado miles de horas de huelga. Al final, paradójicamente, las medidas duras las tomaron los gobiernos democráticos con suficiente mayoría parlamentaria. Eso es la leche, porque da una lección amarga de que la democracia puede ser más cruel que una dictadura débil, y que la libertad de expresión en algún momento puede ser incluso menor. Ello da una  serie de lecciones sobre el poder que te deprimen o te hacen más pesimista, o, a lo mejor, más realista.

Luego hay otro elemento que fue la reconversión industrial que, en cierto modo, fue una reconversión financiera. La banca estaba teniendo pérdidas en la industria, quería salir y no estaba demasiado fortalecida por todos los problemas que estaba teniendo. Fue una manera de sanear, de permitirles invertir en otro tipo de sectores y generar plusvalías porque compraban deuda pública estatal y porque todavía tenían una gran influencia en el Banco de España y en la economía general. No fueron solo medidas macro estándar, sino que beneficiaron a un estamento empresarial que se había fundado en la forma de sentido común que habían aprendido esos ministros, que derivaban del aparato industrial tardo franquista, no por franquistas, sino porque se tenían que formar en algún sitio.

Esto me lleva a la idea de la conformación de una élite que, si bien no siempre está de acuerdo en todo, sí que está de acuerdo en las cosas fundamentales. Y, como parte de esa serie de acuerdos tácitos, de lugares de socialización, en el libro hablas de La Dehesilla como uno de esos núcleos.

A.V.:La Dehesilla era una cacería ilustrada al estilo de las cacerías de Franco, que siempre era el que cazaba más a pesar de no parecer la persona más avezada para hacerlo. Pero también eran lugares para hacer negocios a corto y largo plazo. Eran lugares donde las élites llegaban a acuerdos en espacios seguros. Esa convergencia de valores y de puntos de vista les hace llegar a comuniones más fácilmente que en otros lugares. Se dan situaciones en las que, incluso perteneciendo a frentes empresariales enfrentados, se ponen de acuerdo con asombrosa facilidad.

La democracia puede ser más cruel que una dictadura débil, y que la libertad de expresión en algún momento puede ser incluso menor. Ello da una  serie de lecciones sobre el poder que te deprimen o te hacen más pesimista, o, a lo mejor, más realista.

La Dehesilla era eso, pero de manera más fina. Ilustrada con una inteligencia antifranquista, que iba de lo moderado hasta personas que, como Miguel Boyer, habían pasado hasta un año en la cárcel; gente que tenía credenciales comunistas, socialistas, liberales, incluso trotskistas y maoístas… y que se reunían para ver qué había que hacer con España cuando cayera el tirano. Por eso es un lugar clave.

Por aquel entonces  Boyer y Solchaga ya eran empleados públicos del Banco de España. También Mariano Rubio, aunque había tenido que pasar un año en la OCDE en una especie de exilio permitido por el régimen, después de haber pasado también por la cárcel. Ese pedigrí antifranquista les permitía formar parte de organismos muy potentes, después totalmente desligados del pasado, pero sus lugares de formación fueron la administración pública franquista.

Lo que ocurre es que esa materia gris en los ochenta y los noventa se acabó asociando a las familias más afines al régimen que querían combatir. Hasta en más de una ocasión acabaron formando uniones matrimoniales con empresarios a quienes, en principio, habían combatido, en un movimiento de absorción total del propio sistema.

¿Cuál es el papel que juega la Corona y en particular Juan Carlos I en este bussiness as usual?

A.V.: A mi juicio, Juan Carlos I es la corona de la clase dominante. Viendo los mecanismos de financiación de su riqueza actual, era un hombre sin una fortuna propia previa que infló su patrimonio mediante una serie de maniobras petroleras que han quedado reflejadas en varios ensayos, en particular, el trabajo de Rebeca Quintana en La fortuna del Rey o los ensayos de José García Abad.

El Rey ha sido el gran mediador de la élite española y de sus relaciones con otras élites. Fue proveedor de materias primas, como el petróleo que España necesitaba para seguir desarrollando su sociedad de consumo. Su papel en el 23F, pese a que esta última regularización de documentos parece que refuerza la versión oficial, no queda suficientemente aclarado. A mi juicio, tiene un papel muy claro en el golpe de timón, en esa especie de gobierno de concentración nacional. Es un gran mediador y legitimador del nuevo funcionamiento de las cosas en democracia. Se acercó más a los socialistas que a los conservadores porque, con buen olfato político, estaba viendo que la mayoría social iba a ir por ahí

Tengo que decir que empecé estos estudios sobre élites pensando que era un mero símbolo constitucional, que a nadie le importaba y que servía para culminar la hegemonía. Y, sin embargo, he ido viendo que ha sido un gran diplomático y empresario. Con maniobras de todo tipo, incluso movimientos oscuros en este sistema de la élite. A día de hoy, creo que sigue teniendo un papel para mediar... y un gran afán de revancha contra lo que ha vivido. Y creo que debe de tener bastante conexión con los mensajes que se hacen contra el actual gobierno. Algo me dice que esa conexión la vamos a acabar conociendo.

Juan Carlos I y Felipe González
La Expo 92 y los juegos olímpicos de Barcelona fueron la apoteosis de ese "juancarlismo" y de la España "moderna" de los socialistas. Foto del Archivo de Felipe González.

Con Aznar llegaron los tiempos de las grandes privatizaciones que se habían empezado durante los últimos años de los gobiernos de González…

A.V.: Sí, se venía un periodo en el que el PSOE había privatizado más de lo que privatizó el Partido Popular. Lo que pasa es que es verdad que cada empresa privatizada era diferente a la anterior y había muchos motivos, como reducir el déficit público y la deuda pública y crear un espacio de gasto público o generar ingresos para gastar en otras cosas.

Es cierto que los criterios del Partido Socialista pudieron venir influidos por los vientos de cambio neoliberales, pero muchas veces respondían a acciones no sé si improvisadas, pero no formaban parte de un plan. A diferencia de eso, está comprobado en documentos de la Fundación FAES que el Partido Popular ya quería imitar el proceso de Margaret Thatcher en 1993. Cuando estudiamos las redes de los privatizadores, te das cuenta de que el plan ya está ahí desde mucho antes. A diferencia de las privatizaciones socialistas –que eran tecnócratas de la administración–, los tecnócratas del PP venían de la Bolsa y su objetivo era conseguir el máximo capital con las ventas. Manuel Pizarro, Francisco González y compañía son esos altos funcionarios o yupis bursátiles que colocaron los paquetes de la Bolsa lo más caro o lo más rápido posible. Pero, en lugar de retirarse en el momento en el que habían vendido y permitir que el mecanismo del libre mercado diese lugar a nuevos dirigentes extraídos con un criterio de mejor competencia, se quedaron ahí y reformaron el reglamento del Consejo de Administración para perpetuarse ellos.

Si pudiéramos acceder a los miembros de la verdadera élite económica y a cómo viven, posiblemente no tendrían nada que demostrar

Lo estaban montando bien los del PP porque habían logrado hacer de la privatización una política de capitalismo de Estado, controlado por un partido que aspiraba a quedarse, pero le falló a última hora la comunicación y ahí se dieron cuenta. Se pudo ver que había un combate entre élites, que la élite mediática no era enteramente de derechas y que, por otro lado, España no era enteramente Madrid, pese a la madrileñización del aparato económico. Las élites conservadoras se sorprendieron viendo que España era plural y diversa. Pese a que controlaban el panorama mediático y habían creado una clase dominante afín, se encontraron con una sorpresa en las urnas, no enteramente atribuible a lo que ocurrió tras los atentados del 11-M.

Zapatero también intentó atraer empresarios en torno a su proyecto con dispares resultados…

A.V.: El credo económico de Zapatero no estaba definido, era un político casi provincial – sin querer decirlo con un tono despectivo –, que había ascendido rápido gracias al apoyo de Carlos Solchaga, del que fue adjunto en el Parlamento. Pero Zapatero llegó al poder demasiado pronto para lo que a él le hubiera convenido y se rodeó de una serie de asesores económicos como Miguel Sebastián o Jordi Sevilla, que suplían sus lagunas en este campo. Para estos asesores, el socialismo y la socialdemocracia no debían de incrementar demasiado el gasto público y eso significaba lo que significaba. Pero tampoco están totalmente alineados con la ortodoxia europea de Alemania.

Por otra parte, se dio cuenta de que tenía que intentar recuperar el aparato público privatizado, no para nacionalizarlo, sino para congraciarse con esa nueva élite empresarial. No lo consiguió porque el plan del Partido Popular era solido y su principal hito fue conseguir colocar a Javier de Paz en Telefónica. Es un movimiento clave del que queda excluido Carlos Solchaga, que desde entonces ya elimina sus simpatías con el zapaterismo, pero que, a mí juicio, era un puente que debía de haber mantenido estratégicamente.

Fracasa con la conquista del aparato económico, pero triunfa con la industria publicista y editorial catalana, que son muy potentes. Se forja una suerte de alianza con el grupo Globomedia, el grupo Mediapro que, que acaba creando el Diario Público y, sobre todo, La Sexta. El diario Público luego salió como salió, pero fue un intento de crear una especie de competencia ideológica y editorial al diario El País.

Uno de los efectos intencionales o no intencionales de los fondos Next Generation ha sido la llegada de nuevas elites globales a la capital ¿Cómo es el aterrizaje de estas élites globales en una ciudad con unas élites tan asentadas?

A.V.: Ten en cuenta que, si la tasa de crecimiento del PBI que tenemos es alta, es muy probable que en algunos sectores la rentabilidad estimada para una inversión sea todavía mayor. A lo cual hay que sumar que parte de esa élite global viene a España porque tienen la sensación de tener menos seguridad jurídica en su país de origen. Cosa que es discutible en países como México, que al tiempo que hace reformas sociales ofrece una tasa de rentabilidad como consecuencia del crecimiento, que es incluso superior a la España.

Pero bueno, deciden venir aquí. Eso determina no sé si un choque, una convivencia que cambia el hábitat porque llegan unas élites que no están apegadas al territorio, que a lo mejor llegan aquí por un criterio de rentabilidad y a lo mejor no miran por el entorno de la misma manera que van a mirar por las élites nacionales.

Eso tiene mucho que ver también con el choque o la ruptura neoliberal desde que Milton Friedman en los ochenta planteó que los empresarios tenían que mirar por las cuentas y valores de sus acciones y no tanto por el territorio en el que operaban, por los sindicatos o por el bienestar de sus trabajadores. Pero claro, si tú acudes a un país por la rentabilidad, tu relación con el país no va a ser la misma que la de los que lo viven dentro de una comunidad como las élites locales. Creo que ese choque se está produciendo a nivel urbano, y que afecta incluso a las familias de rentas altas que se tienen que ir de zonas del barrio de Salamanca, que están siendo compradas por fortunas antes venezolanas y ahora mexicanas, al mismo tiempo que proliferan locales de ocio que son los locales que las élites extranjeras construyen a imitación de su ocio nacional. Lo hacen porque conocen ese modelo de extracción de rentabilidad, y porque también son el tipo de sitios en los que quieren estar. Se está produciendo un cambio en la economía política de ciudades como Madrid, en donde los cambios están ocurriendo mucho más rápido de lo que parece.

¿Madrid debería ser un Distrito Federal?

Es una pregunta que se va a ir respondiendo en los próximos años. Ya hay teorías que hablan de que Madrid debería de ser algo parecido a un great London que llegara de Guadalajara a Segovia. Sostienen que puede ser un vector de creación de progreso y riqueza. Ya Aznar con Álvarez Cascos como ministro de Fomento quería crear un Madrid y una España cuyos puntos mas importantes se definieran como ciudades a dos horas en tren de la capital. Desde el año 2000, el Partido Popular tiene un proyecto muy definido para Madrid y se orienta a eso por razones a lo mejor exclusivamente electorales o por razones ideológicas y, a lo mejor, por las relaciones que están estableciendo con élites internacionales.

Si tú acudes a un país por la rentabilidad, tu relación con el país no va a ser la misma que la de los que lo viven dentro de una comunidad como las élites locales

Creo que hay un proyecto en ese sentido, que desde el punto de vista ecológico puede ser letal, pero, desde el punto de vista nacional, también. No sólo por los independentistas catalanes, sino por los independentistas madrileños, que manejan la idea de que Madrid es España dentro de España, y que, si todo lo que está a dos horas de Madrid, mejor, porque eso es la playa de Madrid.

¿En qué se diferencia un pijo de Madrid de un miembro de la élite de este país?

Es una pregunta sociológica muy valiosa. Yo veo a un pijo como un elemento performativo, con elementos culturales de capital social heredados que quiere pertenecer a un grupo al cual no necesariamente pertenece. Si pudiéramos acceder a los miembros de la verdadera élite económica y a cómo viven, posiblemente no tendrían nada que demostrar. Entonces, esa sobreactuación, esa ostentación de la marca para las élites de toda la vida, resulta algo un poco aberrante, sonrojante y vergonzoso.

Sobre este blog
El León dormido... despierta es un blog de temas de historia y memoria especialmente enfocado a la recuperación de la categoría de pueblo en la historia contemporánea del Estado español, su ausencia en la cultura de la democracia y el esbozo de una alternativa a la Gran narrativa de la modernidad española.
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