Crímenes del franquismo
Un goteo de querellas contra Billy el Niño

Unas 15 personas acudirán a los juzgados españoles para buscar una reparación por los daños sufridos a manos de Billy el Niño y otros policías por las torturas sistemáticas instauradas en las dependencias de la Brigada Político Social.


publicado
2017-06-22 11:09

Corría el verano de 1973. En las dependencias de la Brigada Político Social, situada en la madrileña Puerta del Sol, hacía calor. Mucho. Sin embargo, los allí detenidos vestían ropas largas. “Recuerdo la sed, no me dieron de beber agua en tres días. Era un sudor constante porque te ponían ropa de invierno para que los golpes no dejaran huella”. Lo cuenta Luis Suárez- Carreño, miembro de La Comuna, quien acaba de presentar una querella por las torturas que sufrió durante el Franquismo contra los entonces policías Antonio González Pacheco, Manuel Gómez Sandoval y Tomás Nieto Berrocal. “Recuerdo los golpes, sobre todo en la planta de los pies. Y recuerdo también la angustia porque mi mujer estaba detenida también”.

A Suárez-Carreño le detuvieron cuando salía de su casa. Su esposa no estaba en política pero también subieron a por ella. “Era muy joven pero resistió también con valentía”, rememora. Y, entre todos los recuerdos destaca la figura de un policía “exhibicionista y provocador” que castigaba con más saña. Era Antonio González Pacheco, alias Billy el Niño. Contra él y contra dos policías más va dirigida su demanda.

La de este exmilitante de la Liga Comunista Revolucionaria es la primera querella que se presentará en este Estado contra Billy el Niño y las torturas sistemáticas instauradas en las dependencias de la Brigada Político Social. Pero no será la única. Aproximadamente 15 personas acudirán a los juzgados españoles para buscar una reparación por los daños sufridos. Quieren demostrar que los métodos macabros utilizados por aquellas fuerzas del orden no eran casos aislados, sino una herramienta habitual para acabar con todo el movimiento de resistencia política. Y consideran que la justicia española debe actuar tras 40 años de impunidad.

Chato Galante, también miembro de La Comuna y de la Coordinadora estatal de apoyo a la Querella Argentina contra los crímenes del Franquismo (CEAQUA), será el próximo. “Me detuvieron en cuatro ocasiones. La última fue la peor, estuve 11 días soportando torturas con Billy el Niño a la cabeza”, explica.

Te iban preguntando y te iban pegando. Acababas perdiendo el control de los esfínteres, orinabas coágulos de sangre
Galante evoca con todo lujo de detalle las prácticas degradantes que se ejercían por aquel entonces. “Estuve siempre aislado. Desnudo. Fui sometido a la bañera. Me intentaban ahogar y cuando ya perdías el conocimiento sacaban tu cabeza a la superficie. Y te volvían a sumergir”. Luego estaba la barra: “Te colgaban por las rodillas, cabeza hacia abajo y te golpeaban en las plantas de los pies, en los glúteos y en los genitales”, desgrana. “Te iban preguntando y te iban pegando. Acababas perdiendo el control de los esfínteres, orinabas coágulos de sangre… Yo no he vuelto a moverme igual desde aquello”, sentencia.

“Lo más llamativo que recuerdo de Billy el Niño es su gusto por exhibir armas de fuego. En un momento del interrogatorio sacó la pistola, me la puso en la cabeza y me amenazó de muerte”, recuerda Jesús Rodríguez Barrio, también miembro de La Comuna y otro de los futuros querellantes. A Rodríguez le detuvieron tres veces. “Recuerdo que me pegaron lo normal”, afirma irónicamente, revelando que las torturas y las vejaciones eran el pan de cada día de los presos políticos. “El Gobierno tiene la obligación de investigar. Ellos denegaron su extradición a Argentina. Ahora tiene que ser juzgado aquí”, concluye Rodríguez.

Delitos de lesa humanidad

En septiembre de 2013 la jueza María Servini de Cubría emitía una orden de búsqueda internacional contra González Pacheco y otros tres miembros del aparato represor del Franquismo en el marco de la Querella Argentina. Las asociaciones españolas se unieron en una causa común para buscar justicia al otro lado del charco. El 30 de abril de 2014 la Audiencia Nacional rechazaba la extradición del miembro de la Brigada Político Social con la argumentación de que los delitos de torturas de los que se le acusan han prescrito y no constituyen delitos de lesa humanidad.

Tras esto, los tribunales españoles están obligados a enjuiciarle. Si no lo hicieran, estarían incumpliendo su responsabilidad internacional tal y como afirman los abogados de los querellantes quienes intentan demostrar que estamos ante delitos internacionales que no prescriben. “Se trata de generar mucha incomodidad para que los jueces se pronuncien”, subraya Manuel Ollé, uno de los letrados.

Se trata de generar mucha incomodidad para que los jueces se pronuncien
Una vez fallida la extradición “ahora lo que se pretende es que los tribunales se pronuncien con todos los elementos sobre la mesa”, explica Jacinto Lara, abogado responsable de la causa, mientras explica que los procedimientos de extradición son puramente formales y en ellos no se pueden haber valoraciones ni investigaciones de los hechos que se están juzgando en otro país. ”El pronunciamiento judicial es muy limitado”, resume. Una vez analizada la resolución que dictó la Audiencia Nacional, uno de los puntos positivos es que ya no se amparan en la ley de amnistía. “Es una norma de impunidad que ha sido censurada severamente desde diversos estamentos internacionales”, destaca Lara.

¿Y por qué una querella ahora y en España? Chato Galante recuerda que la estrategia procesal la marcó el abogado recientemente fallecido Carlos Slepoy con los crímenes de la dictadura Argentina. “Ellos abrieron una causa en España donde se celebró el primer juicio contra las torturas que se vivieron en su país”. El Tribunal Supremo, en una resolución de 2007, reconoció que estábamos ante crímenes contra la humanidad y no se podía aplicar la ley argentina de punto y final.

Tras esto comenzaron a abrirse juicios al otro lado del charco y llegaron las condenas contra los responsables de la dictadura de Videla. “Aquí, igual. Si no hubiéramos ido a Argentina no hubiéramos conseguido el apoyo y la repercusión social que ahora tenemos. La causa empezó allí pero terminará aquí”, explica Galante mientras advierte de que no van a parar hasta conseguir un juicio y un castigo para los crímenes cometidos. “Cuando nos cierran las puertas nosotros entramos por la ventana”, sentencia.

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