Opinión
Marruecos ante las urnas: entre el fútbol y la abstención
A las puertas de las elecciones del 23 de septiembre, el reino alauita afronta unas votaciones marcadas por las demandas de una juventud movilizada, las promesas de un renovado Estado social, paridad y unas previsiones de baja participación electoral.
Unas elecciones parlamentarias, no presidenciales
Pero ¿qué está realmente en juego el 23 de septiembre? Marruecos no celebra unas elecciones presidenciales, sino unas legislativas en las que los ciudadanos votan a los partidos que concurren a la Cámara de Representantes. El partido que obtiene el primer puesto debe formar Gobierno, para lo que puede necesitar pactar con otras formaciones. De entre sus filas, el monarca nombra al jefe de Gobierno, quien propone a los ministros, que son finalmente nombrados por el rey.
En las últimas elecciones de 2021 el Partido de Justicia y Desarrollo (PJD), que había encabezado los gobiernos durante una década, sufrió un hundimiento histórico: pasó de 125 diputados a tan solo 13.El gran vencedor fue la Agrupación Nacional de Independientes (RNI), que obtuvo 102 escaños. Le siguieron el Partido de la Autenticidad y Modernidad (PAM), con 87, y el histórico Istiqlal, con 81. La nueva mayoría se construyó alrededor de estos tres partidos y llevó a Aziz Akhannouch, líder del RNI, a la presidencia del Gobierno.
Desde entonces, el gobierno ha intentado presentar su balance como el de un país emergente. Marruecos creció alrededor de un 4,9 % en 2025, su mejor registro de la última década, mientras que el Banco Mundial prevé un crecimiento cercano al 4,2 % para 2026. Ese crecimiento no ha resuelto algunas de las principales dificultades sociales, el paro juvenil continúa siendo especialmente elevado situándose en un 37,2 % entre los jóvenes de 15 y 24 años en 2025.
El politólogo Mohamed Tozy prevé una participación inferior a la de 2021, especialmente en las ciudades. Y señala un problema todavía más profundo: de los aproximadamente 28 millones de marroquíes en edad de votar, solo 15,8 millones están inscritos en las listas electorales. Cerca de doce millones ni siquiera forman parte del electorado registrado.
¿El crecimiento económico está llegando a la población?
El desempleo, la precariedad, el coste de la vida y las desigualdades territoriales continúan siendo algunas de las principales preocupaciones sociales. La contradicción es especialmente evidente entre los jóvenes. Marruecos puede presumir de grandes proyectos y de una economía dinámica, pero una parte importante de su juventud sigue encontrando dificultades para acceder a un empleo y a servicios públicos de calidad.
Esa tensión explotó a finales de 2025 con las movilizaciones del colectivo juvenil GenZ212. Las protestas reclamaron mejoras sociales en materia educativa, sanitaria, empleo y una lucha más efectiva contra la corrupción. A su vez se protestaban contra determinadas prioridades presupuestarias del Estado frente a grandes inversiones como las referentes al fútbol.
El mundial de fútbol de 2030, que es organizado entre Marruecos, España y Portugal, acapara grandes recursos presupuestarios que podrían haberse destinado a otro tipo de infraestructuras más urgentes. La respuesta policial y judicial hacia los jóvenes provocó también críticas de organizaciones internacionales de derechos humanos. Las elecciones de 2026 serán, por tanto, las primeras legislativas después de aquella ola de movilización, con la juventud del país desencantada ante el futuro incierto que les espera.
Tras episodios de tensión en la frontera y debates sobre la gestión migratoria, dirigentes del Istiqlal y del PAM han realizado declaraciones públicas reivindicando la soberanía marroquí sobre Ceuta y Melilla
Cinco partidos para entender las elecciones
Aunque concurren 27 partidos, cinco formaciones permiten comprender buena parte de las principales corrientes políticas del país: RNI, PAM, Istiqlal, Unión Socialista de Fuerzas Populares (USFP) y PJD.
RNI: La Agrupación Nacional de Independientes (RNI), principal partido del Gobierno, afronta las elecciones sin su líder y primer ministro saliente, Aziz Akhannouch, que no optará a la reelección. El partido reivindica las reformas en protección social, sanidad, educación y empleo, y apuesta por el emprendimiento femenino y la aplicación efectiva de la oficialidad del amazigh.
PAM: El Partido de la Autenticidad y Modernidad (PAM), también en el Gobierno, busca diferenciarse con un programa especialmente ambicioso en materia social. Propone elevar la tasa de actividad femenina del 17,5 % al 21,2 %, con medidas sobre guarderías, transporte y emprendimiento, y plantea un fondo de 2.000 millones de dirhams para acelerar la aplicación de la oficialidad del amazigh.
Istiqlal: El Istiqlal, uno de los grandes partidos históricos de Marruecos, combina su tradición nacionalista con una agenda social y económica. Su programa reúne 99 medidas centradas en la familia y los valores, la lucha contra la corrupción, el poder adquisitivo, el Estado social y la soberanía estratégica. El partido también apuesta por reforzar el uso de las dos lenguas oficiales, el árabe y el amazigh, aunque sus propuestas en este ámbito son menos concretas que las del PAM. El Istiqlal a diferencia de otras formaciones, sitúa el nacionalismo y la soberanía territorial en el centro de su discurso.
Ceuta y Melilla: más presentes en el discurso que en los programas
La cuestión de Ceuta y Melilla merece una consideración aparte. No aparece como uno de los grandes ejes de los programas electorales analizados, donde las propuestas de las principales fuerzas se concentran prioritariamente en economía, empleo y servicios públicos.
Sin embargo, ambas ciudades han reaparecido con fuerza en el discurso político durante la precampaña. Tras episodios de tensión en la frontera y debates sobre la gestión migratoria, dirigentes del Istiqlal y del PAM han realizado declaraciones públicas reivindicando la soberanía marroquí sobre Ceuta y Melilla. Nizar Baraka, secretario general del Istiqlal, llegó a afirmar que Marruecos no renunciaría a ‘un solo centímetro’ de su territorio.
Las otras fuerzas en el escenario.
USFP: La Unión Socialista de Fuerzas Populares (USFP) representa la principal tradición socialdemócrata del país y una de las históricas fuerzas de la izquierda marroquí. Su programa plantea 20 compromisos centrados en el empleo, la justicia social y los derechos y libertades. Su principal reto será diferenciarse de los partidos de Gobierno en un contexto en el que casi todas las formaciones reivindican el «Estado social» y recuperar a unos votantes cada vez más desencantados.PJD: El Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD) protagoniza el regreso más llamativo de estas elecciones. Tras gobernar Marruecos durante una década y sufrir en 2021 un desplome que lo redujo a 13 escaños, la formación islamista moderada busca recuperar terreno bajo el liderazgo del ex primer ministro Abdelilah Benkirane. Su estrategia pasa por capitalizar el descontento con el coste de la vida y reivindicar su experiencia de gobierno, con la lucha contra la corrupción y la moralización de la vida pública como principales banderas.
La Liga Marroquí de Tamazight confeccionó un memorándum en el que reclama a los partidos políticos medidas verificables para acelerar la aplicación de la oficialidad de la lengua
Impulso a la representación femenina
Una novedad de este proceso electoral es la aplicación de estrategias destinadas a reforzar la presencia de las mujeres en las instituciones, según la información publicada por los portales oficiales del Reino. Las reformas electorales de 2026 refuerzan la representación femenina mediante circunscripciones reservadas a candidatas, incentivos para listas integradas por mujeres menores de 35 años y una cuota mínima del 20 % de mujeres entre los fundadores de nuevos partidos.
Y el amazigh, ¿qué lugar ocupa?
La cuestión amazigh también llega a las elecciones. La Liga Marroquí de Tamazight confeccionó un memorándum en el que reclama a los partidos políticos medidas verificables para acelerar la aplicación de la oficialidad de la lengua, desde su generalización en la educación hasta su uso efectivo en la justicia, el Parlamento y la administración. La Constitución marroquí reconoce desde 2011 el amazigh como lengua oficial junto al árabe, pero su aplicación práctica sigue siendo desigual e ineficiente.
En los programas de 2026 se observan avances concretos: el PAM propone crear un fondo de 2.000 millones de dirhams para acelerar su despliegue en la administración y la enseñanza, mientras que el RNI ha editado su programa electoral en tifinagh. El debate se encuentra en cómo hacer efectiva su cooficialidad en las escuelas, juzgados y servicios públicos.
Una elección entre continuidad y descontento
Las elecciones del 23 de septiembre determinarán la composición del próximo parlamento de Marruecos y establecerán el equilibrio de poder a partir del cual se formará el próximo gobierno.
Las previsiones apuntan a una victoria del PAM, bajo el liderazgo de Fouzi Lekjaa. Su popularidad se consolidó durante su etapa al frente de la Federación Real Marroquí de Fútbol con el auge de la selección nacional y su histórico cuarto puesto en el Mundial de Qatar 2022. Pero Lekjaa, además, desde 2021 ocupa el cargo de ministro delegado encargado del Presupuesto.
Pero queda una pregunta fundamental: ¿pueden los partidos marroquíes convencer a un electorado escéptico de que estas elecciones pueden traducirse en cambios reales? Marruecos atraviesa una paradoja cada vez más visible: la economía crece y el país invierte en grandes infraestructuras, pero una parte importante de la población, con los jóvenes al frente, reclama que ese crecimiento se traduzca también en empleo, servicios públicos y mejoras reales en la vida cotidiana.
Marruecos
Karim El Otmani
“La Generación Z revindica demandas históricas en Marruecos”
Análisis
Ceuta y Melilla, rehenes de la geografía
Marruecos
Ali Lmrabet: “En Marruecos el régimen piensa que con el apoyo de Trump y de Israel, nadie puede con él”
Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.
Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!