La advertencia del IPBES a las empresas: contribuir a un planeta sostenible o arriesgarse a desaparecer

150 países aprueban el primer gran informe sobre Economía y biodiversidad de la plataforma intergubernamental ligada a la ONU. El texto alerta de que el crecimiento perpetuo pone en “riesgo crítico” tanto a la economía como a la naturaleza y remarca que las empresas deben ser clave en conservar y recuperar la biodiversidad.
La mayoría de las minas de litios son propiedades chinas o tienes altos porcentajes accionariales del gigante asiático.
Francesco Torri Minería en el conocido como 'Triángulo de litio', entre Argentina, Bolivia y Chile.

Coordinador de Clima y Medio Ambiente en El Salto. @pablorcebo.bsky.social, pablo.rivas@elsaltodiario.com

9 feb 2026 17:09

Han sido tres años de trabajo por parte de 79 personas de 35 países expertas en el ámbito de la ciencia y el sector privado, un equipo que ha conseguido que los representantes de 150 países en la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) aprueben el texto. Se trata del primer informe sobre El impacto y la dependencia de las empresas respecto a la diversidad biológica y las contribuciones de la naturaleza a las personas, más conocido como ‘Informe sobre empresas y biodiversidad’, que se publica este lunes y viene con una advertencia y toda una batería de propuestas.

“Las empresas y otros agentes clave pueden optar por liderar el camino hacia una economía mundial más sostenible o, en última instancia, arriesgarse a la desaparición… tanto de especies de la naturaleza como, potencialmente, de la suya propia”. Así de tajante es Matt Jones, uno de los tres copresidentes del informe de evaluación realizado por este organismo intergubernamental ligado al Programa para el Medio Ambiente de las Naciones Unidas y cuyo fin es la evaluación de la biodiversidad, los ecosistemas y los servicios que estos ofrecen a la sociedad humana.

El crecimiento de la economía mundial “plantea un riesgo isotérmico crítico y generalizado para la economía, la estabilidad financiera y el bienestar de los seres humanos”, señala el informe

Partiendo de la base de que todas las compañías dependen, directa o indirectamente, de la biodiversidad y los ecosistemas —, y de que todas ellas, sin excepción, ejercen una influencia sobre estos, el informe concluye que las empresas “son fundamentales para detener e invertir la pérdida de biodiversidad, pero muchas carecen a menudo de información para abordar sus efectos y dependencias, así como sobre los riesgos y oportunidades relacionados con la biodiversidad y las contribuciones de la naturaleza a las personas”.

Un desarrollo llevado a cabo a costa de planeta

El crecimiento de la economía mundial ha sido descomunal tras el desarrollo de la revolución industrial. Ha pasado de 1.180 billones de dólares a 130.110 billones entre los años 1820 y 2022 (a precios constantes de 2011). Semejante incremento no ha sido inocuo: se ha producido a costa de destruir los ecosistemas del planeta a un ritmo sin precedentes en la historia humana. Y lo ha hecho a unos niveles que ahora “plantea un riesgo isotérmico crítico y generalizado para la economía, la estabilidad financiera y el bienestar de los seres humanos”, según el equipo investigador.

El documento sostiene que el declive de los ecosistemas se debe “a los incentivos empresariales de siempre”. Un ejemplo es cómo los flujos financieros públicos y privados globales con impactos directamente negativos sobre la naturaleza son muy superiores a los que contribuyen a la conservación y restauración de la misma. Mientras que los primeros fueron 7,3 billones de dólares solo en 2023, –4,9 billones de dólares en inversión privada y 2,4 en gasto público– los segundos se redujeron el mismo año a 220.000 millones, una cifra 34 veces inferior. 

“No es inevitable seguir como hasta ahora: con las políticas adecuadas y cambios financieros y culturales, lo que es conveniente para la naturaleza es también lo mejor para la rentabilidad”, apunta Stephen Polasky

Las conclusiones del trabajo indican que las condiciones actuales en las que operan las empresas no son siempre compatibles con la consecución de un futuro justo y sostenible, y que estas condiciones también perpetúan riesgos sistemáticos. “Las empresas se enfrentan con frecuencia a incentivos inadecuados o perversos, a obstáculos que dificultan los esfuerzos por revertir el declive de la naturaleza, a un entorno institucional con apoyo, aplicación y cumplimiento insuficientes, así como a importantes deficiencias en los datos y los conocimientos”, señalan.

A ello, se suman modelos empresariales que se traducen en un consumo cada vez mayor de materiales y un énfasis en la presentación de informes de beneficios trimestrales que derivan en una mayor degradación de la biodiversidad y los ecosistemas en todo el planeta.

Una relación empresa-biodiversidad diferente es posible

A pesar de las cifras, el trabajo sostiene que “es posible y necesario un cambio fundamental para crear un entorno propicio que permita armonizar la rentabilidad de las empresas con lo que es beneficioso para la biodiversidad y las personas”.

El profesor Stephen Polasky, copresidente de la Evaluación, señala que “la realidad distorsionada es que suele parecer que a las empresas les resulta más rentable degradar la biodiversidad que protegerla”. “El informe demuestra que no es inevitable seguir como hasta ahora: con las políticas adecuadas y cambios financieros y culturales, lo que es conveniente para la naturaleza es también lo mejor para la rentabilidad”, apunta. Y para conseguirlo, el documento, aprobado por los representantes gubernamentales en la 12ª sesión plenaria de la IPBES celebrada en Mánchester (Reino Unido), ofrece herramientas para elegir mediciones y análisis más eficaces.

“Todas las empresas dependen de la naturaleza, por lo que las acciones que la conservan y utilizan de forma sostenible también pueden ser las que ayuden a las empresas a prosperar a largo plazo”, sostiene Polanski

Menos del 1% de las empresas que presentan informes públicos sobre su actividad mencionan sus efectos sobre la biodiversidad. “Con demasiada frecuencia, las empresas dedican más tiempo a intentar descifrar marcos complejos y contrapuestos de cumplimiento y presentación de informes que a adoptar medidas significativas”, señala Polanski. Al respecto, una encuesta reciente entre instituciones financieras que representan el 30% del valor de capitalización del mercado mundial reveló recientemente que los obstáculos más citados para una mayor incorporación de la evaluación y gestión de riesgos relacionados con la naturaleza son el acceso a datos y A modelos fiables, así como a escenarios reales.

Para paliar esta situación, el documento recoge más de un centenar de medidas concretas dirigidas tanto a gobiernos como a actores financieros y a la sociedad civil de cara a crear un entorno propicio para que las empresas reviertan su efecto destructor actual sobre el planeta. Se trata de iniciativas que modifican tanto marcos políticos, jurídicos y normativos como sistemas económicos y financieros o valores sociales.

“Tenemos que ir más allá de la falacia de una elección dual entre gobiernos y responsables de las políticas a favor del medio ambiente o a favor de las empresas. Todas las empresas dependen de la naturaleza, por lo que las acciones que la conservan y utilizan de forma sostenible también pueden ser las que ayuden a las empresas a prosperar a largo plazo”, sostiene Polanski.

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