Cine
Nadhira Mohamed: “Abordar las complejidades de la sociedad saharaui no nos hace menos militantes”
Nacida en Tinduf en 1989, la actriz Nadhira Mohamed se mudó a Las Palmas de Gran Canaria cuando era aún una niña, aunque ahora reside en Madrid. Debutó en el cine en 2011 con la película Wilaya, con la que ganó el premio a mejor actriz en el Festival de Cine de Abu Dabi, y consiguió una nominación dos años después en los premios Goya como actriz revelación.
Cuando conversamos con Mohamed, a pocos días de que se estrene Sombra nómada, la primera película de la japonesa Eimi Imanishi, quien además de dirigir el filme es autora del guion, la actriz está en pleno frenesí de entrevistas, expectante sobre cómo será recibida una película que habla desde otra perspectiva de su pueblo.
Lejos del Sahara desde la infancia, e hija de Luchaa Mohamed-Lamin, uno de los fundadores del Frente Polisario, Mohamed sabe mucho de desarraigo y de la histórica lucha de su pueblo por la libertad. Dos vectores entre los que se mueve la película que protagoniza, una historia que se asoma a las contradicciones y tensiones que, como sucede en todas las sociedades, atraviesan también al pueblo saharaui.
Me ha gustado mucho esta mirada entre dos mundos, creo que es valiente y difícil. Cuando se reflejan cuestiones complicadas de un pueblo ya de por sí oprimido y castigado por la historia, parece que se vive con un cierto sentimiento de traición.
No te voy a mentir. Es lo que tú dices, al final abrimos y tocamos muchísimos melones que nunca se han querido contar. Nunca se ha querido entrar en una casa de una familia saharaui para contar cómo se relacionan una madre, una hija, un hermano con sus hermanas, un tío. De una manera indirecta la película también toca el conflicto del Sahara, es algo muy sutil y me gusta mucho, como mujer atravesada por diferentes violencias del día a día, ver cómo lo cuenta una mujer como Eimi.
Ella no lo cuenta desde el desconocimiento, ha hecho este guion porque le encanta el pueblo saharaui, ha estado diez años con un chico saharaui, se ha casado con él y ha estado yendo y viniendo de los territorios ocupados a España, en coche, en diferentes viajes. Entonces, es alguien que sabe muy bien a nivel interno cómo nos manejamos, y que escribiese ese guión y que tocase esos temas concretos, a mí me gustó y me alegró. Pero también lo hice todo con un miedo increíble.
Eimi es una mujer japonesa que también es migrante. A mí, que una mujer racializada como Eimi quisiese contar la historia de mi pueblo desde donde la quiso contar y en el marco de los años en los que la contó, me alegró muchísimo. Resulta duro en la parte emocional, pero a mí me motivaba muchísimo contarlo y hacer este proyecto, porque siento que hay que contar estas cosas.
De ahí empezar a poner el foco en otras problemáticas del pueblo saharaui más allá de lo político sin quitar la importancia a lo político, porque al final lo que sufrimos como sociedad es culpa de un conflicto bélico, de una guerra. Pero más allá de eso, dentro de la guerra, dentro de la violencia que sufren los saharauis en los territorios ocupados, también hay otras cosas que nunca se han contado y que merece la pena contar.
Genera mucha angustia ver cómo la película refleja ese poco espacio para la vida que queda entre el conflicto político, la desigualdad norte-sur, la pobreza.
Sí, está esa carga también: tú, como persona, tienes que tener esa responsabilidad con y para tu pueblo. Muchas veces la vida te agota, el trabajo, el día a día… y esa parte que siempre estás llevando contigo, no es que pese, pero sí llega un punto a veces en el que queda poco espacio para la vida privada, para el ser humano, para decidir lo que yo quiero más allá de lo que se espera de mí.
Dentro de la guerra, dentro de la violencia que sufren los saharauis en los territorios ocupados, también hay otras cosas que nunca se han contado
Pero en ese espacio existencial limitado, surgen también complicidades entre personas asfixiadas por una realidad que no les deja sitio.
A mí me gustó muchísimo esta idea. No olvidarse de que más allá del conflicto somos seres humanos, que nos relacionamos y que generamos un vínculo queriéndolo o no queriéndolo. Ese vínculo entre Mariam y la novia de su hermano, esa manera en la que el hermano se relaciona con Mariam sabiendo que no está haciendo las cosas como se esperan de ella… pero él desde esa paciencia, sin acusarla de manera directa, sigue presente. Me encanta. La hermana de una manera también muestra resentimiento, pero eso es compatible con mostrar que le gusta que ella haya vuelto, e incluso que se haya hecho un tatuaje. Que la apoye aunque a la madre no le guste.
También hay algo muy importante en todo esto y es la mirada de la directora de foto. Hay amor, hay cariño: ha sido un trabajo conjunto con la dirección de la película y la dirección de foto, mucha conversación entre ellas y mucha complicidad, para poder conseguir emocionar así.
La película es muy humana en cuanto que pone la mirada en las contradicciones que se dan entre mantener la ética, y luchar por la supervivencia.
Y es humano. O sea, dime qué ser humano en una situación de miedo, de pánico, de querer buscarse la vida, no va a tomar decisiones tal vez polémicas. Lo que me parece superinteresante es que todos los actores, todas esas chicas que salen en la película viven en los campamentos y son mujeres atravesadas por muchísimas vivencias, más allá de que estén en un campamento de refugiados teniendo una vida no elegida por ellas, o unos roles sociales que no quieren cumplir.
Han hecho de esto algo muy bonito. Y ahora me siento muy orgullosa de esas chicas porque sé perfectamente lo difícil que tiene que ser para ellas, aspirar o querer ser actriz y no ver la oportunidad, no tenerla… por eso para mí es superimportante tenerlas en cuenta y traerlas aquí porque de verdad en los campamentos hay mujeres increíbles, muy talentosas.
Es muy interesante cómo refleja también el tema de la amistad entre personas con circunstancias muy distintas, como en esa conversación con la amiga de la protagonista en España, en la que quedan en evidencia la desigualdad, pero también el enfado y la culpa.
Totalmente, y todo está atravesado por el tema del retorno, de volver. Fracasar porque vuelves sin nada, sin dinero, cuando se espera que si te vas vuelvas con la vida ya resuelta, que puedas ayudar a los tuyos y no pedir dinero a tus amigos más cercanos. En realidad, en comparación, ellos están mucho mejor que tú. Entonces está esa mirada de: “Estáis ahí, no os falta de nada, sois blancos, sois españoles: dadme dinero que mi situación es mucho peor que la vuestra”.
También es un punto muy interesante a tener en cuenta la perspectiva que a veces se tiene desde allí y que reduce a la gente a dinero. La amiga en la película, seguramente está siendo sincera, no tiene el dinero que la protagonista le está pidiendo. Pero Mariam habla desde su dolor, desde la idea de “estoy aquí por vuestra culpa, maldito mundo blanco, me tienes que ayudar a solucionar mi situación”. Y luego está la culpa del otro lado, la otra persona no te puede ayudar aunque sea tu amiga, aunque haya estado muy cerca, porque no puede juntar ese dinero. Pero claro, la diferencia social, económica, no te deja verlo.
La verdad es que la película lo problematiza todo: la desigualdad en las relaciones, lo que implica ser de España o ser saharaui, y también el problema del racismo en las sociedades no blancas.
Que Eimi quisiese también tocar esa parte, a mí me parecía muy interesante, porque es verdad, nunca nadie toca ese tema —el del racismo contra los negros— en las sociedades no blancas. En sociedades como la española, existe mucho clasismo, existen muchísimas injusticias y desigualdades contra las personas negras en el mundo.
Y en una sociedad como la nuestra por supuesto que hay tensiones y complejidades, querer abordarlo no nos hace menos militantes, al contrario, nos hace más militantes: tenemos que abordar las cuestiones que nos afectan ya, no podemos dejar estas luchas para cuando tengamos un Sahara libre. Y es que es frecuente escuchar: ahora no es el momento del feminismo, ahora no es el momento de abordar el racismo. Para mí, que Eimi quisiese contar eso y que Mariam decida estar con un hombre negro y, como su relación no es respetada, tengan que irse a vivir a otro continente porque donde están esta unión no se acepta, para mi es supercomplejo, es superinteresante.
Después de todo, el filme aborda los típicos temas universales: las tensiones en la familia, la pulsión entre el cambio y el respeto a la tradición, el esfuerzo por trazar vidas propias de las personas jóvenes…
Somos un pueblo que ha sido totalmente dividido, estamos por un lado en los territorios ocupados por Marruecos, rodeados de colonos. Estamos por otro lado en los campamentos saharauis, dependiendo de ayudas económicas, de ayudas humanitarias o de que en verano las familias españolas quieran acoger a niños. Las dos partes dependemos de una manera u otra de alguien externo a nosotros.
El hecho de que estemos en un conflicto bélico con un país como Marruecos no significa que poner nuestra diversidad como sociedad sobre la mesa nos va a hacer desaparecer
Todo eso genera que al final en las familias existan diferentes opiniones políticas, sociales, religiosas… eso enriquece a una sociedad. Hay que abordar estos temas para poder dar como pequeños pasitos adelante y no quedarnos atrás. El mundo está yendo a cuatrocientos por hora. No podemos dejar pasar más tiempo y no abordar estas problemáticas. El hecho de que estemos en un conflicto bélico con un país como Marruecos, una potencia tan grande, no significa que poner nuestra diversidad como sociedad sobre la mesa nos va a hacer desaparecer o va a hacer que nuestra fuerza en el conflicto disminuya, para nada.
Hay una interacción muy interesante en la película entre la protagonista a la deriva y un viejo sabio al que pide consejo, y cómo él le habla de resistencia y paciencia como una característica del pueblo saharaui.
Esa figura en la película para mí es super importante: Siento que ningún adulto entiende a Mariam y Mariam va a un señor religioso, con su barba, y es quien la entiende, es quien le da esa esperanza, es quien le da esa paciencia y es un poco ese ancla. Aunque todo sea un caos a su alrededor, de repente tener ese espacio donde ir a pedir su amuleto para que la alivie y escuchar ese “a quien aguanta le llega su sombra” al final refleja un poco la espera del pueblo saharaui.
Lo que le quiere decir el sabio es, si todo un pueblo ha resistido y ha esperado, Mariam, ubícate, y ten un poco de paciencia en la vida, que hay que saber con qué sombras pelear y cuándo hacerlo. Me parece muy bonita esa idea porque en la sociedad saharaui cuando tú te pierdes, cuando necesitas un amuleto, hay personas que tienen mucho conocimiento, mucha fe, a quienes puedes pedir consejo.
Me han contado que trabajas en la Cruz Roja con gente migrante.
Empecé a trabajar ocho días después de volver del rodaje, me parece un trabajo súper importante, sobre todo el de acompañar a la gente independientemente del conflicto del que proceden o de su situación personal. Acompañar y no deshumanizar.
Y en este momento de transformación, en general tan preocupante, pero también con grietas de esperanza ¿cómo crees que se complementa de alguna forma hacer este tipo de películas y por otro lado estar en la cotidianidad con las personas?
Para mí es superimportante porque yo perdí la esperanza en todo lo político, y siendo alguien que me frustra mucho la injusticia, me da mucha rabia la injusticia, de repente, me hago muy pequeña y me da mucha rabia, mucha frustración, y de ahí esa pérdida de fe en la política y esa necesidad de volver al campo, de la humanización y a recordarnos por qué estamos aquí y por qué vivimos.
A mí, trabajar con personas migrantes me recuerda constantemente pisar tierra y ablandar un poco el corazón, aunque todo lo que tengas alrededor está para deshumanizarte, enciendes la tele, caminas, vas al autobús y todo son conflictos, es como que la gente está irascible, pero hacer este tipo de cosas y trabajar en este tipo de espacios y con estas personas, a mí personalmente me ubica rápido. Porque una viene de una rueda de problemas, ahora estoy con mis miedos respecto a la película, espero que se entienda, sobre todo por las personas saharauis… entonces llego a mi trabajo, y me centro.
Trabajar con personas migrantes me recuerda constantemente pisar tierra y ablandar un poco el corazón, aunque todo lo que tengas alrededor está para deshumanizarte
¿Y has tenido feedback por parte de personas saharauis, de colectivos?
Pues mira, he tenido feedback muy buenos de gente que no ha visto la película, pero que espera y desea verla pronto, jóvenes saharauis sobre todo. Pero también algunos comentarios que cuestionan que la película hable del Sahara, que acusan a la película de mezclar la identidad marroquí y la identidad saharaui, cuando no es para nada así.
De hecho en la película se trabajó muy bien, para diferenciar quien es marroquí y quién es saharaui. Como es en versión original, se mezcla el dariya marroquí con el hassania [árabe saharaui] y algunas palabras en castellano. En los diálogos los subtítulos aparecen en amarillo y en blanco. En amarillo son los que se habla en dariya y en blanco se habla en hassania. Fíjate hasta dónde cuidamos la diferenciación entre la sociedad saharaui y los colonos marroquíes. Y se hizo con mucho amor y mucho cuidado precisamente para no ofender a nadie.
Pero cuando convives más de 50 años con el colono marroquí, el dariya se va mezclando. Igual que yo, que llevo más de 20 años en España, y no tengo una frase entera en hassania. Imposible. Nosotros ya hablamos el hassañol, mezclamos el hassania con el castellano. Es totalmente normal cuando llevas conviviendo con las personas en una sociedad más 50 años que haya algo de mezcla. Entonces, ciertos planos de la película que se escuchan en dariya, la gente lo ha malinterpretado y están como con ese hacha de: “No, eso no es saharaui”. Nosotros somos muy exigentes para lo nuestro y hay gente que está con lupa mirando todo.
A veces se entiende la resistencia como una forma de cristalizar las cosas, no asumir que cambien.
Efectivamente. Entonces, a mí me alegra mucho porque la película es muy bonita, hay tantas nacionalidades que han trabajado en esta película, los españoles, los alemanes, argentinos, uruguayos, estadounidenses, catalanes. Tanta gente que no te lo puedes imaginar.
Han trabajado en ella saharauis de los campamentos, también se ha consultado a saharauis de los territorios ocupados para que nos ayuden un poco a hacer bien los guiones y diferenciar qué palabras se dicen en los campamentos y qué palabras se dicen en los territorios. Ha habido un respeto muy grande en esta película, ha sido hecha con mucho amor.
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