Contigo empezó todo
Sublevación de Jaca: la primavera republicana empezó en diciembre

A las ocho de la mañana de un día de diciembre, tres horas después del comienzo de la sublevación, Jaca ya es la primera localidad española donde ondea la tricolor.

Fermín Galán
Fermín Galán, primero por la derecha, junto a otros militares en Tetuán.

publicado
2018-12-24 09:55

Tras escasas horas de sueño, el capitán Fermín Galán se aclara la voz antes de dirigirse a la guarnición de Jaca. “Soldados, hoy proclamaremos la República”, les dice. Son las cinco de la mañana del 12 de diciembre de 1930 y a este militar gaditano recién entrado en la treintena no le tiembla la voz. No tiene miedo. Lo que le daba miedo eran los continuos aplazamientos de la rebelión por parte del Comité Nacional Republicano, formado por las organizaciones republicanas tras el pacto de San Sebastián del agosto anterior, del cual Galán era delegado en Jaca. Lo que le daba pánico era la carta en la que el general Mola le advertía de las funestas consecuencias de una posible rebelión militar, como amenaza personal a Galán. Lo que le daba terror era la perspectiva de que la acumulación de nieve en las próximas fechas hiciera imposible el movimiento de tropas. Pero por fin ha llegado el momento de acabar con las corruptas monarquía y dictadura, el momento que llevaba esperando desde 1926.

Nada más llegar a Huesca, Fermín Galán usó su libertad recién recuperada para ponerse al frente del plan rebelde en la ciudad

En ese año se produjo la Sanjuanada, un frustrado complot para derribar la dictadura de Primo de Rivera y restituir el orden constitucional previo (también monárquico). Galán, que igual que sus hermanos había hecho carrera en el Ejército siguiendo los pasos de su padre, había sido testigo directo de uno de los factores que más erosionaron a la monarquía y que forzaron a ésta a respaldar una dictadura militar: la Guerra del Rif.

Galán combatió en África hasta ser gravemente herido. Ya convertido en enemigo del Gobierno, participó en el golpe fallido. Un consejo de guerra le condenó a seis años de reclusión en el barcelonés Castillo de Montjuic, donde se relacionó con sindicalistas revolucionarios catalanes. Cumplió tres años y medio sin libertad, hasta ser amnistiado por la ‘dictablanda’ de Dámaso Berenguer, el fallido intento de la monarquía por normalizar la vida política. Galán fue destinado, desterrado más bien, a Jaca, concretamente al regimiento Galicia nº 19. En todo este período sus ideas habían ido tomando la forma de un republicanismo progresista.

La República empieza en Jaca

Si los mandos del régimen pensaban que el joven capitán quedaba desactivado en la ciudad oscense, estaban muy equivocados. Nada más llegar, Fermín Galán usó su libertad recién recuperada para ponerse al frente del plan rebelde en la ciudad. Por un lado, sumó al complot a los también capitanes Ángel García Hernández, Salvador Sediles, Luis Salinas y Miguel Gallo.

Pero la sublevación no era un invento de militares sino esencialmente una idea civil. Por este motivo, todos los elementos del republicanismo local tomaron parte en el movimiento. Entre ellos estaban los líderes de la UGT y la Agrupación Socialista, Julián Borderas y José Luis Rodríguez Subirana ‘El Relojero’, así como el artista y profesor Ramón Acín, el militante de la CNT más destacado de la provincia de Huesca en toda aquella época. También estaban involucrados los republicanos Pío Díaz Pradas (quien sería designado alcalde durante la sublevación y, con la República, alcalde honorario de todos los pueblos de España) y Antonio Beltrán ‘El Esquinazau’, un personaje memorable al que con apenas 30 años ya le había dado tiempo a combatir en el Ejército de Pancho Villa y en unidades estadounidenses durante la I Guerra Mundial.

Un consejo de guerra sumarísimo (de 40 minutos de duración) condena a muerte a los capitanes Galán y Ángel García Hernández, ejecutados inmediatamente

A las ocho de la mañana, tres horas después del comienzo de la sublevación, Jaca ya es la primera localidad española donde ondea la tricolor. Los sublevados marchan hacia Huesca, sin saber que están solos ya que los jefes del movimiento republicano habían aplazado el levantamiento al día 15. Santiago Casares Quiroga, enviado del Comité Revolucionario a Jaca para avisar a Galán, había llegado a Jaca en la madrugada del mismo día 12, pero se había ido a dormir (Casares pasaría a la historia por un desastre aún mayor: fue el presidente del Consejo de Ministros que en julio del 36 no armó a la población tras producirse el golpe militar).

A tres kilómetros de Huesca, para su sorpresa, las tropas de Galán se encuentran con un importante contingente de tropas gubernamentales. Después de un combate, tienen que huir. El levantamiento ha fracasado.

Galán y otros militares se entregan al alcalde de Biscarrués. Un consejo de guerra sumarísimo (de 40 minutos de duración) condena a muerte a los capitanes Galán y Ángel García Hernández, ejecutados inmediatamente. Sus cadáveres sobre la nieve parecen indicar que han perdido, especialmente si se considera que el movimiento preparado en Madrid tres días más tarde será un fracaso absoluto. Sin embargo, en realidad han vencido. Su acción y muerte serán uno de los principales factores que harán posible la llegada de la Segunda República Española cuatro meses más tarde. Considerados como mártires de la República, su triste final contribuyó a erosionar todavía más la imagen del régimen. Manuel Azaña señalaría más tarde: “La monarquía cometió el disparate de fusilar a Galán y García Hernández, disparate que influyó no poco en la caída del trono”. Machado escribiría:

“La primavera ha venido
Del brazo de un capitán”.

Se dice que la monarquía cayó sin derramamiento de sangre. Ésta, en realidad, ya había sido derramada por los mártires de la República, los héroes de Jaca.

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