La raíz que nos sostiene: por qué los huertos de Torrelodones no son solo tierra

Tras más de una década de trabajo colectivo, comunidad y soberanía alimentaria en torno a los huertos, el Ayuntamiento de Torrelodones (PP+VOX) se replantea quitarlos o trasladarlos para “repensar” el uso que se le da a este terreno público
Los huertos de Torrelodones no son solo tierra
Por qué los huertos de Torrelodones no son solo tierra
Economistas sin Fronteras
12 may 2026 19:55 | Actualizado: 13 may 2026 16:03

A veces, la vida se mide en gotas. Yo mido la mía, cada mañana, por el ritmo del goteo que recorre mis surcos en el huerto urbano de Torrelodones. Mi objetivo, ahora que los años pesan y las piernas a veces dudan, es conseguir que mi pedazo de tierra sea autónomo. Sueño con una línea de goteo tan perfecta que me permita ausentarme un par de días sin el temor de que, al volver, la vida que he visto brotar se haya marchitado. Pero hoy, lo que amenaza con marchitarse no es mi cosecha por falta de agua, sino el espacio mismo que nos da la vida a quienes ya hemos entregado gran parte de la nuestra.

Llegué a estos huertos, como tantos otros vecinos, cuando esto no era más que una escombrera. No olvido el color gris del cascajo ni la dureza de un suelo que parecía rechazar cualquier intento de fertilidad. Sin embargo, con paciencia de jubilado y manos que no temen al barro, fuimos transformando el olvido en alimento. Cavamos, quitamos piedras, aportamos mantillo. Año tras año, la tierra nos devolvía el esfuerzo volviéndose más fértil, más oscura, más viva. Es una especie de compost natural, una regeneración que no solo ocurre en el suelo, sino en nosotros mismos.

Para alguien de mi edad, el huerto es mucho más que un lugar donde recoger tomates ecológicos. Es el equipamiento público que nos cuida. En una sociedad que a menudo nos arrincona en el salón de casa frente a una pantalla, el huerto es el lugar que nos obliga a salir, a estar en comunidad, a sentirnos útiles. Allí el tiempo no corre, se cultiva. Hablamos de las semillas, de los plantones que preferiríamos comprar a los compañeros que se dejan la piel allí mismo antes que en un mercadillo lejano. Intercambiamos conocimiento, ese saber antiguo que no está en los libros y que se transmite de vecino a vecino, mientras compartimos el orgullo por una planta que crece sana, sin química, siguiendo el ritmo que la naturaleza dicte.

Sin embargo, últimamente, un aire de desánimo recorre los pasillos de nuestro huerto. Ese orgullo que antes brillaba en los ojos de los hortelanos parece apagarse. El Ayuntamiento de Torrelodones ha puesto una fecha de caducidad en el horizonte: diciembre. Dicen que hay quejas, pero yo no he visto a nadie a quien le moleste el verde o el silencio de nuestro trabajo. Dicen que quieren movernos, pero cambiar de lugar un huerto consolidado no es como mover un banco de un parque.

Movernos es sentenciarnos. Para quienes tenemos una salud delicada y la movilidad limitada, la ubicación actual es nuestra única garantía de acceso. Si nos mandan lejos, a un terreno baldío y pedregoso donde haya que empezar de cero a cavar y a limpiar, simplemente no podremos ir. No nos están ofreciendo una alternativa; nos están quitando la autonomía. Nos están pidiendo que, a nuestra edad, volvamos a domesticar una escombrera cuando ya hemos hecho el trabajo de una década para dejar un suelo rico para el pueblo.

Me pregunto qué intereses ocultos habitan tras este silencio administrativo. ¿Por qué ya no se limpian los pasillos como antes? ¿Por qué se nos ignora mientras se habla de “recalificaciones”? Parece que el cuidado a la tercera edad se entiende solo como una partida presupuestaria o una promesa electoral, y no como el mantenimiento de los espacios que nos mantienen activos y vinculados a la vecindad.

Si mañana nos quitan los huertos, mi vida empeorará de forma inmediata. Perderé el trato diario, el intercambio de plantones, el consejo del vecino de la parcela de al lado. Perderé esa “medicina” que no se compra en la farmacia y que consiste en ver cómo algo que tú has plantado vence a la gravedad y busca el sol de Torrelodones.

Los huertos urbanos son un modelo de pueblo moderno, avanzado y humano. Son la prueba de que se puede construir comunidad desde el respeto a la tierra y a los mayores. Por eso, pido que nos dejen donde estamos. Que no rompan la raíz que nos sostiene. Porque cuidar la tierra es, al fin y al cabo, la mejor manera que tiene este municipio de cuidarnos a nosotros. No nos cierren la puerta a la vida activa; déjennos seguir cuidando nuestro goteo, que es también el goteo de nuestra propia dignidad.


Marcial Alonso, de 75 años, es usuario de los huertos urbanos de Torrelodones desde sus inicios, hace ya más de 13 años. Alberto Alonso, su hijo, le apoya redactando en conjunto este texto tras varias conversaciones juntos.

Sobre este blog
Economistas sin Fronteras Somos una Organización no Gubernamental de Desarrollo (ONGD), fundada en 1997 por un grupo de profesores y catedráticos universitarios, activamente comprometidos y preocupados por la desigualdad y la pobreza. Nuestro objetivo principal es contribuir a generar cambios en las estructuras económicas y sociales que permitan que sean justas y solidarias.
Ver listado completo
Cargando valoraciones...
Comentar
Informar de un error
Es necesario tener cuenta y acceder a ella para poder hacer envíos. Regístrate. Entra en tu cuenta.
Cargando...
Sobre este blog
Economistas sin Fronteras Somos una Organización no Gubernamental de Desarrollo (ONGD), fundada en 1997 por un grupo de profesores y catedráticos universitarios, activamente comprometidos y preocupados por la desigualdad y la pobreza. Nuestro objetivo principal es contribuir a generar cambios en las estructuras económicas y sociales que permitan que sean justas y solidarias.
Ver listado completo
Cargando...
Comentarios

Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.

Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!

Cargando comentarios...