Opinión
Por las que irán y por las que no
Más de cien convocatorias llenarán las calles de todo el Estado este 8 de marzo de 2026. Decenas de miles de feministas saldrán a las calles con el mensaje claro: las mujeres somos la fuerza clave para hacer frente al avance del fascismo. Nosotras formamos parte de ese impulso colectivo que año a año sale para lanzar un grito: no vamos a dejar que se retroceda ni un paso en nuestros derechos.
Caminaremos juntas pero teniendo claro que, como dicen las consignas, no estamos todas. Nos parece indispensable poner el foco sobre las mujeres que por distintas razones no asistirán este próximo domingo a ninguna de las manifestaciones convocadas por distintas razones: las psiquiatrizadas, las encarceladas, las atravesadas por la ley de extranjería a las que poner el cuerpo y hacerse visible supone una gran exposición a la violencia institucional, las que no pueden parar de cuidar ni siquiera un rato y las que seguirán trabajando mientras las demás marchamos.
También las mujeres sin hogar, las que viven en las periferias sin acceso apenas a servicios de transporte, las que trabajan en sectores en el que la explotación laboral es constante, así como las que por alguna cuestión u otra se sienten expulsadas del propio movimiento: racializadas, trans, trabajadoras sexuales, mujeres con diversidad funcional, gordas. A todas las que no siempre han encontrado un lugar seguro bajo las pancartas.
Es imprescindible recordar que tampoco caminarán con nosotras las 1.352 mujeres y las 62 niñas y niños asesinadas por violencia machista, desde que se tienen datos, en el Estado español. En lo que llevamos de 2026 han sido asesinadas un total de 12 víctimas.
Queremos que nuestro mensaje este año sea claro y amplio. Sin excepciones. Sin jerarquías. Sin fronteras impuestas desde el miedo o el privilegio
Queremos que nuestro mensaje este año sea claro y amplio. Sin excepciones. Sin jerarquías. Sin fronteras impuestas desde el miedo o el privilegio. Frente a los intentos de fragmentar, de enfrentar y de instrumentalizar el feminismo para recortar derechos, reafirmamos que no hay igualdad sin todas, no hay justicia si se deja a alguien atrás.
Este 8M salimos a la calle —y también a los espacios de conversación pública— para seguir señalando que las violencias machistas, y muy especialmente la violencia sexual, no son hechos aislados ni debates coyunturales, sino expresiones de una estructura que atraviesa cuerpos, territorios y biografías. Nombrarlas, analizarlas y contarlas con rigor es una tarea política. Poniendo el foco también sobre la violencia digital que sufrimos las mujeres prácticamente a diario.
No hay feminismo posible si se tolera la xenofobia. No hay igualdad real si se mira hacia otro lado ante el racismo estructural. Y no hay movimiento transformador si se construye dejando fuera a las mujeres migrantes y racializadas, que sostienen la vida en condiciones de precariedad, violencia institucional y desprotección, y que llevan demasiado tiempo siendo convocadas sólo de manera simbólica.
El auge de los discursos de odio no es una amenaza abstracta: tiene consecuencias materiales sobre los cuerpos de las mujeres
El auge de los discursos de odio no es una amenaza abstracta: tiene consecuencias materiales sobre los cuerpos de las mujeres, especialmente sobre aquellas a las que el sistema ya sitúa en los márgenes. Por eso creemos que hoy más que nunca el feminismo debe ser explícitamente antifascista, antirracista y solidario. No como etiquetas, sino como prácticas políticas concretas.
Por eso reivindicamos, una vez más, el valor del periodismo feminista: el que incomoda, el que contextualiza, el que escucha y acompaña a las supervivientes y huye del sensacionalismo; el que no simplifica lo complejo ni se pliega a las lógicas del ruido. En tiempos de polarización y desinformación, contar bien es también una forma de cuidar. También queremos dejar claro nuestro compromiso como periodistas de no dejar a nadie atrás, como venimos haciendo desde el inicio de este proyecto.
El domingo estaremos donde toca estar: en las calles, acompañando, observando, preguntando y narrando. Con la certeza de que el feminismo sigue en el lado correcto de la historia, como una herramienta viva para transformar el mundo, siempre que no olvide a quién debe servir.
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