La ultraderecha irrumpe con fuerza y ahora es favorita en las presidenciales de Colombia

La segunda ronda de los comicios presidenciales la disputarán el ultraderechista Abelardo de la Espriella, que dio la sorpresa con un 43%, y el izquierdista Iván Cepeda, que con un 41% demostró la consistencia de la izquierda, que denuncia un posible fraude de más de 800.000 votos. Aunque el ultra parte con ventaja, aún hay opciones para que el Gobierno del cambio continúe una legislatura más en el poder.
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Aida Quilcué e Iván Cepeda valoran los resultados de la primera vuelta de las elecciones en el Hotel Tequendama de Bogotá. Robert Bonet
Bogotá, Colombia.
1 jun 2026 08:00 | Actualizado: 1 jun 2026 10:00

La primera ronda de las elecciones presidenciales celebradas ayer en Colombia han  elevado como favorito al ultraderechista Abelardo de la Espriella. Con un 43,7% de los votos, el resultado del ultra ha sido mucho mejor de lo esperado por las encuestas, en parte por el hundimiento de la uribista Paloma Valencia, que se quedó en el 6,9%. Su rival en la segunda ronda presidencial será el izquierdista Iván Cepeda, que, con un 40,9%, necesitará tejer nuevas alianzas para llegar a la Casa de Nariño. De esta forma, el próximo 21 de junio la sociedad colombiana tendrá que elegir entre dos visiones antagónicas del mundo: o la de Cepeda, que es social, colectiva y enfocada en las personas desfavorecidas; o la de De la Espriella, que es liberal, de mano dura y marcadamente individualista.

Fuera de la ecuación presidencial han quedado la uribista Paloma Valencia o el centrista Sergio Fajardo, este último consiguiendo un millón de votos (4,2%) que demuestran la fidelidad de unos seguidores que, al igual que el propio Fajardo, no cambian de parecer según las tendencias. Junto a quienes optaron por abstenerse, los votantes de estas dos formaciones serán decisivos de cara a la segunda ronda presidencial.

El problema para Cepeda es que se estima que buena parte del voto de Valencia iría a De la Espriella, por lo que su remontada pasaría por buscar una alianza con Fajardo, conseguir que más personas acudan a las urnas y esperar a que se arrepientan votantes de De la Espriella. Como dato para la esperanza del Pacto Histórico (PH), la candidatura de Valencia ya se está dividiendo: si bien la uribista rechaza a Cepeda, su candidato a vicepresidente, Juan Daniel Oviedo, aseguró que no apoyará a un machista homófobo como De la Espriella. Oviedo es homosexual, y en las elecciones sectoriales del centro-derecha obtuvo más de un millón de votos. Entonces, si la candidatura Valencia-Oviedo cosechó ayer 1,6 millones, la cuestión es cuánto de ese apoyo es del uribismo y cuánto es de Oviedo.

Si es elegido presidente Cepeda chocaría con los mismos obstáculos que tuvo Petro: no controla las instituciones que articulan el país ni tiene la mayoría necesaria en el Congreso; por lo tanto, las medidas seguirían siendo aprobadas con decretos.

Además, Gustavo Petro aseguró ayer que no reconocerá el resultado del preconteo de la empresa privada que gestiona el software, a la que acusó de alterar el censo en 800.000 personas. “Hay dos censos en este momento, el oficial y el del software de los hermanos Bautista que tiene 800.000 personas más”, publicó en la red social X. “Por lo tanto, los resultados vinculantes que el presidente atenderá y aceptará son los de las comisiones escrutadoras dirigidas por los jueces de la República”, sentenció.

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Una mujer vota durante la jornada electoral. Robert Bonet

Gabriel Becerra, congresista del PH, me explicó la semana pasada el porqué de las sospechas de fraude. “Nosotros respaldamos la postura del presidente, que no se basa en juicios políticos, se basa en evidencias. Los sistemas de procesamiento de datos pertenecen a empresas privadas, que alegan propiedad intelectual y no dejan acceder al código fuente ni tener auditorías. Los hechos demuestran que se han perdido votos”, apuntó. “Lo que nosotros hemos reclamado es que ese software sea del Estado para que todos los partidos podamos tener acceso. Nos dicen que 'ustedes ganaron con ese software', pero, por ejemplo, la vez pasada recuperamos cuatro o cinco curules en el Senado; recuperamos 600.000 votos y lo hicimos reclamando”, subrayó, reflejando una injusticia que, debido a la insistencia, fue subsanada. Por lo tanto, la izquierda tiene ahí posibles y cuantiosos votos que rascar, aunque, al mismo tiempo, esta situación augura momentos de tensión social, sobre todo si el ganador de la segunda vuelta lo hace por un margen estrecho.

Consistencia en la izquierda

Pese al regusto amargo del resultado, el PH no solo ha conseguido mantener el núcleo de sus votantes, sino que ha atraído a personas que desconfiaban de las intenciones de Gustavo Petro. Colombia no se ha convertido en Cuba o Venezuela y el modelo económico, por mucho que se esmere la derecha en desprestigiarlo, está funcionando: el dinero fluye de abajo hacia arriba y tiene efectos tangibles en el día a día de la sociedad. Por eso, los resultados en los comicios al Congreso del pasado 8 de marzo y los de la primera ronda presidencial han demostrado consistencia en la izquierda: si se comparan los resultados con los de hace cuatro años, el PH ha pasado de 8,5 a 9,6 millones de votos, con una subida de solo medio punto porcentual debido a una participación histórica del 57,8%, tres puntos más que en 2022.

El uribismo ha obtenido un resultado decepcionante: un 6,9% del voto, sin embargo, no será un mero espectador, es la segunda fuerza en el Congreso.

El Gobierno saliente de Gustavo Petro ha sido uno de carácter social, enfocado en activar la economía de los sectores empobrecidos. Por eso, las medidas implementadas han ayudado a generar oportunidades y a que la pobreza se reduzca en Colombia. Las propuestas de Iván Cepeda son continuistas, centradas en dar voz a quienes nunca fueron escuchados, en mantener la apuesta por la paz total con los diferentes grupos armados y en dinamizar la economía con un Estado que tenga un papel preponderante en sectores cruciales. Filósofo y abogado, ante todo defensor de derechos humanos, Cepeda también apuesta por reforzar el protagonismo de las víctimas del conflicto colombiano: él es una víctima, ya que su padre fue asesinado por un plan urdido por militares, y su candidata a vicepresidenta, Aída Quilcué, es una lideresa nasa que lleva décadas luchando por los derechos indígenas y cuyo marido fue asesinado por paramilitares. 

Pese al proyecto ambicioso, si es elegido presidente, Cepeda chocaría con los mismos obstáculos que tuvo Petro: no controla las instituciones que articulan el país ni tiene la mayoría necesaria en el Congreso; por lo tanto, las medidas seguirían siendo aprobadas con decretos, mientras que para un cambio profundo y estructural necesitaría negociar con otros grupos políticos de Colombia.

El uribismo se desploma, pero no desaparece

El uribismo ha obtenido un resultado realmente decepcionante: las peores encuestas daban a Paloma Valencia un voto cercano al 14%. Con un 6,9%, es evidente que a Álvaro Uribe no le ha funcionado la estrategia de escorarse al centro con la apuesta vicepresidencial de Juan Daniel Oviedo, un economista abiertamente homosexual. Oviedo no ha logrado captar votos en las ciudades, mientras que en las zonas rurales, que son conservadoras y religiosas, la fórmula se ha desplomado: las personas han preferido a De la Espriella, un ateo converso al cristianismo.

Pese a la derrota estrepitosa, el uribismo no será un mero espectador político. Es la segunda fuerza en el Congreso, y un aliado obligado para cualquier medida que quiera implementar De la Espriella. El ultra carece de una estructura de partido y la formación en la que fue incluido cuenta con solo cuatro parlamentarios. Tarde o temprano tendrá que negociar con “los de siempre”, a quienes tanto ha criticado en campaña, y pasar por el uribista Centro Democrático. Si bien la alianza para esta segunda vuelta presidencial está asegurada, más tarde pueden elevarse las disputas propias de competir por el mismo votante, y el mal resultado hace que Uribe vea la situación como una cuestión de supervivencia.

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Cacheo a los votantes previo a la votación. Robert Bonet

La relación entre la familia De la Espriella y Álvaro Uribe viene de largo, cimentada en la región de Córdoba, donde el padre de De la Espriella fue político del Partido Liberal. En 2001, el entonces precandidato presidencial Uribe recibió el apoyo electoral de De la Espriella, y años más tarde, cuando Uribe se convirtió en presidente, le devolvió el favor a la familia. De hecho, como refleja un perfil de La Silla Vacía, “Abelardo papá celebró su último cumpleaños con el expresidente Uribe y Lina Moreno, en una comida cuyo anfitrión fue Abelardo hijo”. Estas relaciones amistosas pueden estar detrás de la tibieza en los ataques en campaña: Uribe solo ha subrayado que De la Espriella pidió entrar en el Centro Democrático, mientras que el ultra ha asegurado ser el verdadero representante del uribismo.

De la Espriella es el prototipo de populista que apoya incondicionalmente a Estados Unidos e Israel, que pretende implementar una seguridad al estilo de Bukele

«La doctrina uribista ya no es de Uribe, ni de Paloma, ni del Centro Democrático. Es un legado a la democracia colombiana. Es una doctrina que no tiene dueño y lo que hice yo fue acogerla y actualizarla», reconoció De la Espriella en una entrevista en la revista Semana en la que remarcó su respeto profundo por Uribe: “Lo quiero, lo admiro y ha sido motivo de inspiración para toda esta batalla patriótica que estoy dando. A Uribe lo necesitamos en la batalla y yo donde sea que esté siempre lo voy a honrar”. De hecho, las propuestas de Valencia y De la Espriella son similares, y la diferencia principal está en las formas políticas: ella se presenta como una tecnócrata alejada de los extremos, mientras que él apuesta por abrazar esos extremos.

De la Espriella, el auge del tigre

Abelardo de la Espriella, de 47 años, de opulento lujo en su vida privada, que en 1997 intentó convertirse en edil de Chapinero, en Bogotá, es un outsider bien conocido por el sistema. Abogado de mafiosos, paramilitares y políticos, también relacionado con Alex Saab, el testaferro de Maduro, su ideología es el dinero y su pasión, la fama. Su estrategia es el espectáculo, y azuza los sentimientos primarios mientras se burla de los opositores y demuestra su machismo con referencias constantes a sus “cojones”. Más allá de los trazos personales regionales, cumple a rajatabla con el dogma ultraderechista moderno, y por eso cuenta con el respaldo de conservadores cristianos y, oficiosamente, también del ala dura del uribismo. 

El líder del movimiento Defensores de la Patria, que se hace llamar “el tigre”, es el prototipo de populista que apoya incondicionalmente a Estados Unidos e Israel, que pretende implementar una seguridad al estilo de Bukele y que detesta al estado al igual que lo hace Milei. Por eso, y por carecer de fuerza parlamentaria, promete gobernar a base de decretos. Entre sus medidas destacan la reducción del número de burócratas en un 40%, la construcción de diez megacárceles y la terminación de los procesos de paz con los diferentes grupos armados que operan en Colombia. De convertirse en presidente, volvería la mano dura uribista, pese a que, tras décadas de conflicto, se ha demostrado ineficaz con unos grupos que, en el presente, tienen más que ver con organizaciones criminales que con guerrillas ideológicas de izquierda. De hecho, las propuestas de De la Espriella están centradas en la antipolítica, en el anticomunismo y el antipetrismo, y reflejan la deriva ideológica de la derecha: hace décadas, gustara o no, tenía programas reales de gobierno, mientras que actualmente solo tiene eslóganes propios de publicistas.

“Las élites de este país se ufanaban de ser unas de las más cultas e ilustradas, y de alguna manera no estaban tan lejos de la realidad. Durante mucho tiempo, en las familias más prestantes se dio gran importancia a valores como la educación, la cultura, los buenos modales y los principios republicanos”, recuerda el politólogo Federico García Naranjo en un análisis de la revista Raya. “No obstante, las nuevas generaciones de esas élites políticas, las mismas que fueron criadas bajo el paradigma neoliberal de la competitividad, el enriquecimiento fácil y el triunfo a cualquier costo, claramente no poseen la misma formación ni el mismo refinamiento de sus antecesoras. Formadas en buscar la eficiencia, la productividad y la mercantilización de todo lo existente, una parte de esas élites del siglo XXI parece más cómoda en la superficie del marketing, la gestión y la opinión rápida que en la elaboración de un proyecto histórico de país”, añade.  

Es evidente el antagonismo entre los dos abogados que se disputan la presidencia de Colombia: Iván Cepeda, candidato serio, tiene un argumento excelso y rehuye de la fama, mientras que Abelardo de la Espriella, de eslogan fácil y mentira constante, ha forjado su carrera como si fuera un espectáculo. Estas dos formas de ver el mundo y de hacer política se verán las caras el próximo 21 de junio. Y si bien la izquierda parte en desventaja, un triunfo de la ultraderecha no cambiará una realidad: Colombia no volverá a ser la misma tras la primera experiencia de izquierda en su historia moderna.

Colombia
El candidato que admira a Milei, Bukele y Trump se dispara en las encuestas de las elecciones colombianas
El izquierdista Iván Cepeda se perfila como ganador de la primera vuelta de las elecciones colombianas. Sin embargo, el repunte del líder ultraderechista Abelardo de la Espriella amenaza la continuidad del proyecto iniciado por Petro.
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