Moreno Bonilla gana las elecciones, pero “Juanma” pierde la mayoría absoluta y el empuje de su marca personal

El PP podrá gobernar si pacta con Vox después de perder cinco diputados en la noche electoral. María Jesús Montero obtiene los peores resultados de la historia del PSOE. Euforia en Adelante Andalucía y buena noche también para Por Andalucía.
María Jesús Montero y Moreno Bonilla Debate Canal Sur - 3
Juanma Moreno Bonilla y María Jesús Montero en el debate de Canal Sur de las elecciones de mayo de 2026. David F. Sabadell

Juanma Moreno Bonilla ha ganado claramente las elecciones, su partido ha sido el más votado en las ocho provincias andaluzas, podrá gobernar, pero ha perdido parte de su ángel. Después de una campaña en la que se ha presentado su perfil centrista como una alternativa a los liderazgos de su propio partido, tanto el de Alberto Núñez Feijóo como el liderazgo mediático de Isabel Díaz Ayuso, las elecciones de hoy, 17 de mayo, han mostrado otra realidad, en la que el deterioro del sistema público de salud, explicitado en el sangrante caso de los cribados de cáncer de mama que estalló hace solo un año, ha pesado más que las muestras del andalucismo de los topicazos que ha desperdigado el candidato del Partido Popular. Moreno Bonilla se deja la mayoría absoluta y cinco diputados y, desde esta noche, pasa a formar parte de los barones sin vuelo del Partido Popular.

Moreno Bonilla, que durante cuatro años ha lucido el 40 % de los votos que obtuvo en 2022, ha visto cómo ese porcentaje se ha quedado estancado. La seguridad del presidente andaluz en sí mismo, el flojo desempeño en los debates electorales y la certeza de que su marca personal era fuerte ha provocado cierta desmovilización de su electorado. Si la pregunta de la noche era si “Juanma” era el mirlo blanco del Partido Popular e iba a mantener la mayoría absoluta señalando una excepción andaluza a la consolidación del binomio PP-Vox, la respuesta ha sido negativa. 

La próxima legislatura toca más Moreno Bonilla y menos Juanma, más confrontación con La Moncloa para abrochar el apoyo de la ultraderecha y menos perfil suave

Queda PP para rato en Andalucía y, sin embargo, el mapa del Parlamento que dejan estas elecciones indica que ese territorio no es una excepción en la nueva tendencia que ha quedado marcado en este ciclo de procesos autonómicos. Tanto en Extremadura, como en Castilla y León, Aragón y ahora en Andalucía, la derecha conservadora clásica está condenada a convivir con su escisión ultra. Vox no ha perdido pie en el territorio más poblado del Estado y mejora en un escaño sus resultados con la fórmula establecida por Santiago Abascal: un candidato anodino, Manuel Gavira, y una política poco apegada al territorio, con guiños a la élite ganadera y un discurso abiertamente xenófobo. 


Sin embargo, en el territorio la formación ultra ha hecho malo el pronóstico que le daba una subida mayor. A pesar de que todo apunta a que el próximo gobierno andaluz será de derechas —y muy de derechas— se da una paradoja: la composición del parlamento muestra menor derechización que el de 2022.

El recorrido a partir de aquí es el mismo por el que ha transitado María Guardiola y lo están haciendo Alfonso Fernández Mañueco y Jorge Azcón: concesiones en clave racista-identitarias a Vox para una investidura cantada. La próxima legislatura toca más Moreno Bonilla y menos Juanma, más confrontación con La Moncloa para abrochar el apoyo de la ultraderecha y menos perfil suave.

El descrédito al que se enfrenta el, hasta ahora y todo apunta que próximo, presidente de Andalucía puede ser aún más profundo al que se enfrentaron sus homólogos precisamente por el perfil que ha construido de mediador. Su carta estrella jugará en su contra a la hora de que su propio electorado, compuesto incluso por votos fugados del PSOE, acepte un pacto con Vox. Un acuerdo al que ha hecho ascos hasta el último día de campaña.

Montero hace buenos los resultados de Juan Espadas

La segunda pregunta de la noche era cuál es el suelo del PSOE en Andalucía, la comunidad en la que basó gran parte de su crecimiento en la consolidación del partido bajo Felipe Gonzalez. La crisis del partido que fuera de Manuel Chaves y José Antonio Griñán ha parecido tocar su suelo. El principio de la noche pronosticaba que la operación desenclavar al PSOE del lodo con María Jesús Montero podía dar resultados e incluso mejorar los escaños obtenidos por Juan Espadas.

El resultado final ha dado una estocada final al declive de los socialistas al llegar a su mínimo histórico: 28 escaños. La pérdida del reino es aún más sangrante: una de las figuras galácticas del partido empeora lo obtenido por un perfil de segunda línea.

La exvicepresidenta y ministra de Hacienda, que llegó a la política en la Junta de Andalucía, volvía a sus orígenes con la misión de frenar la sangría de votos en el territorio, no solo de cara a estos comicios sino con la mirada puesta en las Elecciones Generales, previstas para 2027. Esa combinación mezcla mal con las necesidades del país andaluz y muestran los límites de la apuesta de Pedro Sánchez por presentar a sus personas de confianza en los procesos autonómicos. 

Algo que también ha jugado en contra de la exministra ha sido la quemazón de su largo recorrido político y el recuerdo, no tan lejano, de su gestión en la consejería de sanidad andaluza. La elección de Montero fue una medida desesperada pero ha demostrado que no ha sido la candidata en un momento político andaluz que aboga por la frescura, quien ha depositado su voto en el PSOE ha sido por la marca y no por la confianza en su líder.


Para la izquierda del territorio andaluz la noche ha sido más positiva que la de las elecciones de 2022. Antonio Maíllo ha salvado los muebles en el último minuto, ha acabado con dignidad una noche que le auguraba un batacazo. Por Andalucía se queda como estaba con cinco escaños que podría ser la marca límite de crecimiento de las izquierdas estatales en el territorio.

La unidad ha logrado quedarse como está y no perder demasiados votos por el sorpasso de Adelante Andalucía. La desgana con la que se parió el acuerdo con Podemos, un pacto peleado hasta el último minuto por las partes, pero que llegaba demasiado tarde como para ilusionar a nadie, ha marcado una campaña en la que Maíllo se ha visto obligado —o ha tenido el mal consejo— de confrontar con Adelante Andalucía, el partido que representa un nuevo andalucismo territorializado, no contaminado por la mala sangre que se ha vertido desde Madrid desde el minuto cero que se entró en el Gobierno, y, sobre todo, con cuatro años haciendo oposición en el Parlamento andaluz. 

Los históricos resultados de Adelante Andalucía, que cuadriplica su presencia, han ensanchado el marco izquierdo del Parlamento andaluz, en vez de reducirlo. José Ignacio García, el candidato de Andalucía Andalucía, es el ganador de la noche. Su partido sube seis escaños con respecto a 2022 y se sitúa en la estela de partidos como Chunta Aragonesista o, los aun lejanos Compromís, BNG y EH Bildu. Es un fenómeno que se está repitiendo y al que conviene atender. El voto que fue del cambio y sigue siendo de la izquierda no se pierde, sí se transforma. Ya no está en los restos de lo que fue Unidas Podemos, un espacio que en Andalucía solo resiste por lo que fue Izquierda Unida. 

El espacio que fue liderado por Teresa Rodríguez y que ahora encabeza García hizo la lectura correcta hace tiempo: no se trata de juntar siglas sino de comprender las necesidades de un territorio en el que la precariedad, la dificultad para sacar adelante proyectos de vida en ciudades turistificadas y el deterioro de los servicios públicos acaba marcando el día a día mucho más que el país feliz que ha proclamado Moreno Bonilla en campaña. Ha convertido el descontento en votos, la tarea más difícil ante un electorado que parecía dormido y ha hecho algo aún más difícil: sacar a la izquierda del territorio de un marco reducido y repetido, y ampliar la capa de población a la que puede movilizar.

Adelante Andalucía ha sido el partido que más escaños ha ganado en unas elecciones que, como todas las del último ciclo, eran propicias a la derecha. Entra en Huelva, Córdoba, Granada y Málaga, territorios donde no tenía presencia antes de estas elecciones y se sitúa como tercera fuerza, por delante de Vox, en Cádiz, donde ha superado el 14% del voto y en Sevilla. Son resultados espectaculares, casi un 10% del voto —muy similares a los de la Chunta, pese a ser partidos con trayectorias muy distintas— que marcan un rechazo a la vuelta a la vieja política de las izquierdas que quisieron cabalgar la nueva política.

Puede que el nombre del presidente andaluz no haya cambiado pero algo se ha movido dentro del sistema político andaluz. Esta noche ha podido ser el punto de inflexión para la pérdida de legitimidad de Moreno Bonilla, que tendrá que enfrentarse más que nunca el descontento social, con un posible compañero de viaje, Vox, que no hace más que aumentarlo.

Asalto Podcast
Podcast | Elecciones andaluzas: asalto a Juanma Moreno Bonilla
Del hantavirus, la visita de Ayuso a México o las elecciones andaluzas, esta semana hablamos de lo que todas hablan, pero bajo otro punto de vista, el nuestro.
VV.AA.
Elecciones andaluzas
La gran noche de Adelante Andalucía sitúa al partido como tercera fuerza en Cádiz y Sevilla
Noche de alegría para el proyecto de José Ignacio García, que se convierte en la fuerza que más diputados sube y se queda a las puertas del 10%. Antonio Maíllo salva los muebles para Por Andalucía.
Cargando valoraciones...
Comentar
Informar de un error
Es necesario tener cuenta y acceder a ella para poder hacer envíos. Regístrate. Entra en tu cuenta.
Cargando...
Cargando...
Comentarios

Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.

Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!

Cargando comentarios...