Radiografía del Madrid del futuro desde el presente: ‘Smart City’ significa ‘ciudad privada’

No hace falta especular sobre el futuro de Madrid para entender la manera en que las ciudades se van a ver expuestas a los delirios privados de los gigantes tecnológicos.

Luis Cueto
Luis Cueto, durante la presentación “Imagina el Madrid del Futuro” en la primera muestra tecnológica celebrada en Septiembre. Foto del Ayuntamiento de Madrid.
Ekaitz Cancela

publicado
2018-09-27 06:16:00

“Las ciudades son testigos de su siglo”, escribió el historiador francés Fernand Braudel. Hasta que punto su afirmación es pertinente para el momento actual podrá verse en que las urbes se han convertido en el foco principal de las finanzas en su expansión hacia cada recoveco del globo. Esto es, en las próximas víctimas de la austeridad, que se establecerá de manera inteligente. Así, adaptando a la esfera política local buena parte de la palabrería propia de la tecnocracia europea tan celebrada por el Banco Mundial, como “mejorar la gestión”, los representantes públicos caen en la trampa de entregar los espacios urbanos, las infraestructuras materiales y todos esos servicios que antaño eran municipales al matrimonio contraído entre la industria financiera y la tecnológica. Bajo entusiastas narrativas en torno a imaginar y diseñar las ciudades del futuro, llamadas Smart Cities, las intenciones iniciales de “las ciudades del cambio” corren el riesgo de ser reformuladas en líneas neoliberales.

De este modo, urbanismo y tecnología aparecen como dos variables que se encuentran estrechamente entrelazadas; lugares físicos y digitales convergen en torno a la dominación de las fuerzas del mercado sobre cada área de la existencia cotidiana, “una obsesión casi pornográfica por la vigilancia y el control”, y “la incapacidad por pensar formas de colocar a los ciudadanos—en lugar de a las corporaciones o los planificadores urbanos— en el centro del proceso de desarrollo [de las políticas públicas]”, como denuncia un soberbio trabajo realizado por Francesca Bria y Evgeny Morozov.

En este sentido, pese al innovador enfoque de los procesos participativos y democracia directa concebidos como Decide Madrid, así como la asignación de 100 millones de euros anuales para ello, el 2,5% del presupuesto total del Consistorio, cabría preguntarse si es suficiente para cumplir con aquella afirmación realizada por la alcaldesa Manuela Carmena en una entrevista durante la campaña electoral de 2015: “la sociedad rechaza el modelo de capitalismo neoliberal que ha llegado a unos grados de crueldad inaceptables”.

Pese a que la restricción al tráfico en el centro eliminará el uso del coche individual, también lo abrirá a la libre circulación del capital, pues los grandes fondos detrás de Cabify, Uber o Car2Go serán grandes beneficiados de esta medida

En relación al urbanismo, no hace falta remontarse hasta las fiestas populares de Lavapies, cuando en la plaza Nelson Mandela pudo leerse en el cartel de un grupo de activistas “Carmena desahucia y gentrifica”, o atenerse a cualquiera de las demandas vecinales presentes en sus calles. Más bien hemos de fijarnos en los grandes proyectos especulativos como Cuatro Caminos y Raimundo Fernández Villaverde, la recién aprobada en Junta de Gobierno Operación Chamartín, aquella que Ahora Madrid presumió de desatascar aunque fueran elegidos para bloquearla, o el regalo a Florentino Pérez con la remodelación del Santiago Bernabéu.

Así se entiende mejor la bifurcación que está teniendo lugar entre el norte de la ciudad, donde el suelo público se emplea para crear zonas residenciales o potenciar los negocios de los que disfrutan y se lucran las rentas mas altas, y el sur, hacia la que se desplaza en masa la clase desposeída debido al incremento en el precio de los alquileres en el centro. De fondo, los flujos de capital en forma de turistas que tan pronto expulsan a los ciudadanos hacia los límites de la M-30, como convierten sus barrios en los más cool del mundo.

Todo ello implica convertir las zonas más representativas de la ciudad en una suerte de Westworld consumista, una dinámica que el Ayuntamiento ha abrazado sin miramientos con el proyecto de reforma de Plaza España, presupuestado casi en 100 millones de euros. ¿Dónde está la apuesta por la rehabilitación urbana y la construcción por la vivienda social?

Por otro lado, pese a que la restricción al tráfico en el centro eliminará el uso del coche individual, también lo abrirá a la libre circulación del capital, pues los grandes fondos detrás de Cabify, Uber o Car2Go serán grandes beneficiados de esta medida. Todo ello mientras limitan a diez por hora la velocidad de las bicicletas en Madrid Río y ponen trabas a la movilidad sostenible creando únicamente tres carriles bicis. “Estamos gobernados por homeópatas del ciclismo”, apuntaba la Asociación Carril Bici Castellana.

Aunque si el núcleo duro que gira en torno a Carmena parece renquear en su defensa del derecho a la ciudad, como ilustran algunas de estas políticas denunciadas recientemente por el concejal Pablo Carmona, ello hemos de verlo de manera paralela a que el gran capital quiere convertir la ciudad en un servicio privado, donde las únicas libertades son un conjunto de franquicias, reservadas a un grupo de privilegiados.

La privatización de las infraestructuras tecnológicas sobre la que se levantarán las ciudades en el futuro no ocurre de la noche a la mañana, pero algunas pequeñas decisiones tienen un alto valor pronosticador

Si bien las facciones políticas más críticas con las políticas de Carmena ni si quiera han ponderado cómo los avances en el análisis del Big data, la recopilación de información gracias al Internet de las Cosas (más conocido como IoT, por sus siglas en inglés) o el desarrollo de la inteligencia artificial gracias al deep learning tratan de ser utilizados por la “clase creativa”, según denominaría el panfletista urbano Richard Florida a la clase poseedora, para profundizar en la desrregulación, ensanchar las desigualdades de ingreso discriminando a las capas sociales más bajas, limitar la intervención pública del poder político o favorecer la apropiación indebida de fondos de la ciudad para defender intereses privados.

Por este motivo, las palabras expresadas por Manuela Carmena durante el debate sobre el estado de la ciudad, donde también desveló sus deseos de que La Nave se convierta en el Campus Google municipal, deben examinarse con lupa: “La salsa de la vida, ingrediente imprescindible en la creación del todo sin el cual no hay nada: la creatividad en todos sus aspectos… la creatividad empresarial. Nos volcamos en la creatividad empresarial, hacemos todo lo posible por volcarnos a las empresas”. 

El urbanismo de Google

Digamos que la privatización de las infraestructuras tecnológicas sobre la que se levantarán las ciudades en el futuro no ocurre de la noche a la mañana, pero algunas pequeñas decisiones tienen un alto valor pronosticador sobre los grandes peligros a los que se exponen la ciudades. Por ejemplo, el convenio para el intercambio de información firmado el 6 de abril de 2018 por Luis Cueto, coordinador general de Alcaldía, con la empresa Carto, en el marco del proyecto Waze Connected Citizens Program.

De momento, únicamente tiene como objetivo el acceso a los datos de tráfico de Google a cambio de sus propios datos sobre bloqueos de carreteras, mantenimiento planificado, etc. Claro que tanto Carto como Esri, otra empresa de visualización y análisis de datos contratada por el Ayuntamiento de Madrid desde hace unos cuantos años, son simplemente intermediarios mediante los cuales las ciudades visualizan y analizan los datos.

Curiosamente, Esri también ofrece servicios de realidad virtual para imaginar reformas urbanísticas en el futuro o contemplar los cambios diseñados en los barrios de una ciudad. Precisamente a esa tecnología se refería Luis Cueto, Coordinación General de la Alcaldía, en junio delante de representantes de empresas como Google, Facebook, Amazon o PwC durante un enorme evento sobre la “creación de experiencias” celebrado en junio en el que se apuntaba hacia la creciente “importancia del usuario”.

En este sentido, uno se pregunta si las Smart Cities implican convertir a los ciudadanos en usuarios cuyas experiencias, datos sobre el entorno urbano en el que tiene lugar su existencia, son extraídos para incrementar su valorización y capitalización mediante “el diseño de productos y servicios, la inteligencia artificial, realidad virtual, big data, blockchain”, palabras todas que empleaba Cueto, o si será mediante estas técnicas inmersivas cómo le explicaran a los usuarios de los barrios pobres las medidas que favorecen a los bárbaros del norte.

Las herramientas tecnológicas actuales, en manos privadas, poseen un peligro mayor que el de los ferrocarriles de los tiempos de Haussmann a la hora de crear cadena de dependencia hacia los propietarios privados

Aunque volviendo al convenio entre Waze y el Ayuntamiento, la cuestión más importante es que en dos años, cuando expire, es bastante probable que los términos y condiciones de uso de esta plataforma cambien. Alphabet, matriz de Google, una de las empresas más poderosas del planeta no ha invertido 966 millones de dólares en la adquisición de Waze, como hizo en 2013, para ayudar de manera caritativa a los Ayuntamientos a contemplar la información del tráfico en pequeños dashboard (interfaz gráfico para administrar el software).

Una compañía cuya capitalización en el mercado ha superado los 800.000 millones de dólares gracias al negocio que hace con los datos simplemente trata de romper la barrera del billón monetizándolos con nuevas formas mediante la oferta de servicios en la nube, como reconocen abiertamente en Wall Street, convirtiendo cada experiencia del usuario en una ciudad en dinero. Por eso, pese a que de momento pueda parecer insignificante, debe colocarse en un marco más holístico.

Ocurre que las herramientas tecnológicas actuales, en manos privadas, poseen un peligro mayor que el de los ferrocarriles y las lámparas de gas de los tiempos de Haussmann a la hora de transformar las ciudades y crear cadena de dependencia hacia los propietarios privados. Como señalaba un informe de la revista de arquitectura Volume sobre lo que denominaban “Urbanismo de Google”, esta compañía trata de continuar con su estrategia de expansión global gracias a la co-creación de una suerte de licencias públicas que conviertan a las instituciones locales en dependientes de su infraestructura digital para explotar posteriormente los espacios físicos de las ciudades y así conseguir como retorno enormes ganancias financieras.

Una cuestión que se entiende de manera aún más sencilla si nos fijamos en una de las patas de Alphabet, Sidewalk Labs, un experimento de innovación urbana al que se han incorporados los miembros de la compañía que con anterioridad trabajaron en su asistente virtual inteligente, Google Now, el cual propone “organizar tu día” en tanto que uno se mantenga “siempre en conexión”, es decir, entregando datos para que una empresa privada planifique la vida de los usuario.

En relación al entorno urbano, ello sugiere que toda información que recopila en tiempo real gracias a su presencia en teléfonos inteligentes (sensores gratuitos) así como sus capacidades para hacer predicciones mediante la inteligencia artificial puede desembocar en la posterior oferta de servicio de pago a la ciudades, ya sea organizar eventos culturales, en relación al transporte o la movilidad u organizar el trafico de manera más eficiente e incluso respetuosa con las emisiones.

No es ningún secreto que la industria del urbanismo de todo el mundo tiene la mirada puesta en Toronto con el fin de comprobar si un gigante de la tecnología puede construir con éxito una “comunidad”

Ahora bien, no hace falta especular sobre el futuro de Madrid para entender la manera en que las ciudades se van a ver expuestas a los delirios privados de los gigantes tecnológicos. Recientemente, un agencia de Toronto y Sidewalk Labs acordaron proceder con los planes para la construcción de un vecindario de alta tecnología en un barrio de cinco hectáreas, situado en Quayside, mediante el desembolsó de cincuenta millones de dólares.

Este proyecto presenta un vecindario con características tales como calles reservadas para automóviles sin conductor, precisamente como los de Waymo, otra empresa de Google que recientemente anunció la construcción de 80.000 coches más; edificios de madera de uso mixto a bajo coste, dispositivos de mitigación de las consecuencias adversas del mal tiempo, que incluyen hasta casas calentadas y recolección automática de basura a través de cámaras subterráneas, con sensores computacionales que analizan todo, desde el flujo del vehículo hasta el clima de los alrededores.

No es ningún secreto que la industria del urbanismo de todo el mundo tiene la mirada puesta en Toronto con el fin de comprobar si un gigante de la tecnología puede construir con éxito una “comunidad” dentro de una ciudad utilizando la tecnología para resolver problemas como la seguridad vial o los cada vez más elevados costes de la vivienda, un negocio en el que caben tanto Airbnb como Blackstone.

En este sentido, los recursos de Alphabet no son baladí: edificios preparados para ser ensamblados rápidamente, los citados sensores que monitorean la calidad del aire y las condiciones idóneas para la construcción, sistemas de estacionamiento para los coches autoconducidos, o semáforos que se adaptan para priorizar a los peatones.

Junto con el acuerdo reciente que acredita a Google la integración de su sistema operativo Android en los automóviles producidos por Renault, Nissan y Mitsubishi, una medida que pondrá sus productos tecnológicos al alcance de millones de conductores, basta para entender la capacidad de Alphabet de extraer una ingente cantidad de información y hacer dependientes de sus servicios en la nube a las “plataformas municipales”, como algunos neoliberales lo llamarían.

Podríamos incluir también los patinetes eléctricos como los de Lime, una empresa en la que Uber, aunque también Google Venture y Alphabet han invertido 335 millones de dólares. Y todo ello sin mencionar las posibilidades que ofrecen sus robots de reparto, la clasificación automática de desechos o las redes de energía avanzada que esta diseñando.

Pues si bien los intentos por desarrollar nuevas fuentes de ingresos en energía se encuentran en estado embrionario, Google pagó 3.000 millones de dólares en 2014 por la adquisición de Nest, una compañía de termostato inteligente que presume de haber ahorrado con sus productos 23 millones de megavatios hora de electricidad desde 2011 a los clientes.

Aquí radica la promesa populista de Google Urbanism, señalaba Evgeny Morozov en un artículo publicado en The Guardian donde explicaba todas estas cuestiones y algunas más:

“Alphabet puede democratizar el espacio personalizándolo a través de flujos de datos y materiales prefabricados baratos. El problema es que esta democratización no significa controlar la propiedad de los recursos urbanos. Es por ello que el principal ‘input’ bajo la democracia algorítmica de Alphabet es la ‘demanda del mercado’ en lugar de la toma de decisiones comunitaria”.

Y todo el mundo conoce el rol de Blackstone, uno de los grandes actores financieros en el mercado inmobiliario español, con unos 20.000 millones en ladrillo, a la hora de privatizar el espacio público. También a quién ha afectado la compra de 1.860 viviendas a la Empresa Municipal de Vivienda y Suelo de Madrid (EMVS) en 2013 por un importe de casi 126 millones de euros. Efectivamente, a los barrios madrileños del sur, entre ellos Carabanchel, Centro, Villa de Vallecas y Villaverde.

No cuesta mucho entender qué papel jugarán los datos que posee Google a la hora de llevar la liberalización del mercado inmobiliario a nuevos límites. Por eso, aunque el Ahora Madrid quiera revertir la venta de viviendas de protección pública a Fidere, esta medida debería ir acompañada de evitar que la plataforma predeterminada para ofrecer todo tipo de servicios, tanto municipales como empresariales, sea Alphabet.

Actualmente sólo los gigantes tecnológicos tienen las herramientas suficientes como para analizar toda la información en tiempo real que se genera en una ciudad

De lo contrario, como señalaba Morozov, esta corporación intentará acabar con todas las barreras a la circulación de capital en las ciudades para continuar con el proceso de acumulación y concentración de recursos, que en este momento adquieren la forma de información, desposeyendo así a los ciudadanos de todo aquello que les quede en propiedad, como los coches o los pisos, para ofrecérselo después como un servicio de pago gracias a los mismos datos que han recopilado sobre su vida diaria.

En definitiva, cuantos más servicios cedan las ciudades, y más infraestructura privaticen de manera sucesiva, como abre la puerta el convenio firmado por el Consistorio de Madrid escogiendo la de Google, mayor será la ayuda que esta empresa les tenga que proveer en el futuro a los gobiernos locales para administrar los recursos y activos que antaño se encontraban bajo control público.

Los feriantes tecnológicos arriban en el Palacio de Cibeles

Si uno entiende el capitalismo contemporáneo, parece sencillo comprender que la creación de una infraestructura tecnológica construidas sobre un modelo de colaboración público-privada, como ha defendió Luis Cueto en una sesión de quince minutos llamada “Imagina el Madrid del Futuro” que tuvo lugar durante la primera muestra tecnológica celebrada durante los días 21 y 22 de septiembre, sólo tendrá el efecto de privatizar los servicios municipales incrementando las arcas de unas pocas corporaciones al precio de encoger al máximo la de los Ayuntamientos. ¡Bienvenidas a la era de la austeridad inteligente!

En torno a eso de las 10 horas, cerca de cuatro horas antes de que se abriera la entrada a los ciudadano, Eloy Cuéllar —coordinador general de Coordinación Territorial en el Ayuntamiento de Madrid— apuntaba ante funcionarios y empresarios: “Queremos compartir conocimiento para ver el Madrid del futuro, cómo utilizamos los servicios, automatizamos y hacemos las predicción más efectivas”.

Urge mencionar en primer lugar el equivocado uso de la primera persona del plural en la frase de Cuéllar, pues su discurso obviaba que actualmente sólo los gigantes tecnológicos tienen las herramientas suficientes como para analizar toda la información en tiempo real que se genera en una ciudad. Digamos que, una feria con la “colaboración” de grandes empresas como Microsoft, Cisco, Indra Oracle, IBM Vodafone, Telefónica u otros grandes del sector que explicaron en el suelo de la galería de cristal del Palacio de Cibeles las soluciones privadas que la tecnología puede ofrecer a las ciudades, expone de manera harto simbólica ese futuro.

Por ser más claro, un futuro en el que las plataformas que operan en internet acumulan atención y datos de los usuarios, desposeyéndolos de este medio material de producción, para posteriormente monetizarlos mediante gracias a dinero público procedente de la provisión de servicios a los otrora ciudadanos.

Cabría también hacer alusión a las declaraciones de intenciones que realizó Cueto, quien demostró un gran saber sobre la oratoria y las prácticas de la industria privada, tal vez interiorizada durante estancia como Director General del Escuela de Organización Industrial (EOI). “El dinero público es lento,” señalaba preocupado porque en Madrid “no tengamos dinero para hacer lo que hace Silicon Valley en materia de inversión”. Uno ni sabe cuantas ideas alternativas omiten estas narrativas. Por ejemplo, la plétora de innovaciones sociales que aprovechan la tecnología para democratizar la propiedad y el control de los datos mediante modelos cooperativos de prestación de servicios digitales.

¿Aunque quién necesita una ciudad donde los datos sean comunes y la producción colaborativa, como proponen Bria y Morozov, mientras existan soluciones ofrecidas por el mercado? Es la primera opción la que ha colocado a Barcelona como un punto de referencia global, y no frases del estilo “pensamos que tenemos que desarrollar herramientas nuevas a medida, pero ya las tiene el mercado”.

Ciertamente, la idea de crear “una ciudad de moda” y de referencia “para competir” con el resto de ciudades del mundo, siempre según Cueto, únicamente desemboca en predatorias olimpiadas entre urbes para ver cuáles alcanzan los puestos más elevados en los ránkings sobre innovación o creatividad en la nueva era, es decir, su capacidad para justificar ante los ciudadanos la extracción de datos.

A día de hoy, cualquier cosa basta para convencer a los inversores de que especulen en su ciudad, como recientemente hiciera Seattle con el fin de que Amazon se instalara en su suelo, o al oligopolio filantrópico, think tanks o plataformas empresariales con el fin de acoger sus conferencias y eventos, donde taladran aún más con esa falsa narración sobre lar evolución de la Smart Cities.

Este es el caso de un evento próximo en Madrid de la Singularity University, un laboratorio de ideas futuristas situado en Silicon Valley patrocinado por Google que organiza conferencias “para acelerar la cultura local de innovación, y una ocasión para reunir a los exponentes de la comunidad para discutir de las tecnologías de vanguardia”. Uno de sus fundadores Peter Diamandis, propagandista por excelencia de las ideas tecno-utópicas, acudirá en febrero para hablar, entre otras cosas, de cómo el futuro traerá abundancia a todos si confiamos en las bondades de las empresas tecnológicas.

Otro ejemplo aún más reciente es el enlightED, un evento en colaboración con el Ayuntamiento de Madrid organizado por Fundación Telefónica, South Summit e IE (Instituto de Empresa) University, quien a su vez construirá un campus ultra moderno en altura en la quinta torre del distrito financiero de Madrid.

Este sarao tan mimético como endogámico, cuyos partners son buena parte de la plana del Ibex 35 y Silicon Valley, tendrá el objetivo de pregonar la idea de que “la innovación es negocio” entre todos los emprendedores del mundillo. O en las palabras que José María Álvarez-Pallete (presidente de Telefónica) empleara ante la prensa: “creemos que la Educación es la mejor herramienta para lograr una sociedad más justa y equitativa y la tecnología la palanca para conseguirlo”. Y no crean que este negocio asentado en contaminar el esfera de las ideas es baladí, pues la entrada cuesta 1.250 euros.

¿Imaginar el futuro de Madrid con IBM, Cisco y Microsoft?

A este respecto, en lugar de anunciar que se contará verbalmente con las voces de los ciudadanos a la hora de diseñar e implementar soluciones tecnológicas en la ciudad, precisamente citando a Telefónica entre algunas anécdotas, Cueto prometió en aquel evento que se abrirán “en canal” a la participación de esta empresa de servicios de telecomunicación en la carretera sobre la que se despliega el 5G; la misma que trata de reutilizar las infraestructuras móviles, privatizadas entre 1992 a 1995, para desplegar sensores térmicos en ellas.

Parece que algunos años después de que Felipe González introdujera el shock neoliberal en España, las nuevas autopistas para la libre circulación de información correrán la misma suerte, pero con el beneplácito de quienes fueron elegidos para enterrar sus políticas. ¡Larga vida a la Tercera Vía!

Sin embargo, la imagen más inquietante de aquel evento, la cual no protagonizó Manuela Carmena debido a su accidente, fue la de Marta Higueras, Delegada del Área de Gobierno de Equidad, Derechos Sociales y Empleo, ante el ex Jemad de Podemos y buena parte de la plana del núcleo duro de la alcaldesa, intercambiando con Pepe, un robot de Vodafone, empresa a la que al parecer sacaron de Sol para meter en Cibeles, las siguientes palabras: “hemos preparado esta feria para que todo el mundo conozca cómo se despliega Madrid a través de la tecnología” y “cómo se gestionan los servicios de cada concejalía en el área digital”.

Corremos el riesgo de que alguien crea de verdad que empresas como Telefónica tratan de colocar “la tecnología al servicio de la humanidad”, en lugar de proveer los servicios municipales a cambio de dinero

Sólo hacia falta una vuelta por los stands para descubrir la respuesta: privatización —a esta palabra clave, como diría Raymond Williams, ahora se le llama digitalización— de cada recoveco de la existencia en una ciudad. Claro que ceder a las grandes empresas la gestión de toda la infraestructuras tecnológica requiere interiorizar profundamente sus intenciones.

De ello dio buena cuenta María Jesús Villamediana, ex asesora de Siemens, una compañía que precisamente ha desarrollado un poderosos modelo de negocio centrado en crear inteligencia integrada en las infraestructuras para gestionar activos, redes y edificios, es decir, elevar la rentabilidad en cualquier proyecto de edificación.

Villamediana, actual Gerente del Organismo Autónomo de Informática, y también ex Concejal del PP en el Ayuntamiento de las Rozas, reivindicó que “el ciudadano es el centro de nuestra atención” explicando que detrás de los semáforos, en los alumbrados y en las calles de las ciudades hay tecnología como cámaras o sensores. Su intención es que el Internet de las Cosas (IoT) integre toda esa información, incluso la derivada de los medios de transporte, parques y jardines mediante “licencias de desarrollo ágil”. ¿Pero quién va a gestionar la infraestructura que gestionan todo esos datos?

Probablemente, Telefónica, quien bajo el eslogan de que “las cosas conecten a personas para conseguir lo que realmente les importa” presentó un dron que recopilaba información en tiempo real de los incendios para hacer más eficiente a los servicios de emergencia públicos su actuación. Corremos el riesgo de que alguien crea que verdaderamente tratan de colocar “la tecnología al servicio de la humanidad”, en lugar de proveer los servicios municipales o autonómicos a cambio de dinero.

Digamos que el Internet de las Cosas es una de las principales fuentes de extracción de datos, los cuales se concentran en las grandes empresas como IBM para “producir más valor”, como reconocía una de sus dirigentes, en áreas de negocio como el medioambiente, la sanidad, o la movilidad. Mercantilización, en resumen eso se encuentra detrás de la estrategia de un “planeta más inteligente” de esta corporación, que propone la centralización el análisis de los bits de información interconectados procedentes de las ciudades y su integración en sistemas de gestión del agua, por ejemplo, e infraestructuras para solucionar problemas como la congestión del tráfico, desarrollar edificios más ecológicos o cualquier otro servio que cumpla con su visión de “dar sentido a un mundo sensorial”.

Además, en relación al IBM Smart City Project, el siguiente paso después de almacenar datos, según expresaron durante la feria, es predecir acciones antes de que ocurran gracias a las técnicas de inteligencia artificial y así crear “avenidas para la innovación en las ciudades cognitivas”.

Esta “lógica de la privatización y la austeridad”, como señalaban Bria y Morozov cuando proponían un uso social de las infraestructuras digitales, junto a los numerosos problemas que causan, puede provocar que las ciudades, “atraídas con productos considerados tan esenciales y únicos, abracen a las empresas tecnológicas y se embarquen en repetidas oleadas de privatizaciones en nombre de la implementación de la inteligencia artificial para reducir costes”. Y en la feria había unas cuantas corporaciones, no sólo IBM, exponiendo sus servicios en esta materia.

Cisco es otra de las compañías líderes en este sector que promueve soluciones inteligentes para las ciudades mediante su programa Smart+Connected Communities:

“Las ciudades que usan la red como plataforma para planear, construir y administrar las operaciones diarias obtendrán nuevas eficiencias significativas en cada aspecto de la vida comunitaria: mejorando la productividad entre los empleados de la ciudad, mejorando la disponibilidad y el acceso a los servicios públicos, y creando nuevos modelos para generar ingresos necesarios”.

Así es que será posible administrar los servicios urbanos: integrando todos los datos procedentes de sensores o cámaras de Cisco, como la GSX con grabación en 1080p, sobre las experiencias de los usuarios en casa, oficina, durante la compra, en los viajes, el ocio… En resumen, cada esfera de la vida puede ser mercantilizada, pues “con cámaras no hace falta nada más,” como señalara un tendero de Cisco Meraki.

Aquello que escribieran Adorno y Horkheimer en su Dialéctica de la ilustración (Akal), sobre la administración total de la vida practicada por los de arriba no parece estar tan lejos: “El individuo queda determinado sólo como cosa, como elemento estadístico, como success or failure [éxito o fracaso]”. Esta dócil sumisión derivará de la convergencia entre la vigilancia con fines comerciales, las plataformas de internet de las cosas y los sistemas de computación en la nube, capaces de recopilar, procesar y realizar análisis para administrar de manera más eficientes los servicios urbanos, como ya ha ocurrido con la implementación del Centro de Comando y Control de Cisco en ciudades que van desde Kansas hasta Hamburgo.

En suma, vemos que las compañías tecnológicas se convierten en quienes impulsan las grandes transformaciones socioeconómicas detrás las Smart Cities. Tal vez, a eso se referiría Eloy Cuéllar cuando apeló a la “destrucción creativa” de Joseph Schumpeter durante su intervención en la feria.

Ciertamente, esta solución infraestructural o “ajuste espacial” a la crisis de acumulación, como la teorizaría en torno a la geografía David Harvey, es lo que explica la conquista de las empresas privada sobre ambos espacios, físico y digital, gracias al control total sobre la infraestructura tecnológica, y por ende su capacidad para predecir buena parte del comportamiento de la vida urbana de los ciudadanos.

Todo ello es aún más palmario si cabe ateniéndose a Microsoft Azure, otra de las corporaciones presentes en el evento, pues es junto a Google Cloud y Amazon Web Service uno de los grandes jugadores en el mercado de la nube. Uno de los feriantes contaba entre emocionado y orgulloso que todo en la vida puede volcarse sobre ella para ofrecer servicios de ayuda sobre cuestiones inimaginables.

Pongamos algunos ejemplos sobre el programa CityNext de Microsoft, que ofrece “soluciones de seguridad pública y justicia” gracias al análisis de bases de datos sobre criminales y vídeos recopilado de múltiples fuentes, desde cámaras corporales y sistemas para vehículos hasta drones, robots y cámaras fijas PTZ, con el fin de mejorar la productividad de los cuerpos policiales municipales.

Si además comprendemos que CityNext también incluye productos que van más allá de los problemas de una ciudad, como la “administración de prisioneros y delincuentes”, o que ofrece sus “servicios de Gobierno” presumiendo de su alianza con el Departamento de Defensa estadounidense, no cuesta mucho comprender cuáles son los grandes peligros de este consenso positivista en torno a la vigilancia predictiva: profundizar en la discriminación social existente.

Hace dos años, la alcaldesa Manuela Carmena se preguntaba en ESADE “¿sabemos realmente qué significa gobernar?.” Y contestaba: “gobernar es fundamentalmente gestionar para alcanzar unos objetivos determinados”. Tal vez por ello, Arthur Mickoleit, de la consultora Gartner en tecnología de la información, explicara durante la feria “el viaje desde la administración electrónica hacia un gobierno digital”.

Siendo claros, estos rasgos tecnocráticos tiene riesgos en el contexto económico contemporáneo, como permitir que los aparatos reguladores del neoliberalismo (clasificaciones, tablas de competencia y puntajes comparativos) se apoderen de Madrid mediante la gobernanza descentralizada, más suave y menos obvia, que facilitan las tecnologías de la información. “Bienvenido a la ‘economía de resultados”, según un informe de Accenture, cuyo presidente Juan Pedro Moreno acompañó a Luis Cueto durante el pistoletazo de salida.

Dudosos compañeros de futuro, a menos que uno quiera que la “inteligencia” sea capturada por el neoliberalismo, como Bria y Morozov apuntaban sobre este modelo propuesto por Accenture: “se basa en mercantilizar las soluciones ofrecidas a problemas sociales y políticos, el alistamiento de actores (como bancos y otras instituciones financieras) que tradicionalmente no deberían formar parte de la ‘solución’”.

En resumen, el Ayuntamiento de Madrid está dejando de lado la opción de experimentar con formas distintas de entender la propiedad de los datos, entendiéndolos como bienes comunes, por ejemplo, como propone el pionero proyecto Decode llamado Reclamando la Ciudad inteligente: Datos personales, confianza y los nuevos comunes.

También podría tratar de distribuir de manera real el poder político entre las bases sociales para organizar conjuntamente la información a fin de mejorar los servicios locales o reinvertir las ganancias derivadas de los datos en infraestructuras, soberanas en términos tecnológicos, más propias de comunidades que de ciudades franquicia. Todo lo contrario, dado que el que mundo se mueve bajo un paradigma neoliberal, degenerará en que los servicios digitales de estas empresas sean cada vez más intrusivos en la existencia urbana de los “usuarios” e impidan a los gobiernos locales operar y llevar a cabo una radiografía de la movilidad, la vivienda, el turismo o incluso de sus finanzas sin los datos de las compañías privadas.

Si el municipalismo es incapaz de transformar la cultura política a la hora de distribuir los datos, como se ha cansado de insistir Morozov, impulsar una revolución democrática desde las ciudades y ofrecer soluciones a problemas sociales desde ópticas como el urbanismo o la tecnología, la derecha ocupará el poder para culminar en pocos años el sueño tecnológico de la clase dominante. “La catástrofe: haber desaprovechado la oportunidad”, escribía hace décadas Walter Benjamin.

6 Comentarios
#23781 10:04 2/10/2018

Esto ya no es ni cambio, ni recambio. Solo un puñado de jetas pretenciosos en busca de hacerse con pasta y llenar sus egos.

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#23617 11:28 28/9/2018

Asaltando los cielos digitales. Por un buen puñado de dolares. La izquierda tenia un precio.

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#23578 14:39 27/9/2018

Menuda campaña de este panfleto contra el Ayuntamiento desde que se supo que Carmena iría con su lista.

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#23595 17:17 27/9/2018

Este artículo parece una campaña, en efecto, pero contra la asociación entre las finanzas y la tecnología permitida por las élites políticas.

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#23590 15:51 27/9/2018

Curioso que dediques tu tiempo a leer panfletos.

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#23560 11:02 27/9/2018

La gente no percibe que sus datos sirvan para controlar y monetizar su vida.
Sin embargo, esa virtualidad fantasma de la dictadura de los poseedores de los datos es facilitada por políticos desideologizados y oportunistas como el alcalde en la sombra de Madrid: Cueto, cuéntame un cuento.

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