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Joan Ribó, el hombre del mando invisible

Joan Ribó, el hombre que sacó de la alcaldía de València a Rita Barberá después de 24 años de gobierno ininterrumpido busca revalidar el cargo para los que serán sus últimos cuatro años en política.

Joan Ribó
Joan Ribó repite como candidato a la alcaldía de Valencia por Compromís.

publicado
2019-05-22 06:00

Algunos recriminan a Joan Ribó no haber sido tan protagonista como sus homólogas de Madrid, Manuela Carmena, y de Barcelona, Ada Colau. Esta interpretación esconde una doble trampa: la ciudad de València, aun siendo al tercera en población del Estado español, no copa los titulares de la prensa estatal; y una asunción: ¿ha de ser el alcalde el protagonista de la ciudad?

Rita Barberà sí que lo era, hasta tal punto que llegó a convertirse en una caricatura de ella misma (no olvidemos su hit sobre ‘el caloret’ que ocupó minutos en todos los telediarios y programas humorísticos). Frente a su omnipresencia, Ribó cogió la vara de mando durante unos segundos, como si le quemara en las manos, un 13 de junio de 2015. No quería ni “vara” ni “mando”, tal y como dijo, en un hemiciclo al que no volvió a ir Barberá, que sin el liderazgo, renunció a hacer oposición.

Aunque Ribó lanzó la potente campaña del ‘RitaLeaks’ en 2015, su victoria fue inesperada. Incluso en el seno de la coalición valencianista, muchos veían factible que Mónica Oltra acabará en la presidencia de la Generalitat y que Compromís fuera una importante segunda pata en el Ayuntamiento de València. Las urnas de las pasadas autonómicas confirmaron que el Cap i Casal es un bastión naranja. ¿Y si la “culpa” del éxito, pese a todo, es de Joan?

"Algunos intentaron aguarle la legislatura aprovechando la catalanidad de la partida de nacimiento

Joan Ribó es un hombre tranquilo, con su carácter, pero tranquilo. Se le nota la seguridad de una larga trayectoria política y de la propia edad, de la experiencia. Se continúa moviendo en bicicleta -con escoltas, que le siguen también a dos ruedas- y se le puede ver un domingo por la mañana paseando despreocupadamente por su barrio, Patraix. Te saluda inclinando ligeramente la cabeza, con esa mirada y sonrisa sencilla (a pesar de que gana 80.000 euros brutos al año), de buena gente, de hombre de campo. No se ha dedicado a la azada, pero sus padres sí, como le gusta recordar. Le gusta la montaña, a donde hace escapadas en bici y travesías a pie de varias jornadas. 

Nacido en Manresa, vivió en el pueblo rural de Adrall, en Lleida, hasta que se fue a estudiar al instituto en Barcelona. La universidad ya la hizo en València (Ingenieria Agrónoma), donde se quedó, formó una familia e hizo toda su carrera política (Sindicat Democràtic, secretario general de Esquerra Unida del País Valencià, diputado en Les Corts, concejal y alcalde). Algunos intentaron aguarle la legislatura aprovechando la catalanidad de la partida de nacimiento, asunto que siempre ha esquivado de manera elegante y ha evidenciado que los valencianos ya tienen superados los conflictos de los años 70.

"A veces la equidistancia y mantenerse en un segundo plano también pasa factura

Otra alarma saltó en los sectores más conservadores: peligraba las tradiciones y todo aquello religioso (católico, claro). Puede ser que a esas personas les sorprenda saber que Ribó inició su camino político al lado de Cristians pel Socialisme y del movimiento de los curas obreros, aunque se alejó de la Iglesia con las críticas de Juan Pablo II a la teología de la liberación. En todo caso, pueden respirar: no ha quemado templos, ni ha eliminado la Cabalgata de REyes, ni los diferentes actos a la Virgen de los Desamparados, ni las fiestas del Corpus, ni la Semana Santa Marinera. Eso sí, no ha presidido oficialmente, como alcalde, ningún acto de signo religioso, y ha creado un espacio con simbología neutra en el cementerio general para otras confesiones y ateos.

En el hemiciclo municipal ha mantenido su talante de hombre tranquilo, sin frases elocuentes ni airadas respuestas a las críticas. Una inmutabilidad que, por cierto, a veces ha exasperado a miembros de la oposición como Fernando Giner (Ciudadanos), que no encontraba respuesta a sus provocaciones verbales. Ribó ha jugado la legislatura en un segundo plano, evitando polémicas y titulares llamativos en un momento donde la política se concentra en tuits y vive más en los platós de televisión que en los hemiciclos. En ese sentido, ha nadado a contracorriente y le ha permitido salvarse de conflictos sonados en su gobierno como los protagonizados por la concejalía de la Policia Local, liderada por el PSPV, y la de Movilidad Sostenible, de Giuseppe Grezzi. Como un padre que deja hacer a los niños, nunca ha desacreditado al italiano delante de los esfuerzos de la oposición y cierta prensa local por vestirlo de demonio, ni ha atacado la actitud del PSPV.

A veces, pero, la equidistancia y mantenerse en un segundo plano también pasa factura. Uno de los movimientos sociales más potentes que existe hoy en València se articula entorno a la campaña ‘València no està en venda’, por el derecho a la vivienda y contra la gentrificación. Es cierto que el alquiler en la ciudad se ha multiplicado como ha ocurrido en otras capitales del Estado, pero eso no ha tenido una respuesta firme del gobierno de izquierdas: tan sólo unas limitaciones y controles a los apartamentos turísticos que no son suficientes, al mismo tiempo que se perpetúan los desahucios. Mientras tanto, barrios como Russafa, Ciutat Vella o el Cabanyal son inaccesibles para las vecinas y los negocios de toda la vida y sobre ellos se proyectan planes urbanísticos que prevén más licencias para hoteles y apartamentos turísticos. Benimaclet, ahora barrio de moda, tampoco se queda atrás. València avanza hacia la ciudad escaparate sin que Ribó le haya pegado el toque de atención al PSPV, partido en el que delegó la concejalía de Urbanismo.

"El ámbito donde Ribó parecía que jugaría en casa por orígenes, estudios y afinidad, la defensa de la Huerta, se ha convertido en la piedra en su zapato como alcalde

Hablemos de la huerta. Ribó estuvo en la Universitat d’Estiu de l’Horta aquel julio de 2002 en un contexto de cargas policiales, detenciones, excavadoras y demoliciones en La Punta. Si le preguntas, recuerda que casi le azota la policía por la defensa de la huerta enfrente de los intereses del Puerto de València, que consiguió urbanizar una Zona de Actividad Logística (ZAL) aún hoy en desuso. Pese a tener una sentencia que dicta su nulidad, hoy Ribó defiende que no se puede volver atrás y que añadir unos árboles al carril-bici es suficiente. Por este motivo, personas decepcionas del círculo de compromís se han rebelado y ha recibido muchas críticas del colectivo Per l’Horta, a priori de su cuerda.

La pasividad de Ribó en Planes de Actuación Integrada, como el PAI del Grao o el PAI de Benimaclet, que prevén la edificación sobre una parte de huerta productiva, tampoco ha gustado a los ecologistas. Estas iniciativas han contando con el silencio cómplice de los valencianistas. Igualmente, se ha acusado al alcalde de haber manifestado una oposición demasiado débil respecto a la ampliación del acceso norte (V-21) ordenada por el Ministerio de Fomento desde Madrid.

Curiosamente, el ámbito donde Ribó parecía que jugaría en casa por orígenes, estudios y afinidad, la defensa de la Huerta, se ha convertido en la piedra en su zapato como alcalde. El pragmatismo le ha funcionado y le ha servido para demostrar que los valencianistas no comen niños. Puede ser que en el futuro podamos valorar que su actitud era adecuada en un proceso de transición, del absolutismo del PP durante 24 años a la pluralidad política. Tenemos que admitir que hoy la ciudad de València respira un aire diferente al de la época del pensamiento único; todavía contaminado, pero ideológicamente más abierto y moderno. Sin embargo, si Ribó vuelve a liderar un gobierno de izquierdas, cuatro años más, le seguirá funcionando la mando invisible?

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1 Comentario
#34717 11:41 24/5/2019

Vergonzoso que este medio le haga tal blanqueamiento al personaje al que los movimientos sociales de la ciudad han puesto en la diana por su cinismo en temas como la ZAL, la ampliación del puerto o el Pai de Benimaclet. El personaje que dijo que "la historia no se puede cambiar", o "soy ecologista pero me gusta comer todos los días", para justificar su incumplimiento del programa electoral. No esperaba tal posicionamiento en forma de masaje a las puertas de unas elecciones. Para replantearse la suscripción y el apoyo.

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