Ciclismo
Classic Wars: El Imperio Contraataca

Hace mucho tiempo, en una galaxia lejana, muy lejana... Hay itinerarios sagrados en el mundo del ciclismo. Son pocos. La mayoría de recorridos acaban sucumbiendo con el paso del tiempo, modernizando y reasfaltando sus kilómetros. Perdiendo su esencia. Hay algunos que, sin embargo, siguen fieles a su origen y conservan el encanto de épocas anteriores. Son los monumentos del ciclismo, por su orden en el calendario ciclista actual: Milano-Sanremo, De Ronde Van Vlaanderen, Paris-Roubaix, Liège-Bastogne-Liège e Giro di Lombardia. Segundo capítulo.

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Rik Van Looy, El Emperador de Herentals.

publicado
2019-05-07 06:45:00
Rik Van Looy, también conocido como el Emperador de Herentals o Rik II por considerarse el sucesor de Rik Van Steenbergen, fue un corredor belga, flamenco para ser más exactos. Clasicómano y sprinter, aquien más se podría parecer hoy en día sería a Peter Sagan, palabras mayores. Mal humorado y ambicioso, Rik Van Looy trascendió como el primer ciclista en ganar los cinco monumentos. Ciclista profesional desde 1953, Rik abrió su cuenta de victorias en la Milano-Sanremo de 1958. La Classicissima acostumbraba a decidirse en un sprint masivo, y el de Herentals impuso su punta de velocidad en un pelotón con 70 corredores. Torriani, el capo de la prueba, sorprendido con tanto ciclista, prometió endurecer el recorrido. Así, en 1960 fue incluido el Poggio di Sanremo, una cota sin mayor complicación situada cerca de meta y con 290 kilómetros en las piernas. Desde 1960 el Poggio suele ser decisivo, aunque su poca dureza hace que seleccione el pelotón pero no evita que la victoria sea disputada por un numeroso grupo. 

Al año siguiente da su victoria en San Remo, en 1959 Rik ganaba la De Ronde Van Vlaanderen por primera vez. No dudó en reventar la prueba en el Muur-Kapelmuur a 40 kilómetros de la meta. O Muur, uno de esos bergs con adoquines e pendientes prohibidas, fue incluido por primera vez en la edición de 1950, ganada por Fiorenzo Magni. En un principio Rik fue seguido solo por De Bruyne, y después venía un grupo con otros veinte ciclistas, entre los que estaba Desmets, el mejor gregario de la guardia roja de Van Looy, el cual llevaba viva la carrera para que Rik diera cuenta de su competencia en el sprint. Tres años después, en 1962, el papel de De Bruyne fue para Tom Simpson, roto por el acoso de la guardia imperial roja de Rik II.

Ciclismo
Classic Wars. La Guerra de las Clásicas
Hay itinerarios sagrados en el mundo del ciclismo. Son los monumentos del ciclismo, por su orden en el calendario ciclista actual: Milano-Sanremo, De Ronde Van Vlaanderen, Paris-Roubaix, Liège-Bastogne-Liège e Giro di Lombardia.

Van Looy fue ganador en Lombardía también en 1959. En 1960 el patrono Torriani, harto de un palmarás lleno de sprinters (Van Looy, Defilippis, Darrigade...) y conocedor de que la emblemática subida al Ghisallo ya no era el camino embarrado que desperdigaba ciclistas. Era una carretera bien asfaltada y pensó en buscar alguna otra subida, próxima al Ghisallo. Y encontraron una, un camino de tierra en Sormano que fue ampliado y asfaltado. Aquella nueva carretera subía 297 metros de desnivel en 1,7 kilómetros: una pendiente del 17,5% con rampas máximas del 25%. Una barbaridad. Tan dura que solo fue transitada durante tres anos (1960, 1961 e 1962) hasta que volvió en 2006. Pero esa es otra historia.

Porque Rik Van Looy siempre tuvo una obsesión llamada Roubaix. Cuando ganó por primera vez El Infierno del Norte, Rik vestía el maillot arcoíris. Preguntado por los periodistas, el de Herentals bajó a la categoría de anécdota la victoria mundialista comparada con la Roubaix que acababa de ganar. Era 1961 y la guardia roja del Faema metió un fuerte ritmo durante toda la carrera para que Rik sacara una bicicleta de ventaja en el sprint a sus oponentes. Ganaría dos veces más Roubaix, con especial recuerdo de la victoria de 1965, su mejor triunfo de siempre, después de tres anos sin ganar en sus clásicas y con la inestimable ayuda de su fiel escudero Gilbert Desmets. En 1961, el mes siguiente a ganar su primera Roubaix, sumaba la Liège-Bastogne-Liège en su palmarés, hecho que lo convertía en el primer ciclista de la historia en ganar los cinco monumentos. Tras la “belle époque” del ciclismo italiano, el poder de las clásicas moverá su epicentro hacia el norte belga y Rik Van Looy será uno de los pilares de este movimiento.

Tras la 'belle époque' del ciclismo italiano, el poder de las clásicas moverá su epicentro hacia el norte belga y Rik Van Looy será uno de los pilares de este movimiento

Después de correr con el equipo Faema, Rik Van Looy compitió con los equipos GBC Libertas (1963), Solo Superia (1964-1966) y en el Willem II–Gezelle para retirarse en 1970. En el equipo Solo Superia, durante 1965, coincidió con un chico; Rik pronto vio en el chaval al corredor que podría acabar eclipsando su gloria. Por eso el Emperador de Herentals dedicó esfuerzos y tiempo en ningunear al nuevo, a llamarlo paleto, a reírse de su forma de hablar. ¿Cuál era el nombre del chico? Eddy Merckx, el joven que buscaba devorar a sus rivales. El Caníval que empezó siendo un paisano que no sabía hablar bien.

Eddy Merckx, el Caníbal

Eddy Merckx nació en 1945. Brabazón. Flamenco pues, ya que es de un Estado (Bélgica) que en realidad son dos comunidades lingüísticas; estas comunidades en ocasiones viven dándose la espalda, comunidades donde la pronunciación de un nombre es toda una declaración de intenciones. Y ocurrió que los padres de Eddy trasladaron su residencia desde Meensel-Kiezegen hasta Woluwe-Saint Pierre, cuando Merckx era un pequeño, para abrir una tienda de ultramarinos. Apenas unos pocos kilómetros hacia el oeste en cualquier otro sitio, pero un paso fundamental para Eddy, un salto mayor que cualquier frontera. Porque antes vivía en un espacio flamenco y, después, en un espacio donde todos hablaban en francés. Eddy, claro, acabó hablando de forma incorrecta ambos idiomas. El desapego con la mitad de los que consideraba los suyos comenzó desde joven, y la decisión de pronunciar los votos matrimoniales en francés solo agravó la situación.

Pero eso fue después. Cuando Eddy pasó a la categoría profesional en 1965 solo era una gran promesa en el peor equipo posible, el Solo Superia. Rodeado de corredores flamencos que hacían chistes y bromas sobre su forma de hablar, Merckx callaba y curtía su piel en un ambiente hostil. En diciembre de 1965 marchó de aquel reducto flamenco hasta el Peugeot, un equipo francés. De ahí en adelante será el Judas, el traidor, el flandrien que abrazara el lado oscuro de la fuerza.

De ahí en adelante será el Judas, el traidor, el flandrien que abrazaría el lado oscuro de la fuerza

En 1966, Eddy Merkx todavía no era El Caníbal. El de Brabante vivía en el anonimato. Y la Milano-Sanremo del citado año 1966, ya en el Peugeot, suponía la presentación con el equipo galo en un escenario de importante repercusión. Tras el Paso del Turchino, una escapada desafiaba a un pelotón que les daría caza poco antes de comenzar la subida al Poggio, momento en el que normalmente se hace la selección definitiva en la carrera. Ahí mismo, el francés Raymond Poulidor lanzó un ataque en la búsqueda de su segundo triunfo en San Remo. El ídolo de Francia fue atrapado poco antes de la llegada, cuando apareció un joven Merckx para llevarse al sprint su primer gran triunfo como profesional. Ya no era un desconocido, con tan solo 20 años ya era una realidad que comenzaba a dar miedo. Cuenta la leyenda que aquel día su madre cayó al suelo de la emoción. Rik Van Looy, por su parte, dicen que cuando vio a Eddy en lo alto del podio, del enfado que tenía, echaba espuma por la boca.

Porque en el Peugeot Merckx comenzó su estrategia de dominación. Primero con las grandes clásicas. Ganó dos Milano-Sanremo (1966 e 1967) y el Mundial en ruta de 1967. Más tarde, ya en equipos italianos, pasa a ser invencible. Llega a las siete victorias en San Remo (récord). Conquista Roubaix (tres en total, récord en su época). Gana en Liège (cinco, récord). También Lombardía (dos veces) y tres Campeonatos del Mundo (récord). Es el ciclista con más victorias en monumentos. Con más victorias en grandes clásicas, también en las Ardenas. El Monstruo. El Caníbal.

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Merckx vestido con el maillot amarillo.

Pero no bastaba con ganar, tenía que hacerlo a su manera. Estilo Merckx. Atacando más lejos que nadie, destrozando a sus rivales. Como en 1969, cando atacó en solitario a más de 70 kilómetros de meta para ganar por primera vez la De Ronde Van Vlaanderen. Con un fuerte viento de cara. Su director, Guilleume Driessens, le dice que desista. Merckx ni lo mira. Driessens insiste, grita, golpea en la puerta con medio cuerpo por fuera del coche. Y entonces Eddy lo mira y dice: “Que te jodan”, casi escupiendo. Y siguió pedaleando, con fuerza, en silencio. Ganó por más de cinco minutos sobre el segundo. Repitió el número en la Lombardía de 1971, Liège de 1972, nuevamente De Ronde en 1975. Era su estilo de actuar, de ganar.

Dicen que todo gran campeón tiene un gran enemigo. El enemigo de Merckx era tan grande como un país, su propia nación: Flandes. Y todos los corredores flamencos fueron contra él. Los hermanos De Vlaeminck, Monseré, Maertens, Godefroot, Verbeeck, Leman, Dierick, Planckaert. Todos. Darth Vader contra los flandrien. Flandes contra Merckx. El término flandrien en el mundo del ciclismo significa algo más que flamenco en francés. El periodista Karel Van Wijnendele definió el concepto flandrien a comienzos del siglo XX; para él un flandrien no era duro, sino que era acero puro; gente con un corazón que dobla y dobla, pero no rompe. En la actualidad, el folleto informativo del museo nacional del ciclismo, en Bélgica, explica que el apodo flandrien era típico para los ciclistas de pista flamencos en los años 1910 e 1920. Conocidos durante esa época por el dominio en las carreras de los Seis Días, cuando los flandrien cogieron el barco hacia Estados Unidos para competir en los velódromos de Nueva York y Chicago, eran presentados por los speakers como “tipos que comen carne cruda”. Tipos que desayunan napalm por las mañanas, que diría otro. Ciclistas con un instinto de ataque sin precedentes. Que nunca bajan los brazos, ni la cabeza, que luchan en todas las circunstancias posibles. Así son los flandrien.

Ciclistas con un instinto de ataque sin precedentes. Que nunca bajan los brazos, ni la cabeza, que luchan en todas las circunstancias posibles. Así son los flandrien

Y contra un ejercito de clones flandrien luchaba Merckx. Flandriens como Roger De Vlaeminck, apodado 'El Gitano' por los viajes de su familia a causa de un negocio de venta ambulante de ropa. En 1972, con 25 años, Roger ganaba la primera de sus cuatro Paris-Roubaix. Esa edición es recordada por la selección que hizo el Bosque de Arenberg, ahí enterró sus opciones Eddy Merckx. Quedaban el resto, cuando Van Malderguem saltó del grupo de favoritos. A por él fue De Vlaeminck, quien a falta de diez kilómetros de meta ya rodaba en solitario hacia la victoria. Repetiría en Roubaix en 1974, 1975 y, la última, 1977. Cuatro victorias que aun hoy son el récord de victorias en El Inferno del Norte, empatado con Tom Boonen en la actualidad. Monsieur Paris-Roubaix. Cifras que unió a los otros cuatro monumentos, porque Milano-Sanremo, De Ronde Van Vlaanderen, Liège-Bastogne-Liège y Giro di Lombardia también están en su palmarés, como solo está en el palmarés de Van Looy y Merckx.


De Ronde, 1977, la última jugarreta del gitano

En 1977 Eddy Merckx era una sombra de una leyenda, los músculos dijeron basta. Llevaba tres años sin ganar una Gran Vuelta, y sus apariciones en cabeza durante las clásicas eran cada vez menos frecuentes. Merckx era, el 3 de abril de 1977, una leyenda, sí. Pero una leyenda del pasado. Con todo, Eddy Merckx seguía siendo el mejor ciclista de la historia. Ya no ganaba, pero seguía siendo El Caníbal. Y por eso, cuando saltó a falta de 100 kilómetros para el final de la De Ronde Van Vlaanderen de 1977, todos los capos se miraron entre si. Un rumor comenzó a recorrer el pelotón. Eddy Merckx rodaba solo, y los favoritos pasaron a las primeras posiciones. Entre ellos, Freedy Maertens.

En 1977, Freddy Maertens era icónico. Rubio, alto, fuerte. Flandes convertido en carne y huesos. Vestía el maillot de Campeón del Mundo dentro del equipo Flandria. Un equipo que era, para que entiendan los futboleros, un Athletic de Bilbao que ganaba las finales de la Champions League. Un conjunto que era más que un equipo ciclista. Y Maertens odiaba a Merckx. Y odiaba como un flandrien, sin medida, sin mesura. Ambas estrellas estaban enfrentadas desde el mundial de 1973 en Montjuic. El que debió ganar Merckx o Maertens, pero ganó Felice Gimondi. Por eso, nadie quedó sorprendido cuando Maertens saltó a la búsqueda de Merckx. Y a su rueda El Gitano, Roger De Vlaeminck.

Freddy Maertens era icónico. Rubio, alto, fuerte. Flandes convertido en carne y huesos. Y Maertens odiaba a Merckx. Y lo odiaba como un flandrien, sin medida, sin mesura

Ambos recuperaron terreno sobre Merckx, ampliando diferencias sobre los demás, mientras avanzaban hacia el gran muro: el Koppenberg. La organización fue clara, no estaba permitido el cambio de bicicleta antes o durante el Koppenberg. Pero Freddy cambió su montura. Fue por una avería mecánica, o eso dijo él. Los jueces fueron al coche del director del Flandria y vieron que la bici estaba perfecta. Maertens descalificado. En ese mismo instante, los ojos del Gitano De Vlaeminck se abrieron, consciente de estar frente a una oportunidad única.

Porque Roger De Vlaeminck, en 1977, estaba buscando completar los Cinco Monumentos, de los que solo le faltaba De Ronde. Entonces Roger habló con Maertens: “Tu ya no cuentas. Ayúdame, tira de mi y conseguiremos que Merckx no gane. Además te recompensare generosamente”. Y Maertens aceptó, no por el dinero, más bien por perseguir a Merckx. Los dos, claro, alcanzaron al viejo campeón, que fue superado en la segunda subida al Koppenberg. Siguieron tirando hasta la meta, el joven Maertens delante siempre, el viejo zorro De Vlaeminck a rueda. En la meta no hubo sprint final. De Vlaeminck entró vencedor, Maertens después, sin dar pedales. El Gitano tenía su quinto monumento. En el público existía división de opiniones, una mitad se acordaba del padre de Roger, la otra mitad se acordaba de la madre. Hubo intentos de agresión a De Vlaemninck. Hubo gritos de fraude, Roger negaba con la cabeza mientras subía al podio, no olvidó el momento nunca.

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Roger De Vlaeminck, imagen de archivo.

En el museo de la prueba, en Oudenaarde, hay una exposición de kinderkopje con los nombres de los ganadores de cada una de las ediciones en la De Ronde Van Vlaanderen, la edición de 1977 tiene dos adoquines. En la primera aparece el nombre del ganador: Roger De Vlaeminck. En la segunda está escrito: Freedy Maertens, ganador moral. De Ronde, 1977. A máis polémica da historia.

Continuará...

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