La mitad de las arqueólogas ha sufrido acoso y casi siempre por parte de un superior

Una encuesta pone números a un “problema estructural que afecta a toda la profesión”. Pese a que muchas universidades cuentan con protocolos de acoso, estos no se conocen o no se adaptan a todos los ámbitos.

Encuesta Acoso Arqueología
Dos mujeres miran uno de los testimonios que recoge la encuesta durante el congreso que se celebra en Barcelona.

publicado
2018-09-08 12:05:00

Una de cada dos mujeres ha sufrido alguna situación de acoso en España en el ámbito de la arqueología. En 3 de cada cuatro casos, el acoso ha venido de parte de un superior jerárquico. En el 89% de los casos no ha habido consecuencias legales para el acosador. En 3 de cada 4 casos, este acoso se ha producido en el contexto de una excavación organizada por una institución pública.

Son algunos de los datos que arroja una encuesta desarrollada por el grupo de arqueología social C.R.A.S. junto a un grupo de arqueólogas de Barcelona para visibilizar este “problema estructural que afecta a toda la profesión” y cuyos resultados han hecho públicos este viernes en el 24º Encuentro de la European Association of Archaeologists que se celebra estos días en Barcelona, un evento que reúne a más de 3.000 profesionales del sector.

La mayor parte de los casos, explican, tienen lugar en las universidades que ofrecen grados de Arqueología (Complutense, Barcelona y Granada), ya que concentran buena parte de las excavaciones programadas. Aunque en menor medida, la arqueología de gestión también registra casos de acoso.

“Nada nuevo bajo el sol, el género masculino acosa en casi un 90% de casos y los individuos que acosan son en su mayoría personas que ocupaban un puesto de poder por encima del acosado”, explican las autoras en una nota de prensa en la que destacan que “se trata de individuos con una formación académica de alto nivel que no solo dejan su impronta en lecciones en aulas sino que escriben libros, artículos, salen en los medios en alguna ocasión… que se han convertido en un referente en la academia”.

La preocupación surgió hace dos años, en el Raval de Barcelona donde, tras salir de una conferencia académica, un grupo de arqueólogas empezaron a compartir experiencias y vieron que todas tenían una experiencia que contar “en torno al acoso, maltrato y las relaciones de poder que habíamos vivido en el ámbito de las excavaciones”. “Compartíamos también la impotencia común hacia a quién dirigirnos y explicarle nuestras historias”, explican. 

Lourdes López, integrante de C.R.A.S., explica que no han tenido ningún apoyo institucional ni financiación para tener la encuesta preparada antes antes del verano, que es cuando tienen lugar el mayor número de excavaciones programadas, aunque sí ha colaborado en su difusión el Colegio de Arqueólogos de Madrid del que López forma parte. Sin embargo, cree que forma parte del espíritu del grupo el haber podido hacer la encuesta de manera independiente y colectiva, explica. Ahora, las promotoras tienen por delante el trabajo de convertir los datos en un informe que sirva de referencia para seguir trabajando.

Entre las iniciativas que han surgido del debate tras la presentación de la encuesta durante el congreso, y también de un encuentro posterior de arqueólogas fuera del Congreso, están algunas ideas para trabajar en la prevención. Por un lado explica López, que los protocolos que tienen muchas universidades se conozcan y se adapten a todos los ámbitos. Por otro, plantean crear encuestas de control que evalúen si se han producido situaciones de acoso o de inseguridad para las mujeres tras las excavaciones, algo que sería disuasorio para los acosadores. “Esto serviría para que los acosadores sepan que están vigilados y tengan cuidado”, dice López, que insiste en la necesidad de informar, formar y sacar a la luz los casos.

La encuesta ha recogido testimonios de mujeres que han sufrido acoso en las excavaciones. Algunos de de los se han podido ver estos días en el ámbito del congreso. “Un colega masculino no dejó de ponerme las manos encima durante un trabajo de investigación; le pedí a una compañera que no me dejara sola; era muy joven y estaba demasiado asustada para pedir ayuda”, dice un testimonio. O “me denegaron un trabajo porque quien sería mi jefe aseguró delante de otra persona que si trabajaba para él tendría que iniciar una relación sexual conmigo”.


Testimonios como estos han colgado de las paredes de la Facultad de Arqueología de Universidad de Barcelona estos días. En uno de ellos, que estaba en blanco para que otras mujeres añadieran sus experiencias, puede leerse: “Él está aquí. No tengo miedo”.

“Los testimonios han sido la parte más dura a nivel emocional de este trabajo. Nunca lo olvidaremos”, explican. Las autoras de la iniciativa indican que han tenido como inspiración campañas en Reino Unido, Chile y Bélgica. “Esto es solo el comienzo de un proceso en el que tendremos que trabajar todas para que estas situaciones comiencen a minimizarse”, concluyen.

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