El decorado de la paz se desmorona

Colombia ha vivido unos años en los que los decoradores de la paz –expertos en dramaturgia democrática- han levantado una escenografía tan débil que ahora se desmorona ante los vientos uribistas.

Firma acuerdo de paz en Colombia

publicado
2018-10-05 18:15:00

Todos quisimos creerlo. Mejor expresado: todos necesitábamos creer que lo imperfecto era lo posible y que lo posible se haría realidad en medio de dificultades. Todos y todas pensamos que los procesos de paz que caminaban en Colombia tenían sentido, no para hacer la revolución siempre pendiente sino para sacar la violencia armada de la política, para desestigmatizar a los movimientos de base y para comenzar una larga y dura lucha en el terreno de lo político-institucional (aunque ese escenario sea un decorado vacío de contenido, una ficción consensual que permite la ficción democrática en el feudo colonial).

Apostamos, muchos, al posibilismo. Confiamos en empujar un poquito la Constitución de 1991 y sus derechos de ficción, habilitar espacios de debate y participación que no estuvieran mediados por la muerte, proponer las otras-muchas-colombias-posibles sin el temor inminente del tiro en la nuca. Los que llevaban más heridas a cuestas sabían que era casi imposible. Los fantasmas del genocidio de la Unión Patriótica, de la desmovilización del M-19, de los cientos de acuerdos incumplidos por el Estado tras las duras batallas libradas por los pueblos indígenas… Todas esas heridas recordaban que se pactaba y se daba un margen de confianza a quien nunca había hecho nada para merecerlo.

Pero aún así, quisimos creerlo e incluso algunos de los líderes y lideresas más curtidos le apostaron (y le apuestan) a la paz (sea lo que sea lo que signifique) porque la degradada guerra civil de la Colombia invisible es insoportable. Una compañera mexicana, curtida también en las negociaciones con estados genocidas, me decía que cuando el nivel de violencia contra la sociedad es tan extremo como en Colombia, las agendas políticas tendían a reducirse a un solo enunciado: “Dejen de asesinarnos, desaparecernos, torturarnos…”. Esa era, quizá, la agenda y desde ese punto de vista los procesos de paz recientes en Colombia ya han fracasado.

El gobierno saliente de Juan Manuel Santos, el Nobel de Paz cocinado desde la guerra sucia del Estado, construyó un decorado de la paz que, por un momento, podía parecer confiable: insuficiente, sí; pero posible. Primero los clásicos de todos postconflicto contemporáneo: comisión de la verdad, comisión de búsqueda de personas desaparecidas, sistema de justicia transicional. Después, la ñapa de comprometerse a lo que ya lleva escrito y aprobado hace 27 años en la Constitución Política. Era un decorado. La inmensa mayoría de los puntos consignados en el Acuerdo de Paz firmado con las FARC en noviembre de 2016 –después de un profundo peluqueado fruto de un innecesario y fallido plebiscito- no avanzan y el Estado sólo ha cumplido en lo que tiene que ver con el desarme y desmovilización de la guerrilla de las FARC. Ni siquiera está cumpliendo en lo relativo a la reintegración de los ex guerrilleros y guerrilleras en la vida civil.

Las comisiones avanzan en medio de la parálisis: o bien no tienen presupuesto, o bien no cuentan con el respaldo institucional necesario, o bien trabajan en un país ficticio porque el país real, desde que Uribe comenzara la formación de una nueva opinión pública a su medida, no está interesado en esta paz y gusta más de la victoria militar. De hecho, parece paradójico que tras cumplir las FARC con el 95% de sus compromisos en tiempo y forma, la mayoría de los colombianos (un 77% según las últimas encuestas) sigue desconfiando de lo que ahora es un movimiento político resquebrajado desde dentro.

El decorado de Santos debía completarse con la firma de algún tipo de acuerdo con la segunda guerrilla del país (el Ejército de Liberación Nacional –ELN-) y con el sometimiento a la justicia de la principal franquicia paramilitar de las muchas que operan en el país (el Clan del Golfo o también autodenominado como Autodefensas Gaitanistas de Colombia –AGC-).

En el primer caso, a los decoradores se les vio el plumero: siempre despreciaron y ningunearon al ELN y no estaban dispuestos a abrir un proceso masivo y nacional de participación ciudadana, que es lo que la guerrilla de origen guevarista siempre ha reclamado para repensar el país.

En el segundo caso, las improvisaciones de última hora del Gobierno Santos y el hecho de que haya llegado al poder un Gobierno neouribista (cuando las AGC no perdonan a Uribe las traiciones acumuladas tras su desmovilización fingida en 2005) han frustrado la disposición de ese grupo paramilitar a desmovilizarse de algún modo. Esta es la realidad cuando llevamos dos meses del Gobierno de Iván Duque, un advenedizo de la política elegido cuidadosamente por Álvaro Uribe después de la traición (una más) que supuso para el ex presidente paisa la gestión de Santos, quien fuera su ministro de Defensa.

Duque ha dejado el ministerio de Defensa a un uribista peligroso, el empresario Guillermo Botero, y ha dejado en el congelador todos los procesos de paz: apuesta así por la derrota militar del ELN y por la desaparición de las FARC gracias a sus divisiones internas y a su aparente aislamiento político. Con los ‘paras’…. con los ‘paras’ es otra cosa: puede negociar bajo cuerda con ellos un reparto de las economías ilegales y las violencias en el país, puede pedir ayuda a sus aliados en Washington (que siempre han tenido el control del interruptor del paramilitarismo), o puede verse tentado a iniciar una guerra improbable y de rumbo más que incierto.

Una vez tumbado el decorado de la paz con el primer monzón uribista… ahora sólo toca ver qué tan vigorosos son los movimientos de base para resistir y construir alternativas quizá, esta vez, totalmente al margen de la arquitectura institucional. Juegan con todo el contra: una comunidad internacional timorata, una clase media urbana inmune a los avatares de la guerra, y unos territorios codiciados por una hidra de organizaciones criminales que saben que la rentabilidad del control territorial es desproporcionada. La única esperanza es que comunidades y organizaciones de base han demostrado mil veces en Colombia su capacidad de resistencia y de reinvención. Nuestro apoyo, basado en el respeto absoluto de los procesos propios (con aciertos y errores) es más necesario que nunca. 

Sobre este blog
Miradas dispersas desde y sobre Abya Yala.
Ver todas las entradas

Relacionadas

Colombia
Colombia: un futuro dirigido al pasado

Vamos a hablar del pasado, o mejor dicho del presente. De un presente-pasado que recorre América Latina a partir de golpes de Estado (blandos y duros), intervenciones extranjeras, de guerras, de guerrillas, de paramilitarismo, de racismo, y sobre todo de asesinatos sistemáticos. Para ello pondremos el ojo en Colombia.

América Latina
América Latina, más allá de Venezuela
1

Todos los partidos y medios parecen muy preocupados por las libertades y los derechos de la población venezolana, sin embargo poco se dice de esa otra América Latina, que está sufriendo el avance de los Gobiernos autoritarios con discursos genocidas y de las multinacionales que violan los derechos humanos de poblaciones enteras. 

Periferias
Periferias V: Resistencias frente al nuevo colonialismo
En el quinto episodio de Periferias exploramos las luchas protagonizadas por pueblos indígenas y campesinos.
2 Comentarios
#24159 16:16 8/10/2018

ABRIENDO LA CAJA DE PANDORA
LA SOLVENCIA MORAL DEL ESTADO COLOMBIA
NO
EN MATERIA DE CRIMENES DE LESA
HUMANIDAD
http://rebelion.org/docs/247433.pdf

Responder
0
0
#24158 16:14 8/10/2018

http://insurgente.org/colombia-dura-carta-de-dos-ex-comandantes-de-las-farc-algunos-de-nuestros-jefes-se-han-dedicado-a-defender-el-orden-burgues/

Responder
0
0
Sobre este blog
Miradas dispersas desde y sobre Abya Yala.
Ver todas las entradas

Destacadas

Temporeros
¿Otro año de abusos contra las temporeras marroquíes?
Ante el regreso de las temporeras marroquíes a Huelva, surge el interrogante de si esta vez se podrán garantizar sus derechos.
Acuerdos comerciales
El ‘no’ del Parlamento Europeo al acuerdo con Trump abre una fisura inédita en Europa

Los jefes de Estado europeos deben decidir si siguen adelante con el acuerdo comercial con Estados Unidos después de que el Parlamento rechazase aprobar un mandato para buscar dicho acuerdo.

Fridays for Future
Politizar la crianza en defensa del planeta: nace Madres por el Clima

Un grupo de madres impulsa un colectivo para apoyar las movilizaciones estudiantiles de los Fridays for Future y ayudar a denunciar la falta de acción real contra el cambio climático.

Memoria histórica
Ian Gibson: “Un país que olvida su pasado está condenado a la mediocridad”

El hispanista, junto a un equipo formado por el experto en georradar Luis Avial y el periodista Víctor Fernández, entre otros, realizaron una investigación sobre la ubicación de los restos de Federico García Lorca, la cual impulsó que la Junta de Andalucía propusiera llevar a cabo una nueva búsqueda en otoño de 2018. Un informe del Ministerio de Justicia en enero frustró el intento.

Últimas

Opinión
Sobre poder y dominación en nuestros espacios críticos
La realidad nos explota en la cara, y no podemos dejar de ignorar mucho del daño que nos estamos haciendo, los poderes que estamos generando.