¿Ha llegado la fase ginésica a su plataforma seriéfila?

La entrega de los premios Emmy nos ha dejado un cambio, al menos, en las series de televisión. Big little lies y El cuento de la criada (obras en la que la feminidad es clave) han sido las claras vencedoras, pero, ¿estamos ya en lo que Showalter llamó “la fase ginésica”?

¿Ha llegado la fase ginésica a su plataforma seriéfila?
Elizabeth Moss recibe el premio a mejor actriz de drama por "The handmaid's tale" en la gala de los Emmys 2017. Mario Anzuoni.

publicado
2017-09-22 17:13:00

En The feminist Reader, Toril Moi nos habla de la importancia de la socialización. En su ensayo, la crítica expone, entre otras cosas, que todo lo que sucede a nuestro alrededor nos condiciona. Imitamos constantemente a determinados modelos a seguir, más allá (esto es una aportación personal) del propio raciocinio. ¿Qué sentido podría aportar celebrar un gol de pachanga como Cristiano Ronaldo, aparte de la aceptación? ¿Y hacer el símbolo de la victoria como Neymar en un selfie de Instagram? La entrega de los premios Emmy nos ha dejado un cambio, al menos, en las series de ¿televisión? Interrogo a la caja tonta por una sencilla razón, yo las vi a través del ordenador. Big little lies y El cuento de la criada (obras en la que la feminidad es clave) han sido las claras vencedoras, pero, ¿estamos ya en lo que Showalter llamó “la fase ginésica”?

Socialización, modelos a seguir y sororidad

Cuando en 1989 Toril Moi publicaba The feminist Reader, Disney estrenaba La Sirenita. En la película, Disney continúa con su marca “princesas Disney”, que establece un modelo de comportamiento femenino. Participan dos modelos de mujer: Una es una señorona empoderada de pelo blanco y curvas amplias. En su canción por antonomasia, explica que por su ambición un hombre poderoso la condenó a las catacumbas del océano. Además, se observa lo mucho que disfruta de su sexualidad. El otro personaje es una chica delgada, con pelazo, indecisa y tan superficial que está dispuesta a renunciar a sus principales señas de identidad por un señor al que acaba de conocer, el cual, casualmente, resulta ser príncipe. ¿Quién es la buena y, sobre todo, por qué? A eso se refiere Moi. Le dejamos este curioso artículo para que sigan discerniendo sobre estos dos personajes.

Ya se llamen influencers o princesas Disney, la socialización expone una visión hegemónica del género. Estos son los llamados “modelos”, ejemplos sociales de lo que es aceptable o no. Moi expone que hay que diferenciar entre femenino, feminista y ginésico y que, en cualquier caso, cualquiera de los tres términos está marcado por los modelos que seguimos y su socialización. Una de las tareas del feminismo ha sido intentar cambiar esos modelos. Según Elaine Showalter, en la literatura este cambio ha ido pasando por las tres fases que vamos a analizar.

La fase femenina, la fase feminista y la fase ginésica

Elaine Showalter publicó en 1984 A literature of their own: British novelist women from Brontë to Lessing. En este ensayo, Showalter detecta tres fases en la historia de la literatura femenina: La fase femenina, la feminista y la ginésica.

La fase femenina se dio entre 1840 y 1880. En esta etapa, las mujeres tienen su propia visión, pero imitan la estética narrativa de los hombres. En esta época aparecen en el mundo anglosajón las hermanas Brontë. Jane Eyre, Cumbres Borrascosas y La inquilina de Wildfell Hall son hoy clásicos de la literatura. La irónica e inicial verdad universal de Jane Austen en Orgullo y prejuicio (“es una verdad universalmente reconocida que todos los hombres con una gran fortuna, tarde o temprano, necesitan una mujer”) se supera y la perspectiva cambia, aunque no la forma de contar una historia.

La fase feminista se produce entre 1880 y 1920. En este momento, la literatura femenina resuelve en la protesta contra su propia carencia de derechos. Dicho de otra forma, se empodera. A partir de 1920, se produce una fase ginésica (traducción libre de “female phase”), en la que las novelistas, sintiéndose “ligeramente libres”, hacen un ejercicio de introspección. Es en ese momento cuando Woolf se pregunta en Una habitación propia qué hubiera pasado si William Shakespeare se hubiese llamado Judith.

Años más tarde, los Emmy de 2017

Años más tarde, ya en el caso que nos ocupa, llegaron los Emmy de 2017 con dos series como protagonistas: Big Little Lies y El cuento de la Criada. Volviendo a Showalter, en sucesivos ensayos puntualizó un desplazamiento del punto de vista. Según ella, determinados textos literarios habían pasado de “androtextos” a “ginotextos”. Es decir, el punto de vista del relato había comenzado a cambiar, como la visión crítica de los mismos. Atendiendo a la crítica literaria, de analizar un texto desde la crítica feminista, deberíamos observar “la historia, el estilo, los temas, los géneros literarios y la estructura narrativa, por un lado; por otro, la psicodinámica de la creatividad femenina; la trayectoria individual de la autora y, finalmente, la evolución y reglas de la tradición literaria femenina”.

Sabiendo esto, podemos ver que en Big little lies hay una protagonista en la sombra: la sororidad. Un grupo de mujeres conviven en una sociedad en la que se ven obligadas a asumir sus luchas de la misma forma en la que lo hacen los hombres. En El cuento de la criada, las mujeres sufren la brutal represión de un sistema ultraconservador. La sororidad, al contrario que en el primer caso, está absolutamente vetada.

Ambas series constituyen en sí mismas una reivindicación. En el caso de El cuento de la criada, es reseñable la lectura de que, pase lo que pase, la gran perjudicada de una represión cultural o religiosa va a ser la mujer. Del mismo modo, Big little lies es un llamamiento a la sororidad, las mujeres han de colaborar entre ellas para que cese la violencia ejercida por el hombre. Podemos decir que ambas producciones formarían parte destacada de la fase feminista. No obstante, el protagonismo femenino en susodichas producciones hace que estas dos series den un paso al frente. Contemplamos matices de la fase ginésica en el hecho de que el negocio (la producción) de Big Little Lies ha recaído sobre Whiterspoon y Kidman. A su vez, El cuento de la Criada es una novela que lleva la firma de Margaret Atwood. En ambos casos, un campo reservado al hombre ha pasado a estar ocupado por mujeres.

Y, sin embargo…

Sabiendo eso, cualquiera tendría cierto optimismo. Sucede, no obstante, que en el programa donde escuché por primera vez lo acontecido en la gala, lo primero que dijeron al respecto sobre las mujeres fue relativo a su vestuario. Posteriormente, Igartiburu lanzó el reportaje sobre la elección que España ha hecho para ser representada en el certamen Miss Mundo.

Hemos avanzado, qué duda cabe, pero hay tímidos antecedentes. En los Oscars de 1950 competían como favoritas dos películas titánicas: Eva al desnudo y El crepúsculo de los dioses. En ambas cintas el protagonismo femenino era (más o menos) traducible a lo acontecido este año en la televisión. Sucedió entonces que, al año siguiente, las nominadas a mejor película volvían a ser eminentes frascos de testosterona.

El tiempo dirá si este es el comienzo definitivo de la fase ginésica en uno de los proveedores de modelos más importantes de la era digital: las series de televisión. Tendremos que ver cómo pasa el tiempo y cómo se desenvuelven los acontecimientos para certificar lo que sería una dicha: la verdadera socialización de modelos positivos a seguir. De momento, en los programas del corazón, lo lamentable se perpetuaba: el vestido de Nicole Kidman era más importante que su interpretación. No obstante, existen Girls, Big Little lies, El cuento de la criada y, ya en el cine, las princesas Disney están pisando las corones de sus príncipes. Tengamos, pues, esperanza.

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Acercarse a la realidad política es aburrido y difícil. Nosotros le ponemos remedio. Política para todas y todos, a pie de calle. Formación y divulgación política.
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