Coronavirus
Quién nos lo iba a decir

Estar confinadas no es sinónimo de estar calladas. Es un momento de cambio, de cambio necesario. Quién nos lo iba a decir.

Coronavirus Bilbao 1
Una ambulancia circula durante la cuarentena por Sabino Arana, Bilbao Christian García
Activista de SOS Racismo Bizkaia
1 abr 2020 12:00

Quién nos iba a decir que, en mitad de nuestra vorágine diaria de memes, stories, reuniones, tweets, planes, viajes, compras absurdas, cañas en terrazas, preocupaciones cotidianas… en mitad de todo esto irrumpiría sin piedad una pandemia. Antes de que todo esto empezara, cuando llegaban las noticias de cómo estaba China y después Italia, en la calle se escuchaba de todo: “esto es un experimento sociológico, a ver cuánto aguantamos y cuánto obedecemos”, “es una gripe sin más, vamos a relajarnos” o “vamos a morir todos, se avecina una catástrofe”. ¿De qué onda eráis vosotras? Yo estaba en que “esto es una exageración como la copa de un pino”.

Como bien explican las expertas, todo esto del confinamiento conlleva unas fases y, en mi caso, los primeros días estaba en la de negación. Me daba igual pensar que sí, que éramos parte de un experimento sociológico o que nos querían confinadas y en silencio para el 8M. El caso era seguir haciendo vida normal, a todo trapo y, como decía aquel hit de Patricia Manterola, “que el ritmo no pare”.

Quería pensar que todo esto, una vez más, era parte de una exageración mediática como cortina de humo para tapar alguna información chunga, muy chunga. Pero resulta que no, que de repente esto iba en serio. Que estamos viviendo una pandemia y está muriendo mucha gente. Así que he pasado de fase, de la de negación a la de un miedo terrible.

Poco a poco he ido ubicándome en todo esto. Nos mentalizamos de que hay que estar en casa, compra grande de comida y a confinarse. Por suerte, tenemos un lugar para hacerlo, no tiene balcones, ni terraza, ni jardín, como las casas de los futbolistas que están sufriendo duro entrenando en sus mansiones, pero puedo teletrabajar y estar en un lugar agradable y seguro, con la nevera llena. Sin embargo, con tanto tiempo para pensar llego a la conclusión de que, como en cualquier momento complicado, la gente que ya estaba en situaciones precarias y vulnerables antes de que llegara la pandemia ahora está peor y siguen siendo los últimos de la fila. Vamos, que en la pandemia mis privilegios blancos se intensifican aún más.

“Nadie quedará atrás”, decía Sánchez. Los primeros días los dirigentes políticos lo tenían claro. Ya… es que hay gente que ya os habíais dejado atrás, sin pandemia ni nada. Os habíais dejado atrás, por mencionar algunos ejemplos, a toda la gente que no tiene opción a trabajar de manera regular, con un contrato, con derechos, porque la ley, ¡la ley!, no se lo permite. A ver si lo escuchamos e interiorizamos, que cuando decimos no a la ley de extranjería, lo que queremos es que se derogue una ley racista que expulsa y mata, que prohíbe la regularización de las personas migradas antes de que lleven aquí 3 años, por supuesto en la clandestinidad. Pero bueno, vuelvo a lo que iba. El caso es que, desde la política, ese discurso sonó intenso, porque claro, podría recordarnos a esa frase solemne al comienzo de la batalla en una película. Pues, Sánchez, déjate de solemnidades de película y cumple. Es buen momento para salir de ésta cumpliendo algo, y por qué no, cambiando mucho.

Ante este panorama desolador, lo que mucha gente viene tiempo denunciando y reivindicando, lo que numerosos colectivos señalamos como vulneraciones de derechos humanos y racismo institucional, se ha puesto en evidencia de la manera más cruda posible. Así, se evidencia que las personas que trabajan en ”B“ ya estaban atrás, se evidencia que si eres una persona racializada seguro que estos días la policía te para de malas maneras, se evidencia que los barrios habitados por personas migrantes y racializadas están siendo militarizados. A la par, también se evidencian los discursos del odio, los fascistas, los de “primero los españoles”, mucho españoles, y blancos claro.

Hay un sector de la población, de los medios de comunicación, de la política, que se está frotando las manos con todo esto. Porque… ¿qué hay más grande que culpar a alguien de propiciar los contagios o de tener la culpa de una pandemia? Este sector, no satisfecho con “echarle mierda” al de enfrente, siempre, por sistema, también se centra en culpar a las personas migrantes, racializadas, por no cumplir el confinamiento, por ser culpables también, por qué no, de la propagación de los contagios. Así que, con este ambiente, tenemos los discursos xenófobos y racistas campando a sus anchas en las redes, actuaciones policiales racistas impunes y un sector de los medios avalándolas.

Sin embargo, por sacar el lado bueno de las cosas, no en plan “me he tragado un arcoíris”, sino en plan “somos muchas y poderosas”, vamos a salir de ésta reivindicando lo colectivo, lo común, lo público. Vamos a poner en evidencia ese racismo que ya existía y que ahora se ve en cada abuso policial y en cada titular en determinados medios, vamos a dejar de gritar por la ventana al vecino que no conocemos de nada y vamos a darle el toque al policía que mete a un chaval en un portal para preguntarle a dónde iba ”con más intimidad" o agrede brutalmente a una vecina.

Estar confinadas no es sinónimo de estar calladas. Es un momento de cambio, de cambio necesario. Quién nos lo iba a decir.

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