Petróleo
De Washington a Caracas pasando por Georgetown

La era de los combustibles fósiles quizá esté agonizando, pero esa agonía está siendo jugosa para algunos. Guayana y Venezuela luchan por petróleo en una zona de disputa colonial.

Barco de Exxon
La perforadora Stena Carron de Exxon Mobile en el Bloque Stabroek

publicado
2017-11-28 14:45

Al principio era, quizá, un asunto de honor, un viejo conflicto heredado de la época del imperialismo europeo. Hace ahora justo 200 años, un 20 de noviembre de 1817, en el Palacio de Angostura, Simón Bolívar decretó que la bandera de Venezuela debía agregar una octava estrella a su pabellón como emblema de la provincia de Guayana, liberada un año antes. Y por eso Venezuela lleva mal desde su nacimiento como República el humillante laudo arbitral de París de 1899 que –previa maniobra de Estados Unidos- dejaba en manos de la potencia extranjera (Reino Unido) los territorios al oeste del río Esequibo. Lo que se conoce como Guyana Esequiba.

Desde entonces, un siglo largo de disputas que se prolongaron con el nacimiento de la ya independiente República Cooperativa de Guyana y que aún hoy continúan en el seno de Naciones Unidas, donde la disputa lleva enredada desde 1989. Pero lo que empezó como una disputa territorial arrastrada de los procesos coloniales ahora tiene otros tintes. Tintes negros como el petróleo que se acumula en el área que administra Guyana y que reclama Caracas. Tintes económicos que está ahora en manos, básicamente, de la estadounidense Exxon Mobile y que recuerda que El Caribe sigue siendo un productivo patio trasero del imperio del norte. De hecho, ambos países, Venezuela y Guyana, se arrojan el imperialismo a la cara. Caracas construye el relato de que es Estados Unidos, a través de la Exxon, la que trata de apropiarse de, al menos, 1,5 millones de barriles de petróleo en el Esequibo que, en realidad, pertenecerían a la franja petrolera venezolana.

Georgetown acusa a Maduro de tener actitudes imperialistas respecto al pequeño país de apenas 700 mil habitantes. El Bloque Stabroek, ubicado en las aguas en disputa, ya es explorado desde 2015 por Exxon Mobile y eso a Venezuela le parece una afrenta que tiene mucho que ver con los pasos dados por la administración Obama ese mismo año para declarar a Caracas como una amenaza para la seguridad de Estados Unidos. Hay más bloques petroleros en disputa, ya que parte del bloque Pomeron, manejado por la empresa canadiense CGX, ocupa unos 23.000 Km2 en aguas territoriales de Venezuela, y el Roraima, asignado a la estadounidense Anadarko Petroleum, con unos 13.100 Km2 en disputa.

Guyana, junto a Brasil y México, están disputando la primacía petrolera a Venezuela y Estados Unidos juega duro en todos estos territorios porque, de hecho, sus necesidades energéticas dependen en buena medida de Caracas. Venezuela seguía siendo el tercer proveedor de petróleo de Estados Unidos, con unos 740.000 barriles vendidos en 2016, pero lo que es más significativo es que Washington es el principal cliente de PDVSA, la empresa estatal venezolana, que le vende un 40% de todas sus exportaciones.

Para Guyana el Esequibo es vital. Además de que el territorio continental en disputa –sobre el que no tiene soberanía, aunque lo administre- supone dos tercios de su tamaño actual, es que allá están buena parte de sus posibilidades económicas, más allá de la minería de oro y de las complejas redes de narcotráfico que están desangrando este pequeño país. O, la menos, las posibilidades a las que se la juega el militar retirado David Granger, que repite en la presidencia de la República y que, desde el principio, practicó una política de diplomacia agresiva respeto al territorio en disputa porque se la juega a la inversión de multinacionales estadounidenses de los hidrocarburos.

El pequeño gigante del petróleo es aún el quinto país más pobre de toda América Latina y El Caribe (por debajo de Haití, Honduras, Nicaragua y Bolivia) y vive profundos conflictos étnicos (entre afrodescendientes e indodescendientes), tiene una difícil situación de seguridad pública y los índices más altos de suicidios del mundo. También tiene, según el Departamento de Estado de EEUU, la segunda mayor reserva de petróleo y gas del planeta. Y quizá todo ello explique que Red Tillerson, en ex director ejecutivo de Exxon Mobile, sea ahora el conflictivo Secretario de Estado de Donald Trump. Es Tillerson quien explica buena parte de la trama rusa de Trump –por los jugosos negocios de la petrolera en suelo ruso- y es ahora quien juega con Guyana como lugar estratégico para Washington porque allí dinero y política (anti venezolana) se unen en una sola disputa. 

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