“Catalunya y Euskadi han retirado las balas de goma, no hay argumentos para mantener estas armas en el Estado”

Carles Guillot, que perdió un ojo en 2001 por el disparo de una bala de goma, es uno de los impulsores de Stop Bales de Goma, una plataforma de acompañamiento y reivindicación de personas heridas por la policía.

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Carles Guillot, durante la entrevista con El Salto. David Fernández

publicado
2018-04-27 06:03:00

El uso de las balas de goma se prohibió en Catalunya en 2013, pero, a pesar de ello, este tipo de armamento policial volvió a ocasionar heridos durante la jornada del referéndum del 1 de octubre, cuando un disparo de la Policía Nacional provocó que Roger Español perdiera la visión de un ojo. También se ha retirado su uso en País Vasco, donde el próximo 15 de octubre dará comienzo el juicio por la muerte de Iñigo Cabacas, también como consecuencia de las balas de goma. En el resto del Estado, la policía sigue usando este tipo de armamento, al que llaman “no letal” pero que, de facto, ha producido la muerte de al menos nueve personas desde la transición, a las que se suman la muerte de 15 personas en la playa del Tarajal en 2014, y la mutilación de varias decenas. Carles Guillot, que perdió un ojo en 2001 también por un disparo de balas de goma, es uno de los impulsores de Stop Bales de Goma.

Perdiste un ojo por el disparo de una bala de goma, ¿cómo fue tu caso?
Fue durante el desalojo de la Kasa de la Muntanya, en 2001. Y fue imposible de identificar al policía que disparó, que es una de las pegas que siempre ponen. En este caso, la policía acusó a la gente de la Kasa de la Muntanya de resistencia y de atentado a la autoridad, y la gente de la Kasa de la Muntanya acusó a la policía de agresión y vejaciones. En el juzgado donde se juzgaba esta historia entre la policía y la gente de la gente de la Kasa de la Muntanya, la estrategia de Interior fue enviar policías que no hubiesen participado en el asalto dentro de la Kasa de la Muntanya, porque así ninguno de ellos podía decir nada de lo que hubiera sucedido dentro. Uno de los policías que fue a declarar testificó que él estaba fuera, en un furgón policial, que era un escopetero y que, en un momento dado, él dispara la escopeta. Yo, agarrándome a esa confesión, la llevo a mi juzgado para identificar al agente que me disparó. Él había reconocido que estaba en el sitio donde ocurrió y que me disparó. Le tomaron declaración y ya dice que no, que en realidad no había disparado. Cambió la declaración. Durante el proceso oía al fiscal decir que yo estaba allí, que había cometido actos de violencia, pero yo estuve tres días en el hospital y en esos tres días no me vino a detener nadie por altercados ni por agresiones ni por nada. Mi caso nunca llegó a juicio, se archivó en la instrucción y en los siguientes catorce años lo que hice fue recurrir el archivo en la Audiencia Provincial, que lo rechazó. Después continué mi lucha judicial en la Audiencia Nacional, en el Tribunal Supremo, en el Tribunal Constitucional y en Estrasburgo ya en 2013, que no lo admitió a trámite. Me lo he recorrido todo, me podría haber hecho la carrera de abogado. Y ahí acabó el periplo judicial de estos quince años.

Pasaron varios años hasta que te lanzaste a montar el colectivo Stop Balas de Goma, ¿qué pasó para que tomaras ese paso?
Fue en 2009 cuando montamos Stop balas de goma como colectivo. En los últimos años, durante el gobierno del Tripartit en Catalunya, siete personas resultaron heridas en un ojo por disparos de balas de goma por parte de los Mossos d’Esquadra. A Nicola Tano, uno de los heridos, le pareció asombroso que estuviera pasando esto y no hubiera movilizaciones sobre este tema. Nos pusimos en contacto y empezamos a contactar con las víctimas que iban surgiendo. Había una celebración de la Champions del Barça… había heridos; había una celebración de la Liga del Barça… había heridos. La mayoría de estos heridos no lo eran en manifestaciones políticas, era generalmente gente que pasaba por ahí o que había ido a celebrar una victoria de su equipo. No era en protestas sociales. A raíz de empezar a ponernos en contacto entre nosotros, de alguna manera estructuramos, sin quererlo, Stop Balas de Goma, que siempre ha sido una cosa muy vivencial, quizás por esta falta de sensación política de la gente. Una de las facetas que queríamos abordar era el acompañamiento emocional. Cuando nosotros nos constituimos como asociación, yo ya hacía ocho años que vivía con lo que significa haber perdido un ojo, que es una experiencia muy traumática. Como casi con todo, cuando te pasa algo así una de las mejores cosas que puedes hacer es compartirlo con otras personas para ver que tus miedos son los mismos que tienen el resto. Miedos que tú has tenido los está teniendo gente a la que le acaba de suceder esto.

Por otro lado, había una intención de visibilizar las consecuencias de las balas de goma y abrir un debate. A lo largo de todos estos años, y habiendo pasado toda esta gente que estaba poco politizada, creo que uno de los grandes logros que hemos tenido como colectivo ha sido ir politizando. Yo sí venía de un entorno politizado, de movimientos sociales, he trabajado con movimientos antifascistas, pero, cuando esto le pasa a alguien que no, se pregunta “por qué me ha pasado esto a mi, si yo no estaba tirando piedras, los que tiraban piedras eran otros”. Ahí hay una serie de debates que yo intentaba exponerles en cuanto a que el hecho de que alguien hubiera tirado una piedra, hubiese movido un contenedor o hubiese roto el cristal de un banco no justificaba que le sacasen un ojo. Estos actos de autodefensa en las manis nunca pueden justificar una agresión como la que significa una bala de goma. Fue un proceso muy bonito ver cómo la gente se iba concienciando, politizando y cambiando el paradigma.

Cuando asesinaron a Iñigo Cabacas, fuimos rápidamente a Euskal Herria a solidarizarnos y trabajar con ellos. De alguna manera, el ambiente político de Euskal Herria es un ambiente que, incluso en una cosa así —él era un hincha de un equipo de fútbol y no tenía nada que ver con el conflicto vasco ni con nada, estaba en una celebración—, hay una politización, y eso ayudó a que hubiera un proceso de aprendizaje por nuestra parte de cosas que hacían en Euskadi y, por su parte, de cosas que hacíamos nosotros. Hubo una retroalimentación muy bonita.

“Sí hemos conseguido que se prohíban las balas de goma en Catalunya, pero lo vivimos como una victoria un punto amarga porque lo que nosotros estamos planteando en realidad es que hubiese una revisión general del modelo policial”
También trabajasteis para arrojar luz sobre las consecuencias de las balas de goma, ¿cómo fue ese trabajo?
Hicimos un informe que después llevamos al Parlament y los parlamentarios decían que nadie había hecho eso antes. Ni la policía tenía datos contrastados sobre el uso de las balas de goma, los datos que había eran solo los que saba el sindicato de policía, que es el que presiona para usar esas armas. Nosotros contrastamos esos datos, no para los políticos, sino para que la gente en la calle pudiera hacerse a la idea de lo que significa el uso de las balas de goma. Creo que es el mejor trabajo que hemos hecho, dar información a la gente para que pueda debatir sobre este tema. Datos de informes médicos, de hospitales, de la empresa que fabrica las armas, pruebas cinegéticas sobre la fuerza con la que impacta a cada una de las distancias… La Unión Europea no se mete con las armas que se usen en los Estados, pero considera armas no letales las que salen a una velocidad determinada. Los datos que recogimos en nuestro informe demostraban que las balas de goma salen a una velocidad superior de lo que se considera arma no letal, por lo que es un arma letal, y desafortunadamente Iñigo Cabacas es un ejemplo de ello, como hubo otros en la transición.

“Los datos que recogimos en nuestro informe demostraban que las balas de goma salen a una velocidad superior de lo que se considera arma no letal, por lo que es un arma letal, y desafortunadamente Iñigo Cabacas es un ejemplo de ello”

Otra de las cosas bonitas de hacer el informe es que nos documentamos sobre casos que habían ocurrido antes y ya cuando estábamos cerrando el informe había gente que nos llamaba y nos decía que a ellos también les había pasado, pero que se asustaron y se fueron solos a su casa a comérselo con patatas, porque en ambientes de conflictividad social, a veces ir al hospital puede ser un riesgo. Eso también fue bonito, que mucha gente te diga que qué guay que exista este colectivo porque ellos se lo tuvieron que comer solos. De alguna manera, genera un colchón emocional, puedas hablar con alguien, conseguir asesoramiento legal. De todos los casos que ha habido solo hay dos que han llegado a los tribunales, el de Ester Quintana, en el que absuelven a los policías, y el de Nicola Tona, a quien la Conselleria de Interior ofrece una indemnización y él retira los cargos. Cuando esto te pasa, tardas en asumirlo, si es que lo asumes alguna vez. Yo, después de 16 años, sigo mirándome al espejo y el Carles que veo no soy yo. He aprendido a convivir con él, pero es la mirada, es la cara, es algo muy personal. Si me hubieran cortado un dedo lo sentiría, pero esto es muy directo y hay que aprender a vivir con ello. Si tienes un apoyo colectivo se hace un poco más fácil, aunque al final el dolor siempre es particular porque,l cuando te miras en el espejo, te miras solo y cuando tienes inseguridades afectivas o sexuales o yo qué sé, te lo comes tú. Cada uno lo encarrila como puede.

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En 2013 conseguisteis que el Parlament catalan prohibiera el uso de las balas de goma, que fueron sustituidas por las balas de foam.
No fue exactamente así. Las balas de foam se utilizaban en Catalunya a la vez que las balas de goma. En el desalojo de Plaza Catalunya de los indignados del 15M la policía utiliza las foam. Hubo algunos heridos en ese desalojo por balas de foam. Usaban las dos. Sí hemos conseguido que se prohíban las balas de goma en Catalunya, pero lo vivimos como una victoria un punto amarga porque lo que nosotros estamos planteando en realidad es que hubiese una revisión general del modelo policial, desde la captación de los policías, donde se les va a buscar y su formación —hay declaraciones de cargos de los Mossos d’Esquadra en las que animan a los agentes de la BRIMO a que nos vean como su enemigo—, o intentar romper de alguna manera la connivencia y corporativismo entre los agentes. El corporativismo entre los cuerpos policiales es tremendo. Cuando suceden cosas dentro de las comisarías o cuando se agrede a la gente en la calle hay un silencio total, actúan un poco como mafia. Esto genera una impunidad dentro del cuerpo que viene apoyada en los juzgados. A los agentes no se les lleva a juicio y, cuando se les lleva, se les absuelve por falta de pruebas o porque no se les ha podido ver la cara o por la declaración del resto de agentes que cubren a su compañero. Y en los pocos casos en los que se les juzga y condena, el poder político los indulta, con lo que llegas al punto de la impunidad desde el punto de vista policial, judicial y político. Ése era el debate que nosotros queríamos plantear, no únicamente las balas de goma. Sí que es verdad que las balas de goma sirven como máxima expresión de la brutalidad policial en la calle, y por eso decimos que sí, es una victoria que nadie más en Catalunya vaya a perder un ojo por un disparo de este tipo de bala.

Pero ahora quedan las de foam, ¿hasta qué punto son más seguras?
Las de foam se están usando en Francia ya hay once chavales franceses que han perdido un ojo por este tipo de balas. Sabemos que son igual de agresivas que las otras. Haber prohibido en Catalunya las balas de goma es un logro, pero hay que continuar. Las balas de foam son igual de letales, y el tiempo lo dirá, pero de alguna manera la arbitrariedad que tienen las balas de goma no la tiene el resto de armamento. Con las balas de goma, la misma policía catalana admite que, cuando la bala sale de la bocacha, nadie sabe dónde va. El policía no dispara apuntando a no ser que sea una distancia muy corta, y esto genera una arbitrariedad total. Las de foam son armas de precisión, están pensadas para disparar de cintura para abajo y, si te impacta, te inmoviliza del dolor que te provoca. Lógicamente, si se dispara a zonas blandas puede hacer el mismo daño que las de goma, y ahí está el tema de que no es solo las armas que se usen sino también quien dispara el gatillo.

Armas no letales que realmente sí pueden ser letales.
Ése es el debate que hay que abrir a nivel social, y el hecho de conseguir que se prohíban las balas de goma es un gran paso. Es únicamente el cuerpo policial el que decide qué tipo de armamento usa, con la connivencia con el poder político, que es el que finalmente lo aprueba en el Parlament. Los que presionan son los sindicatos policiales, y haber roto esa brecha sobre una cosa que parecía intocable e incuestionable como eran las balas de goma era algo que nunca pensamos ni quiera que fuera factible.

En la prohibición en Catalunya tuvo también mucho que ver el caso de Ester Quintana.
Sí, hay detonantes. Nosotros creamos un caldo de cultivo y de concienciación social contra la brutalidad policial en general con esta imagen visible de lo que es un ojo mutilado, que de alguna manera impacta mucho más que otra parte del cuerpo. Si te extirpan el bazo, no se ve, pero que no tengas un ojo es una cosa muy clara. Generamos ese caldo de cultivo y cuando, desafortunadamente sucedió el caso de Ester Quintana, eso detonó. El caso de Ester, gracias a cómo lo gestionó ella y su grupo de apoyo —Ojo con tu ojo—, salió de los espacios en los que nosotros nos movíamos. El hecho también de que fuera una mujer, de que sucediera en el marco de una huelga general [14 de noviembre de 2012] en la que, en contraposición con la anterior [29 de mayo de 2012] —en la que dos chicos perdieron un ojo y no se habló prácticamente del tema porque había habido mucha violencia en general— esa violencia no existe. La intervención de los Mossos d’Esquadra fue desmesurada. Luego están las cagadas del conseller de Interior, Felip Puig, que desmiente que se usen las balas de goma, a las 24 horas da otra versión distinta y, otro día más tarde, una tercera versión. Esa falta de credibilidad hizo también que esto se catapultara y se diera a conocer y, a partir de ahí, hubo un eco social.

A pesar de todo, y de que es verdad que sin esta presión social no se hubiera conseguido nada, yo pienso que el asesinato de Juan Andrés Benítez en Barcelona por parte de los Mossos d’Esquadra es lo que posibilita que realmente se prohíban las balas de goma. Esquerra Republicana estaba totalmente en contra de las balas de goma, lo que era Iniciativa per Catalunya y demás también, pero luego Convergencia i Unió se movía entre dos aguas. De alguna manera, el peón que éramos nosotros en el tablero de ajedrez se movió de forma que se acordó prohibir las balas de goma, con el apoyo de Convergencia i Unió, a cambio de no cuestionar el asesinato de Juan Andrés Benítez.

No hay argumentos para seguir manteniendo algo que en parte del Estado, y donde se aplica el mismo modelo de gestión de la seguridad, ya se ha prohibido porque es completamente innecesario
¿Ves posible que se consiga la prohibición de las balas de goma a nivel estatal?
El hecho de que en Catalunya se haya prohibido y que en Euskadi se hayan retirado —gracias al trabajo de la plataforma Iñigo Gogoan, por el asesinato de Iñigo Cabacas, el curro que se están pegando el padre y la madre de Iñigo— hace que, de alguna manera, los argumentos para mantener este tipo de armamento caigan por su propio peso. No es que en un país lejano se haya prohibido. No hay argumentos para seguir manteniendo algo que en parte del Estado, y donde se aplica el mismo modelo de gestión de la seguridad, ya se ha prohibido porque es completamente innecesario. Hoy he quedado con Chelo y Gabriel, que son dos heridos de aquí de Madrid, ella en la manifestación de los mineros [julio de 2012] y él en las Marchas de la Dignidad [22 de marzo de 2014]. A nosotros no se nos ocurriría nunca montar algo a nivel de Madrid o del Estado si la gente afectada en el Estado o en Madrid no está en ese momento. Lo que sí que creemos es que, aportando nuestra experiencia, podamos ayudar a que haya gente que se anime, no a tratar solo la cuestión de las balas de goma, sino a tratar, como nosotros, todos los frentes: poner en cuestión la violencia institucional y la brutalidad policial. Da igual si el ojo te lo han sacado de un porrazo o con una bala de goma o si te han partido la cara o la cabeza. Creo que esto, después de lo que pasó aquí en Lavapiés es un tema candente e igual estaría bien que haya movilización. Si se organiza algo a nivel estatal, por supuesto que estaremos implicados, pero ni siquiera hemos pensado en el formato.
No queremos que la Policía Nacional, ni que la Ertzaintza ni los Mossos ni ningún cuerpo policial pueda seguir mutilando con estas armas

También porque, el 1 de octubre, un chaval en Catalunya pierde un ojo por una bala de goma disparada por un policía nacional. Esta problemática sigue estando encima de la mesa y nosotros no queremos que la Policía Nacional, ni que la Ertzaintza ni los Mossos ni ningún cuerpo policial pueda seguir mutilando con estas armas. La cuestión es —desvinculando esto de toda cuestión sobre independentismo, 1 de octubre o lo que sea— que hay que visibilizarlo de nuevo y tirar para delante. También creo que, lamentablemente, hasta que no haya nuevas víctimas esto no va a ir para adelante, pero, mientras no haya víctimas, sí se puede ir haciendo ese trabajo más silencioso de generar un discurso en Madrid, en Murcia o donde sea, y que, lamentablemente, cuando ocurra algo así, sirva de catalizador, que es lo que pasó con Ester Quintana, cuando la documentación que ya teníamos elaborada sobre las balas de goma y la sensibilización que habíamos trabajado fue útil.

2 Comentarios
#15140 12:54 28/4/2018

Sobre todo esto y más, recomendable el documental 'La cifra Negra'
https://www.elsaltodiario.com/tortura/abusos-en-manifestaciones-prisiones-cie-la-cara-mas-cruel-del-sistema

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#15088 15:06 27/4/2018

Gracias por la entrevista.
Cuando le das armas a gorilas con ganas de violencia esto es lo que pasa.
España es un Estado policial con instituciones que arrastran un lastre franquista sistémico. Y de aquellos polvos estos lodos.

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