Balcanes
Muere Ratko Mladić, el ‘carnicero de Bosnia’ culpable del genocidio de Srebrenica
Ratko Mladić ha muerto en La Haya a los 84 años mientras cumplía cadena perpetua por genocidio, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. Este criminal de guerra es conocido como “el carnicero de Bosnia”, por su papel en el asedio de Sarajevo y el genocidio de Srebrenica.
Nacido en 1943, Mladić creció en la Yugoslavia socialista. Hizo carrera militar en el Ejército Popular Yugoslavo (JNA), y en 1992, cuando los serbobosnios se levantaron contra la independencia de Bosnia y Herzegovina, fue elegido para dirigir el nuevo Ejército de la República Srpska. Bajo su mando, las fuerzas serbobosnias llegaron a controlar alrededor del 70 % del territorio bosnio.
La guerra de Bosnia comenzó en abril de 1992, después de que Bosnia y Herzegovina declarara su independencia de Yugoslavia. El conflicto enfrentó principalmente a las fuerzas del Gobierno bosnio, dominado por los bosniacos, con las fuerzas serbobosnias y, posteriormente, también con las fuerzas croatas de Bosnia. Lo que siguió fue una guerra marcada por campañas de limpieza étnica, asedios, expulsiones, campos de detención, violaciones y asesinatos masivos.
En este contexto y durante casi cuatro años, Sarajevo vivió bajo el fuego de las fuerzas de Mladić. El asedio duró 1.425 días, siendo el sitio de una ciudad más largo de la historia moderna. Alrededor de 11.000 personas murieron en la ciudad durante la guerra, entre ellas miles de civiles alcanzados por la artillería y los disparos de francotiradores desde las posiciones serbobosnias situadas en las montañas que rodeaban la capital, controladas por Mladić. En otros puntos del país, campos de detención, violaciones, ejecuciones y expulsiones formaron parte de una campaña mucho más amplia.
El Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia (TPIY) determinaría posteriormente que el objetivo de la campaña serbobosnia era expulsar por la fuerza a bosniacos —musulmanes bosnios—, croatas y otros no serbios de amplias zonas de Bosnia para hacer posible la creación de la Gran Serbia.
Mladić, junto al líder político serbobosnio Radovan Karadžić y el presidente serbio Slobodan Milošević, formó parte de la estructura política y militar que hizo posible aquella estrategia.
Culpable del genocidio que le otorgó su nombre
En julio de 1995, las fuerzas serbobosnias entraron en el enclave de Srebrenica que Naciones Unidas había declarado “zona segura”, donde miles de civiles bosniacos se habían refugiado buscando protección internacional.
La imagen de Mladić entrando en Srebrenica se convirtió en una de las fotografías más reconocibles de la guerra. Rodeado de cámaras, proclamó que entregaba la ciudad “al pueblo serbio como regalo”.
En los días posteriores a esas palabras, más de 8.000 bosniacos fueron ejecutados de forma sistemática, y sus cuerpos fueron enterrados en fosas comunes. Posteriormente, algunos fueron exhumados y trasladados a otras fosas en un intento de ocultar las dimensiones de la matanza.
La matanza de Srebrenica fue reconocida como genocidio por el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia (TPIY). Ese mismo tribunal determinó que Mladić participó en una empresa criminal conjunta cuyo objetivo era eliminar a los bosniacos de Srebrenica.
La guerra de Bosnia terminó formalmente en diciembre de 1995 con los Acuerdos de Dayton, pero Mladić, así como otros responsables de lo ocurrido en los noventa, no fueron juzgados y condenados hasta muchos años después. Ni siquiera tras la caída de Slobodan Milošević, en 2000, los nuevos gobiernos de Serbia aceptaron entregar a los criminales de guerra.
El TPIY lo había acusado formalmente en julio de 1995, pero Mladić continuaba siendo considerado un héroe por una parte del nacionalismo serbio y mantuvo redes de protección que le permitieron permanecer en territorio serbio eludiendo al Tribunal por 16 años.
Finalmente, el 26 de mayo de 2011 fue detenido en Lazarevo, una pequeña localidad del norte de Serbia. Tenía entonces 68 años. Fue trasladado a La Haya para responder por 11 cargos: dos de genocidio, cinco de crímenes contra la humanidad y cuatro de violaciones de las leyes o costumbres de la guerra, relacionados con Srebrenica, el asedio de Sarajevo y la campaña de persecución y expulsión de población no serbia en distintos puntos de Bosnia.
La negación o relativización de los crímenes cometidos por las fuerzas serbobosnias continúa formando parte de la batalla política por la memoria de la guerra
El juicio comenzó el 16 de mayo de 2012 y se prolongó durante más de cinco años. Mladić jamás reconoció la legitimidad del tribunal. En noviembre de 2017 fue condenado a cadena perpetua por genocidio, crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra.
En los últimos años, sus abogados habían solicitado en repetidas ocasiones su liberación por motivos humanitarios debido al deterioro de su salud. En agosto de 2026, un médico de Naciones Unidas determinó que su muerte podía producirse en cualquier momento, posiblemente en cuestión de semanas, pero el tribunal rechazó nuevamente la petición de excarcelación al considerar que no respondía al interés de la justicia.
Mladić murió finalmente bajo custodia de Naciones Unidas, después de pasar sus últimos meses en la enfermería del centro de detención de La Haya.
Cuando el nacionalismo niega la realidad
En un mural en el centro de Belgrado se puede ver la cara de Mladić bajo la frase: “General, su madre está orgullosa de ti”. El mural ha sido objeto de protestas y enfrentamientos entre grupos nacionalistas y activistas antifascistas y de derechos humanos.
Ratko Mladić ha muerto, pero las fosas permanecen, y 7.581 personas siguen desaparecidas; más de 1.000 de ellas son víctimas de Srebrenica
Figuras del nacionalismo serbio y serbobosnio, entre ellas Milorad Dodik y Vojislav Šešelj, han defendido públicamente el legado de Mladić incluso después de su condena. En Serbia y en la Republika Srpska —una de las dos entidades que componen Bosnia y Herzegovina—, la negación o relativización de los crímenes cometidos por las fuerzas serbobosnias continúa formando parte de la batalla política por la memoria de la guerra. La glorificación de Mladić convive así con las sentencias de los tribunales internacionales que establecieron su responsabilidad por algunos de los peores crímenes cometidos en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.
La realidad es que Mladić carga con el asesinato de más de 8.000 bosniacos en Srebrenica y con una campaña de persecución que dejó miles de víctimas en Sarajevo y en otros puntos de Bosnia. Ratko Mladić ha muerto, pero las fosas permanecen, y 7.581 personas siguen desaparecidas; más de 1.000 de ellas son víctimas de Srebrenica.
Como dice Emir Suljagić, director del Memorial de Srebrenica, tras conocerse la muerte de Mladić: “Ratko Mladić ha muerto y no hay mucho más que decir. Tampoco cambia mucho ese hecho. No devuelve a los muertos. No limpia las fosas comunes. No cambia las sentencias. No convierte al criminal en una figura histórica”.
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