Ayuntamiento de Madrid
Caso Sánchez Mato: el paso del Manzanares del municipalismo

El proyecto de Podemos sale muy debilitado después del acuerdo con el PP para sacar adelante el Plan Económico Financiero de Madrid.

Montoro y Carmena en el Ayuntamiento de Madrid
Carmena y Montoro en una reunión. Foto: ayuntamiento de Madrid
Raúl Sánchez Cedillo

Participa en la Fundación de los Comunes


publicado
2017-12-23 08:22:00

Una vez más, parece que a Madrid le toca ser el lugar en el que se decide, no una batalla, sino el curso de todo un largo conflicto. Hablamos de rubicones, hablamos del Manzanares, hablamos de pasos y cruces que han determinado la historia; hablamos de acontecimientos del tipo “la suerte está echada”.

Se trata de la suerte del nuevo municipalismo emancipador nacido con el 15M, y desde el principio diferenciado, casi siempre disputado, entre un uso electoral que sirviera de etapa intermedia para la conquista de gobiernos autonómicos y del gobierno del Reino de España, y una apuesta municipalista, que ve en la democracia de ciudades y pueblos la clave de bóveda de un proceso constituyente antioligárquico, es decir, algo que no puede cifrarse en “gobernar a toda costa”, sino en cambiar, a pasos o a saltos, la experiencia del tiempo histórico en la vida de millones de personas.

Las diferencias y las ambivalencias no impidieron en 2015 la formación de coaliciones y confluencias municipales que, gobernaran o no, cosecharon un éxito innegable. Desde entonces, hemos podido comprobar que esa ecología virtuosa era la excepción y no la regla. La jornada triste de la votación del Plan Económico y Financiero del pasado lunes 18 de diciembre es nuestro paso del Manzanares. 

Solemos usar, con intención crítica, la expresión de “autonomía de lo político” para hablar de la ilusión de que la política y el Estado de derecho son una esfera dúctil para sabios dirigentes y estrategas, que desde ella pueden ofrecer palabras e imágenes que capturen la atención y el deseo de individuos y grupos, mientras que, con las artes del ajedrez político y del trampantojo táctico, son capaces de conquistar cargos, posiciones y magistraturas del Estado, hacer y deshacer pactos, acceder al Poder en definitiva. Desde éste, reza la ilusión, se hace posible repartir las cartas y pesar decisivamente en el proceso político general, única manera de cambiar la vida de las personas.

El “núcleo racional” del llamado “momento populista” sería esta virtud recobrada gracias al 15M tras el largo declive melancólico y resistencialista de la izquierda transformadora.

El acontecimiento no está en el presente, sino que o no ha llegado o ya se ha ido, pero como quiera que sea sólo el acontecimiento cambia los estados de cosas, lo queramos o no. Afirmar que “no ha pasado nada” es el signo mayor de la neutralización de la política a secas. Pero acontecimiento ha habido: Carlos Sánchez Mato ha sido destituido por la alcaldesa de Madrid por negarse a cumplir el pacto que ella misma había suscrito con el ministro de Hacienda y el presidente del gobierno. Obediencia fiscal y recortes a cambio de tregua. Los efectos del acontecimiento se muestran cuando las palabras de los representantes del cambio indican que no se ha transformado la realidad dominante, sino que la realidad dominante les ha transformado.

“No había alternativa”; “No es el momento de esta lucha”; “El PEF se ha de cambiar en el parlamento”; “La ley se ha de cumplir”, etc. Una misma redundancia vacía que habla, no ya de un optimismo de la voluntad, sino de una voluntad vacía de gobernar a cualquier precio.

Pero conviene que consideremos las circunstancias y el contexto de este Paso del Manzanares. Todo el mundo está al corriente de que la autonomía fiscal municipal no sólo está limitada por la ley vigente, sino que está indirectamente suprimida por la Regla de gasto impuesta por el Eurogrupo. A Montoro le corresponde ser el comisario de proximidad del respeto de la Regla de gasto, con amplios poderes discrecionales o, si se quiere, dictatoriales.

La alcaldesa se enfadó mucho porque el cesado Sánchez Mato y la concejal Rommy Arce habían acudido a Bruselas para proponer una alternativa al PEF que ha terminado aceptándose. Decía que la habían llamado de Bruselas para protestar ante semejante falta de respeto a la autoridad de facto. Pero nos inclinamos a pensar que lo molesto era sobre todo que esa iniciativa frustraba su propia negociación con Montoro y Rajoy. Y este es el quid de la cuestión: ¿por qué tiene tanto poder Manuela Carmena sobre concejales y afiliados de Ahora Madrid?

La realidad es que Carmena está aprovechando con creces el cheque en blanco que recibió en su momento de Podemos. Se trataba de ganar Madrid, sin más, para preparar la carrera hacia la victoria en las generales o en todo caso la participación en el gobierno del Reino. Hoy, cuando tales esperanzas carecen de justificación a corto plazo, en medio de un clima autoritario y de excepcionalidad jurídica general, espoleado por la desastrosa táctica insurreccional del procés catalán, lo de Carmena es algo más que un cheque en blanco: es un secuestro y una lenta eutanasia del “cambio”.

Hasta los defensores más enconados de la autonomía de lo político en Podemos saben que con la renuncia a la batalla política contra el PEF y la justificación de los recortes (o, lo que es aún peor, la negación de su existencia), la confianza de las clases subalternas en Podemos como un instrumento político de cambio desde las instituciones se va a perder definitivamente.

Todo iba relativamente bien en Madrid, como indican las encuestas, con las guerras culturales, un recurso clásico y probado del primer zapaterismo. Sin embargo, dejar dos años sin inversiones a la capital del Reino, sin la garantía de que no haya que hacer aún más recortes, tiene poco que ver con las guerras culturales. Tiene que ver con ser o no una cadena de transmisión de la violencia oligárquica sobre las clases populares de la ciudad.

Esta huida hacia adelante de Podemos nos vuelve a confirmar algo que se ha puesto de manifiesto durante toda su andadura: la de Podemos no es cualquier tipo de “autonomía de lo político”. Las comparaciones con el carrillismo o el PSOE tienen sólo un valor superficial. Podemos vive los últimos compases de un modelo basado, por un lado, en el partido-empresa (hecho de socios fundadores, empleados y prosumers mediáticos antes que militantes) y, por otro, lo que cabe llamar el extractivismo político.

Por extractivismo político hemos de entender la explotación indiscriminada de una cuenca de energías, valores éticos, trabajo político, creencias y esperanzas creadas por procesos y acontecimientos precedentes. Una explotación que termina agotando la cuenca y destruyendo el ecosistema político del que nació.

Es demasiado tarde para aducir que la diferencia respecto a quienes han rechazado y criticado la aceptación de este PEF es de orden táctico. Dejemos de lado, por mero pudor, las explicaciones psicoanalizantes de ese rechazo, que responderían al síndrome edípico de sus protagonistas. La realidad es que todas las coyunturas se han puesto en contra del modelo de partido empresa y de extractivismo político de Podemos. Y que la separación entre palabras y cosas se ha vuelto irreversible.

No sirve, por ejemplo, evocar a Tsipras, el perdedor-ganador del OXI: al menos este convocó un referéndum desafiante, pero sobre todo no sirve porque Madrid es la Alemania del Reino del España y tiene una centralidad política que funciona para lo bueno y para lo malo.

Hay que decir claramente lo que se juega en esta batalla: que la guerra popular prolongada contra las oligarquías políticas y financieras no deje paso a una guerra entre los pobres y los subalternos, es decir, que la crisis de régimen no abra las puertas a un “pluralismo político limitado” en el que, sobre el telón de fondo de una fascistización de lo social, se produzca una escisión profunda entre las clases subalternas, que es la condición necesaria de ese proceso. Cuanto antes Podemos asuma el papel secundario que le corresponde jugar en esta nueva secuencia política continental y municipal, más capaces seremos de liberar las energías políticas que regeneren los ecosistemas políticos e inmunitarios que desbaraten el nuevo cuadro de autoritarismo y fascistización de lo social. El momento ha terminado.


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7 Comentarios
#5634 15:11 28/12/2017

¿Y si ya no queda ninguna "energía que liberar" y la autopoyesis movimentista y antiinstitucional existe solo en la cabeza de los seguidores de Toni Negri? ¿Es realmente Podemos o Carmena la que la impide salir? ¿O simplemente se ha agotado el ciclo político abierto por el 15M, que ya languidecía antes de la aparición de Podemos? Si queremos evitar la Gran restauración ya nos podemos poner las pilas más allá de teologías políticas facilonas

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#5660 11:47 29/12/2017

Tus palabras irradian mi núcleo.

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#6124 12:35 8/1/2018

Puede que te lleves el premio al zasca de los comentarios, pero haces evidente lo que plantea el anterior comentario. Demasiado agustito con al marco cognitivo bien amueblado sin que haya necesidad de plantearse nada que lo pueda romper.. así os luce el pelo

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Diego Ortolani 19:49 24/12/2017

Excelente artículo, leido desde el Cono Sur y luego de un paso por la Napoli rebelde. No hay autonomía de lo político fuera de la autonomía de lo social, de la producción colectiva de la democraciade lo común

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Anónimo 14:44 24/12/2017

No sale muy debilitado, sale directamente destruido.

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#5383 12:21 23/12/2017

Cuanto antes recuperemos los millones de votos tirados a la basura con la izquierda tricornio antes se podrá crear una alternativa de izquierdas. Hay que desactivarlos, no pueden ser el próximo PSOE.

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#6139 16:39 8/1/2018

¿Hay que desactivarlos? Pues venga, mucho ánimo a ti y a tu grupo, a ver si podéis juntar a más de 30 en algún sitio que no sea virtual y convencéis a alguien más que no sea de vosotros mismos con algún lugar común de esos que os encantan. Aburrís a las piedras.

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