Bosnia y Herzegovina
Elecciones de octubre: el test para la Bosnia-Herzegovina más inestable
El día de junio de 2026 en que los preconteos —provisionales pero tozudos— daban la victoria en Colombia al abogado ultraderechista Abelardo de la Espriella, un cesado Milorad Dodik imponía su voluntad en la República Srpska (RS) con su férrea mano de antiguo político de segunda fila.
Si Abelardo pasa por el Trump colombiano, el bosnio es su doppelganger balcánico: ultranacionalismo, desprecio por las instituciones federales limitadoras de su poder, comunicación política provocadora, victimista y faltona.
Crónica de una destitución precocinada
Ahora bien: ¿cómo se había recalado a la situación descrita? La respuesta viene dada por el pulso que Dodik declaró al Estado, en especial, contra la máxima autoridad sobre el papel: el Alto Representante Internacional para Bosnia (OHR), personalizado en la figura de Christian Schmidt. El Parlamento de la RS promulgó en 2023 una legislación para hacer decaer la eficacia de las decisiones (federales) del Tribunal Constitucional de Bosnia y Herzegovina (BiH) y las decisiones del OHR en la RS, apostillando la insubordinación con el aserto—por si cupiera asomo e duda— de que BiH había dejado de existir.
Schmidt dejó sin efecto tal decisión, pero se encontraba en una comprometida situación con un Dodik desafiante, que cuenta con gran apoyo en la RS y fuera (Trump). Su posición no era la de Carlos Westendorp en 1999, con un EEUU comprometido con lo que se había pactado en Dayton (1995). Schmidt dejó hacer a las instituciones federales reservándose la engorrosa carta de la destitución si no funcionaba.
El alemán caía, no obstante, sobre red y había puesto sus barbas a remojar procedió a modificar en 2023 el Código Penal bosnio, e introdujo penas para aquel que desafiara la autoridad del OHR, pensado para Dodik. Es en este contexto cuando en 2023 la fiscalía bosnia abre un procedimiento contra el líder serbobosnio (firmante de las leyes) y el Tribunal de BiH lo condena, en febrero de 2025, a un año de prisión y seis de inhabilitación para ejercer el cargo de presidente, sentencia que deviene firme al ser confirmada por el Tribunal de apelación de BIH, y ejecutada por la Comisión Electoral Central de BiH (CIK) en agosto de ese mismo año. Dodik sale en ese momento de la presidencia, pero poco importa: sigue ejerciendo en la sombra, y designa en junio de 2026 a “sus” candidatos: Siniša Karan para la presidencia de la RS y Željka Cvijanović para el puesto serbio en la presidencia federal.
Una paz quebradiza
BiH es un complejo entramado étnico fruto de los acuerdos de Dayton, firmados en 1995 entre los líderes bosníacos, serbios y croatas ¿Frágil? sí, pero funcionó durante casi tres décadas. Richard Holbrooke, uno de sus artífices, no era tan ingenuo para negar las debilidades: congeló las causas del conflicto sin abordarlas, aunque siempre sostuvo que resultó el mejor acuerdo posible para poner fin a la guerra. De hecho, la RS se creó allí, al calor de la depuración étnica. Dayton pretendía conjurarla, pero acabó, paradójicamente, institucionalizándola.
Se instauró una BiH federal dividida en dos entidades principales —la Federación croato-bosníaca y la RS— y una tercera, el distrito multiétnico de Brčko, que parte en dos el territorio de la RS. Es un sistema de democracia consociacional: garantiza la representación de los llamados “tres pueblos constituyentes” —serbios, croatas y bosníacos— en las instituciones federales, con un OHR que supervisa el conjunto. En suma: su subsistencia dependía —y depende— de una supervisión y compromiso internacional constantes y de que las entidades aceptaran —y acepten—las reglas: que no se jugara con fuego. Giro de 180 grados: a Dodik le gustan los fósforos y a Trump, Dodik.
Ganancias en río revuelto
Dodik no fue siempre así. En 1998, el ecosistema político de la RS era opresivo. La guerra había durado tres años y medio y el asedio de Sarajevo se levantó en febrero de 1996. Radovan Karadžić (del Partido democrático de Serbia, SDS) gobernó la RS post Dayton hasta dimitir por estar acusado por el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia (TPIY). Hoy cumple cadena perpetua por genocidio y otros crímenes.
Ocupó su lugar Biljana Plavšić, aunque Karadžić seguía al mando. Pero Plavšić rompió con el SDS y fundó su propio partido, la Alianza Nacional Serbia (SNS), un nacionalismo más moderado, aunque de boquilla: acusada por el TPIY, eludió cargos de genocidio y otros a cambio de mostrar “arrepentimiento”. Otros políticos del momento eran Gojko Kličković (SDS), del entorno de Karadžić, y Nikola Poplašen (del Partido Radical Serbio de la RS, SRS RS), aún más ultramontano; la cuestión era elegir a la persona menos dañina para gestionar la paz.
La carambola de la llegada al poder
Es en este contexto que entra en juego Dodik. Entre 1997 y 1998, su Partido de los Socialdemócratas Independientes (SNSD) no despuntaba en el tablero. Pero su suerte iba a cambiar. En 1997, las legislativas anticipadas en la RS arrojaron un Parlamento fragmentado dominado por el SDS. Por el contrario, Dodik exultaba mesura en un clima ultra: su perfil era poco ideológico, de gestor, alejado del ejército y del radicalismo serbobosnio: no era poco, si bien vegetaba en la irrelevancia: muchos observadores electorales ni lo mencionan. No así Occidente y la UE: era una cara joven, “un soplo de aire fresco” ―decía de él la diplomática estadounidense Madeleine Albright—. No era una señora cualquiera. En un principio, no fue ni Madeleine ni estadounidense: sino una niña checoslovaca llamada Marie Jana Korbelová que sabía de guerras y posguerras. Con dos años huyó de la ocupación nazi; con once, de la Checoslovaquia comunista hacia Estados Unidos. Eslava como Dodik, occidental como EEUU y la UE.
Dodik era el tipo: chovinista serbobosnio, pero no vinculado a la guerra y sus crímenes y contrario a Karadžić y Mladić quienes, en opinión de la joven “promesa”, debían ser extraditados al TPIY
La entente entre el SDS y el SRS RS no podía gobernar. Plavšić, figura ligada a Karadžić durante la guerra, se convirtió en la interlocutora estrella de Occidente. La mayoría alternativa se articuló, entonces, en torno a la alianza parlamentaria Sloga (Unidad), integrada por el SNS de Plavšić, los socialistas (SPRS) de Radišić, y formaciones croatas y bosníacas, incluso ―rara avis― un partido multiétnico con dos escaños, los mismos que tenía Dodik. Los coaligados sólo tenían en común la meta: desalojar del poder al SDS/SRS RS. Plavšić estaba descartada por su pasado, por lo que urgía alguien potable para el OHR, EEUU y la OSCE: Dodik era el tipo: chovinista serbobosnio, pero no vinculado a la guerra y sus crímenes y contrario a Karadžić y Mladić quienes, en opinión de la joven “promesa”, debían ser extraditados al TPIY. A ello se añadía un discurso reformista, sin perfil antioccidental. No molestaba a nadie porque no era nadie. Así, Plavšić podía tolerar que colocaran a un mindundi con buena imagen, pero no una amenaza ― o eso pensaba― a la espera de tiempos mejores que nunca llegaron.
El cuatrienio moderado-reformista (1998-2001)
De este modo, Dodik, figura de consenso en aquella irrespirable atmósfera, fue elegido primer ministro, aunque se imponía una feroz cohabitación con el presidente de la RS, el radical Poplašen, quien maniobró para lograr la destitución de Dodik —pese a no tener mayoría en la asamblea—, excediendo sus competencias y poniendo en peligro la aplicación de los acuerdos de paz. El OHR, en aquel momento el español Carlos Westendorp, cesó a Poplašen 1999 por cuestionar su autoridad —tal y como hace Dodik en la actualidad—. Puedo hacerlo gracias a los “Poderes de Bonn” (1997), que habían ampliado las funciones del OHR, certificando el protectorado internacional sobre BiH.
Dodik gobernó imprimiendo pragmatismo y reformismo: reemplazó a los más vinculados con el extremismo, promovió el retorno de los desplazados por la limpieza étnica y posibilitó el marco daytoniano.
El aire fresco se emponzoña
Las elecciones de 2000 apearon a Dodik del poder y pasó a formar parte de la oposición, en un contexto de unas instituciones dominadas por el radicalismo del SDS. Dodik toma nota, aparca la moderación, y se reformula como nuevo campeón de la serbobosnicidad: la federación de BiH pasó a convertirse en su enemigo. Tras las elecciones de 2006, con dicho bagaje, el otrora minúsculo SNSD reaparece preponderante en la Asamblea, la presidencia de la RS (2010 y 2022) y la presidencia tripartita de BiH (2018). Y se confirma: Dodik se ha independizado de un Parlamento que lo ataba en corto y ahora es él quien corta el bacalao. Se inicia entonces un pulso constitucional al Estado en el que su antiguo protector ―el OHR, encarnado en 2021 por Schmidt― se pone en el centro de la diana por ser la instancia que aún lo suelda a BiH.
Dodik ha estado usando la condena para victimizarse. Además, ha estado tirando de padrinos: y quien mejor que su némesis transatlántica, Trump
Como a Poplašen en 1999, el OHR lo licencia―vía penal arriba descrita― por sus constantes desafíos, provocaciones e insubordinaciones. Desde entonces Dodik ha estado usando la condena para victimizarse. Además, ha estado tirando de padrinos: y quien mejor que su némesis transatlántica, Trump. El mandatario estadounidense había levantado las sanciones a Dodik y a su círculo en 2025, rompiendo así el consenso occidental en aislarlo. ¿Recuerdan el bochorno mundialístico de la retirada de la tarjeta roja? Pues eso.
El árbitro casero
Todo este proceso culmina con la dimisión de Christian Schmidt en mayo de 2026, quien esgrimió improbables “motivos personales”: era de dominio público que la presión de Washington fue decisiva. Eso sí, para Trump, que practica una diplomacia transaccional, todo tiene un precio: los intereses en el rubro energético bosnio —en concreto, el gasoducto Southern Interconnection entre BiH y Croacia— de empresas próximas a él y sus colaboradores. Con este movimiento, el presidente estadounidense se saltaba la regla no escrita por la cual el OHR cae en manos europeas y la seguridad en manos estadounidenses. El objetivo es claro: reducir la influencia europea en Bosnia, y eso pasa por recortar las atribuciones del OHR —acusado de extralimitación— y el ascendente europeo en toda una región de países candidatos a la UE.
Hay prisa: las elecciones de octubre en BiH y las elecciones de medio mandato de noviembre en Estados Unidos, en las que Trump podría perder su mayoría en el Congreso, están a la vuelta de la esquina. Para dirigir el OHR EEUU se inclina por el diplomático italiano Antonio Zanardi: sin experiencia en Bosnia; pero sí en Serbia, “madre patria” a la que sueña unirse Dodik. EEUU necesita un OHR más débil; la UE, lo contrario, y apuesta por René Torcaz.,La elección es importante: un OHR débil puede descoser aún más BiH. Una Bosnia en llamas, además, frenaría su camino a la UE, algo conveniente para EEUU y el Kremlin.Entre tanto, se opta por una solución de “compromiso” y se ha nombrado a Louis J. Crishock, antiguo OHR adjunto —número 2— como OHR en funciones (otra regla no escrita: los “número dos” solían ser estadounidenses). A Dodik es palmario que esta escaramuza en la pequeña esquina del gran juego le beneficia.
Algunos europeos, entre los que se cuentan dos ex-OHR abogan por su disolución y la asunción de sus funciones por la Unión Europea en el marco de una paulatina integración del país en la UE: de hecho, el OHR fue concebido como figura transitoria hasta que BiH adquiriera una madurez y fortaleza institucionales que, en el momento actual, ni están ni se esperan.
El examen de octubre
Las elecciones generales de octubre de 2026 serán la siguiente prueba. No sólo dictaminan quién ocupa los cargos federales en BiH, sino que habrá que ver si el sistema de Dayton aguantará. Los nubarrones se ciernen sobre la integridad y credibilidad electoral, por mucho que el OHR saliente implemente medidas contra el tongo.
El reto reside en aumentar la participación, lastrada por la desconfianza ciudadana a causa de la parálisis institucional y el aumento del autoritarismo que alejan a BiH del sueño de la Unión Europea. Los rescoldos de las guerras étnicas se avivan más que nunca. Dodik ya no es el tipo y la nave que debe mantener Bosnia a flote hace aguas. Qué desilusión para aquella niña checoslovaca.
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