Más de 1.500 millones de personas sufrieron calor extremo en 2026 y España sumó un mes de temperaturas anómalas

Un análisis de ‘Climate Central’ calcula que más de una cuarta parte de la población mundial estuvo expuesta cada día del verano a temperaturas fuertemente condicionadas por el calentamiento global.
Galería Calor Madrid - 15 Remonta
Mucho cemento y pocas sombras en la plaza de La Remonta, Madrid. David F. Sabadell

El calor no llega solo. Cada grado que aumenta la temperatura media del planeta modifica también las probabilidades de que un día concreto sea insoportable para una parte para nada despreciable de los habitantes del planeta. Este verano, esa diferencia se ha hecho sentir a una escala difícil de ignorar: más de 1.500 millones de personas han sufrido al menos 30 días de un calor que ha puesto en riesgo su salud. Unas condiciones que no se habrían producido con la misma probabilidad en un clima menos alimentado por la contaminación por carbono. En esencia, por la quema de carbón, petróleo y gas

La cifra procede de un trabajo de investigación de Climate Central que ha estudiado las temperaturas registradas entre el 1 de junio y el 31 de agosto de 2026 en 252 países y 949 ciudades. El resultado permite poner cifras a una idea que suele expresarse de manera abstracta. Durante los tres meses del verano, más de una cuarta parte de la población mundial estuvo expuesta, cada día, a temperaturas en las que la influencia del cambio climático fue decisiva. El análisis intenta responder a una pregunta concreta: ¿cuánto más probable ha hecho el cambio climático el calor que estamos viviendo?

El termómetro de un planeta alterado

Climate Central utiliza para ello el denominado Climate Shift Index (CSI), un indicador que mide la influencia del cambio climático sobre las temperaturas diarias. Los valores positivos, del 1 al 5, indican que una determinada temperatura es cada vez más probable como consecuencia del calentamiento global. El estudio se centra en los días con un nivel 2 o superior, considerados días en los que la influencia del cambio climático es fuerte.

El análisis incorpora además un umbral local para determinar qué se considera calor de riesgo: son aquellos días en los que la temperatura supera el 90% de las registradas en el mismo lugar entre 1991 y 2020. No significa que una misma temperatura tenga las mismas consecuencias en todas partes. Al contrario: el método intenta medir el calor en relación con el clima habitual de cada territorio.

El resultado dibuja un verano excepcional en numerosas partes del planeta. Son 54 los países que registraron entre junio y agosto su verano más cálido desde 1970, entre ellos Francia, Italia y Reino Unido. En ese contexto, Europa aparece especialmente señalada. Siete de los diez países con las mayores anomalías térmicas del mundo se encuentran en el continente. Francia y la Ciudad del Vaticano registraron temperaturas medias estivales aproximadamente 3,5 grados por encima de lo habitual.

La anomalía europea resulta especialmente significativa porque muestra que el problema no se limita a regiones tradicionalmente asociadas con temperaturas extremas. El calentamiento está desplazando las condiciones de referencia. Lo que cuenta como un verano excepcional se está midiendo sobre un planeta que ya es más cálido.

El calor como desigualdad

Las cifras globales esconden además realidades muy diferentes. Asia fue el continente donde más población estuvo expuesta al calor de riesgo: 2.800 millones de personas, el 58% de su población, acumularon al menos 30 días de temperaturas consideradas de riesgo. India concentró 117 millones de personas expuestas a al menos 30 días de calor de riesgo añadido por el cambio climático. China sumó 94 millones e Indonesia, 83 millones.

En África, la persistencia del calor fue todavía más acusada en algunos territorios. Seis países o regiones experimentaron temperaturas fuertemente condicionadas por el cambio climático durante al menos el 95% de los días analizados. En Ruanda fueron 91 días; en Uganda, 89; en Etiopía y Comoras, 88.

En 37 países africanos, el cambio climático explicó al menos la mitad de los días de calor de riesgo experimentados durante el verano. El caso de Uganda lleva el indicador a su extremo: los 27 días considerados de riesgo durante el periodo fueron, según los datos de Climate Central, días añadidos por el cambio climático. El informe recuerda, con datos, que la crisis climática no reparte sus consecuencias de manera uniforme. La población expuesta, el clima de partida y las condiciones materiales de cada territorio determinan quién puede protegerse del calor y quién queda más expuesto a él.

Un verano récord en Estados Unidos

Al otro lado del Atlántico, Estados Unidos vivió también un verano excepcional. La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) confirmó que 2026 fue el verano más cálido registrado para los estados contiguos del país y que julio fue el mes más cálido de toda la serie histórica. Entre junio y agosto, la temperatura media fue 0,78 °C superior a la media del periodo 1991-2020.

El estadounidense medio experimentó unos 26 días con temperaturas fuertemente influenciadas por el cambio climático. Y unos 293 millones de personas —el 86% de la población— estuvieron expuestas a al menos 30 días de calor de riesgo.

El oeste del país concentró algunas de las anomalías más intensas. Colorado registró una temperatura media estival 2,4 °C por encima de lo normal; Utah y Nevada, 2,1 °C. Nuevo México acumuló 66 días de calor de riesgo, Nevada 63, Colorado 61 y Utah 58. Pero el problema no se limita a los grandes récords. En 141 ciudades estadounidenses, Climate Central calcula que el cambio climático fue responsable de al menos la mitad de los días de calor de riesgo registrados este verano. San Juan, en Puerto Rico, alcanzó 71 días de este tipo.

El calor mata y el agua moja

Aunque es una obviedad, conviene desarrollarla. El informe señala que este verano las temperaturas récord estuvieron acompañadas de un aumento de las hospitalizaciones y de las muertes relacionadas con el calor en diferentes lugares del mundo. La temperatura, además, no actúa de manera aislada. El riesgo se acumula cuando las jornadas de calor se suceden durante semanas, cuando las noches no permiten recuperar al cuerpo recuperarse de esa exposición o cuando las personas están obligadas a trabajar o a desplazarse bajo temperaturas extremas.

El estudio de Climate Central no pretende cuantificar todas esas consecuencias sociales. Su aportación es otra: permite identificar la parte del calor que se ha vuelto más probable como consecuencia de la alteración del clima. Y ahí está una de las claves políticas del problema. No trabajan solamente sobre cuánto ha subido la temperatura media del planeta, sino de cuántos días concretos están siendo transformados por ese aumento.

La causa de fondo tampoco es misteriosa. Los responsables de la investigación señalan la contaminación que atrapa calor en la atmósfera —generada principalmente por la quema de carbón, petróleo y gas— como responsable del calentamiento que está desplazando las temperaturas hacia arriba.

En algunas zonas, el verano de 2026 estuvo además condicionado por el fortalecimiento de El Niño, que añadió una fuente adicional de calor. Pero ese fenómeno natural se superpone a un escenario de fondo que ya ha cambiado: el planeta parte de temperaturas más altas debido al calentamiento provocado por las emisiones.

La diferencia es importante. El Niño puede desaparecer. Una ola de calor puede terminar. Pero mientras continúen acumulándose gases de efecto invernadero en la atmósfera, el escenario sobre el que se producen los próximos episodios de calor seguirá desplazándose.

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